jueves, 17 de diciembre de 2009

47 FIC XIXÓN. RESUMEN DE LA SECCIÓN OFICIAL (COMPETICIÓN)

En líneas generales, en contra de la opinión mayoritaria, las películas seleccionadas este año a competición me han parecido superiores a las de años anteriores. Evidentemente, seleccionando (como cada año) catorce películas de diferentes estilos y nacionalidades es complicado que todas sean del gusto de todos. Lo que no se puede negar al Festival es su apuesta por la diversidad y por la difusión del cine más independiente. Sin más les dejo con el resumen de los catorce largometrajes que hemos tenido el gusto de disfrutar (en la mayoría de las ocasiones) en la edición número cuarenta y siete.

La supuestamente arriesgada propuesta del realizador Vimukthi Jayasundara en “Between two worlds” no deja de ser un relato esquemático de dudoso interés que intenta disimular su vacío con una narrativa desordenada, que no compleja, y unas imágenes que, a pesar de bellas, están lejos de las ínfulas poéticas que pretende el director. Un puñado de poderosas estampas bellamente fotografiadas (la fantasmagórica calle de la ciudad plagada de televisores destrozados, el protagonista cayendo desde el cielo en mitad del mar, el legendario árbol hueco en mitad de la jungla) no son suficientes para construir un largometraje que se hace pesado desde el primer minuto, donde un plano fijo de un neblinoso paisaje natural acompañado de una deliciosa música deja al desnudo la pretenciosidad de la propuesta.

El simbolismo está presente durante todo el relato apuntando muchas ideas sin concretar ninguna. Vimukthi echa mano sin sonrojarse del realismo mágico creando secuencias que rozan el ridículo más absoluto, como la de la leche materna cayendo en el maltrecho ojo del protagonista.

Al final estamos ante una propuesta convencional, un ejercicio de pedantería visto una y mil veces en este mismo festival. Incluso hay un personaje que surge varias veces de un pantano a lo largo del metraje para soltar sentencias del tipo “Lo que ha pasado antes puede volver a pasar”. ¿Humor de Sri Lanka?

“Mal día para pescar” es la película elegida por Uruguay para representar a su país en los oscar del año que viene. Álvaro Brechner nos sumerge en un relato noir con ecos de western en una recóndita localidad perdida en mitad de ninguna parte que parece estancada en el tiempo. Allí llegan el Príncipe Orsini (un embaucador de poco monta deliciosamente encarnado por Gary Píquer) y un ex-campeón alemán de la lucha libre (interpretado por el finlandés Jouko Ahola), dos personajes que parecen sacados de un Freak Show y que se ganan la vida de pueblo en pueblo sacándoles el dinero a sus habitantes a través de su espectáculo. El Príncipe Orsini con su labia y su traje borsalino maneja a su antojo al decadente ex campeón (quien bien podría ser un primo no muy lejano del Mickey Rourke de “The Wrestler”), pasado de kilos y de años, quien busca en la botella la evasión de la dura realidad que le rodea.

La película nos deja con una sonrisa en la boca a pesar del dramatismo de algunas escenas. El giro final hace subir enteros a una trama milimétricamente llevada, en la que el Príncipe subestima, una vez más, a su público. Ofrece mil dólares, que no tiene, a aquel que consiga derrotar al campeón. Sin saber que por allí se encuentra “El matador”, un enorme y vigoroso joven que necesita el dinero para poder vivir junto a su novia. El lío está montado.

Un guión excelente interpretado de manera impecable por todo el elenco actoral. Una de las mejores películas exhibidas en el Festival que acaba de estrenarse en salas comerciales y que se llevó de Gijón el premio Gil Parrondo a la mejor dirección artística.

Con “Humpday”, tercer largometraje en la carrera de Lynn Shelton, la directora norteamericana logró el premio del jurado en Sundance, además de su presentación en la Quincena de los Realizadores de Cannes.

Ben y Anna son una pareja de treintañeros que gozan de estabilidad económica y buscan su primer hijo. La cotidianidad en la que viven se ve amenazada con la inesperada aparición de Andrew, excompañero de facultad de Ben, un vividor que ha tomado un camino diferente al de su amigo y que pretende avivar la relación perdida años atrás. En el momento álgido de una etílica fiesta, Ben, en un intento de demostrar que aún es dueño de su libertad a pesar de su situación familiar, decide participar en un festival porno amateur junto a Andrew. Buscando algo diferente que ofrecer al público del festival, estos dos artistas deciden acostarse juntos como demostración de su amistad.

El personaje de Andrew no deja de ser un hombre aburguesado que se considera bohemio por estar soltero y haber recorrido algunos países. Algo parecido le sucede al largometraje de Lynn Shelton. Bajo la terrible etiqueta de Comedia Indie se esconde un largometraje de un conservadurismo recalcitrante que intenta con humor grueso hacer bromas sobre los prejuicios sexuales de sus protagonistas. Simplemente dos heterosexuales. ¿Si son heterosexuales, como van a tener sexo entre ellos? La respuesta es más que evidente, aunque la película se toma más de veinte minutos en recrear la soporífera escena con una realización más torpe que las maneras de éstos dos en la cama. Lo mejor quizá sea la reacción de Ben a la revelación sexual que le hace Anna, (de lo más gratuita, por otra parte) descubriéndolo como el perfecto calzonazos, como sospechábamos.

La audiencia, muy joven, rió durante la proyección, en una abarrotada sala de los cines Yelmo, y aplaudió tímidamente tras la misma. En mi opinión es una lástima que las propuestas más comerciales a competición sean tan superficiales y tan poco valientes. Como agradecimiento, el Festival, haciendo alarde de una preocupante falta de criterio, le dio a Lynn Shelton el premio a la mejor dirección y a los dos actores protagonistas el premio, ex a quo, a la mejor interpretación masculina.

El largometraje ganador de este año (mejor película), sorprendentemente, fue “La pivellina”, que viene a decir algo así como la pequeñina (vocablo asturiano) pero en italiano. La actriz Patrizia Geradi fue premiada por su interpretación.



La película dirigida por los fotógrafos Tizza Covi y Rainer Frimmel ya obtuvo galardón en La Quincena de Realizadores de Cannes.

Una niña de apenas dos años de edad es abandonada en un parque. Patty, que vive junto a su pareja, payaso de profesión, en una caravana, recoge a la pequeña pese a la oposición de éste. Tairo, un adolescente que vive en el remolque de al lado coge un cariño especial a la pequeña encargándose también de su cuidado. Cuando la pequeña se ha convertido en una más de la comunidad, Patty recibe una carta de su madre diciendo que pasará a recoger a su hija en dos días.

A favor de la película, he de decir, que no se me hizo tan pesada como algunas otras de esta edición y de otras anteriores. El trabajo de sus actores, todos ellos no profesionales, en especial la niña protagonista, me hizo pasar un rato agradable. Divertido sería mucho decir. Lo que no se puede negar es que las localizaciones escogidas nos muestran una Roma totalmente desconocida para el celuloide y sospecho que incluso para muchos romanos.

Pero a parte de las buenas actuaciones y de la sensación de espontaneidad que se mantiene a lo largo de la película no hay nada más. El guión es inexistente y el montaje justito. La niña abandonada en un parque de caravanas es el único motor de la acción. Decir que una niña haciendo monerías delante de una cámara es cine me parece mucho decir.

“Morrer como un homem” cuenta la trágica historia de Tonia, una Drag Queen que vive apasionadamente entre el fervor de su público y la atormentada relación que mantiene con su enamorado Rosário, mucho más joven que ella. El director João Pedro Rodrigues crea un estridente pero hipnótico relato que se mueve cómodamente entre el melodrama noir, el surrealismo y los números musicales.

La genial interpretación de Fernando Santos en la piel de la reinona protagonista emociona desde el primer fotograma. Las comparaciones de la película con el cine de Almodóvar o Fassbinder sólo pueden ser aceptadas por el mundo que describen, pero en lo cinematográfico el realizador consigue imprimir un estilo propio que llega a límites autorales en magníficas secuencias como en la improvisada caza de gamusinos en mitad del bosque con los negativos virados a rojo.


El director rumano Bobby Paunescu, socio junto a Cristi Puiu de la productora Mandragora Movies, sello bajo el cual se realizó el éxito de crítica “The death of Mr. Lazarescu” presentó en Gijón su primer largometraje como director. “Francesca” da título a la película y a su protagonista, una estupenda Monica Birladeanu, esposa del director, que se erige en centro dramático de la historia a la vez que en objeto de deseo del espectador.

La joven pretende (en la ficción) irse a vivir a Italia para montar una guardería para niños rumanos, para, de paso, cambiar la imagen negativa que los italianos tienen de su pueblo. La dificultad de encontrar trabajo, previo pago, en el país de Berlusconi no es nada comparado con el laberinto en el que se ha metido su novio. Los problemas de éste complican la partida de Francesca hacia su sueño.

Lo mejor del film es poder ver Rumanía a través de los ojos de los rumanos, mostrando un lado así totalmente diferente a la contaminada imagen que nos ofrecen los medios de comunicación occidentales. Quizá el mejor momento de la película se produce cuando el padre de Francesca le intenta quitar la idea de irse a Italia de la cabeza arremetiendo duramente contra el gobierno del país transalpino y sus ciudadanos.

Lamentablemente la historia se va aletargando poco a poco, sin apenas avanzar. Largas escenas describen la vida de Francesca, la estrecha relación que mantiene con su madre y con su novio, Mita. En otras se nos muestra, sin llegar a explicar del todo, y mediante unos extraños planos generales bastante alejados que recuerdan a una cámara oculta, los problemas de Mita.

El cine iraní es un habitual del festival. Ausente en competición el pasado año ha vuelto nuevamente a colarse en la sección oficial en esta edición, aunque sea en coproducción con Reino Unido e Italia. “Frontier Blues” describe en un tono de comedia con manido semi-documental la vida en un lugar en el que no pasa nada, la frontera entre Irán y Turkmenistán. Allí una serie de excéntricos personajes protagonizan una serie de estampas a cual más bizarra.

Hassan es un atolondrado joven que va a todas partes con su burro y con un radio-cassette donde escucha una canción francesa. Quizá el único recuerdo que guarda de su madre, la cual le abandonó para irse al país del champagne. Su tío se encarga de él a regañadientes y pretende que le acompañe a trabajar en su tienda de ropa, apenas sin surtido y por la que nunca pasa nadie. Finalmente el joven acabará trabajando en una granja de pollos junto a Alam, quien tiene dificultades para cargar sacos sin romper su ceñida camisa e intenta, sin ningún éxito, aprender inglés para irse a Bakú, donde según él todos hablan ese idioma. Un fotógrafo venido de Teherán al que sólo intuimos tras su cámara se ha desplazado hasta la frontera para tomar instantáneas de las gentes del lugar, sus retratados son un trovador que no deja de llorar el “secuestro” de su mujer y cuatro niños a los que cuida. Las estudiadas composiciones de plano son tan auténticas como la propia película que nos entrega Babak Jalali, quien a pesar de ser iraní vive en Londres desde los ocho años. Un retrato tan amable como manipulado de una realidad bien triste. Largos planos fijos para mostrar una y otra vez la vida cotidiana de unos personajes que parecen primos lejanos aburridos de los habitantes de Sisheli.

