jueves, 28 de agosto de 2008

GHIDORA, EL DRAGON DE LAS TRES CABEZAS

“Sandaikaiju Chikyu Saidai no kessen”
Director: Inoshiro Honda
Guión: Sinichi Sekizawa
Música: Akira Ifukube
Intérpretes: Yosuke Natsuki, Yukiro Hoshi, Hiroshi Koizumi, Akiko Wataboyashi, Takashi Shimura.
(Japón, 1964)

Sinopsis (les juro que no me invento nada, todo lo escrito ocurre realmente):

Ghidora (un dragón de tres cabezas) llega a la tierra proveniente del espacio en el interior de un meteorito con la intención de destruir el planeta. Un policía, su hermana periodista y una princesa, que ha sido abducida salvando así su vida de un atentado, convencerán a las sacerdotisas gemelas enanas de la isla de Mothra, para que llamen a la larva gigante (Mothra, que en otras películas del género aparece transformada en mariposa) y ésta logre que Godzilla (creo que no necesita presentación) y Rodan (monstruo gigante volador), que en esos momentos se están liando a guantazos destrozando medio Japón, se alíen con ella y salven así a la humanidad de la destrucción.

El programa de Peor…¡imposible! X anunciaba esta película bajo el título de “Gozilla contra Ghidorah”, sin embargo, el título que se dio al film en las salas nacionales fue “El combate de los tres mayores monstruos sobre la tierra”. En la edición videográfica se le dio el nombre de “Ghidora, el dragón de las tres cabezas”, como pudo escucharse durante los títulos de crédito en el pase de ayer.

Esta fue la primera película proyectada en la sesión de ayer. Producción a cargo de la Toho con efectos especiales de Eiji Tsuburaya, (toda una institución en la especialidad por aquel entonces en Japón. Comenzó a realizar trucajes en los años 20) y dirigida por el maestro indiscutible del kaiju eiga (películas con monstruos gigantes) y seguramente máximo referente del cine fantástico japonés, Inoshiro Honda. Director de clásicos indispensables del género como “Japón bajo el terror del monstruo” (Gojira, 1954), que daría el pistoletazo de salida al género, “Baran, el monstruo gigante” (Daikaiju Baran, 1958) “Mothra” (Mosura, 1961) o “Los monstruos invaden la tierra” (Kaiju daisenso, 1965), y que por cierto no falta a su cita anual en “Peor…¡imposible”. Podemos hablar por tanto de Inoshiro Honda como pionero de uno de los géneros más taquilleros en el Japón de los años 50 y 60, que aún hoy en día sigue siendo consumido en el país del sol naciente e incluso exportado a occidente, gozando de gran popularidad en diversas partes del planeta. Sin ir más lejos tenemos el ejemplo del joven realizador Ryuhei Kitamura (“Versus”, “Azumi”) que realizara en el 2004 “Godzilla final wars”, otra delirante reunión de kaiju en una misma película que se exhibió aquí mismo hace un par de ediciones, o la más reciente producción Sur-Coreana “D-War” , (Shim Hyung-rae, 2007) comercializada en España como “Dragon wars”, de echo fue la primera película asiática comercializada en Blue-ray en nuestro país. Está claro que Japón ha tenido a Godzilla y su séquito siempre dentro de su imaginario colectivo, no obstante, las producciones kaiju no siempre han sido todo lo rentables que la industria quisiera.

A mediados de los sesenta la Toho no sacaba la tajada necesaria para mantener la calidad en la producción de los kaiju, películas que hoy nos pueden parecer irrisorias debido a sus decorados a base de edificios, montañas y puentes de cartón-piedra. Pero no podemos olvidar que estas maquetas eran destruidas cada vez que el monstruo de turno asomaba por la pantalla. Miniaturas, que pese a su lejano parecido con la realidad representaban grandes urbes como la de Tokio, con la cantidad de réplicas a escala que ello supone. Lo que encarecía considerablemente los gastos de producción. El casting estaba integrado siempre por primeros actores de la cinematografía nipona, ahí está el caso de Takashi Shimura, actor proveniente del teatro y habitual de las películas de Kurosawa junto a Toshiro Mifune, que interpretó el papel de científico en varias producciones kaiju (en la que nos ocupa hacía el rol de doctor que se encargaba del cuidado de la princesa, aparentemente en estado de shock). El guión tampoco estaba dejado al azar, las tramas fantacientíficas de los primeros kaiju “Japón bajo el terror del monstruo” o “Mothra” estaban bien trabajadas, sus diálogos otorgaban seriedad al conjunto e incluso ideas como la peligrosidad de las armas nucleares, el pacifismo o el patriotismo japonés anti-americano se colaban en la pantalla sin dificultad. Poco a poco esta seriedad en las propuestas se fue desdibujando por la falta de ideas, las películas en principio protagonizadas antes por un solo monstruo fueron dando paso al menos a dos kaiju por película “King kong contra Godzilla”, “Godzilla contra los monstruos”, y las escenas de destrucción protagonizadas por los monstruos que antes constituían una parte más de la película se fueron convirtiendo prácticamente en la única atracción de las mismas, erigiendo a los kaiju en protagonistas absolutos de la función.

