lunes 6 de julio de 2009

LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA (2009)

“The last house on the left”
Director: Dennis Iliadis
Guión: Adam Alleca, Carl Ellsworth
Intérpretes: Garret Dillahunt, Michael Bowen, Joshua Cox, Riki Lindhome, Aaron Paul, Sara Paxton, Monica Potter, Tony Goldwyn, Martha Maclsaac, Spencer Treat Clark, Usha Khan.
(U.S.A, 2009)


Sinopsis (contiene spoilers, aunque muchos menos que el trailer):

El matrimonio Collingwood se traslada a su apartada casa de campo a pasar las vacaciones junto con su hija Mari. La joven, aún conmocionada por la reciente muerte de su hermano, va a buscar a su amiga Paige al supermercado en el que trabaja. Allí conocen a un chico llamado Justin, quien les ofrece marihuana de primera calidad. Las ganas de evasión de las jóvenes les hacen acompañar al recién conocido, a pesar de su siniestro aspecto, hasta la habitación de un motel. La súbita llegada a la estancia de Krug, (padre del chico), Frank (hermano de éste) y Sadie (compinche de ambos), en búsqueda y captura por el asesinato de dos policías, tendrá como consecuencia el secuestro de las jóvenes. Marie, en su intento de huída provoca un accidente, quedando el vehículo en el que viajaban destrozado en mitad del bosque. Los tres verdugos someterán a todo tipo de vejaciones a las jóvenes amigas hasta darlas por muertas. Justo en ese momento comienza una fuerte tormenta que les obliga a buscar refugio, sin saberlo, en el domicilio de los Collingwood, quienes les acogen amablemente hasta que descubren quienes son en realidad.

Wes Craven, uno de los iconos más reconocibles del fantaterror usamericano, creador de sagas tan populares como “Pesadilla en Elm Street”, o “Scream”, o títulos de culto como “La serpiente y el arco iris”, debutó en pantalla grande en 1972 con la primera versión de esta película que era a su vez un re-make inconfeso de “El manantial de la doncella” de Ingmar Bergman. Si bien el salvaje relato del director sueco ponía los pelos de punta, Craven iría mucho más allá, (salvando las enormes diferencias en la calidad cinematográfica, por supuesto). Cambiando el sobrio blanco y negro del maestro nórdico por una granulada y sucia fotografía en color llevó esta historia de justicia poética a los terrenos más irritantes del mal gusto. Cruentas y sucias escenas que recreaban los instintos más bajos del ser humano hicieron retorcerse al espectador en su butaca en la época de su estreno y permanecen más de treinta años después en las retinas de los más olvidadizos.

La salvaje obra de Craven estaba llamada a crear escuela. A lo largo de la década de los setenta se realizaron infinidad de películas ultra-violentas en las que la violación y la posterior venganza eran los motores que movían la historia. Modificando levemente el esquema de la obra pionera la venganza sería infringida por la propia protagonista. Entre la infinidad de títulos que se enmarcaron en el violento subgénero destacan la norteamericana “La violencia del sexo” (“I spit on your grave”, Meir Zarchi, 1978) y la sueca “Thriller-en grym film” de Bo Arne Vibenius, (1974) quien curiosamente trabajó como ayudante de dirección en “Persona” a las órdenes de Ingmar Bergman. Película descarnada e irrepetible que incluye escenas de sexo explícito de la que Tarantino tomó buena nota para su “Kill bill” en la creación de los personajes de Manba Negra y Elle Driver, esta última toma prestado el parche pirata de la protagonista del film sueco.

Nadie a estas alturas pone en duda el olfato comercial de Wes Craven capaz de recuperar el slasher para las multisalas y estirar franquicias eternamente, llegó incluso a dirigir a Eddi Murphy en aquel extraño híbrido entre terror y comedia titulado “Un vampiro suelto en Brooklyn” que no dejó muy satisfechos ni a los seguidores del actor, ni mucho menos a los amantes del cine de vampiros. No estamos por tanto ante un autor que se preocupe en demasía de su status pero sí del rendimiento en taquilla de sus obras y de los gustos del espectador actual, (otra cosa es que acierte con el).
La nueva versión de “La última casa a la izquierda” copia religiosamente los elementos que han hecho rentables a los últimos éxitos del cine de terror norteamericano. Fundamentalmente la película recuerda constantemente, (hay escenas gore que son un auténtico calco), a “Las colinas tienen ojos” el re-make dirigido por Alexander Aja, producido por Wes Craven, que se basaba en la película original de… ¿adivinan? El mismo Craven.

Si bien técnicamente no se puede reprochar nada a la película, salvo los mareantes barridos de cámara tan habituales en las escenas de lucha, se echa en falta la ambigüedad moral, la sordidez, la suciedad que empapaba el original, las escenas más impactantes (en la que Krug ordena orinarse encima a Phyllis o el asesinato de Frank víctima de una agresiva felatio de la Sra. Collingwood) son mutiladas en la nueva versión, recibiendo a cambio una escena de sodomización que dista mucho de crear el malestar que lograra Sam Peckinpah en otra peli setentera "Perros de paja". Algo que lógicamente era de esperar pues el cine de terror actual está en pañales en comparación con su padrastro de los setenta.

Los detractores del film original siempre le han achacado lo mal que ha envejecido, la chabacanería de su producción, la pobreza de su guión y sus flojas interpretaciones, a excepción de David Hess, y, desde luego, no les falta razón. Sin embargo, es bajo ese aire amateur donde la película adquiere personalidad, se convierte en algo diferente. La impasividad de las protagonistas ante las barbaridades a las que son sometidas es lo que le confiere ese aire perturbador, viciado.