“Gog Get Some Rosemary” narra en 16mm. a través de una temblorosa cámara en mano dos semanas en la desordenada vida de Lenny (el tiempo anual que le corresponde en la custodia de sus dos hijos), un proyeccionista de treinta y cuatro años separado que no tiene ni idea de que hacer con su vida, es más, ni siquiera se lo plantea. Cada día en la vida de Lenny es una aventura y dos semanas pueden ser mucho tiempo.

Josh Safdie y Benny Safdie, sus realizadores, no pueden negar la influencia de Jarmusch en su obra. Como mínimo en la creación de personajes tan marcianos como el propio Lenny o algunas de sus amistades y en la manera de capturar con su cámara la ciudad de Nueva York, aunque en unas localizaciones de mucho más tránsito. Se agradece el espíritu amoral del film, llegando a poner a uno nervioso en más de una ocasión la irresponsabilidad total de Lenny en el cuidado de sus hijos. La escena que abre la película es sencillamente genial y presenta de manera inmejorable al personaje.

Se respira cine independiente por los cuatro costados. Abel Ferrara hace un cameo impagable, los hijos de Lenny son los hijos, en la vida real, de Lee Ranaldo de Sonic Youth. El look de los personajes está cuidadosamente descuidado, como ese excesivo tupé que luce un inmenso Ronald Bronstein en el rol del protagonista.


Puede que la estructura del guión no sea muy sólida y la película se deje llevar durante unos cuantos minutos sin saber muy bien a donde se dirige, pero, para mí, ahí reside parte de su encanto, todo es imprevisible, como el carácter de Lenny. Largos tiempos muertos se ven interrumpidos por cambios rápidos e inesperados.

Una de las sorpresas más agradables de la Sección Oficial. Una de esas historias que no cuentan gran cosa, ni nos hablan de nadie célebre, ni siquiera del todo interesante, pero en las que a mí, particularmente, me gusta invertir el tiempo.

Dagur Kári es uno de los directores habituales del festival en los últimos años, los tres largometrajes que ha dirigido han sido presentados aquí. En su primer trabajo rodado en inglés, “The Good Heart”, el director parisino de ascendencia islandesa imprime su intransferible humor nórdico a una historia amarga pero llena de esperanza.

Lucas, un joven vagabundo, vive en una caja de cartón bajo un puente. Un intento de suicidio le hace coincidir en el hospital con Jacques, un viejo huraño que regenta un bar en la ciudad y acaba de sufrir su enésimo infarto. Lucas despierta inmediatamente una actitud paternalista en Jacques, quien le ofrece alojamiento a cambio de ayuda en la atención de su negocio.

El local de Jacques, situado en un oscuro callejón, es un santuario exclusivo para hombres gobernado con mano férrea por su dueño por medio de un puñado de reglas absurdas.

El carácter de Jacques se agriará aún más cuando aparezca en el local April, una azafata con miedo a volar, que conquistará de inmediato el corazón del ingenuo y bienintencionado Lucas.

La convivencia entre estos tres personajes, con los chascarrillos de los clientes habituales de fondo, suavizarán poco a poco el carácter de Jacques a la vez que Lucas irá perdiendo su inocencia.

Comedia amarga, drama amable… Dejando a un lado las innecesarias etiquetas, Dagur Kári, construye una historia personal a través de unos personajes tan excéntricos como creíbles, con los que cualquiera de nosotros, de una u otra forma, puede identificarse.

Alex Van Warmerdam es todo un todoterreno: Guionista, actor, pintor y director. Éste holandés de cincuenta y siete años presentó en Gijón su último trabajo para las salas, “The last days of Emma Blank” que ya le valió el premio Europe Label Cinemas en Venecia.

El inteligente guión parodia a la vez que homenajea la novela de asesinatos al estilo Agatha Christie. Cambiando las lujosas mansiones victorianas por una enorme casa rodeada de dunas, Alex van Warderdam hace una crítica ácida y brutal de la codicia que la propiedad hereditaria despierta en las familias. Sin llegar al sadismo de “Bahía de Sangre”, del maestro Bava, con un estilo más cercano al Fernando León de “Familia”.

Emma Blank, supuestamente aquejada de una enfermedad incurable, pasa sus últimos días bajo los cuidados de una extraña cohorte de sirvientes a los que humilla constantemente, llegando uno de ellos (interpretado por el propio director) a desempeñar el rol de perro. Las complejas relaciones que se establecen entre el grupo de personajes sirven para profundizar en temas que van desde la sexualidad hasta el servilismo, la crueldad o la psicopatía.

Una exquisita comedia negra que hiela la sonrisa del espectador en no pocas ocasiones.

De un serio análisis de la psique humana en tono de comedia pasamos a una visión festiva y saludable de temas políticamente incorrectos.

En “Le roi de l’évasion” el director galo, Alain Guiraudie, narra las aventuras y desventuras de Armand Lacourtade, un cuarentón orondo que vive en una localidad rural francesa donde la mayoría de los habitantes varones son gays. El bosque es el lugar elegido para escaparse de sus mujeres y quedar en grupo para disfrutar libremente de sus inclinaciones sexuales.

Armand está cansado de su rutina como vendedor de maquinaria agrícola, e incluso comienzan a aburrirle los furtivos encuentros sexuales con hombres, seña de identidad de su pueblo.

Una noche, de camino a casa, Armand salva a una joven de ser agredida por un grupo de chicos. La muchacha, llamada Curly, se enamora de Armand, quien también siente algo especial hacia la joven, aunque ello no le impida sentir un deseo irrefrenable de practicarle una felación a su jefe. El problema de la relación es que ella es menor. Su padre, ayudado por el comisario y otros miembros de la localidad perseguirán a los amantes fugados por considerar su relación perversa. Mientras, siguen eyaculando en grupo sobre la cosecha de trufas.


Curly está locamente enamorada de Armand y sólo piensa en huir lejos de su familia, sin embargo Armand no está tan seguro y empieza a echar de menos su soltería. En cuanto a los perseguidores…¿velan por la seguridad de Curly o en realidad lo que quieren es acostarse con Armand?

En “Wakanarai” el director japonés, Masahiro Kobayashi, rinde su particular homenaje al Antoine Doinel de “Les quatre cents coups”. Particular porque, a mi entender, el parecido es inexistente. La vitalidad del enfant terrible magistralmente representada por Jean-Pierre Léaud en la ópera prima de François Truffaut contrasta con el carácter apagado del adolescente que protagoniza este relato forzadamente triste construido a base de largos planos fijos.

Nos encontramos ante una película en la que los tiempos muertos predominan sobre la acción. La rutina del personaje protagonista es mostrada con pausa por una cámara que sencillamente observa. La narración queda reducida a un puñado de escenas que no son más que los quehaceres diarios a los que se enfrenta el personaje protagonista, un joven aún en edad escolar que se ve obligado a trabajar para hacer frente a sus duras responsabilidades económicas. Su madre se encuentra aquejada de una grave enfermedad en un hospital que debe de pagar y su padre les abandonó a ambos hace tiempo.

Como es lógico los trabajos sin cualificación a jornada partida que el joven es capaz de conseguir no le alcanzan siquiera para pagar el alquiler de la vivienda con lo que se ve obligado a robar la comida en el supermercado en el que trabaja. La historia se convierte en una espiral que hace que el joven lo vaya pasando cada vez peor a medida que avanza el metraje.

Relato kafkiano en el que una moderna (tecnológicamente) pero encorsetada sociedad pide responsabilidades a alguien incapaz de afrontarlas. Destaca la gran interpretación de Yuto Kobayashi, quien está presente en casi todos los planos de la película y sin apenas diálogo es capaz de transmitir su desesperanza. En el apartado negativo el tramposo guión que fuerza descaradamente el drama lacrimógeno de la manera más gratuita. Desconozco las leyes japonesas pero dudo mucho que teniendo un padre que además estaba casado con su madre se le pidan responsabilidades económicas a un menor y no a su progenitor.

El ejemplo de cómo un guión puede funcionar narrativamente, emocionar sin necesidad de efectismos y realizar, a la vez, crítica social sin caer en el absurdo argumental ni en el panfleto es la excelente película francesa “Welcome”. Una vez más los vecinos del norte consiguen darme con el gusto en la que considero la mejor película de la Sección Oficial. Afortunadamente se ha hecho justicia, en parte, y se la ha premiado al menos con el premio al mejor guión.
El filme narra de forma emotiva la historia personal de Bilal, un joven inmigrante kurdo en Calais que intenta viajar clandestinamente hasta el Reino Unido donde vive la joven con la que quiere casarse.

Philippe Lioret, guionista y director, arropado por un elenco de magníficos actores (a destacar un Vincent London que pone los pelos de punta en la piel del profesor de natación) describe (sin escatimar en detalles ni en críticas contra el gobierno de Nicolás Sarcozy) la dureza de la vida de los inmigrantes que arriban a Calais con la esperanza de poder llegar hasta las islas británicas.

El joven Bilal es incapaz de aguantar la respiración con una bolsa en la cabeza (requisito imprescindible para pasar los controles de CO2 a los que son sometidos los camiones en la frontera) por lo que decide aprender a nadar para cruzar los treinta y dos kilómetros que le separan de su sueño a nado. Simon, un profesor de natación francés y ex-campeón de su país, se encuentra en uno de los momentos más amargos de su vida. A punto de divorciarse de su esposa Marion, que trabaja como voluntaria dando comida a numerosos inmigrantes junto a su nueva pareja, y cansado de su rutina como profesor de natación en un centro deportivo, encuentra en Bilal una amistad inesperada. A través de las clases que Simon va dando a Bilal (con las que se arriesga a ser arrestado por prestar ayuda a un inmigrante ilegal), al que también presta alojamiento en su propia casa se va estableciendo una profunda relación que hará a Simon tomar conciencia de las cosas que realmente son importantes en la vida. Aunque suene a tópico, la película no lo es.

Uno de los largometrajes más honestos y emotivos que he visto en los últimos años.

Que en Francia también saben tomarse la vida con humor ya lo sabíamos, más arriba hacía mención a la muy sana y divertida “Le roi de l’évasion” y para cerrar este resumen acabaré con la primera película a competición proyectada, “Les beaux gosses”, algo así como “los tíos buenos” en su traducción al castellano. Título de inequívoco carácter irónico en cuanto uno ve a sus protagonistas, dos escuálidos e inseguros adolescentes obsesionados por el sexo.

