
Disculpen la desidia de este cronista a la hora de plasmar sus impresiones sobre lo que puede deparar la programación de este año pero a medida que se acercaba la fecha de arranque del festival mis ganas, hace unos meses enormes, iban disminuyendo poco a poco. Desconozco si fruto de la ligera decepción que supuso la edición anterior, de la sobrecarga de trabajo a la que me he visto sometido los últimos días o, simplemente, a que los años pasan y uno va perdiendo la ilusión por todo, sin más.
Sea lo que fuere la realidad es que en cuatro días transcurridos del evento tan sólo he visto dos películas. Si bien es cierto que el horario laboral me ha impedido ver alguna obra que era de mi interés otras sesiones me las he saltado por elección propia. Si a esto añadimos la pésima, como es tradición, programación de las películas, haciendo coincidir la misma película en el mismo día y hora pero en diferentes salas, sucederá lo que todos los años, que nos quedaremos sin ver muchas películas de las que hubiéramos disfrutado en pantalla grande.
Tal es el caso de la genial, generacional, fundacional, etc.. “Quadrophenia”, una de las guindas del suculento pastel que conforma la sección “Made in England”. El maltrato de la organización la ha relegado a dos únicas sesiones durante el primer fin de semana. Lo que ha hecho su visionado imposible para algunos, como es mi caso.
Pataletas aparte, la Sección Oficial de este año, aunque sin renunciar a la pretenciosidad habitual, parece no renunciar a la comercialidad como lo demuestran títulos tan estimulantes como “Mal día para pescar”. Otras propuestas como la cinta llegada de la exótica Sri Lanka, “Between Two Worlds”, parecen realizadas en exclusiva para ser proyectadas aquí. Es irónico que los esfuerzos de un conjunto de profesionales por hacer algo diferente logre que el público habitual del festival, en lugar de sorprenderse, tenga una sensación de déjà vu que le provoca la más absoluta indiferencia. La mayoría francesa en la competición me hace albergar esperanzas de buen cine (que le voy a hacer, tengo mis prejuicios) y la presencia del marciano Harmony Korine con su último largo “Trash Humpers” acaban de redondear un conjunto bastante apetecible donde temo, y mucho, la participación nipona con la película “Wakaranai” de Masahiro Kobayashi. Estoy convencido de que las comparaciones con el Antoine Doinel de Truffaut y con la estética de Larry Clark o Gus Van Sant que apunta el programa de mano son el humo de siempre y que al final estaremos más cerca de la clásica película que suele arrasar en el festival con sus largos planos fijos, su ausencia de diálogo, de narración y, en definitiva, de cine. Espero equivocarme.
Las retrospectivas dedicadas a directores invisibles, hasta el momento, para el cine comercial recuperan la calidad de ediciones anteriores tras el paréntesis que supuso la edición 46 con nombres que no quiero recordar. Fatih Akin, Aleksey Balabanov y Harmony Korine son tan diferentes entre sí como igualmente interesantes y necesarios para conocer el panorama del cine independiente contemporáneo. Las propuestas más radicales, provenientes del campo de la experimentación, corren a cargo de Matthias Müller y Cristoph Girardet, cuya obra, compuesta íntegramente por cortometrajes combina celuloide de prestigio con producción propia en busca de un collage acorde con estos tiempos postmodernos. Jean Gabriel Periot es el otro manipulador de imágenes cuya obra podemos ver comprimida en un programa único de setenta y cinco minutos.
Las, ya clásicas, sesiones de “Llendes”, “Esbilla”, y “Enfants Terribles” aglutinan propuestas de diferente índole, como cada año. En ellas podremos ver desde la última película de Michel Gondry, “L’épine Dans le coeur” (en otro alarde de acierto de la programación el sábado se pasó por última vez), la nueva propuesta de los hermanos Wachowski “Ninja Assasin” a rarezas como “E1000”, de Pauline Sylvain-Goasmat, película interactiva en la que los espectadores son parte activa a través de llamadas telefónicas y mensajes de texto.
La mini sección Post Burlesque bajo el subtítulo de “La nueva farsa en el cine europeo” mezcal éxitos del cine independiente de este siglo en el viejo continente junto con títulos que han pasado de largo por las carteleras sin pena ni gloria.
Pueden echarle un ojo a la programación completa aquí. Y si quieren leer alguna reseña les recomiendo pasarse por el estupendo blog no oficial.
No deja de resultar gracioso el cartel escogido para la edición de este año. Huyendo de la sobriedad habitual se escoge ese cuerpo femenino con cabeza de dinosaurio, de lo más freak y fantástico (genial para mi gusto), todo lo contrario al carácter del festival. No menos irónica resulta la presencia del Teatro Jovellanos en la estampa (se encuentra cerrado por obras), aunque, eso sí, partido por la mitad. ¿Humor consciente o inconsciente?
El cierre del Teatro hace de ésta una edición extraña, descentralizada, anárquica en el seguimiento de la Sección Oficial. Los cines Yelmo se incorporan al festival para poder albergar la totalidad de películas programadas. Una buena ocasión para disfrutar de cine independiente en una sala equipada con todas las comodidades actuales pero a una hora a pie del centro de la ciudad. Por no hablar de las proyecciones en la Laboral (inauguración y clausura incluidas) ya en zona rural. La organización ha puesto autobuses especiales para desplazarse entre las diferentes salas pero aún así el ambiente cinéfilo que se concentraba en años anteriores en el centro de la ciudad se ha perdido en gran medida.
Cine aparte, nada nuevo en el reino de Pelayo y del alcohol a precio asequible (en algunos apartados y selectos locales, huyan de los nombres de relumbrón… y garrafón) El gafapastismo vuelve a tomar las calles y las salas. Diferentes acentos se funden bajo el uniforme negro de gabardinas y monturas de gafas. Imposible distinguir al público por la película. La dictadura pop impone su ley e impide que algunos que amamos el cine y la música sin que ello afecte a nuestro armario podamos ver alguna película o algún concierto por estar el aforo completo. Cosas de la globalización.