martes, 27 de mayo de 2008

EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA




L'Ultimo Uomo Della Terra (The last man on earth)

Director: Sidney Salkow, Ubaldo Ragona
Guión: Richard Matheson, Furio M. Monetti, Ubaldo Ragona, William Leicester (Novela: Richard Matheson)
Música: Paul Sawtell, Bert Shefter
Fotografía: Franco delli Colli
Intérpretes: Vincent Price, Franca Bettoia, Emma Danieli, Giacomo Rossi-Stuart, Christi Courtland
(Italia, EE.UU) 1964

Sinopsis:

Un virus proveniente de Europa ha convertido a toda la población norteamericana en vampiros. En un Los Ángeles post-apocalíptico, el Dr. Robert Morgan, inmune a la enfermedad, se levanta cada mañana desde hace tres años con dos objetivos: sobrevivir y acabar con el mayor número posible de ellos.

Basada en el clásico de la literatura fantástica publicado en 1954 “Soy leyenda” de Richard Matheson, que fuera objeto de dos adaptaciones posteriores: “El último hombre vivo” (The Omega man, Boris Sagal, 1971) o la reciente “Soy leyenda” (Francis Lawrence, 2007), es la que mejor refleja el espíritu de la novela.

La principal diferencia entre el material literario y la adaptación al cine estriba en la condición de científico del personaje protagonista. En la novela, Robert Neville (otra ligera variación, el nombre del personaje) era un hombre que carecía de formación académica, sin embargo; a medida que su rutina diaria le iba sumiendo en la mayor de las depresiones (su agenda consistía en limpiar la casa, asegurar puertas y ventanas para no sufrir ningún ataque exterior y buscar alimento), comienza a sentir curiosidad de saber más acerca de esos extraños seres que cada noche se agolpan frente a su casa en busca de sangre fresca, es entonces, cuando a base de concienzudas lecturas científicas, comienza a pensar en la posibilidad de buscar una cura. El Rober Morgan de la película, por el contrario, es un científico que busca desde el principio la vacuna contra el virus que acabó con la vida de su mujer y su hija.

El profundo análisis psicológico que se realiza del personaje de Robert Neville en la novela se refleja perfectamente en la película de Vincent Price. Muy reveladores los inquietantes planos iniciales, con la ciudad completamente desierta y la casa vacía y desordenada. Las calles desiertas son la perfecta metáfora del vacío interior que sufre el solitario Dr. Morgan, (a lo que ayuda sin duda la melancólica fotografía de Franco Delli Colli). Éste, se levanta cada mañana con desgana, mecánicamente, como si fuera un infectado más, prepara su café y afila sus estacas. El rictus abatido de Vincet Price parece querer decirnos, ¿Para qué?; hay un halo de tristeza y cansancio en su rostro, la desesperanza del soldado que hace tiempo perdió el contacto con su unidad.

Una vez en las calles, al volante de su coche, comienza la cacería. Recorre durante el día la ciudad asesinando sin piedad a todos los infectados para arrojarlos al “foso”, de donde nunca más saldrán. Ni siquiera entrar en un lujoso concesionario de coches le distrae de su misión. Escoge un vehículo robusto antes de un deportivo, hay que ser prácticos. Ya no hay lugar para la belleza, parece decirnos la escena, sólo para la guerra.

Dura y bella la escena en la intimidad de su hogar, en la que recuerda los momentos felices que vivió junto a su esposa, frente a una vieja película casera; la sonrisa nostálgica se torna en risa sardónica y ésta en el inevitable llanto, desahogo del dolor acumulado durante años.

A través de un largo flashback, con fuerte contenido melodramático, Robert recuerda como se inició la catástrofe. Tres años atrás, mientras celebraba el cumpleaños de su hija junto a su mujer, su compañero Ben le informaba a través de la portada de un periódico de los primeros casos de infectados. Debido al carácter fantástico de la noticia que chocaba frente a la mente racional de Robert, éste hizo caso omiso de las advertencias de su colega. Pronto fue viendo como el virus se extendía. En este aspecto es sobrecogedora la escena en la que la hija de la vecina es evacuada por el ejército para su ejecución al haber contraído la enfermedad, mientras su hija se encontraba en el cuarto de arriba completamente ciega, uno de los principales síntomas de la infección.

El personaje que construye Price, posee una complejidad que lo aleja de la serie-b más convencional y lo acerca a la ciencia-ficción más seria. Soportando más de la mitad del metraje en solitario, logra imprimir una fuerte carga dramática al personaje sin caer en la sobreactuación. Su carácter se va moldeando a medida que se van sucediendo los acontecimientos; hastío al comienzo; desolación más tarde al recordar la pérdida de su familia; rápida recuperación para luchar por su vida; euforia cuando encuentra a un perro abandonado, (la compañía que había necesitado en años anteriores) que se tornará en amargura y desolación cuando el can resulta infectado. Posteriormente, cuando una muchacha aparece sola en mitad de una pradera, el impenitente soñador que era Robert Morgan recela del estado de salud de su nueva compañera.