El director Riad Sattouf construye su particular “Supersalidos” a la francesa, pues a pesar de la innegable influencia de la comedia High School más anglosajona no faltan en ella los detalles localistas. Si la hermano con la genial comedia de Jude Apatow es sobre todo por el decidido carácter realista en cuanto a la representación de la pubertad se refiere, tanto por la edad de sus actores como por las situaciones que se describen, huyendo de los fantasiosos estereotipos masculinos de la escuela “American Pie”.

La naturalidad es la mayor baza de esta producción dónde incluso la chica guapa de la clase es de lo más normal. El personaje protagonista, Hervé, un joven tímido e inseguro tiene una hilarante relación con su madre (aquí si que recuerda un poco a la relación que mantenía el personaje de Jason Biggs con su padre en “American Pie”), obsesionada con el onanismo de su retoño; su mejor amigo, Camel (impagable su caracterización con ese imposible tupé), es un fan incondicional del Heavy Metal. Juntos comparten catálogos de ropa interior femenina y espían a una vecina de Hervé que gusta de tener la ventana despejada durante sus prácticas sexuales.
Les dejo con las que, para mí, fueron las tres mejores películas a competición.






lunes, 14 de diciembre de 2009

I MUESTRA DE CINE FANTÁSTICO Y DE TERROR ULTRAMUNDO


Finalmente, allí estuvimos. Esta escueta frase es la que mejor resume la sensación que nos quedó a todos en el cuerpo (organizadores y espectadores) una vez finalizada la I Muestra de Cine Fantástico de Ultramundo. Finalmente porque no fueron pocas las dificultades con las que se topó el entusiasta y altruista equipo de Ultramundo para organizar esta fiesta del cine para disfrute de los aficionados.

Una serie de contratiempos de última hora impidieron que el ciclo se desarrollara en el lugar inicialmente escogido por la organización, lo que amenazaba con dar al traste con todo el proyecto. Lejos de amilanarse, los organizadores supieron reaccionar a tiempo y conseguir como sede las magníficas instalaciones de la Casa de Cultura de Mieres que cedió su amplio, cómodo y moderno Teatru para la exhibición de las tres películas que tuvimos el placer de degustar durante la tarde y la noche del sábado. A pesar de eliminarse, por falta de sala, las proyecciones del viernes y el domingo, la triple sesión del sábado condensó el espíritu lúdico y festivo de esta I Muestra de Cine Fantástico.

PRIMER ACTO

A las cinco de la tarde comenzaba puntual la primera proyección, lamentablemente sin apenas espectadores debido a los cambios de última hora y al escaso margen de maniobra para informar al público de dichas modificaciones en tan poco tiempo. Afortunadamente, un mail de uno de los organizadores, en respuesta a una duda previamente formulada, me informaba horas antes del cambio de sede, lo que permitió mi presencia en tan especial acontecimiento.

La película escogida para abrir la Muestra fue “El Imperio del Fuego”, pelín conservadora para mí gusto, lejos de ser una mala película (tiene momentos de lo más gracioso, como la representación teatral de uno de los momentos más dramáticos de “El Imperio Contraataca” ante una audiencia de niños que no saben lo que es el cine o la aparición de la caballería mecánica de los americanos, encabezados por un enorme Mathew McConaughey), abusa demasiado de convencionalismos en la elaboración del guión (todos los personajes son buenos excepto los dragones, que son buenos en los suyo; personaje femenino como complemento del protagonista; niños y adolescentes como esperanza de un posible nuevo mundo), envolviendo un relato fantástico de dragones en un futuro apocalíptico bajo la corrección política del cine de aventuras para todos los públicos.





No se le puede negar la corrección técnica. Se saca buen provecho de la infografía para representar a los dragones (que gustan de un estilizado diseño) y sus fieros y abrasadores ataques. La utilización de planos medios y cortos en lugar de grandes panorámicas, tan característica de la serie b clásica, permite a la película mantener ese empaque de serie a durante buena parte del metraje, sin faltar las escenas espectaculares (la batalla aérea o la parte final en un Londres devastado). El conocido reparto masculino es otro de los puntos fuertes de la película, que logró reunir a un Christian Bale (pre-Batman), a un Gerald Butler (pre-300) y a un McCounaughey (pre-…) ¡Bueno, y a Mathew McConaughey! En el apartado femenino destaca la delicada belleza de Izabella Scorupco, la arrebatadora chica bond de “Goldeneye”.

El director, Rob Bowman (“Expediente X. La película”, “Electra”), realiza un digno trabajo artesanal consiguiendo un producto competente pero que no destaca por encima de otras producciones dentro de la aventura fantástica.

Una película correcta, sin más, que se deja ver sin problemas a pesar de lo manido de la historia, pues no le falta ritmo a la narración, tampoco un puñado de buenas escenas de acción. Por lo demás salen dragones s y la acción se desarrolla en una Inglaterra rural apocalíptica. Como aperitivo no se puede pedir más.

SEGUNDO ACTO

A las siete llegaba, a priori, la mejor película de la Muestra (no en vano, a pesar de todo, la gente empezó a dejarse caer por la Casa de Cultura superando la veintena de espectadores), esa joya oculta en la, por otro lado, mediocre filmografía de Tobe Hooper que es “Lifeforce”. Un batiburrillo de ideas provenientes de la sci-fi, el terror, e, incluso, el pulp, se aúnan en ésta desprejuiciada e interesante producción de la Cannon (¡qué gozada disfrutarla en pantalla grande y con sonido amplificado!)

Como bien comentaba Miguel Díaz González, maestro de ceremonias, en la presentación, Hooper tenía bien cubiertas las espaldas en esta producción. Ahí estaban Dan O’ Bannon, en la confección del libreto, la banda sonora de Henry Mancini o el extraordinario equipo de efectos especiales para dar entre todos el toque personal e intransferible que rezuma la producción.

Largometraje de sabor añejo, incluso para su época, porque a pesar de que corría el año mil novecientos ochenta y cinco cuando se estrenó la película hay en ella no pocos elementos (desde la planificación fisheriana en ciertas secuencias hasta la ingenuidad de los personajes) que recuerdan al cine sesentero de la Hammer Films. La delirante trama, que comienza con el descubrimiento de tres alienígenas de aspecto similar al de los humanos en una nave perdida en mitad del espacio, no tiene complejos en mezclar temas recurrentes del cine fantástico como los vampiros, los zombies e incluso la menos explotada figura del súcubo, más irresistible que nunca bajo la lúbrica presencia de una Mathilda May que se pasa desnuda casi toda la película para regocijo de los espectadores.



La fuerza vital que da nombre al filme es la que los alienígenas succionan directamente (en forma de apasionado beso cuando es la fémina la encargada de tal cometido) a los humanos. Una vez fallecida la víctima dicha fuerza sale de su cuerpo hacia la nave alienígena en forma de torrente de luz azul. Creo que ya pueden hacerse una idea de lo alucinado de la propuesta.

A pesar de que ciertas partes de la película tienen una acusada falta de ritmo (se proyectó la versión del director, quizá con demasiados minutos sobrantes) el final de la película con un Londres devastado (otra vez) por hordas de zombies (humanos a los que habían robado prácticamente toda fuerza vital) hambrientos (de fuerza vital) es una auténtica gozada. La naturaleza artesanal de la masacre recuerda más al cine de maquetas tan característico de las kaiju-eiga que a las películas de zombies. En lo que respecta a la secuencia final, con una lisérgica estampa de erotismo soft entre la bella Mathilda May y uno de los atribulados protagonistas, bien la hubiera firmado el bueno de Jean Rollin, tanto por el abigarrado esteticismo como por la excitante sombra del vampirismo, aunque en este caso provenga del espacio.

TERCER ACTO

La fiesta continuaba a eso de las nueve de la tarde. De los peligrosos cielos de Londres, en los que se había concentrado la amenaza contra nuestra especie en los dos primeros largometrajes, descenderíamos de manera brusca al metro de Nueva York.

La retorcida imaginación de Clive Barker y sus “Libros de Sangre” continúa dándonos alegrías en forma de celuloide, sobretodo cuando el relato cae en manos de alguien tan genial y marciano como el nipón Rhyuei Kitamura. Aunque teniendo en cuenta su país natal es probable que el cine que pueda rodar cualquier habitante de Marte nos parezca más convencional que el suyo.

La película en cuestión toma el nombre homónimo del relato, es decir, “The midnight meat train”, titulada bruscamente en castellano “El vagón de la muerte”. Semos asín.

El inquietante relato está, en líneas generales, correctamente adaptado a la gran pantalla, aunque el filme no se libre de las molestas concesiones comerciales, como la inclusión del personaje de la novia del protagonista. Por otro lado, las obsesiones que mostraba la obra de Barker (voyeurismo, vampirización de la cámara, canivalismo de la ciudad) están perfectamente reflejadas en la película, que tampoco escatima en hemoglobina con unos FX rudimentarios pero sobrados de líquido rojo.

"La vida es como una caja de bombones"


Un fotógrafo sumido en la mediocridad artística y obsesionado con retratar el alma de la ciudad encuentra su inspiración tras seguir a tres delincuentes que intentaban abusar de una joven en una estación de metro. La noticia en el periódico del día siguiente de la desaparición de la joven aquella misma noche lleva al fotógrafo nuevamente al metro en busca de respuestas. El descubrimiento de un extraño personaje que parece relacionado con la desaparición de la joven obsesionará al fotógrafo hasta el punto de comenzar a seguirlo y fotografiarlo. En el tren que pasa después de las dos de la madrugada encontrará la respuesta.

Una trama mínima y previsible que da pie a todo un carrusel de asesinatos a cual más brutal, precedidos y/o acompañados de puntuales dosis de humor negro puramente británico. Algo sólo al alcance de un realizador japonés.

El correcto cast sube enteros con la presencia del carismático e inquietante Vinnie Jones haciendo de metódico y contundente psicópata en los subterráneos de la gran ciudad. La actuación que lleva a cabo es sencillamente genial, sin articular prácticamente palabra su rostro y su lenguaje corporal son capaces de transmitir un inmenso abanico de emociones al espectador.

Un perfecto postre para el ágape cinéfago que habíamos degustado. La sonrisa nos duró hasta que tuvimos que coger el tren a eso de la medianoche.

DESPEDIDA Y CIERRE

La noche finalizó en un mesón ovetense donde tuve ocasión de compartir mesa con los organizadores y charlar distendidamente sobre las películas proyectadas en el ciclo y un buen puñado de títulos más.

A pesar de las ya comentadas modificaciones de última hora, la impresión que me deja la experiencia es inmejorable, tanto por la selección de los títulos, la comodidad y calidad (espectacular el sonido) de proyección del Teatro de La Casa de Cultura, como por la hospitalidad de los organizadores.



miércoles, 2 de diciembre de 2009

PAUL NASCHY Y SERGEI BODROV, JR.