Con este re-make se tenía la oportunidad de pulir todos estos aspectos conservando la mirada perversa de su predecesora. En lugar de eso, Dennis Illiadis, director griego escogido para la realización del filme construye una obra brutal, en cuanto al muestrario de violencia y la cantidad de sangre derramada (con un guiño gore especial que agradecerán muchos espectadores de la película original que no soportaron a la pareja de policías), pero demasiado solemne en su tratamiento. La cámara se recrea en el sufrimiento de las víctimas, y, aunque hay escenas de gran belleza estética (la huida a través del lago de Mari con las balas rozando su cuerpo bajo el agua, el salvaje apuñalamiento de Page que es penetrada por delante y por detrás… de su torso, por sendos aceros ante la incrédula mirada de Mari), todo está medido, sincronizado, perfectamente orquestado, resultando previsible y perdiendo la gracia.

Un casting correcto, entre el que destacaría la amenazante presencia de Garret Dillahunt, (actor de físico corpulento que desarrolla a la perfección la figura de Krug, un auténtico depredador para el que el mundo es una jungla donde es necesario imponer la fuerza para sobrevivir), la delicada belleza de Sara Paxton, (enorme potencial para convertirse en una nueva scream queen) y la escultural Riki Lindhome en la piel de la provocativa Sadie; una fotografía que curiosamente, tratándose de un filme de terror, funciona mejor en las escenas luminosas y una parte final plagada de violencia narrada con pulso firme conforman un conjunto tan solvente como convencional.

Directores como Alexandre Aja, Rob Zombie, Martin Weisz o Pascal Laugier, sólo por citar algunos, ya han utilizado anteriormente la misma fórmula con mejores resultados. Como todo se pega, tanto lo bueno como lo malo, no falta la trampa en el guión para intentar sorprender al espectador, consiguiendo únicamente, al menos en mi caso, irritar al personal; por no hablar de la escena final, más propia de Eli Roth, que desentona totalmente con el resto de la película.

Después de todo no deja de ser gratificante poder ir al cine a disfrutar de títulos como éste, de violencia descarnada, pero, amén de la preocupante falta de originalidad, siempre hay una ventana abierta, una coartada moral que estropea el resto y que te deja con mal sabor de boca, como si alguien te hubiera cambiado el jugoso solomillo por una insípida raja de jamón york.

La autenticidad del cine de los setenta quizá nunca vuelva. En la actualidad ante la caída en picado de los viejos maestros, desde el propio Craven hasta Romero pasando por Argento, Hooper o Carpenter y la falta de ideas y contundencia entre los nuevos realizadores (con Zack Snyder por otros derroteros) sólo hay una esperanza para el cine de terror y tiene nombre y apellido, Rob Zombie.



