
Director: Manuel Caño
Guión: Santiago Moncada
Intérpretes: Steve Hawkes, Peter Lee Lawrence, Ángel del Pozo, Agata Flori, Richard Rod, Robin Aristorenas, Kitty Swan, Javier Maza
(España-Italia-Filipinas, 1972)
Un blog dedicado a todos esos ciudadanos de mente abierta que tengan sed de conocimiento sobre el séptimo arte y quieran abrir sus horizontes cinematográficos adentrándose en mundos lejanos, ignotos hasta el momento. Descubrirán aquí la riqueza y la amplitud del cine. Desde Alfred Hitchcock hasta Pablito Calvo, pasando por Bollywood con parada en el el Gore cañí.
La película es made in Japan de principio a fin. Lleva al paroxismo la estética manga, incluso hentai (la protagonista luce traje de colegiala y no pocas veces se deja ver su ropa interior), y la tradición ultra-violenta del cine de acción nipón con un humor intransferible al resto del mundo. O no te hace gracia o estarás toda la película con esa risa histérica de puro vicio sádico. La influencia del cine norteamericano moderno es evidente, la película que más nos viene a la mente mirando la pantalla es "Kill bill", sobre todo por sus títulos de crédito, por sus brutales escenas de acción (esos chorros de sangre que no dejan de manar tras cada amputación) y por la banda sonora. Pero hay más películas homenajeadas. Ami, pierde su brazo izquierdo en una escena memorable que prefiero no desvelar; tras el "accidente" se calza una espectacular ametralladora que sustituirá a su desaparecida extremidad, claro homenaje al intrépido personaje que interpretó Rose McGowan en "Planet Terror". La madre de Takeshi sufrirá la amputación de uno de sus pies, pero ni corta ni perezosa le acoplará una motosierra para seguir despedazando a los malos, como hiciera Bruce Campbell con su brazo en "Army of the Darkness". La pérfida madre de Sho Kimura, Violet, intenta despedazar el pecho de Ami mediante un "drill bra", sujetador de metal provisto de un taladro en cada seno (la sombra de Sex Machine, recuerden "Abierto hasta el amanecer", es alargada) En cuanto al desparramiento de sangre de principio a fin podria equiparársele con "Braindead", ese monumento al humor gamberro y al gore que hizo Peter Jackson antes de volverse blandito rodeado de elfos y hobbits.
Uno de los mayores aciertos de la obra reside en la forma de enfocar los crímenes y las torturas, de manera totalmente cambiante. Tan pronto le entran a uno ganas de reír por el chiste malo que supone la resolución de algunas escenas, así como por la estética casposa del maquillaje (veáse la cabeza que aparece flotando dentro de una olla), como se le hiela la sangre al ver la brutalidad y la brillantez con que están resueltas otras (el asesinato de la joven compañera de Ami y su posterior violación). La cámara acompaña de forma efectiva las escenas de acción realzando la espectacularidad de las coreografías. A pesar de ser evidente lo modesto del presupuesto la acción resulta rápida y dinámica. Los movimientos de cámara son en ocasiones frenéticos, pero no se abusa de barridos molestos que impidan seguir el desarrollo de la escena (algo tan utilizado en las producciones mainstream americanas). El uso de primeros planos y de ralentís enfatiza con acierto el carácter enloquecido de los personajes, que, evidentemente, no se sostendría sin un gran trabajo actoral. Muy notable la presencia de Minase Yashiro, tan creíble de niña indefensa, con esa sonrisa angelical, como de demonio sanguinario. Kentaro Shimazu borda su papel de yakuza tiránico y Honoka en el papel de Violet Kimura parece una auténtica villana de cómic, más sexy cuanto más sádica y malvada (grandioso el momento en que asesina a la criada, empleada del hogar, perdón)
A esta etapa de “banalización” del kaiju, si es que puede llamarse así; supervivencia, quizá, pueda ser un término más apropiado, pertenece, “Ghidora, el dragón de las tres cabezas”. Desde luego, una larva gigante (Mothra) pidiendo a Godzilla (en películas anteriores, e incluso en ésta minutos antes, fiero destructor de Japón) y a Rodan que se alíen para derrotar a Ghidora y salvar así a los humanos tiene muchos calificativos, pero serio no es uno de ellos. Sin embargo en este tipo de situaciones genuinamente camp e intransferibles al mundo occidental es donde reside la fuerza de la propuesta. Paranoia alienígena en las altas esferas estatales, una princesa abducida que cree ser una marciana, monstruos gigantes comunicándose entre ellos y aliados contra otro venido del espacio exterior en el interior de ¡un meteorito!, diálogos absolutamente increíbles de puro surrealismo, otros que dejan al descubierto el machismo de la sociedad japonesa y el papel puramente decorativo de la mujer, concursos de televisión en los que aparecen los kaiju como héroes nacionales. En fin, todo un delirio único dentro del universo fílmico de esta increíble isla llena de contrastes. Las sub-tramas introducidas, como la de la conspiración para acabar con la princesa (cuyo país de procedencia no se revela por cierto) o la relación "amorosa" de la joven periodista en edad casadera (como su madre se empeña en recordar), al intentar añadir detalles de cierta cotidianeidad hacen que la historia tenga un carácter aún más enajenado.
El diseño de los monstruos es desigual, la agresividad en la expresión de Ghidora (cierto es que muchos expertos señalan que es una derivación de los dragones chinos) contrasta con el aspecto del bueno de Godzilla (es bastante complicado aguantar los primeros planos de la cara del coloso nipón sin soltar una carcajada), con la pobre recreación de Rodan o con la sensación de indefensión absoluta que da Mothra (ese movimiento mecanizado a la hora de desplazarse y su irrisorio chorro de agua como único ataque)
El vesturario de los compatriotas de la princesa no tiene desperdicio, una especie de cruce entre caballero de la Edad Moderna europea y astronauta futurista vestido por Agatha Ruiz de la Prada.
El film está repleto de escenas antológicas, como cuando los humanos van traduciendo el intercambio de palabras entre Mothra, Ghidora y Godzilla. La escapada de la princesa de su trágico destino saliendo del avión por una puerta lateral en pleno vuelo, sin que éste sufra ninguna sacudida. Su posterior aparición ataviada con ropas de vagabundo en una plaza de la ciudad como “la profetisa”, augurando el negro devenir de los seres humanos y manifestando sin pudor alguno: “vengo de Marte”. La misteriosa recuperación de su personalidad anterior tras caerse ¡desde una montaña! La épica batalla final con Mothra subido a lomos de Rodan rociando con a saber qué al tricéfalo Ghidora. Los bailes y las risas de Godzilla y Rodan…no hace falta añadir que el ritmo no decae a lo largo del metraje, la película es una sucesión de escenas a cual más divertida y disparatada.
Sin duda lo mejor exhibido hasta el momento, y créanme, no es poco. Japón vuelve a demostrar que en imaginación y originalidad se llevan la palma.
Un diálogo para el recuerdo:
La joven princesa (con su personalidad suplantada por una marciana con dotes adivinatorias. En la película también se explica que en Marte todos tienen el poder de la predicción ¿?) irrumpe en un barco para advertir a sus tripulantes y pasajeros del peligro que corren sus vidas si el barco zarpa. Un oficial avisa a su capitán:
-Señor, está aquí la alienígena (precisa descripción del marinero que no deja lugar a la duda)
-¡No está autorizada! (la respuesta está a la altura del humor delirante de los monólogos de Groucho, aunque me temo que en este caso no es intencionado)