Aunque no me gustan nada las necrológicas no podía dejar pasar por alto la desaparición de uno de los grandes del fantaterror patrio.

Dejando a un lado la mayor o menor calidad de su trabajo como actor, guionista o director, no cabe duda de que la vida del gran Jacinto Molina fue dedicada prácticamente por entero al cine fantástico, con el permiso de su otra gran pasión, la halterofilia, donde cosechó éxitos desde los años cincuenta hasta los noventa. Con casi cien películas interpretadas y cuarenta guiones escritos para otros tantos largometrajes, estaba apunto de finalizar su quinceavo film como director, bajo el título de “Empusa”. Murió con las botas puestas. Un final a la altura de su leyenda.

El hombre lobo español nos regaló decenas de interpretaciones en películas, muchas de ellas inolvidables (para bien o para mal), que resultan curiosas a los ojos del aficionado de hoy en día pero que, desde finales de los sesenta hasta bien entrados los ochenta, tenían el valor de ser prácticamente las únicas producciones (normalmente co-producidas con otros países) españolas en atreverse a apostar por un cine de evasión, eminentemente fantástico y que sólo buscaba, comedias aparte, la diversión del espectador.

Los aficionados españoles, y los del resto del mundo, nunca olvidaremos a nuestro eterno Waldemar Daninsky.


El otro tristemente protagonista de este post, Sergei Bodrov, Jr., nos abandonó años atrás, concretamente el 20 de septiembre de 2002.

No es que su recuerdo llegue tarde, de hecho, por aquel entonces este rincón aún no existía. Simplemente desconocía su existencia hasta la pasada edición del Festival de Cine de Gijón. En el se dedicó una retrospectiva al director ruso Alexei Balabanov, donde, entre otras, se proyectaron dos magníficas películas, “Brother” y “Brother 2” a las que tuve el placer de asistir. Allí, deambulando por las calles de una decadente San Petersburgo, acribillando a matones en un caótico Moscú o masacrando redes de prostitución en un babilónico Chicago, descubrí la carismática figura de su protagonista, Danila, encarnado por un actor de eterna e inocente sonrisa, Sergei Bodrov, Jr.

La emoción tras descubrir a aquel talentoso joven me hacía frotarme las manos ante la posibilidad de seguirle la pista en sus próximos proyectos. Lamentablemente me iba a ser imposible. Jesús Palacios, antes de la proyección de la película “Morphia”, de Alexei Balabanov, (cuyo guión firmó el propio Bodrov) nos revelaba el fatal accidente que acabó con la vida del actor, guionista y director y la del resto del equipo que se encontraba rodando en Osetia del Norte aquel trágico 20 de septiembre. Aquí pueden leer la noticia completa.

La revelación me dejó extrañamente triste, era como si alguien al que siempre hubiera admirado desapareciese repentinamente.

Sergei Bodrov era hijo del conocido director ruso de mismo nombre y, desde ahora, gracias a la inmortalidad del celuloide, a José Luis Cienfuegos y a Jesús Palacios, formará parte de mi memoria y de la vida de este blog.

Les dejo con un videoclip con imágenes de la película "Brother", con la presencia del actor e interpretado musicalmente por Nautilus Pompilius, uno de los grupos preferidos de Alexei Balabanov y del propio Sergei.

Hasta siempre Valdemar.
Hasta siempre Danila.



lunes, 23 de noviembre de 2009

47 FIC XIXÓN

A estas alturas, seguramente, la mayoría de ustedes ya estarán al corriente de que desde el pasado jueves 19 se viene desarrollando en Gijón la 47 edición de su Festival Internacional de Cine Independiente.

Disculpen la desidia de este cronista a la hora de plasmar sus impresiones sobre lo que puede deparar la programación de este año pero a medida que se acercaba la fecha de arranque del festival mis ganas, hace unos meses enormes, iban disminuyendo poco a poco. Desconozco si fruto de la ligera decepción que supuso la edición anterior, de la sobrecarga de trabajo a la que me he visto sometido los últimos días o, simplemente, a que los años pasan y uno va perdiendo la ilusión por todo, sin más.

Sea lo que fuere la realidad es que en cuatro días transcurridos del evento tan sólo he visto dos películas. Si bien es cierto que el horario laboral me ha impedido ver alguna obra que era de mi interés otras sesiones me las he saltado por elección propia. Si a esto añadimos la pésima, como es tradición, programación de las películas, haciendo coincidir la misma película en el mismo día y hora pero en diferentes salas, sucederá lo que todos los años, que nos quedaremos sin ver muchas películas de las que hubiéramos disfrutado en pantalla grande.

Tal es el caso de la genial, generacional, fundacional, etc.. “Quadrophenia”, una de las guindas del suculento pastel que conforma la sección “Made in England”. El maltrato de la organización la ha relegado a dos únicas sesiones durante el primer fin de semana. Lo que ha hecho su visionado imposible para algunos, como es mi caso.

Pataletas aparte, la Sección Oficial de este año, aunque sin renunciar a la pretenciosidad habitual, parece no renunciar a la comercialidad como lo demuestran títulos tan estimulantes como “Mal día para pescar”. Otras propuestas como la cinta llegada de la exótica Sri Lanka, “Between Two Worlds”, parecen realizadas en exclusiva para ser proyectadas aquí. Es irónico que los esfuerzos de un conjunto de profesionales por hacer algo diferente logre que el público habitual del festival, en lugar de sorprenderse, tenga una sensación de déjà vu que le provoca la más absoluta indiferencia. La mayoría francesa en la competición me hace albergar esperanzas de buen cine (que le voy a hacer, tengo mis prejuicios) y la presencia del marciano Harmony Korine con su último largo “Trash Humpers” acaban de redondear un conjunto bastante apetecible donde temo, y mucho, la participación nipona con la película “Wakaranai” de Masahiro Kobayashi. Estoy convencido de que las comparaciones con el Antoine Doinel de Truffaut y con la estética de Larry Clark o Gus Van Sant que apunta el programa de mano son el humo de siempre y que al final estaremos más cerca de la clásica película que suele arrasar en el festival con sus largos planos fijos, su ausencia de diálogo, de narración y, en definitiva, de cine. Espero equivocarme.

Las retrospectivas dedicadas a directores invisibles, hasta el momento, para el cine comercial recuperan la calidad de ediciones anteriores tras el paréntesis que supuso la edición 46 con nombres que no quiero recordar. Fatih Akin, Aleksey Balabanov y Harmony Korine son tan diferentes entre sí como igualmente interesantes y necesarios para conocer el panorama del cine independiente contemporáneo. Las propuestas más radicales, provenientes del campo de la experimentación, corren a cargo de Matthias Müller y Cristoph Girardet, cuya obra, compuesta íntegramente por cortometrajes combina celuloide de prestigio con producción propia en busca de un collage acorde con estos tiempos postmodernos. Jean Gabriel Periot es el otro manipulador de imágenes cuya obra podemos ver comprimida en un programa único de setenta y cinco minutos.

Las, ya clásicas, sesiones de “Llendes”, “Esbilla”, y “Enfants Terribles” aglutinan propuestas de diferente índole, como cada año. En ellas podremos ver desde la última película de Michel Gondry, “L’épine Dans le coeur” (en otro alarde de acierto de la programación el sábado se pasó por última vez), la nueva propuesta de los hermanos Wachowski “Ninja Assasin” a rarezas como “E1000”, de Pauline Sylvain-Goasmat, película interactiva en la que los espectadores son parte activa a través de llamadas telefónicas y mensajes de texto.

La mini sección Post Burlesque bajo el subtítulo de “La nueva farsa en el cine europeo” mezcal éxitos del cine independiente de este siglo en el viejo continente junto con títulos que han pasado de largo por las carteleras sin pena ni gloria.

Pueden echarle un ojo a la programación completa aquí. Y si quieren leer alguna reseña les recomiendo pasarse por el estupendo blog no oficial.

No deja de resultar gracioso el cartel escogido para la edición de este año. Huyendo de la sobriedad habitual se escoge ese cuerpo femenino con cabeza de dinosaurio, de lo más freak y fantástico (genial para mi gusto), todo lo contrario al carácter del festival. No menos irónica resulta la presencia del Teatro Jovellanos en la estampa (se encuentra cerrado por obras), aunque, eso sí, partido por la mitad. ¿Humor consciente o inconsciente?

El cierre del Teatro hace de ésta una edición extraña, descentralizada, anárquica en el seguimiento de la Sección Oficial. Los cines Yelmo se incorporan al festival para poder albergar la totalidad de películas programadas. Una buena ocasión para disfrutar de cine independiente en una sala equipada con todas las comodidades actuales pero a una hora a pie del centro de la ciudad. Por no hablar de las proyecciones en la Laboral (inauguración y clausura incluidas) ya en zona rural. La organización ha puesto autobuses especiales para desplazarse entre las diferentes salas pero aún así el ambiente cinéfilo que se concentraba en años anteriores en el centro de la ciudad se ha perdido en gran medida.

Cine aparte, nada nuevo en el reino de Pelayo y del alcohol a precio asequible (en algunos apartados y selectos locales, huyan de los nombres de relumbrón… y garrafón) El gafapastismo vuelve a tomar las calles y las salas. Diferentes acentos se funden bajo el uniforme negro de gabardinas y monturas de gafas. Imposible distinguir al público por la película. La dictadura pop impone su ley e impide que algunos que amamos el cine y la música sin que ello afecte a nuestro armario podamos ver alguna película o algún concierto por estar el aforo completo. Cosas de la globalización.

viernes, 6 de noviembre de 2009

HALLOWEEN (2007)

“Halloween”
Director: Rob Zombie
Guión: Rob Zombie
Intérpretes: Malcolm McDowell, Scout Taylor-Compton, Tyler Mane, Daeg Faerch, Sheri Moon Zombie, William Forsythe, Danielle Harris, Kristina Klebe, Skyler Gisondo, Danny Trejo, Hanna Hall, Tom Towles, Bill Moseley, Leslie Easterbrook, Steve Boyles, Brad Dourif, Richard Lynch, Udo Kier, Sid Haig
(EE.UU, 2007)

Sinopsis:

Michael Myers es un niño introvertido que vive en Haddonfield junto a su familia. La convivencia en su casa es dura. Su padrastro es un alcohólico y su hermana, Judith, no se preocupa por él. El único apoyo con el que cuenta el pequeño Mickey es el de su madre, quien trabaja en un club de striptease para mantener a la familia. La situación en el colegio no es mucho mejor. Un par de niñatos con aspiraciones a matones se burlan constantemente de Mickey por el trabajo de su madre.

La Noche de Halloween, Judith es la encargada de sacar a Michael para el tradicional truco o trato en busca de dulces, pero en lugar de eso lo utiliza para quedarse a solas con su novio. Michael se pone su máscara de payaso y asesina a su padrastro y a su hermana. Después coge en brazos a su hermana pequeña, Laurie, y la saca a la calle, hasta que su madre llega del trabajo y contempla la masacre.