martes 23 de junio de 2009

LA LLAVE DE SHAOLIN

“Shi zi mo hou shou” Título internacional: "Shaolin Hand Lock"
Director: Ho Meng-Hua
Guión: I Kuang
Fotografía: Tsao Hui-Chi
Música: Chen Yung-Yu
Intérpretes: David Chiang, Chen Hui-Min, Lo Lieh, Chen Ping, Yeh Ling-Tzu, Shen Li- Wei, Lu Chi, Tu Lung, Hui Ying-Hung, Chan Shen,
(Hong Kong, 1978)
Sinopsis:
Chengying y su hermana Mengping viven junto a su padre Bai Li quien les enseña a dominar su estilo de kung-fu característico por el uso de la técnica conocida como “la llave de shaolin” cuyo punto débil es dejar al descubierto la parte baja del estómago a quien la pone en práctica. En ausencia de sus jóvenes hijos Bai Li es visitado por Fang Yunbiao, un viejo amigo que acaba con su vida por encargo de Hao Lin. Cuando Chengying descubre el crimen decide infiltrarse como guarda a las órdenes de Hao Lin ganándose su confianza mientras espera el momento propicio para asesinarlo, lo que no le resultará nada fácil debido a la destreza de su enemigo y a la continua presencia de su mano derecha, el joven Kunshi. La invidente mujer de Hao Lin, quien es maltratada sin piedad por su propio marido revelará a Chengying Li secretos sobre su pasado que dejará al descubierto la verdadera identidad de los personajes cambiando por completo el rumbo de los acontecimientos.
El recientemente fallecido Ho-Meng Hua, realizador prolífico que cultivó todo tipo de géneros a lo largo de su dilatada carrera (casi cincuenta años), especializándose sobre todo en el cine de acción o artes marciales y el horror, dirigió para el estudio del ambicioso Run Run Shaw esta desenfadada película de kung-fu con trasfondo trágico para mayor lucimiento de su estrella principal, David Chiang. Para el espectador occidental quizá su título más reconocible sea la cinta de culto “Jiang tou” (más conocida por su título internacional “Black magic”).
Al nostálgico logotipo de la Shaw Brothers le suceden unos títulos de crédito de genuina estética pop acordes al resto de la producción. La música , más propia quizá de una trama policíaca, de Chen Yung-Yu acompaña un colorista collage donde las figuras de papel de los protagonistas bailan sobre los vistosos fondos coloreados.
El espectacular uso del Shaw Scope con su inseparable ojo de pez y sus repetitivos y apabullantes panorámicas, la estudiada saturación cromática de la fotografía, la recreación en estudio de inmensos decorados donde se cuida hasta el más mínimo detalle de atrezzo para que todo esté perfecto de cara a la recurrente coreografía de lucha. Todas estas características eran, entre otras, señas de identidad inconfundibles de la Shaw Brothers que se siguen al dedillo en éste emotivo drama-folletinesco plagado de ostias, faltaría más.
Como tantas otras producciones del estudio de Run Run Shaw la película comienza con una escena de entrenamiento dónde vemos al protagonista deleitándose/nos con el dominio de su técnica de kung-fu. Si el hombre tiene suerte y no estamos viendo uno de los espectaculares dramas épicos del Sr. Chang Che quizá sea uno de los pocos personajes que siga con vida cuando aparezca en pantalla el postrero “The end”. Con este planteamiento queda claro que en el estilo de la productora hongkonesa predomina la lucha sobre la palabra, lo que se agradece enormemente, sobre todo teniendo en cuenta que cuando a los personajes les da por pararse delante de la cámara a soltar discursitos se ponen un pelín melodramáticos llegando a rozar o a zambullirse directamente en el ridículo con bastante facilidad.
Así pues, Ho Meng-Hua, que sabía de que iba esto, no se anda por las ramas y a pesar de que concede unos minutos al drama lacrimógeno más sonrojante en aras de explicar el complicado y desdichado pasado de sus protagonistas deja recaer el peso de la película en su coreógrafo Tang Chia y en el estupendo elenco de actores/luchadores encabezado por el genial David Chiang, que lo mismo le parte la cara al malo que le echa una sonrisa angelical a la chinita de turno.
La grácil y carismática estrella de la productora no sería la única que tendría el placer de pasearse por el set repartiendo mamporros, ahí estaban actores de la talla de Lo Lieh, interpretando al pérfido señor feudal Hao Lin o Chan Wai-Man encarnando al bravo y servicial Kunshi.
Como ya quedó claro más arriba, los decorados y las coreografías son dos de los puntos fuertes de las producciones Shaw Brothers. Este filme no es una excepción y cuenta con dos decorados extraordinarios, idóneos para el desarrollo de los combates.
El primero es el gimnasio de Hao Lin. Guardada la misteriosa estancia bajo llave, (parece que estemos en mitad de una película de terror gótico), custodiada celosamente por sus esbirros esconde en su interior el secreto de su kung-fu cuya revelación a sus enemigos podría tener funestas consecuencias. La sala es amplia, de altos techos acristalados, ideales para que se cuele algún luchador en busca de venganza y pueda escapar atravesándolo, como así sucede. La cámara aprovecha el espacio para deleitarnos mediante travellings que atraviesan sus columnas. Un saco de entrenamiento y una armadura con la que Hao Lin ensaya sus golpes para burlar la técnica de “La llave de Shaolín” son los únicos huéspedes autorizados a visionar sus entrenos.
El segundo decorado es un improvisado (para los protagonistas, los decoradores desde luego lo tenían bien estudiado) almacén repleto de neumáticos colgados del techo y bidones cuidadosamente apilados para que vayan cayendo uno a uno a medida que se vaya repartiendo estopa. El emplazamiento perfecto para la esperada lucha final entre el pérfido señor feudal y el hijo cuya única misión es vengar la muerte de su padre, quien contará con un inesperado aliado.
SPOILER
La violencia es retratada con suma crudeza, los personajes del denominado soja western son, al igual que sus primos lejanos del Far West, fríos y despiadados, de duro carácter forjado por las circunstancias que les han tocado vivir en un mundo hiperviolento dónde matar muchas veces no es más que el único recurso para la supervivencia. Sin caer en el derroche sanguinolento la muerte es vista como extensión natural de la lucha y escenas como la prematura muerte de Bai Li, el asesinato de Fang Yumbiao a manos de Chengying Li en el prostíbulo con una concubina como aterrada testigo o la macabra provocación de éste último al lanzar en un saco ante la mansión de Hao Lin el cadáver de uno de los esbirros que habían puesto en su busca dejan helado al espectador por su tremenda contundencia.
Los gadgets juegan un papel fundamental en la trama, desde los cuchillos a modo de brazalete que salen en el momento indicado de los codos de Fang Yumbiao para asesinar a Bai Li hasta el chaleco de acero para cubrir el indefenso bajo vientre al utilizar la mortífera llave de shaolin. Abundando en el repertorio armamentístico cabría destacar, amén de las habituales dagas y espadas, el enorme látigo que utiliza la hija de Hao Lin en su primera aparición.
FIN DEL SPOILER
A pesar de cierta gravedad en momentos puntuales, innecesario flash-back explicativo incluido, Ho Meng-Hua construye un relato de aventuras despreocupado y disfrutable en líneas generales (tan injustificada como genial la secuencia puramente exploit en la que Chenying roba una caravana de oro ayudado únicamente por una motocicleta y el uso de su kung-fu), primando las alegres coreografías (con algún que otro descuido en el tosco uso del cableado en las acrobacias) y alguna que otra involuntariamente hilarante persecución en lancha (de chabacana aceleración de fotogramas) sobre la farragosa trama de intrigas familiares, tan propia de la historia popular china y hongkonesa. A través de puntuales toques de humor, de su precisa dosificación de la violencia y de el ineludible drama que supone la muerte de Bai-Li, Ho Meng-Hua construye una intensa historia de venganza en la que el ritmo no decae gracias a sus continuos e imaginativos combates, así como a la interacción de unos personajes vistosos a pesar de su estereotipado carácter.

domingo 21 de junio de 2009

CARNIVAL OF SOULS

“Carnival of souls”
Director: Herk Harvey
Guión: John Clifford
Intérpretes: Candance Hilligoss, Frances Feist, Sidney Berger, Art Ellison, Stan Levitt, Tom Mc Ginnis, Forbes Caldwell, Dan Palmquist, Bill de Jarnette, Steve Boozer, Pamela Ballard, Larry Sneegas, Cari Conboy, Karen Pyles, T.C. Adams.
(EE.UU, 1962)