A esta etapa de “banalización” del kaiju, si es que puede llamarse así; supervivencia, quizá, pueda ser un término más apropiado, pertenece, “Ghidora, el dragón de las tres cabezas”. Desde luego, una larva gigante (Mothra) pidiendo a Godzilla (en películas anteriores, e incluso en ésta minutos antes, fiero destructor de Japón) y a Rodan que se alíen para derrotar a Ghidora y salvar así a los humanos tiene muchos calificativos, pero serio no es uno de ellos. Sin embargo en este tipo de situaciones genuinamente camp e intransferibles al mundo occidental es donde reside la fuerza de la propuesta. Paranoia alienígena en las altas esferas estatales, una princesa abducida que cree ser una marciana, monstruos gigantes comunicándose entre ellos y aliados contra otro venido del espacio exterior en el interior de ¡un meteorito!, diálogos absolutamente increíbles de puro surrealismo, otros que dejan al descubierto el machismo de la sociedad japonesa y el papel puramente decorativo de la mujer, concursos de televisión en los que aparecen los kaiju como héroes nacionales. En fin, todo un delirio único dentro del universo fílmico de esta increíble isla llena de contrastes. Las sub-tramas introducidas, como la de la conspiración para acabar con la princesa (cuyo país de procedencia no se revela por cierto) o la relación "amorosa" de la joven periodista en edad casadera (como su madre se empeña en recordar), al intentar añadir detalles de cierta cotidianeidad hacen que la historia tenga un carácter aún más enajenado.

El diseño de los monstruos es desigual, la agresividad en la expresión de Ghidora (cierto es que muchos expertos señalan que es una derivación de los dragones chinos) contrasta con el aspecto del bueno de Godzilla (es bastante complicado aguantar los primeros planos de la cara del coloso nipón sin soltar una carcajada), con la pobre recreación de Rodan o con la sensación de indefensión absoluta que da Mothra (ese movimiento mecanizado a la hora de desplazarse y su irrisorio chorro de agua como único ataque)

El vesturario de los compatriotas de la princesa no tiene desperdicio, una especie de cruce entre caballero de la Edad Moderna europea y astronauta futurista vestido por Agatha Ruiz de la Prada.

El film está repleto de escenas antológicas, como cuando los humanos van traduciendo el intercambio de palabras entre Mothra, Ghidora y Godzilla. La escapada de la princesa de su trágico destino saliendo del avión por una puerta lateral en pleno vuelo, sin que éste sufra ninguna sacudida. Su posterior aparición ataviada con ropas de vagabundo en una plaza de la ciudad como “la profetisa”, augurando el negro devenir de los seres humanos y manifestando sin pudor alguno: “vengo de Marte”. La misteriosa recuperación de su personalidad anterior tras caerse ¡desde una montaña! La épica batalla final con Mothra subido a lomos de Rodan rociando con a saber qué al tricéfalo Ghidora. Los bailes y las risas de Godzilla y Rodan…no hace falta añadir que el ritmo no decae a lo largo del metraje, la película es una sucesión de escenas a cual más divertida y disparatada.

Sin duda lo mejor exhibido hasta el momento, y créanme, no es poco. Japón vuelve a demostrar que en imaginación y originalidad se llevan la palma.

Un diálogo para el recuerdo:

La joven princesa (con su personalidad suplantada por una marciana con dotes adivinatorias. En la película también se explica que en Marte todos tienen el poder de la predicción ¿?) irrumpe en un barco para advertir a sus tripulantes y pasajeros del peligro que corren sus vidas si el barco zarpa. Un oficial avisa a su capitán:

-Señor, está aquí la alienígena (precisa descripción del marinero que no deja lugar a la duda)

-¡No está autorizada! (la respuesta está a la altura del humor delirante de los monólogos de Groucho, aunque me temo que en este caso no es intencionado)