Mickey es internado en el Smith’s Grove Sanitarium donde el Dr. Samuel Loomis será el encargado de tratarle. Tras quince infructuosos años en los que Michael no ha articulado palabra, Loomis decide abandonar su tarea. Michael Myers va a ser trasladado a otro hospital pero aprovecha la ocasión para fugarse. Casualmente es la Noche de Halloween.

Laurie vive junto a sus padres adoptivos, los Strode, sin ser consciente de la existencia de su hermano, Michael. Quien volverá a su hogar sembrando nuevamente el terror.

El Dr. Loomis es el único que intuye la vuelta de Myers a Haddonfield. Tras alertar al Sheriff Bracket intentará que no se repita la masacre de hace quince años.

Comentario:

El músico de rock, Rob Zombie, siempre ha sido un fanático del cine de terror. Así lo demuestran los videoclips realizados junto a su antiguo grupo “White Zombie” (nombre que homenajea al clásico protagonizado por Bela Lugosi). También su estética habitual y la puesta en escena del grupo. En el 2003 daba el salto a la dirección cinematográfica con un largometraje titulado “House of 1.000 corpses” donde se rodeaba de una siniestra troupe de psicópatas conocidos como la familia Firefly que hacían disfrutar al respetable mientras despedazaban creativamente a un grupo de adolescentes perdidos en mitad de la nada.

La singular familia volvería a aparecer dos años después en “The Devil’s Rejects”, esta vez en clave de Western Crepuscular con no pocas referencias al cine de Sam Peckinpah y con una excelente banda sonora compuesta por temas de rock de los años setenta. En el 2007 pondría su granito de arena en “Grindhouse” con la realización de el falso tráiler “Werewolf woman of the S.S”, grotesco cruce entre el celuloide licántropo y la figura de la dominatrix nazi, Ilsa.

Ese mismo año se haría cargo de plasmar en pantalla los orígenes de uno de los psicópatas más famosos del cine. El binomio Myers-Zombie, prometía.
Cualquier seguidor habitual de este blog sabe que el que escribe estas líneas es seguidor incondicional, hasta la fecha, de Rob Zombie. Por otro lado, “La noche de Halloween” es una de mis películas de terror preferidas. En consecuencia, enfrentarme al supuesto remake de la obra maestra de Carpenter hace poco más de dos años suponía para mí todo un acontecimiento.

Mi primera impresión fue desigual. Había gozado con la primera parte de la película, pues se trataba de una aproximación totalmente diferente al personaje de Myers. Más realista, más sórdida que en el original. Encajaba perfectamente con el universo que Rob Zombie nos había mostrado en sus dos trabajos anteriores. Era justo lo que quería ver. La segunda parte era más un homenaje respetuoso a la obra original, mantenía la contundencia y brutalidad indisociables del cine de Zombie, pero el elemento sorpresa se perdía al ser su desarrollo prácticamente idéntico. El sabor de boca final era agridulce, parecía que Rob no se había atrevido a quitar las ruedas traseras de la bicicleta, se había dejado algo de su personalidad al enfrentarse a un clásico de altura dentro de la serie b.
Tras el visionado, las imágenes iban sucediéndose en mi cabeza cobrando cada vez más fuerza, más intensidad. A medida que pasaba el tiempo recordaba la película como algo mucho mejor de lo que en primera estancia me había parecido. Era el momento de enfrentarme nuevamente a la obra para comprobar si mi memoria me estaba jugando malas pasadas.

El resultado no pudo ser más favorable al trabajo de Zombie. La primera parte me parecio aún más lograda que la vez anterior. La grotesca familia de Myers; las burlas de los malos de la clase sobre el trabajo de su madre. Todo nos sumerge en la cruda realidad que Michael Myers tiene que soportar cada día, desde el desayuno (donde acertadamente comienza la acción). Pero esa vida no justifica los oscuros pasatiempos del desviado Michael. La frialdad de su mirada indica la horrible naturaleza que se esconde tras su máscara de payaso (aquella que mecánicamente se pone antes de cada crimen). Myers continúa siendo la encarnación del mal (al igual que en la obra de Carpenter), pero no un mal diabólico o sobrenatural como en la película original sino un mal real, el que puede albergar un niño cualquiera con un cerebro enfermo.


Sobre la segunda parte, al contrario que tras el primer visionado, me pareció la evolución lógica del personaje. Sino hubiera vuelto a Haddonfield no sería Michael Myers. El personaje ya había sido transformado totalmente en la primera mitad, ahora volvía a enfundarse el traje de mecánico y la máscara blanca (su traje de supervillano) para sembrar el pánico entre las canguros adolescentes en la víspera de todos los santos. Pero aunque el desarrollo se parezca, en inevitable homenaje, al original, hay matices que muestran la diferente naturaleza del Myers de Zombie. Lo primero es que ahora Myers viene en busca de Laurie porque es su hermana (cosa que en la primera película no se menciona), la diferencia estriba en que su intención no es matarla sino protegerla, salvarla de la pesadilla que el vivió en su hogar cuando era niño (recordemos que después de matar a su padrastro y su hermana, Judith; Michael coge en brazos a su hermana Laurie, siendo ésta aún un bebé). Será el último rasgo de humanidad que veamos en el psicópata antes de convertirse definitivamente en un asesino implacable. Lo que deriva, por cierto, en un impresionante final.

Hace unos días, previa redacción de este post, volví a echarle un vistazo a la película en sesión doble junto al original carpenteriano. El resultado, creo, fue bastante esclarecedor. “La noche de Halloween” es una obra maestra de un director que domina como pocos los códigos y resortes del cine de terror. Posee una planificación impecable y la inquietante atmósfera y el frenético ritmo se mantienen desde el primer al último fotograma. “Halloween. El origen” es una aproximación realista y personal al personaje de Myers filmada con nervio y contundencia, a través de su inquieta cámara, por un apasionado del género.

Establecidas ya las diferencias entre ambas películas, o al menos, mi posicionamiento frente a ellas, centrémonos en el film de Zombie.

“Halloween. El origen” guste o no tiene el inconfundible sello de su director. La sequedad, la crudeza de la violencia, la brutalidad que algunos acusan de fácil pero que en realidad no llega a la truculencia. No se puede catalogar ninguna película de Zombie dentro del género gore (la sangría alegremente mostrada en “La casa de los 1.000 cadáveres” está más próxima al territorio del Grand Guiñol). En realidad es más la sensación que nos crea que lo que realmente muestra en pantalla. En esta película se pone más atención a los espasmos de las piernas de las víctimas en el momento de su muerte que en el propio acto de la ejecución. Cuando Mickey golpea al novio de su hermana con un bate de baseball repetidas veces está filmado en fuera de plano, pero la acertada banda sonora muda violada por el metálico sonido del bate se introduce de lleno en nuestra cabeza de tal forma que tras visionada la película llegamos a creer que hemos visto como le machacaba el cráneo en plano detalle.

Lo mismo sucede en la primera aparición del Myers psicópata en mitad del bosque que rodea su colegio. Zombie sabe ser explícito cuando es necesario. Como en el degollamiento que Mickey le practica a su padrastro; o en la espléndida y sádica secuencia en la que el benjamín apuñala repetidas veces a su hermana mayor mientras ésta intenta escapar inútilmente de su verdugo. El realizador nos da las dosis justas de primeros planos sangrientos para que estos no pierdan su contundencia por saturación. Ahí reside gran parte de la oscura belleza de la película. Una especialidad marca de la casa.



Poco se puede decir del guión, tras lo destripado más arriba. La primera parte es la única original, nueva. Una vez que Mickey, convertido ya en un enorme y melenudo Michael Myers (una transformación que, aunque rompa el realismo existente hasta ese momento, funciona como grotesca representación física de la monstruosidad de Myers) se escapa del Smith’s Grove Sanitarium, en una secuencia exagerada y/o bizarra pero resuelta con gran pericia técnica, vuelve a Haddonfield donde se desarrollarán los acontecimientos narrados previamente por John Carpenter en la primera película sobre el psicópata.

Los encuadres que escoge Zombie son más cerrados y menos atractivos que los del maestro. Las ejecuciones de los crímenes más directas, se pierde la atmósfera cultivada por Carpentes en aras de lograr una mayor contundencia (tan bien hemos de tener en cuenta que Rob dispone de menos metraje después de detenerse durante buena parte de él en la infancia del personaje) Se realiza una leve modificación del original dejando con vida al personaje de Annie Brackett, interpretado por una estupenda (al menos, físicamente) Danielle Harris (sí, la actriz que interpretó a la sobrina de Myers en las entregas 4, 5 y 6)



La importancia de los personajes varía respecto a la obra original. Así, Deborah Myers, se erige en un personaje fundamental para comprender la historia. La elección de Sheri Moon Zombie (dejando a un lado que sea la esposa del director) no pudo ser más acertada. Encarna excelentemente al personaje más trabajado de la cinta. Una madre encerrada en una vida miserable junto a su pareja (un alcohólico que aprovecha su incapacidad para caminar para parasitar frente a la tele y cuya cuestionable moral no le impide acosar a su hijastra o insultar al pequeño Mickey). La manutención de sus tres hijos la obliga a actuar como stripper en un bar de carretera (genial la secuencia en la que Zombie monta en paralelo uno de sus shows con las actividades de su hijo). Pero la mejor interpretación de Sheri Moon se produce en el Smith’s Grove Sanitarium, donde Deborah conversa con Michael siendo ya consciente de su perversa naturaleza. Su rostro, sin articular palabra, muestra a la perfección una madre descompuesta por el dolor.

Daeg Faerch compone un inquietante Myers niño que desde su aparición en pantalla, quitándose la careta de payaso para contestar toscamente a su padrastro, deja entrever el odio y la maldad que encierran sus fríos ojos. El jovencísimo actor está a la altura de la leyenda, siendo uno de los mejores intérpretes de la película. Sobre la versión adulta del personaje no hay mucho que decir. La espectacular presencia física de Tyler Mane es la base de su interpretación, que se limita a seguir las pautas marcadas por el original (desplazamiento sigiloso y asesinato contundente).

Los personajes fundamentales de la primera película, Myers aparte, bajan enteros en esta ocasión. A pesar de ser un admirador de Malcolm McDowell, el personaje de Samuel Loomis le quedaba mucho mejor a Donald Pleasence. El look sesentero con el que se viste al personaje en la primera parte de la película(sobretodo esa melenilla casposa)quizá tampoco ayude mucho. Le da más un aire de músico de Rock que de serio psiquiatra. Aunque en la segunda mitad su aspecto adquiere un tono más sobrio. Lo que, indudablemente, no deja de ser gracioso es ver a Malcolm haciendo de bueno, aunque sea acompañado de un Mágnum 357.