Sinopsis:

Una carrera en coche entre dos pandillas de jóvenes tiene como consecuencia un trágico accidente. Uno de los automóviles se precipita al mar desde un puente. Cuando las tres chicas integrantes del auto siniestrado se daban por muertas sale a la superficie, totalmente indemne, Mary Henry, que no recuerda lo que había pasado. Mary continúa su vida con normalidad mudándose a Utah dónde le ofrecen un trabajo como organista de iglesia. El viaje de ida deja claro que ya nada volverá a ser como antes del accidente, un siniestro individuo de pálido rostro se le aparece en mitad de la desierta carretera en dos ocasiones para desaparecer al instante. Una vez hospedada, Mary se obsesiona con un viejo pabellón abandonado que considera el origen de las extrañas apariciones de las que es víctima. La soledad en la que vive (únicamente tiene relación con la casera, el sacerdote de la iglesia y un paleto que la ronda sin descanso) junto con las continuas presencias que le acechan la sumergen en un estado de nerviosismo que le lleva a tomar la decisión de escapar cuanto antes de allí. ¿Lo conseguirá?.

La magnífica visión de su director, Herk Harvey, junto con la creatividad de su guionista John Clifford son la razón de la existencia de esta imaginativa obra de terror. De vuelta de sus vacaciones, Harvey, pasó casualmente con su coche por Saltair, a orillas del Salt Lake (Utah) dónde descubrió el carnival abandonado (en España utilizamos la palabra carrusel o simplemente feria) que daría título al film. Maravillado por el singular aspecto que presentaba el edificio y su entorno tomó unas fotografías que enseñaría posteriormente a Clifford para que escribiera una historia que se desarrollase en ese lugar.

Curiosamente ambos profesionales se conocían por su trabajo común en “Centron Films” donde realizaban películas industriales y educativas, siendo “Carnival of souls” su primer y único largometraje.

Estamos ante uno de esos casos en los que una película resucita de su injusto y prematuro entierro gracias a los pases televisivos de madrugada y a las nuevas generaciones de críticos y aficionados ávidos de joyas cinéfagas que les sorprendan reescribiendo la historia, sino del cine, si de los gindhouse y de la cultura popular.

La película de Herk Harvey proyectada en su día como sesión doble junto con “The devil´s messenger” fue un auténtico fracaso en el momento de su estreno en 1962. No tuvo apenas distribución y críticos como Robert Ebert machacaron sin pudor su realización. Afortunadamente, como el tiempo pone cada cosa en su lugar, la productora Panorama Entertainment relanzó la película en 1989 en cines y festivales convirtiéndose poco a poco, con cada nueva emisión, en una obra de culto que cuenta a día de hoy con reconocimiento internacional de aficionados y profesionales. Directores de la talla de David Lynch reconocen abiertamente su influencia y vista la película no es difícil señalar más de un punto en común con su particular universo.

Estamos ante una historia de fantasmas que huye del viejo caserón victoriano para sumergirnos en la norteamérica de provincias anticipándose unos añitos al American Gothic. La película goza de una enfermiza atmósfera desde el comienzo, que no se pierde en absoluto a lo largo del metraje. Con escasas localizaciones, un reparto de actores reducido y limitado artísticamente y apenas 30.000 $ de presupuesto. Harvey consigue rodar un intrigante clásico de la serie b anticipándose seis años a George A. Romero y sus zombies. La sobresaliente fotografía en blanco y negro aprovecha con maestría la luz natural en las escenas diurnas dónde se recrea la normalidad del mundo real contrastando enormemente con las subyugantes escenas nocturnas, tenebrosas, espectrales, casi surreales, que describen con terrorífica precisión el mundo interior de la protagonista.
Dejando a parte algunas incongruencias del guión, como el forzado personaje del doctor que casualmente Mary se encuentra por la calle y algunas faltas de raccord estamos ante una producción de compacta naturaleza, el libreto no hace aguas en ningún momento, sus diálogos son simples pero hacen avanzar la historia de forma dinámica, permitiéndose el lujo de regalarnos puntuales momentos de humor, centrados fundamentalmente en la figura de John Linden, un paleto borrachín que es el único huésped del motel en el que Mary se aloja. Jonh intenta por todos los medios acostarse con Mary, pero ésta que no tiene el mayor interés por el tarugo vecino esquiva con sorna e ironía la mayoría de sus agobiantes insinuaciones.
La composición de los planos parece estudiada al milímetro, nada sobra en el encuadre, la economía de la producciòn hace perfecto matrimonio con el medido lenguaje cinematográfico utilizado, los rollos de película están más que aprovechados y las escenas se enlazan con originales transiciones (se pasa de un botón de la radio del coche a los botones de un órgano o un hombre señala una dirección y acto seguido tras un giro de cámara nos encontramos en ese lugar). En más de una ocasión (excelente plano frontal de Mary al volante de su coche en mitad de la noche) se percibe la presencia del maestro Hitchcock, no sólo por la rubia cabellera de Mary Henry, sino por el exquisito gusto en la elección de las tomas.
A estas alturas se habrán dado cuenta que no estoy describiendo la típica película de serie b que oculta su falta de calidad fílmica bajo un argumento delirante o un elenco de personajes bizarros, nada más lejos. Nos encontramos ante un producto que se toma en serio a si mismo y que sale más que airoso de la dificultad que ello conlleva. Una película de terror que utiliza el suspense y la contención como principales armas, confiando en su actriz protagonista para que cargue con el peso dramático prácticamente en su totalidad.
La excelente fotografía, la deliciosamente oscura música de órgano que acompaña desde los títulos de crédito el desarrollo del relato (genial escena en la que Mary, poseída por una maligna y desconocida fuerza comienza a tocar una siniestra melodía dentro de la iglesia haciendo rasgarse las vestiduras al desbordado sacerdote) y la simple e imaginativa creación de los aparecidos, cuyo abanderado es el propio Harvey, (rostro pintado de blanco con ojeras negras) con su pausado e inquietante caminar logran crear ese ambiente tenebroso indispensable para mantenernos pegados al asiento.
El correcto aprovechamiento de localizaciones tanto interiores (el muy pillo llega a rodar en un centro comercial sin permiso) como exteriores por parte de Herk Harvey se convierte en genio visionario en la recreación del carrusel fantasma. La idea madre del proyecto es una de las señas que le dan al largometraje identidad propia enriqueciéndola con un fantasmagórico final.
La película ha sido editada reciéntemente en España por Versus acompañada de un librillo redactado por Jesús Palacios y varios extras entre los que destaca "Historia de Carnival of souls", documental en el que se reapasa la extraña vida que ha tenido la película desde el momento de su rodaje. Una joya sin la que ningún cinéfago se puede quedar.


