
Director: Steve Miner
Guión: Robert Zappia, Matt Greenberg
Intérpretes: Jamie Lee Curtis, Josh Hartnett, Adam Arkin, Michelle Williams, LL Cool J, Jodi Lyn O’Keefe, Adam Hann-Byrd, Janet Leigh, Joseph Gordon-Levitt, Nancy Stephens, Branden Williams, Beau Billingslea, Matt Winston, Larisa Miller, Emmalee Thompson, David Blancard, John Cassini, Jody Wood, Lisa Gay Hamilton, Chris Durand, Tom Kane
(EE.UU, 1998)
Sinopsis:
Langdon, Illinois. 30 de octubre de 1998. La enfermera Marion Chambers, ex-ayudante del Dr. Loomis, regresa a casa después de su jornada de trabajo cuando se da cuenta de que alguien ha entrado en su domicilio y le ha robado los archivos de Michael Myers correspondientes a Laurie Strode. Comunica a dos vecinos adolescentes el incidente al tiempo que avisa a la policía, ante la tardanza del cuerpo de seguridad y tras la inspección de uno de los jóvenes decide finalmente entrar en casa, siendo brutalmente asesinada por Michael Myers, al igual que sus dos vecinos.
Summer Glen, California. Laurie Strode bajo el nombre de Keri Tate vive junto a su hijo, John. Su nueva vida como directora de un instituto de élite, la gran distancia que separa Summer Glen de Haddonfield y el largo tiempo pasado no le hacen olvidar aquella terrorífica noche de 1978. Luchando por acabar con sus temores, su adicción al alcohol y comenzar una vida nueva, tras fingir su propia muerte para huir de su hermano, se prepara para el decimoséptimo cumpleaños de su hijo. La misma edad que Laurie tenía cuando su hermano vino a buscarla.
La noche de Halloween se acerca y John quiere pasarla con sus amigos. Laurie que siempre había impedido a su hijo salir de casa en tan señalada fecha se plantea si es momento de enterrar definitivamente el pasado.
Comentario:
Steve Miner, director de la segunda y tercera entrega de “Viernes 13” volvía a realizar una secuela de una película de terror tras más de veinte años trabajando para la televisión, justo lo que volvería a hacer después de esta película.
“Halloween H20” recupera en parte la esencia (salvando las distancias) del original, más que del original (en realidad un film isla magnífico del cine fantástico con mayúsculas) de su digna continuación. Retomando acertadamente la historia veinte años después de lo ocurrido en la noche de Halloween de 1978 (acontecimientos narrados en la segunda entrega) se efectúa un ejercicio de actualización que si bien se antoja innecesario resulta, cuanto menos, vistoso para los ojos del aficionado.
El enorme éxito que supuso “Scream” (Wes Craven, 1996) propició un resurgir del Slasher a finales de los noventa, justo una década después de que la taquilla se hubiera cansado de él. Buena parte de culpa de ese boom inesperado por los psicópatas enmascarados la tuvo Kevin Williamson, encargado del guión. El libreto jugaba de manera astuta con los códigos y tópicos del subgénero, realizando una relectura desde el respeto sin dejar de lado la parodia. Los homenajes a las películas de la saga “Halloween”, están presentes desde la primera escena (desde la película que va a ver la precoz víctima hasta la resolución de la secuencia, claro homenaje a uno de los primeros asesinatos en “Halloween II”), no en vano el nacimiento de tan singular tipo de cine se produjo oficialmente con “Viernes 13”, obra deudora de la muy superior “La noche de Halloween” que, en mi opinión, transciende el género que se creó a partir de ella.

Era lógico, teniendo en cuenta el amor (financieramente hablando) que el guionista tenía por el género, que se lanzara a la producción junto a los hermanos (caza fortunas) Weinstein y Moustapha Akkad. La intención era recuperar una saga que había caído en el olvido. Además de haber mostrado solvencia en la elaboración del guión de “Scream”, Williamson, era un nombre que podía ser utilizado como reclamo para la taquilla.