La que está lejísimos de acercarse a los registros dramáticos de su predecesora es Scout Taylor-Compton, convertida en una Laurie Strode mucho más anodina que la guerrillera Jamie Lee-Curits. Las comparaciones son odiosas, pero la industria cinematográfica americana nos obliga a hacerlas.

En definitiva, nos encontramos ante una obra que si bien está lejos del nivel de la película original de Carpenter, se rebela como un digno homenaje y una nueva muestra del buen pulso de Zombie tras las cámaras.



domingo, 1 de noviembre de 2009

HALLOWEEN RESURRECTION

“Halloween Resurrection”
Director: Rick Rosenthal
Guión: Larry Brand y Sean Hood
Intérpretes: Jamie Lee Curtis, Brad Loree, Busta Rhymes, Bianca Kajlich, Sean Patrick Thomas, Daisy McCrackin, Katee Sackhoff, Luke Kirby, Thomas Ian Nicholas, Ryan Merriman, Tyra Banks, Billy Kay, Gus Lynch, Lorean Gale, Marisa Rudiak, Brent Chapman, Dan Joffre, Haig Sutherland, Brad Sivhon, Kelly Nielson, Gary J. Runnicliffe, Ryan McDonald, Charisse Baker, Natassia Malthe, Kyle Labine, Rick Roshental, David Lewis, Chis Edwards, Michael McCartney, Ananda Thorson
(EE.UU, 2002)

Nota del autor: Espero que hayan pasado una buena Noche de Halloween, acompañados por una buena dosis de cine de terror y algún que otro dulce.
Siento haber demorado tanto el post hasta el punto de colgarlo pasada la señalada fecha. Errores infórmaticos imperdonables por mi parte han hecho que perdiera esta reseña y la dedicada a "Halloween. El origen". Reescrita la primera de ellas espero hacer lo propio con el remake de Rob Zombie lo antes posible.
Aviso: Cualquier atrevido que ose enfrentarse con esta abominable película absténgase de leer cualquier comentario aquí referido pues se destripa la película prácticamente al completo.

Sinopsis:

Laurie Strode se encuentra interna en un psiquiátrico tras matar a un policía creyendo que era su hermano Michael Myers. El psicópata había roto la faringe del hombre impidiéndole articular palabra en su defensa, después le había colocado su máscara propiciando la fatal confusión. La reclusión de Laurie no detendrá las ansias asesinas de Myers. Más de veinte años después continua acechando a su hermana hasta que consigue finalmente matarla.

Haddonfield se prepara para la noche de Halloween. El avispado productor, Freddy Harris, va a montar un show retransmitido por la red en el que un grupo de jóvenes han de pasar la noche de Halloween encerrados en la antigua casa abandonada que un día habitó Michael Myers a cambio de una jugosa cantidad en metálico. Sara Moyer, una estudiante de secundaria, es seleccionada para participar en el programa junto a sus compañeros Rudy y Jen. Una vez comenzado el “Dangerteinment” los tres jóvenes, junto a otros concursantes, serán testigos del lúgubre lugar donde Myers pasó su infancia. Todo está milimétricamente preparado por Freddy Harris para dar espectáculo a la audiencia a costa de asustar a los concursantes. El elemento sorpresa lo pone la irrupción del verdadero psicópata en escena quien irá aniquilando uno a uno a los participantes.

La única esperanza de los concursantes pasa por un amigo virtual de Sara que se encuentra a salvo fuera de la casa siguiendo las evoluciones del programa en directo. Será el único espectador consciente de la realidad de los terribles hechos que se están sucediendo en la morada de Myers. Sus mensajes a la PDA de Sara alertando de la posición del psicópata son la mejor arma para vencer a Michael Myers.

Comentario:

Rick Rosenthal volvía a dirigir una secuela de la franquicia veintiún años después, tras la realización de “Halloween II”, ya con una larga carrera en la televisión a sus espaldas. Sería la última película de Moustapha Akkad, responsable de todas las películas que forman la saga original, quien fallecería tres años después de estrenado el film.

Una de de las curiosidades de la saga Halloween es que las mejores películas son aquellas en las que aparece Laurie Strode. El grupo estaría formado por “Halloween”, “Halloween II” y “Halloween H20”. El comienzo de “Halloween Resurrection” es (dejando a un lado la trampa de guión que resucitaba nuevamente al personaje de Myers), desde este punto de vista, esperanzador. La imagen de una, aparentemente desquiciada, Laurie-Jamie Lee Curtis- Strode, vestida con pijama azul de interna y larga melena (no pocas coincidencias con el personaje de Sarah Connor en “Terminator 2”) hace a uno frotarse las manos ante la inminencia de un nuevo duelo fraticida en esta Tragedia Griega en clave de Slasher.


Las expectativas quedan pronto frustradas cuando a los guionistas les de por acabar con uno de los personajes más emblemáticos de la saga de manera atropellada. Quizá inspirados por el maestro Alfred Hitchcock quisieran emular el golpe de efecto conseguido por éste en su obra maestra “Psycho”, huelga decir que los resultados nada tienen que ver con los conseguidos por el orondo inglés. Si hay algo que pueda salvarse de esta secuencia quizá sea su continuación; en la que Myers se deshace de manera astuta del arma del crimen al tiempo que visita a un pintoresco interno del psiquiátrico que conoce de memoria la vida de todos los psicópatas que adornan la historia de U.S.A.


El terrible guión de la película, ya destripado en la Sinopsis, tras liquidar de manera inexplicable al personaje de Laurie Strode pretende hacernos (se supone) pasar miedo con la invención de una grotesca Casa del Terror que cuenta con Michael Myers como huésped de lujo. Hacía tres años que no se sabía nada del habitante más célebre de Haddonfield, y a juzgar por el estado de su abandonada morada no parece que hubiera pasado allí todo ese tiempo. Sin embargo, tras matar a su hermana, no se le pasan las ganas de derramar sangre y sin importarle que haya cámaras delante se dedica a descuartizar a cuanto jovenzuelo ande suelto por su casa.

Lo más sorprendente del caso es el grado de temeridad e inconsciencia que aqueja a la pequeña población de Illinois. Michael Myers se ha llevado por delante a buena parte del pueblo, ha demostrado que la muerte no es ningún problema para él y aún así la gente se lo sigue tomando a cachondeo y se encierran en su casa para hacer un reality show en la noche de Halloween.
Pero dejando a un lado el sinsentido absoluto del planteamiento de la historia en “Halloween Resurrection” hay por lo menos dos cosas aún más irritantes. A saber:

Una. Algo en lo que son especialistas los guionistas de la saga Halloween prácticamente desde sus inicios ; dejar por los suelos la reputación de Michael Myers. En la correcta “Halloween H20” se nos mostraba a un asesino frío, implacable, prácticamente indestructible. En esta entrega el personaje está, una vez más, totalmente desdibujado, se muestra irregular. Contrastan las primeras apariciones (más que solventes) en el psiquiátrico con las absurdas idas y venidas en el “Dangerteinment” (llegando incluso en una escena a obedecer las órdenes de Freddy Harris)

Dos. El insoportable personaje del productor, Freddy Harris (interpretado por el músico de Hip-Hop Busta Rhymes). Un afroamericano con un look de presentador de videos musicales, al que sólo le interesa obtener beneficios a través de su espectáculo. Si la cosa se quedara ahí tampoco sería tan terrible, lo peor es que el tipo se pasa toda la película haciéndose el gracioso y dando discursos edificantes al resto de personajes. Cualquier guionista con un mínimo de preocupación por la salud del espectador hubiera tenido la consideración de dejar en manos de nuestro querido asesino la rápida desaparición de éste individuo, pero en vez de eso tenemos que aguantar su presencia durante toda la película.


Teniendo en cuenta la nula calidad del guión sería injusto cargar contra el cast por su pobre aportación. La protagonista (con el permiso del egocéntrico Freddy Harris) de esta entrega es Sara Moyer (Bianca Kajlich). La chica mona, estudiosa y formal (¿estarían intentando crear una nueva Laurie Strode?). Su aliado al otro lado de la red es Myles, alias Dekar, interpretado por un soso Ryan Merriman. La ineludible ardiente pareja está formada por los personajes de Donna y el ligón de turno, Jim (encarnados respectivamente por Daisy McCrackin y Luke Kirby), quienes protagonizan una de las escenas de sexo más insípidas y absurdas que recuerde. En definitiva, nada destacable en una producción para olvidar. Ni siquiera la presencia de Tyra Banks meneando el culo al ritmo de la música en el estudio de realización antes de ser asesinada consigue animar la película.


Si hay algo positivo en la película es la forma en que está rodado el “Dangerteinment”. Cada uno de los concursantes va equipado con una microcámara, de esta manera los internautas podrán vivir en primera persona las emociones que éstos experimentan. Curiosamente es el mismo recurso utilizado en la reciente “Rec 2”, dónde el equipo de GEOS se convertía en los ojos y los oídos del espectador (quizá la vampirización de ideas funcione tanto de Este a Oeste como en sentido contrario). Aunque lo que en la película española era una seña de estilo utilizada hasta las últimas consecuencias en “Halloween Resurrection” se le saca un provecho bastante escaso en esporádicas ocasiones.


“Halloween Resurrection” consigue que pensemos que cualquier tiempo pasado fue mejor.



jueves, 29 de octubre de 2009

HALLOWEEN H20

“Halloween H20”
Director: Steve Miner
Guión: Robert Zappia, Matt Greenberg
Intérpretes: Jamie Lee Curtis, Josh Hartnett, Adam Arkin, Michelle Williams, LL Cool J, Jodi Lyn O’Keefe, Adam Hann-Byrd, Janet Leigh, Joseph Gordon-Levitt, Nancy Stephens, Branden Williams, Beau Billingslea, Matt Winston, Larisa Miller, Emmalee Thompson, David Blancard, John Cassini, Jody Wood, Lisa Gay Hamilton, Chris Durand, Tom Kane
(EE.UU, 1998)

Sinopsis:

Langdon, Illinois. 30 de octubre de 1998. La enfermera Marion Chambers, ex-ayudante del Dr. Loomis, regresa a casa después de su jornada de trabajo cuando se da cuenta de que alguien ha entrado en su domicilio y le ha robado los archivos de Michael Myers correspondientes a Laurie Strode. Comunica a dos vecinos adolescentes el incidente al tiempo que avisa a la policía, ante la tardanza del cuerpo de seguridad y tras la inspección de uno de los jóvenes decide finalmente entrar en casa, siendo brutalmente asesinada por Michael Myers, al igual que sus dos vecinos.

Summer Glen, California. Laurie Strode bajo el nombre de Keri Tate vive junto a su hijo, John. Su nueva vida como directora de un instituto de élite, la gran distancia que separa Summer Glen de Haddonfield y el largo tiempo pasado no le hacen olvidar aquella terrorífica noche de 1978. Luchando por acabar con sus temores, su adicción al alcohol y comenzar una vida nueva, tras fingir su propia muerte para huir de su hermano, se prepara para el decimoséptimo cumpleaños de su hijo. La misma edad que Laurie tenía cuando su hermano vino a buscarla.