martes 16 de junio de 2009

VIII CERTAMEN NACIONAL DE CORTOS VILLA DE AVILES (despedida y cierre, o no)

La última edición del Certamen finalizó el pasado sábado 23 de mayo. Aquí les dejo el enlace con los ganadores de este año.

http://www.elcomerciodigital.com/aviles/20090524/aviles/julio-fuente-arrasa-certamen-20090524.html

Lamentablemente no pude asistir a este cuarto y último día de proyecciones pero gracias a Youtube he podido ver alguno de los cortos finalistas que a continuación subo y comento brevemente. Internet ayuda pero dista mucho de ser perfecto. Debido a ello, y a mi ausencia en los últimos pases, así como en la sección "Desde Asturias con amor" me es imposible hablar de algunos trabajos galardonados.
Disculpen el desaguisado y disfruten de estos tres estupendos trabajos.
“El encargado” de Sergio Barrejón (8’)

Cortometraje premiado con el máximo galardón de la X Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid y nominado a los Premios Goya 2009. Primera producción en solitario de Arsénico Producciones, cuenta en la dirección con Sergio Barrejón (co-guionista del espléndido cortometraje “Éramos pocos”) quien también escribió el guión junto a Nacho Vigalondo.

Un acertado blanco y negro sirve para narrar una historia más propia de hace un par de décadas. A pesar del excelente tono dramático, con tintes de Western, que Sergio Barrejón imprime al relato, la realidad en la sociedad actual es mucho más dura que la representada en el cortometraje.

Martín es un niño tímido y soñador que mira embelesado desde su pupitre a su compañera Ana. Al final del aula se sienta Luis, el matón de turno, con aspecto de repetidor y armado con su boli bic a modo de cerbatana. Cuando el profesor sale del aula en busca de unas diapositivas dejará a Martín como encargado de mantener el orden en la clase. Aquí comienza la batalla por salvar su dignidad ante la chica de sus sueños.

Una pequeña historia para la pantalla pero todo un desafío para nuestro protagonista que se enfrenta “sólo ante el peligro” a la dura etapa de la pre-adolescencia.


“Reacción” de David Victori (12’)

Un impersonal paisaje urbano nocturno sirve como inquietante localización para esta frenética road movie de impecable factura en la que Santi Millán presta su físico para interpretar un personaje con el que cualquiera de nosotros puede sentirse identificado.

Una thriller de ficción de asfixiante atmósfera rodado con pulso firme por David Victori. Basado en la tristemente cotidiana realidad de la violencia de género que cada día se cobra más víctimas en nuestro país y que tan impunemente explotan los medios de comunicación.


Pim, pam, pum” de Asier Urbieta y Andoni de Carlos (3’)

Cortometraje premiado con el máximo galardón en el XIV Certamen de Cortos Villa de Errentería.

Mikel se separa de sus amigos para buscar a su hermano Xavi en mitad de una manifestación porque sino... ¿a ver que le dice a su madre?

Con una precisa puesta en escena y una milimétrica planificación (espléndido el plano secuencia que sigue a Mikel a lo largo del metraje) los donostiarras Asier Urbieta y Andoni de Carlos nos hacen sentir de cerca la violencia y el riesgo de una manifestación en el casco viejo de Donosti, transmitiéndonos angustia ante la incertidumbre de la suerte de sus jóvenes protagonistas.

Un excelente relato sobre la inocencia y la ingenuidad en la infancia, durante la que, normalmente, somos ajenos a los problemas del mundo de los adultos.

BLOOMSDAY

Gijón (Asturias), 16 de junio.