Alejándose de la escasa personalidad que había mostrado Myers a partir de la cuarta entrega, el guión firmado por Robert Zappia y Mart Greenberg, recupera el frío y sigiloso psicópata que nos había aterrorizado en las dos primeras películas. La acción comienza fuerte desde el propio prólogo que además de solventar de manera contundente sus escenas con guiños a los primeros “Halloween” y a la propia “Scream” homenajea al gran Dr. Loomis de paso que nos sumerge de lleno en la historia, condensada de manera ágil en los títulos de crédito iniciales, que están aderezados, además, por las notas del inmortal score de Carpenter.
El relato se debate entre la tradición de las dos primeras películas, personificada en los personajes de Strode y Myers y la trama teen protagonizada por el hijo de Laurie, su novia y una pareja amiga. Sin asombrar con un desarrollo original, se respetan escrupulosamente las convenciones (¡a quien se le ocurre practicar sexo la noche de Halloween!) y no se escatima en litros de sangre. La narración es ligera y se sigue con comodidad, en ningún momento la película resulta aburrida e incluso tiene momentos de inspiración (la introducción del ascensor de comida en el Universo Myers, convirtiendo algo cotidiano en un elemento terrible). Incluso la relación de Laurie Strode con un colega, que podría haber optado por la sensiblería fácil, resulta bastante convincente aportando matices al personaje.
Tenemos ya dos de las causas que hacen de “Halloween H20” un producto muy superior, cinematográficamente (nostalgias aparte), a las películas realizadas a partir de la cuarta entrega (sé que soy pesado con la decadente trilogía, pero es necesario), a saber: El hecho de obviar por completo sus nefastas antecesoras directas y un guión capaz de contar una historia fresca respetando a la vez las convenciones del género. El tercer elemento es la recuperación de Jamie Lee Curtis, en el rol de una luchadora Laurie Strode veinte años después de vérselas cara a cara con su hermano.
La disciplina y el proteccionismo a la que somete a su hijo, (interpretado por Josh Harnett antes de convertirse en un sex-symbol de Hollywood) es lógica teniendo en cuenta el historial de bajas familiares. No podemos olvidar tampoco que Laurie Strode era una estudiante ejemplar en el filme de Carpenter, con lo que situarla como directora de un colegio de élite tras dos décadas resulta más que coherente.
Jamie Lee Curtis compone un personaje de una fuerza arrolladora. Una madre, abandonada además por su esposo (adicto a la metadona, para más señas), que es capaz de compaginar un trabajo de gran responsabilidad con la educación de su hijo, sin dejar de luchar, cada día, con los fantasmas del pasado.

El nervio que imprime la actriz llega a su cima cuando su hermano finalmente vuelve a aparecer en su vida. Convertida en una madre coraje harían falta muchos Michael Myers para tocar un pelo a su hijo. Apenas quedan restos de la joven e inocente Laurie que Michael visitó veinte años atrás, el personaje, en su madurez, recuerda antes a Linda Hamilton en la piel de Sarah Connor, con la que compartirá incluso su histerismo y su violencia en la salvaje escena final.
La recuperación de este genial personaje, adecuadamente madurado y exquisitamente interpretado, contrasta con la inevitable pérdida (así es la vida) del Dr. Loomis. Afortunadamente nadie osó a contratar a otro actor para desarrollar el rol que Donald Pleasence desarrolló de manera excelente a lo largo de cinco películas, en las que, a pesar del bajo nivel de alguna de ellas, siempre tuvo un gesto, una frase, para demostrar su valía.
En el resto del elenco destaca Josh Harnett, dando vida al hijo de Laurie Strode. El papel, aunque de entrada pueda parecer de suma importancia, sólo sirve en realidad como contrapunto a la del personaje de la madre que se erige como única protagonista, con el permiso de su hermano, claro. Janet Leigh aparece como empleada del colegio y tiene una breve conversación con Laurie Strode en la que podemos ver al fondo su antiguo vehículo mientras suena la banda sonora de “Psycho”. Un regalo para los cinéfilos. El reparto adolescente no aporta mucho a excepción de un montón de cadáveres, como es norma, y la presencia de Will Brennan como pareja de Laurie Strode no deja de ser un complemento al único personaje que brilla con luz propia.
Sin ser una gran película, “Halloween H20” es un Slasher correcto que sirve para pasar un rato agradable a los nostálgicos de las primeras películas y a los fans del cine de terror adolescente. Eso sí no esperen la incorrección política propia de los años ochenta ni el despelote festivo, la película es hija de su tiempo y mandan los niños pijos y la formalidad.