La noche de Halloween se acerca y John quiere pasarla con sus amigos. Laurie que siempre había impedido a su hijo salir de casa en tan señalada fecha se plantea si es momento de enterrar definitivamente el pasado.

Comentario:

Steve Miner, director de la segunda y tercera entrega de “Viernes 13” volvía a realizar una secuela de una película de terror tras más de veinte años trabajando para la televisión, justo lo que volvería a hacer después de esta película.

“Halloween H20” recupera en parte la esencia (salvando las distancias) del original, más que del original (en realidad un film isla magnífico del cine fantástico con mayúsculas) de su digna continuación. Retomando acertadamente la historia veinte años después de lo ocurrido en la noche de Halloween de 1978 (acontecimientos narrados en la segunda entrega) se efectúa un ejercicio de actualización que si bien se antoja innecesario resulta, cuanto menos, vistoso para los ojos del aficionado.

El enorme éxito que supuso “Scream” (Wes Craven, 1996) propició un resurgir del Slasher a finales de los noventa, justo una década después de que la taquilla se hubiera cansado de él. Buena parte de culpa de ese boom inesperado por los psicópatas enmascarados la tuvo Kevin Williamson, encargado del guión. El libreto jugaba de manera astuta con los códigos y tópicos del subgénero, realizando una relectura desde el respeto sin dejar de lado la parodia. Los homenajes a las películas de la saga “Halloween”, están presentes desde la primera escena (desde la película que va a ver la precoz víctima hasta la resolución de la secuencia, claro homenaje a uno de los primeros asesinatos en “Halloween II”), no en vano el nacimiento de tan singular tipo de cine se produjo oficialmente con “Viernes 13”, obra deudora de la muy superior “La noche de Halloween” que, en mi opinión, transciende el género que se creó a partir de ella.




Era lógico, teniendo en cuenta el amor (financieramente hablando) que el guionista tenía por el género, que se lanzara a la producción junto a los hermanos (caza fortunas) Weinstein y Moustapha Akkad. La intención era recuperar una saga que había caído en el olvido. Además de haber mostrado solvencia en la elaboración del guión de “Scream”, Williamson, era un nombre que podía ser utilizado como reclamo para la taquilla.

Alejándose de la escasa personalidad que había mostrado Myers a partir de la cuarta entrega, el guión firmado por Robert Zappia y Mart Greenberg, recupera el frío y sigiloso psicópata que nos había aterrorizado en las dos primeras películas. La acción comienza fuerte desde el propio prólogo que además de solventar de manera contundente sus escenas con guiños a los primeros “Halloween” y a la propia “Scream” homenajea al gran Dr. Loomis de paso que nos sumerge de lleno en la historia, condensada de manera ágil en los títulos de crédito iniciales, que están aderezados, además, por las notas del inmortal score de Carpenter.

El relato se debate entre la tradición de las dos primeras películas, personificada en los personajes de Strode y Myers y la trama teen protagonizada por el hijo de Laurie, su novia y una pareja amiga. Sin asombrar con un desarrollo original, se respetan escrupulosamente las convenciones (¡a quien se le ocurre practicar sexo la noche de Halloween!) y no se escatima en litros de sangre. La narración es ligera y se sigue con comodidad, en ningún momento la película resulta aburrida e incluso tiene momentos de inspiración (la introducción del ascensor de comida en el Universo Myers, convirtiendo algo cotidiano en un elemento terrible). Incluso la relación de Laurie Strode con un colega, que podría haber optado por la sensiblería fácil, resulta bastante convincente aportando matices al personaje.

Tenemos ya dos de las causas que hacen de “Halloween H20” un producto muy superior, cinematográficamente (nostalgias aparte), a las películas realizadas a partir de la cuarta entrega (sé que soy pesado con la decadente trilogía, pero es necesario), a saber: El hecho de obviar por completo sus nefastas antecesoras directas y un guión capaz de contar una historia fresca respetando a la vez las convenciones del género. El tercer elemento es la recuperación de Jamie Lee Curtis, en el rol de una luchadora Laurie Strode veinte años después de vérselas cara a cara con su hermano.

La disciplina y el proteccionismo a la que somete a su hijo, (interpretado por Josh Harnett antes de convertirse en un sex-symbol de Hollywood) es lógica teniendo en cuenta el historial de bajas familiares. No podemos olvidar tampoco que Laurie Strode era una estudiante ejemplar en el filme de Carpenter, con lo que situarla como directora de un colegio de élite tras dos décadas resulta más que coherente.

Jamie Lee Curtis compone un personaje de una fuerza arrolladora. Una madre, abandonada además por su esposo (adicto a la metadona, para más señas), que es capaz de compaginar un trabajo de gran responsabilidad con la educación de su hijo, sin dejar de luchar, cada día, con los fantasmas del pasado.




El nervio que imprime la actriz llega a su cima cuando su hermano finalmente vuelve a aparecer en su vida. Convertida en una madre coraje harían falta muchos Michael Myers para tocar un pelo a su hijo. Apenas quedan restos de la joven e inocente Laurie que Michael visitó veinte años atrás, el personaje, en su madurez, recuerda antes a Linda Hamilton en la piel de Sarah Connor, con la que compartirá incluso su histerismo y su violencia en la salvaje escena final.

La recuperación de este genial personaje, adecuadamente madurado y exquisitamente interpretado, contrasta con la inevitable pérdida (así es la vida) del Dr. Loomis. Afortunadamente nadie osó a contratar a otro actor para desarrollar el rol que Donald Pleasence desarrolló de manera excelente a lo largo de cinco películas, en las que, a pesar del bajo nivel de alguna de ellas, siempre tuvo un gesto, una frase, para demostrar su valía.

En el resto del elenco destaca Josh Harnett, dando vida al hijo de Laurie Strode. El papel, aunque de entrada pueda parecer de suma importancia, sólo sirve en realidad como contrapunto a la del personaje de la madre que se erige como única protagonista, con el permiso de su hermano, claro. Janet Leigh aparece como empleada del colegio y tiene una breve conversación con Laurie Strode en la que podemos ver al fondo su antiguo vehículo mientras suena la banda sonora de “Psycho”. Un regalo para los cinéfilos. El reparto adolescente no aporta mucho a excepción de un montón de cadáveres, como es norma, y la presencia de Will Brennan como pareja de Laurie Strode no deja de ser un complemento al único personaje que brilla con luz propia.

Sin ser una gran película, “Halloween H20” es un Slasher correcto que sirve para pasar un rato agradable a los nostálgicos de las primeras películas y a los fans del cine de terror adolescente. Eso sí no esperen la incorrección política propia de los años ochenta ni el despelote festivo, la película es hija de su tiempo y mandan los niños pijos y la formalidad.


martes, 27 de octubre de 2009

HALLOWEEN 6. THE CURSE OF MICHAEL MYERS


“Halloween 6. The Curse of Michael Myers”
Director: Joe Chappelle
Guión: Daniel Farrands
Intérpretes: Donald Pleasence, Paul Rudd, Maianne Hagan, Mitch Ryan, Kim Darby, Bradford English, Keith Bogart, Maiah O’Brien, Leo Geter, J.C. Brandy, Devin Gardner, Susan Swift, George P. Wilbur, Janice Knickrehm, Alan Echeverria, Hildur Ruriks, Sheri Hicks, Tom Proctor, Bryan Morris, Lee Ju Chew, Raquelle Anderson, Kritine Summers, Elyse Donalson, A. Michael Lerner
(EE.UU, 1995)

Seis años después de las últimas tropelías del desdibujado Myers, al que habíamos visto incluso llorar en la infame “Halloween 5”, Moustapha Akkad, vuelve impunemente a producir un producto cuya desvergüenza deja en mera anécdota el desaliñado producido a raíz de la segunda entrega.

“Halloween 6” cierra una de las sagas que forman la irregular franquicia. Enlaza directamente con el psicotrónico origen de la maldad de Myers que comenzaba en la cuarta entrega, continuaba en la quinta y llegaba a la cima del esperpento con la construcción de la gratuita e innecesaria mitología creada en esta película.

Dando por sentado que el que haya llegado hasta aquí y esté dispuesto a leer la reseña está familiarizado con el Universo Myers, ha visto ya todas las películas de la saga e incluso habrá ido leyendo todas las reseñas de las películas anteriores, me permitiré la licencia de destripar completamente (o casi) el argumento de esta entrega en la sinopsis.

Aquellas personas que no hayan visto la película y tengan deseos de verla ruego se lo piensen dos veces antes de sumergirse en este aberrante laberinto de endogámicas pasiones sangrientas. Si quieren ahorrarse el suplicio pueden leer este resumen que es bastante más rápido que desperdiciar hora y media en el visionado de la cinta o, si son tan valientes e inconscientes como un servidor pueden armarse de valor, pasar de esta redundante reseña y ver esta obra maestra no intencionada del peor cine que nunca habían osado imaginar.

Añadir que esto no es un ejercicio de SPOILER gratuito. Sencillamente creo que en el delirio y desfachatez del guión de éste Halloween se encuentra condensado lo peor y lo mejor de la película y de la propia franquicia a partir de la segunda entrega. El culebrón Michael Myers se ha salido tanto de madre que el personaje ha acabado convirtiéndose en una caricatura, un personaje más cercano al papel del cómic que al celuloide.

Toda la genealogía de personajes, desde los Myers hasta los Strode pasando por los amigos y familiares de ambas familias que han sido víctimas de la rabia de Michael, y el cuasi eterno Dr. Loomis como némesis del enmascarado se unen de una u otra manera en esta entrega que pone fin al delirio con una explicación al origen de Michael Myers que ríanse ustedes de los simplones orígenes de Lobezno.

Origen que queda plenamente explicado, bien masticadito, al final de la película y que me reservo, pues considero que eso si que hay que verlo para creerlo. Sólo comentar que consiguen convertir al pobre Myers de lobo a corderito en un abrir y cerrar de ojos, para luego volver a convertirlo en lobo. De todas formas tampoco hay que tomarse muy en serio esta conclusión pues en la siguiente película, “Halloween H20”, la saga vuelve a entroncar con la segunda entrega, desechando, acertadamente, todo lo realizado a partir de la cuarta.


Valorar cualquier aspecto técnico o artístico de la producción me parece absolutamente superfluo teniendo en cuenta que la auténtica fuerza, perdón, la auténtica risa de esta película reside en el asombroso culebrón que rodea la vida (anti)social de Michael Myers. Sin más demora, entremos en materia.

Sinopsis:

30 de octubre de 1995. Jamie, la sobrina de Michel Myers lleva seis años presa de una extraña secta dedicada a la magia negra, desde que su tío escapó de prisión ayudado por un misterioso hombre de negro. Acaba de dar a luz a un niño y ayudada por otra secuestrada consigue escapar. El líder del grupo ocultista envía a un esbirro tras sus pasos que resulta ser… ¡Michael Myers!