Como cada mañana, a las 6:50, el móvil suena incesantemente despertando a todo el vecindario. ¿A todo?, bueno, a mí también me despierta, pero un poco más tarde, a eso de las 7:10 suelo levantarme a apagarlo. Hoy no es una excepción. Son esos minutos de incapacidad física transitoria, por lo menos yo así los denomino, que tanto cuesta vencer.
Mi burlón reflejo me recuerda que soy un día más viejo antes de afeitarme. Una vez ocultada, o más bien anulada, mi identidad bajo traje y corbata me dispongo a unirme al resto del rebaño que transita manso por las calles bajo el peso de su fatídica rutina.
Mi mente se transforma, lo que anoche era libertad, en mi mundo de sueños de veinte metros cuadradados se convierte ahora en frustración en el enorme espacio abierto de una fría e impersonal avenida. Hace pocas horas contemplaba a Marcelo Mastroianni, con su inigualable porte y me deleitaba con Anita Ekberg mientras se bañaba en la Fontana di Trevi. Ahora, el yonki de la esquina me pide un cigarrillo como cada día y el conductor del autobús vuelve a pegar el acelerón cuando acabo de pagar el billete.
Contrasta enormemente, no cabe duda, la decadente belleza de esa Roma que Fellini supo captar con su cámara con el aspecto gris y anodino del polígono industrial dónde el autobús me ha dejado.
Me esfuerzo en recordar la belleza de las chicas con las que alternaba el licencioso Marcelo en la noche romana pues hoy tengo unos cuantos clientes que atender y he de recibirlos con una amplia y deslumbrante sonrisa. También pienso en Gene Kelly y Donald O' Connor en "Cantando bajo la lluvia" poniéndole siempre alegría y ritmo a la vida.
En este sentido, siguiendo con la película de Stanley Donen, la paleta de colores que Harold Rosson y John Alton utilizaron en glorioso technicolor parece animarme y la cosa no se me da mal. Esquivo con buena cintura el sarcasmo de mi jefe e imprimo la misma hipocresía que él me inculca en el trato con los clientes, no en vano la aristocracia italiana era especialista en estos menesteres, anoche tomé buena nota. Las ventas van bien y todos contentos.
Hora de comer. Con el estómago vacío pero la cabeza aún llena de sueños de celuloide no puedo dejar de pensar que quizá me aqueje el mal que sufría Mia Farrow en "La rosa púrpura de El Cairo". Atemorizado ante la idea de que algún galán se escape de una pantalla de los "Cines Centro" con el propósito de seducirme borro de mi cabeza todo pensamiento relacionado con el cine e intento integrarme en la conversación de mis compañeros. Las discusiones sobre el actual mercado de fichajes y la última gala de O.T. me hacen pensar que Hugh Jackman en "X-men" no está nada mal, lo único que temo es el que dirán y si los dueños del cine presentarán cargos por robarles a Lobezno.
Transformado nuevamente en un terminator programado exclusivamente para vender todo sigue como la seda. De vez en cuando me escapo al baño para ajustarme la máscara de Guy Fawkes, no vaya ser que descubran mi verdadera identidad.
Última hora de la tarde y las comisuras comienzan a dolerme de aguantar durante tanto tiempo la sonrisa publicitaria. Un poco más, sólo un poco más y todo habrá acabado, no vaya a ser que ahora se me agrie el carácter y me salga el Dr. House que llevo dentro, o peor aún, que me pase como a Jim Carrey en "Mentiroso compulsivo" y me vuelva sincero de buenas a primeras. No duraría ni cinco minutos en el puesto.
Afortunadamente la jornada ha terminado con el previsible happy end habitual. Aunque tengo los pies destrozados y la espalda me duele bastante la guerra ha terminado por hoy, puedo regresar al hogar con la cabeza alta como hacía Sly en la última entrega de Rambo.
Silbo la deliciosa melodía de "Otto e Mezzo" antes de llegar al portal pero al perro de mi vecina parece molestarle y taladra mi cabeza con sus insoportables ladridos. No pasa nada, es sólo el último contacto con el mundo exterior antes de refugiarme en mi particular paraíso.
La cena es congelada, pero no importa, mi mente está en otra parte. Corro hacia el salón y saludo a Cristopher Lee, bajo su majestuosa figura se amontonan infinidad de tesoros, de valor económico prácticamente nulo pero de incalculable valor cultural, y, sobretodo, sentimental. Paseo con calma mi vista por la historia del cine: Recorro el Expresionismo Alemán, hago una parada en los británicos estudios Hammer para saltar a continuación a la obra de Ingmar Bergman, después de un rato por fin me decido, mi idolatrado Malcolm McDowell me pone cara de vicio (esa que él siempre ha puesto tan bien) mientras mira sin pudor a su hermana (en la ficción) Natassja Kinski (verás como se entere el padre y se escape del making-of de "Fitzcarraldo").
Espero que Paul Schrader con su beso de pantera apacigüe la rabia que llevo dentro tras otro día gastado y mal pagado. A punto de dar la media noche me despido del día con una sonrisa, después de todo.

jueves 11 de junio de 2009

FORBIDDEN ZONE

“Forbidden Zone”
Director: Richard Elfman
Guión: Mathew Bright, Richard Elfman
Intérpretes: Hervé Villechaize, Susan Tyrell, Gisele Lindley, Jan Stuart Schwartz, Marie-Pascale Elfman, Virgine Rose, Gene Cunningham, Phil Gordon, Hyman Diamond, Matthew Bright, Danny Elfman, Viva, Joe Spinell, Brian Routh, Martin von Haselberg.
(EE.UU, 1982)


Sinopsis:

La familia Hércules se muda a su nueva casa situada en la Baja California. Frenchy, la hija de la familia baja al sótano topándose accidentalmente con un portal que le lleva directamente a la sexta dimensión. Allí descubre el anárquico y loco mundo regido por el Rey Fausto y su esposa, la Reina Doris. Fausto se enamora locamente de Frenchy, la cual le corresponde. Cuando la noticia llega a oídos de la Reina, ésta buscará a los enamorados para tomarse venganza. Su abuelo y su hermano Flash que han descendido en busca de Frenchy intentarán librarla de las garras de la soberana.
Ópera prima de Richard Elfman en la que se rodea de toda su troupe para materializar un alucinógeno viaje bajo la forma de un exquisito e irreverente musical.
El largometraje surge al adaptar a la pantalla grande el trabajo en los escenarios del grupo musical “The Mystic Knights of the Oingo Boingo”. Banda californiana de New Wave fundada por Ugh-Fudge Bwana que contaba entre sus filas con la presencia de los hermanos Elfman. Richard, director del proyecto, y Danny, más tarde célebre compositor a mayor gloria del universo fílmico de Tim Burton.