Una característica curiosa a señalar es la peculiaridad de los vampiros de (soy leyenda/el último hombre sobre la tierra), no poseen colmillos, no son elegantes y, desde luego, no atraen a los humanos a través de su sensualidad y/o sexualidad. Su movilidad es mucho más parecida a la de los zombies (el zombie clásico, se entiende) tanto en su lentitud a la hora de desplazarse, como en su forma de atacar, en grupo. En este aspecto, la película, inspiró, sin duda, a George A. Romero a la hora de realizar “La noche de los muertos vivientes”, varias escenas recuerdan al film fundacional del director de Pittsburg (Cuando Robert cierra la puerta de su casa pillando el brazo de un infectado; o la escena en la que tras visitar la tumba de su esposa debe huir campo a través por en medio de un cementerio; por citar sólo un par)

LA REVELACIÓN (si aún no ha visto la película, no siga leyendo)

La chica es el elemento dinamizador de la trama, está infectada, pero posee el tratamiento necesario para contrarrestar los efectos del virus. Advierte al Dr. Morgan de la existencia de un grupo de personas iguales a ella; los cuales quieren acabar con la vida del científico; le temen, es inmune, producto de otra época, es leyenda. A pesar de las advertencias, el doctor, esperanzado, aguarda tranquilo en su casa. Cuando el grupo al que pertenece la chica viene a buscarle será demasiado tarde para escapar.

En un impresionante final en el interior de una iglesia Robert Morgan es atravesado por estacas metálicas (sustituyendo a la tradicional madera que él solía utilizar, nuevos tiempos) mientras acusa de monstruos (freaks) a sus verdugos, “yo soy el último hombre sobre la tierra, yo soy leyenda” son sus últimas palabras. La chica es ahora la única esperanza de lo que conocíamos por humanidad, previamente Robert le había inyectado su sangre, inmune al virus.

6 comentarios:

goloviarte dijo...

tengo buenos blog de cine y por eso creo que este es de los mejores así que te invito a participar en mi blog directorio
aquiestatublog.
podrán conocerte mas blogueros,pásate por mi blog y deja tu blog en el libro de visitas
visito muchos blog escogiendo a los mejores,pero si lo consideras spam te pido perdón
gracias que

Kraven dijo...

Gracias por el comentario.

Buena iniciativa la de añadir los blogs que considere más destacados.

Ya tiene mi dirección en su libro de visitas.

Un saludo!

nexus.6 dijo...

¿La normalidad esta en la mayoria o en la individualidad? Quizas esta pelicula es mas profunda de lo que parece; da que pensar donde estan los limites de nuestros conceptos de sociedad

Kraven dijo...

La normalidad es un invento de los mediocres para aplacar su inseguridad ante la inteligencia.

La película es profunda porque tiene varias lecturas a distintos niveles, es, por tanto, universal.

Los límites de sociedad los tiene cada uno en su cabeza.

Actualmente, (hablo de España, pues hay tantas o más sociedades que países)los límites los marca el dinero. A más dinero, más libertad, así de simple, así de crudo. No quiero decir que todo se pueda comprar, sin embargo, si tienes una disponibilidad económica ilimitada no dependes de un trabajo para subsistir; lo cual, a mi modo de ver, cambia totalmente tu rol en la sociedad y te permite tener una libertad impensable para el resto de los mortales.

Encantado de cambiar nuevamente opiniones contigo Nexus.6, Saludos!

nexus.6 dijo...

No es todo tan facil como echarle la culpa al dinero. El concepto de normalidad lo dan muchos factores; años de leyes que no se actualizan, siglos de moral religiosa y milenios de prejuicios marcados por el egoismo humano. A veces el mas anormal de los individuos, es el mas cuerdo y sano de una sociedad evolucionada, a pesar de su status economico.

Kraven dijo...

Creo que estás mezclando conceptos.

Según el diccionario, el término normal se aplica a lo que sirve de norma o regla. La "normalidad" sería por tanto algo variable, dependiendo de las costumbres y cultura de la gente. Incluso las mayores atrocidades serían consideradas normales de generalizarse. De hecho, la decapitación era algo de lo más "normal" durante la Revolución Francesa.

Por tanto, como bien indicas, "normalidad" y cordura son cosas totalmente diferentes. El acto más normal puede ser la mayor de las locuras, un claro ejemplo lo tenemos en las corridas de toros.

Cuando hablé del dinero me refería a la estructuración de la sociedad, y es evidente que en toda sociedad capitalista las clases sociales se diferencian por el poder adquisitivo.

No he echado la culpa al dinero en ningún momento, todos los modelos sociales han tenido fallos. Al menos el dinero permite que haya movimientos entre clases, el avanze es importantísimo si ponemos en perspectiva una sociedad estancada como la feudal, por ejemplo.