Haddonfield se prepara para Halloween. En la antigua casa que Myers gusta visitar en tan señalada noche viven Kara y su hijo Danny, miembros de la familia Strode, junto a sus padres. En la casa de enfrente un joven está obsesionado con la figura de Myers. Se trata de Tommy Doyle, el niño que Laurie Strode cuidó aquella terrorífica noche de 1978.

La figura de Myers se ha hecho tan famosa que un programa nocturno de una radio local le dedica su emisión. El Dr. Loomis, ya retirado, se encuentra a la escucha, así como Kate y Tommy (se ve que la noche en Haddonfield no es muy animada si Myers no anda suelto), cuando Jamie, resguardada en la estación de autobuses llama histérica al programa pidiendo auxilio. La pobre sobrinita no conseguirá su objetivo y acabará trinchada por una afilada máquina en un cobertizo con la inestimable ayuda de su tío. Sin embargo su llamada sirve para poner en alerta al intrépido Loomis, que unido a su amigo, el Dr. Wynn, intentará una vez más asesinar al psicópata. Sobre todo después de que Tommy quien encontró al bebé de Jamie con vida antes de que lo hiciera el psicópata le ponga en alerta.

Paralelamente, Danny, que es sólo un niño comienza a tener visiones en las que (el más que cargante) hombre de negro le arenga para que comience a matar a la gente.

Noche del 31 de octubre. El popular locutor radiofónico se presenta en Haddonfield y pretende grabar su programa en la antigua casa de Myers, dónde ahora viven los Strode, que previamente han sido liquidados por el psicópata. El reguero de asesinatos comienza en la desesperada ansia de Myers por recuperar el bebé. Cuando por fin Kate, Danny, Loomis y Tommy consiguen ponerse a salvo los miembros de la secta les descubren arrebatándoles nuevamente el bebé, pieza crucial para sus oscuros planes. Michael Myers como supondrán no se estará quieto y será el protagonista del rocambolesco desenlace.

Pues bien, más o menos éste es el resumen de lo acontecido en este nuevo asalto de The Shape a las pantallas. El responsable de esta cima de la indecencia es Joe Chapelle, quien después dirigiría “Hellraiser: Bloodline” y desde el año 2002 viene produciendo y dirigiendo capitulos para la serie “C.S.I. Miami”.

La necesidad de buscar un origen al mal innato en Myers es la principal causa que hace naufragar la saga desde su segunda entrega. En un intento del más difícil todavía, ésta última parte del peculiar desafiado cae en el ridículo más absoluto al mezclar magia negra, ritos celtas, ciencia y una trama conspiratoria para explicar el origen del personaje de Myers. El desinterés por la trama sobrevuela toda la película en una cinta, por otra parte, rodada con bastante desgana.

Únicamente la presencia de Donald Pleasence en la última encarnación del Dr. Loomis (moriría poco después de finalizado el rodaje), quien respira un aire crepuscular propio del escepticismo que ha ido creciendo tras años de lucha contra Michael Myers, justifica el visionado de esta entrega en la que los niveles de aburrimiento, truculencia barata y el tramposo guión erigen esta obra como la peor, se dice pronto, en la filmografía de “Halloween”.

Nada que rescatar en el resto del plano reparto, ni siquiera se nos obsequia con aquellos gratificantes desnudos tan recurrentes en los ochenta. Los mojigatos noventa hacían aparición en la saga, al igual que en su, aún más, encorsetada sucesora… Aunque eso ya es otra historia.



Pregunta de examen ¿De quién es el hijo de Jamie?. ¡Hagan sus apuestas!


lunes, 26 de octubre de 2009

CARRIERS (INFECTADOS)

“Carriers”
Directores: Álex Pastor, David Pastor
Guión: Álex Pastor, David Pastor
Intérpretes: Chris Pine, Piper Perabo, Lou Taylor Pucci, Emily VanCamp, Christopher Meloni, Dylan Kenin, Dale Malley
(EE.UU, 2009)

Sinopsis:

Cuatro jóvenes conducen por las inmensas y desiertas carreteras del Oeste americano en lo que parece un viaje de fin de semana, hasta que un individuo con el coche atravesado en mitad de la carretera les impide pasar y les pide gasolina. Su hija, en el interior del vehículo, está infectada de un virus que ha acabado prácticamente con toda la población. Los jóvenes, aún sanos, se muestran reticentes y esquivan el vehículo hasta que la rotura de su depósito les hace dar marcha atrás. Llegan a un acuerdo por el que, a cambio del coche, deberán acompañar al hombre y su hija hasta un hospital donde, según dicen, han encontrado remedio a la enfermedad. Los jóvenes pretenden llegar a un motel situado en una playa del Golfo de México, dónde creen que podrán mantenerse aislados hasta que se acabe la infección o la gente.

Debut en el largometraje de los hermanos catalanes Álex y David Pastor bajo una producción Paramount Vantage. Meteórica carrera la que llevan estos cortometrajistas. El debut de Álex en el corto lo supuso su proyecto para fin de carrera en la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya), titulado “Larutanatural”. El trabajo le valió para hacerse con el galardón a mejor corto internacional en Sundance y ser nominado a los Goya. Su hermano, David, había dirigido el cortometraje “Movie (theatre) heroe” por el que logró el Coca Cola refreshing filmmaker´s award..

“Infectados” escoge coherentemente la road movie (¿que haríamos nosotros ante una pandemia que ha asolado a toda la población más que huir en busca del lugar más seguro?) para narrar el drama personal de sus personajes protagonistas. Dos hermanos, Brian y Danny, que recuerdan sus días de infancia felices en una playa del Golfo de México dónde solían surfear todo el día y adonde quieren ir ahora en busca de seguridad. El complemento lo ponen Bobby, la novia de Brian, contrapunto emocional de éste, y Kate, amiga de Danny que utiliza al joven para conseguir sus objetivos a sabiendas de que está prendado por ella.


Estos personajes, aún respondiendo a unas características típicas del cine de terror adolescente (la relación entre el hermano mayor, dominante-impulsivo, y el menor, retraído-cerebral, ha sido representada por el cine más comercial en producciones tan recientes como “Aullidos”. Nick Mastandrea, 2006), se encuentran bien definidos y tienen cosas interesantes que decirse huyendo del estereotipo puro y duro. Los realizadores, también responsables del guión, juegan sabiamente con el carácter de los personajes haciéndolos evolucionar a medida que avanza la historia, enfrentándolos cada vez a nuevas y más complicadas dificultades. Muy gratificante es como se resuelven las inevitables infecciones que se irán produciendo dentro del grupo, huyendo de la clásica destrucción a la que nos tiene acostumbrados el cine de zombies.

La sociedad apocalíptica que se describe, o más bien se intuye, en la película ha sido representada en incontables ocasiones tanto en cine como en literatura, a la memoria nos pueden venir clásicos como “El último hombre vivo”, “El último hombre sobre la tierra”, (ambos films basados en la novela “Soy leyenda”); la saga “Mad Max”; o títulos más recientes como “28 días después” o la película de inminente estreno “La carretera”, basada en el relato homónimo de Corman McCarhty.

Todos estos títulos tienen en común la permanente sensación de peligro que nos transmite un planeta que antes nos parecía tan seguro. Los lugares antaño tan familiares se tornan en espacios despersonalizados y amenazantes. Esta sensación de habitar en mitad del caos, en un mundo que ya no se rige por leyes, únicamente por la única que la naturaleza impone: la ley del más fuerte, está presente en la película en contados pero intensos momentos.

Al comienzo del filme, cuando Frank pide gasolina con su vehículo atravesado en mitad de la carretera nos damos cuenta, a través de los rostros de pánico de los cuatro jóvenes, del inseguro lugar en el que se ha convertido su mundo. La máxima sensación de pánico la experimentamos en el episodio en que los jóvenes encuentran un lugar seguro en un hotel de lujo hasta que sus propietarios llegan y están a punto de hacer con ellos algo similar a lo que ocurría en “28 días después” cuando los protagonistas acuden a la fortificación militar. Un guión inteligente que bordea pero evita los lugares comunes resolverá la situación de manera bien diferente.

Los instintos primarios afloran sacando lo peor de cada individuo (estremecedora secuencia en la que se produce un tiroteo en mitad de la noche mientras Danny y Kate están sentados al calor del fuego. Mucha atención al detalle xenófobo). De esta manera la espiral de horror y violencia va creciendo a medida que la situación del grupo vaya empeorando (lógica pérdida de combustible, cansancio, hambre, infecciones), así como los inevitables reproches personales, como consecuencia del desgaste que producen los días de viaje juntos. Derivando todo en un tercio final de película demoledor, sin concesiones, absolutamente realista. Los personajes dejan a un lado sus caretas sociales mostrándose tal y como son. El grado de crudeza de sus actos va en consonancia con la sociedad que les ha tocado vivir. La honestidad de los realizadores no podría ser mayor en el tratamiento de la violencia, nada es gratuito, todo es absolutamente coherente, e incluso, necesario, en su descarnado contexto.




La inmensidad de los territorios por los que, geográficamente, transita la historia, hace indispensable la utilización de panorámicas para sacar partido a esos paisajes del Oeste americano tan característicos del Western. Sin llegar al preciosismo de películas como (“Las colinas tienen ojos”. Alexander Aja, 2006), Álex y David Pastor escogen los encuadres necesarios para transmitir la naturaleza de ese inabarcable paisaje convertido en un protagonista más. La correcta fotografía sabe escoger un tono realista, huyendo de la luminosidad tan en boga actualmente, dándole al filme un acertado tono cercano al documental.

En la línea general de la cinta, que huye del efectismo, la labor del maquillaje contribuye a ese aspecto realista de la producción. Las consecuencias de la infección no caen en la exageración ni buscan la repulsión en el espectador, todo está contenido, como ese magnífico final abierto que sin artificio alguno nos deja esa sensación de incertidumbre, de vacío.

Uno de los grandes aciertos de la cinta, que la convierte, al menos, en algo diferente, es no entrar en explicaciones sobre el posible origen de la infección, ni siquiera mostrar las terribles consecuencias a gran escala, sencillamente centrarse modestamente en la historia personal de unos pocos personajes. A través de su particular viaje el espectador se hará una idea de la magnitud de la catástrofe con la única compañía de alguna solitaria emisora de radio local en la que cada canción podría ser la última.

Ese intimismo convierte a “Carriers” en una película diferente. Sin llegar a tener una personalidad tan marcada para considerarla una obra de autor, parte de una bases genéricas para transitar lugares más cercanos al drama que al cine de terror adolescente. Triunfando como una propuesta sólida no carente de originalidad en el saturado panorama del subgénero post-apocalítico.