La Alicia de Lewis Carroll le da la mano al musical de Broadway y a la música jazz bajo una producción underground realizada por auténticos lunáticos de la escena. Pura delicia del exceso y el mal gusto bien entendido.
Como en la mayoría de las películas de culto, algunas de las cuales se encuentran entre los mejores títulos de todos los tiempos, como es el caso de “La noche de los muertos vivientes”, “La matanza de Texas” o incluso “Psicosis”, la precariedad económica lejos de suponer una traba se reveló como el estímulo necesario para convertir a través del ingenio una modesta producción en una obra atemporal de indudable calidad.
Ver “Forbidden Zone” es una experiencia cinematográfica única, estamos ante un desborde imaginativo difícilmente equiparable. La película es una fantasiosa caja de sorpresas llena de rincones tras los que se esconden personajes a cual más pintoresco.
La sexta dimensión tiene un envidiable plantel en cuanto a extravagancia se refiere. Desde un hombre rana con frac, unos gemelos boxeadores y bailarines, hasta su princesa (Gisele Lindley), una libidinosa joven que deambula con elegancia por la pantalla sin más atuendo que unos provocativos guantes negros, un collar de perlas, una braguita de blanco algodón y su corona. Mención aparte merecen, por supuesto, los monarcas. El pequeño gran Fausto, de porte napoleónico, siempre con su inseparable corona, está genialmente interpretado por Hervé Villechaize y su neumática consorte (Susan Tyrrell) parece una reinona siliconada sacada de un espectáculo de Las Vegas. Danny Elfman se reserva el rol del mismísimo Satán. Un Belcebú con un exquisito gusto para la música y la ropa.
En la superficie tampoco es que abunde la cordura precisamente. La familia Hércules tiene un serio problema de incontinencia sexual (sobre todo flash y el abuelo, más joven que este último) y de violencia (el pater familias no duda en noquear a su esposa cuando ésta amenaza con ponerse demasiado cariñosa). Frenchy, la bonita hija que viene de estudiar de Francia, es todo candor y vive en un mundo aparte, lo que no implica que siga estando como una regadera.

Cuando salimos del techo de los Hércules la cosa se pone aún peor. Toshiro Bononey interpreta a los gemelos Henderson. Squeezit, siempre en pañales y con tendencia a temblar como una gallina y René, ¿una chica, o un chico vestido de mujer?, hay opiniones. La profesora del colegio no duda en sacar la ametralladora cuando se siente amenazada, aunque es bastante lógico en una clase plagada de gangsters. Ya ven, nada que envidiar al pabellón de locos de la sexta dimensión.

El ingenio, por tanto, está presente en todas y cada una de las partes de la producción de esta película. Empezando por un guión que rezuma espontaneidad por todos los costados y que parece improvisar, con éxito, cada nueva situación.

Tanto los diálogos como los números musicales están plagados de chistes, ya sean mediante la elaboración de diálogos o recurriendo al gag visual característico del slapstick. El humor absurdo, cercano al universo de los Hermanos Marx o de los Monthy Python (un tiroteo derivado de una partida de cartas en mitad de una clase de colegio) convive con la broma gruesa, escatológica (desde escupir a una persona que se encontraba en el cubo de la basura hasta sodomizar a todo aquel que se ponga a tiro).

Los números musicales gozan de un estupendo mestizaje cortesía de Danny Elfman, quien tomando como referentes artistas de jazz afro-americano de la talla de Cab Calloway escribió una serie de canciones donde se mezclan letras provocativas cargadas de sexualidad con otras absolutamente naif. El eclecticismo también está presente en la mezcla de ritmos, desde números latinos a melodías francesas pasando por la técnica vocal del scat.

La personal e intransferible estética de la que goza la película es el resultado del agudizado sentido visual del director y sus ayudantes.

La sucia fotografía en blanco y negro, resultado de la filmación en 16mm (¿cuantas grandes películas están filmadas en este glorioso formato?) de la mayor parte del metraje le confiere un aire turbio, pesadillesco, que le va como anillo al dedo a una película que goza de absoluta amoralidad. John Muto complementa el trabajo aplicado a la imagen real a través de la animación. Mediante el artesanal uso de diversas técnicas, como el cartoon o la utilización de fotografías como plantillas, le da ese acabado tan personal que recuerda a la obra de Terry Gilliam.

Los decorados constituyen otro de esos elementos que hacen de “Forbidden Zone” una película diferente. La falta de recursos técnicos es nuevamente la responsable del despliegue imaginativo, en este caso la labor ni siquiera fue encargada a profesionales. Los propios actores eran los encargados de construir los decorados. Aprovechaban la noche para construirlos, debido a que por el día les tocaba actuar. Marie-Pascale Elfman y Hervé Villechaize se pasaron noches en vela pintando fondos o rebuscando material válido entre la basura. (¡esto si que es llevar el make yourself por bandera!)

Una AUTÉNTICA obra de culto para quitarse el sombrero, un trabajo realizado sin ninguna pretensión comercial, lo que se percibe sin dificultad en el espíritu libre que rezuma la producción. Un desborde creativo sin ninguna restricción.

Les dejo con la genial intervención de Danny Elfman.


martes 9 de junio de 2009

BLACK ROSES

“ Black Roses”
Director: John Fasano
Guión: Cindy Sorrel
Intérpretes: John Martin, Julia Adams, Carmine Appice, Ken Swofford, Carla Ferrigno, Frank Dietz, Anthony C. Bua, Karen Planden, Sal Viviano, David Crichton.
(Canadá, 1989)

John Fasano, auspiciado en la producción por la compañía independiente Shapiro-Glickenhaus volvía a elaborar una historia sobre la diabólica esencia del rock´n roll tras su también nefasta ópera prima “Rock´n roll nigthmare”(1988). Aún le quedaría cerrar la década con otro engendro titulado “The jitters” (1989) en el que intentó aproximarse al mito oriental de los vampiros jiangshi. Genio y figura.
Sinopsis:

El famoso grupo “Black Roses” llega a la pequeña localidad norteamericana de Mill Basin para dar un concierto dentro de su gira. Los miembros más conservadores del pueblo están temerosos de que la banda contagie a sus jóvenes del germen libertino del rock. De nada servirán las charlas del profesor de literatura del pueblo y la protección ultra-paternalista de la familia. Los jóvenes acudirán al concierto siendo poseídos por los músicos, liderados por su vocalista Damien, que se revelan como auténticos monstruos salidos del averno. Tras este peculiar bautismo demoníaco las muertes comenzaran a sucederse en el pueblo y sólo el modélico profesor podrá devolver a las bestias macarras al agujero del que salieron.
Al margen de que la película sea una pieza de culto para algunos acérrimos seguidores del Heavy Metal por su banda sonora compuesta por temas como “I´m not stranger” de Bad Tango, “Take it off” de King Kobra, “D.I.E” de Hallow´s Eye o “King of Kool” de David Michael-Phillips, así como la presencia del batería de King Kobra, Carmine Appice, las virtudes cinematográficas del producto brillan por su ausencia.
El despropósito es tal que los ridículos diálogos, el descuidado e impersonal vestuario (lo mejor el estrafalario aspecto, pelucón cardado incluido, del solista de la banda. Interpretado por Sal Viviano, quien guarda más de un parecido con el Mel Gibson de “Mad Max”) los risibles efectos especiales y la pobre labor del maquillaje se convierten en las mejores bazas de la película, ya que, involuntariamente, la hacen divertida gracias a su incoherencia argumental y pésima calidad técnica que permiten seguir la proyección con una amplia sonrisa que se convierte, bastante a menudo, en una carcajada debido a puntuales y delirantes escenas (inolvidable la muerte de un personaje, interpretado por Vincent Pastore, tras ser atacado por una especie de caimán de goma que emerge repentinamente... ¡del interior de un bafle!).
Lo peor es la incomprensible moralina que impregna buena parte de la película y que, sin ninguna ironía, señala el rock como propagador, literalmente, del mal a través de los jóvenes, que poseídos por la música del “maligno” acuden en masa, cual fieles feligreses a la iglesia, a ver las actuaciones del pérfido grupo “Black Roses” (por cierto, ¿de dónde sacaba el dinero esta pequeña comunidad para pagar a un grupo de rock con fama internacional que además actuaba a diario en la sala de actos del pueblo?) Suerte que Fasano entre diálogos cargados de virtuosismo y de rectitud moral le da emoción al conjunto insertando desnudos de estupendas señoras sin venir a cuento (destacar la escena en la que una mujer de la que ni siquiera vemos la cara y que no representa ningún personaje de la trama se acaricia los senos lujuriosamente frente a un espejo).
Al hilo de estos inesperados y gratificantes insertos, que parecen sacados de la clásica película erótica que enseña mucho al principio pero luego se desinfla en un aburrido argumento en el que la exhibición cárnica desaparece por completo, me gustaría saber que clase de droga consumieron los responsables del montaje. Además de los inoportunos cortes que rompen la continuidad narrativa intentando contar la historia en paralelo y haciendo aún más farragoso el desarrollo de la historia, no paran de aparecer nuevos personajes que lejos de tener un peso en la trama desaparecen sin más, siendo incluso algunos víctimas repentinas sin tener ningún sentido ni motivo.
La recompensa del visionado de tanta torpeza junta se encuentra en la propia naturaleza extraterrestre de la propuesta, una película sobre un grupo de Heavy Metal liderado por demonios. Quizá, como bien apuntaba Jesús Palacios antes del pase del film, los años ochenta estén idealizados por muchos de nosotros, pero ¿en que otra época podría haberse producido esta infumable y a la vez entrañable película? Después del despelleje al que he sometido a la producción muchos os preguntaréis que tiene de entrañable. Seguramente de cada cien personas (es más que probable que de esas cien a lo sumo diez aguantaran el visionado completo) que vieran este título sólo unos pocos, muy pocos cinéfagos curtidos en la caspa más rancia y acartonada o aficionados a las pelís de monstruos más cutres estarían de acuerdo con el calificativo.
A pesar de ello, como aficionado al cine de terror en general, a la música rock, a los monstruos de goma, a la estética hortera de los años ochenta y a las películas sin vergüenza no puedo dejar de recomendar el visionado de esta fascinantemente horrible película. Quizá, como pasa en el mundo del deporte, el esfuerzo sea necesario para obtener resultados. En ese caso pocas son las películas que requieren tanto sacrificio para ser vistas. Para mí el esfuerzo a merecido la pena y mis recuerdos ya me lo están agradeciendo.
Esperando que no sucumban al vicio y la perdición les dejo en compañía de Damien y su banda de encuerados malignos.