martes, 1 de abril de 2008

SCARFACE, por Gorka Gastizábal


Scarface (El terror del hampa)
Director: Howard Hawks
Richard Rosson (co-director)
Guión: Ben Hecht, sobre una novela de Armitage Trail
Fotografía: Lee Grames
Intérpretes: Paul Muni, Ann Dvorak, Karen Morley, Osgood Perkins, C. Henry Gordon, George Raft, Vince Barnett, Boris Karloff , Purnell Pratt, Tully Marshall, Inez Palange, Edwin Maxwell
(EE.UU) 1932

Sinopsis:

Tras el asesinato de Louis Costillo, el contrabando de alcohol queda en manos de Jhonny Lovo, cuyo brazo derecho es Tony Camonte, que quiere hacerse con el poder absoluto del crimen organizado. Comienza haciendo pedidos para Johnny a base de destrozar los locales de los hosteleros, su cartera de clientes aumenta a la vez que sus ingresos. Conoce a Poppy, la amante de Lovo de la que se enamora y a la que consigue sin muchas dificultades. Johnny envía a unos matones a la casa de Tony pero éste consigue zafarse de ellos y se venga acabando con la vida de su jefe. Entretanto su hermana Cesca se enamora del hombre de confianza de Tony, Guino Rinaldo, contayendo matrimonio cuando su hermano está fuera de la ciudad. A su vuelta Tony mata a su subordinado sin saber que se había casado con su hermana, la policía lo busca ahora por el asesinato de Guino. Atrincherado en su piso junto a su hermana, la policía acabará con la vida de ambos.

Una de las primeras películas de gangsters de la historia del cine, el título “Scarface”, literalmente cara cortada, hace referencia a la cicatriz que marca el rostro del protagonista (homenaje al mafioso Al-Capone) encarnado magistralmente por Paul Muni. Crítica feroz a la sociedad capitalista, a la falta de moral, a la cultura del dinero fácil y rápido, ¿A los Estados Unidos de América?, ¡sí!, la tierra de las oportunidades tiene su reverso tenebroso, su cara sucia, bajo los luminosos carteles de las grandes ciudades se esconden las cloacas donde habitan las “ratas”, término que la policía (bofia) utiliza para referirse a los gangsters. Historia del auge y caída de un hombre que se forjó a si mismo, un chico listo (smart boy) que supo sacar tajada a las circunstancias, jugar bien sus cartas y coger su trozo del pastel, pero olvidó que el fin no justifica los medios y que al final la vida coloca a cada uno en su lugar (al menos en el cine… clásico) como el comisario le advirtió desde un principio. (-caerás como todos y suplicarás como una rata)

La banda sonora saca el máximo partido a los recursos de la época, estamos hablando de una producción del año 1932, la primera película sonora fue el musical “El cantor de jazz” en 1927. Los disparos de ametralladoras, las explosiones, el sonido de los coches en las persecuciones son de un gran realismo, sorprende igualmente la violencia mostrada en cada fotograma, tanto explícita como implícitamente, la mirada de Tony parece matar a sus interlocutores. Especialmente virulenta es la escena en la que Guino asesina a Johnny Lovo por orden de Tony, a pesar de que el tiroteo es en fuera de plano, la tensión que crea Tony con su mirada amenazante y el rostro de pánico de Johnny sabedor de su trágico destino es realmente ejemplar.

Las escenas rodadas en exteriores tienen escasa iluminación, pero aún así consiguen dar un tono realista y oscuro, genuinamente noir, parece poder respirarse el ambiente de crimen y perdición reinante en las grandes ciudades de la costa Este durante los años veinte. La fotografía está muy contrastada, reforzando así la ambigüedad moral de los personajes.

La caracterización de los personajes es sobresaliente, Tony mantiene durante todo el metraje su aire desafiante y temerario, no le teme a nada, todo el mundo debe obedecerle, llama la atención la relación que mantiene con su hermana Cesca, a la cual no deja tener contacto con ningún chico, pues todos son poco para ella. Guino es el perfecto gregario, nunca discute una decisión de su amigo y compañero, acompañado siempre de su inseparable moneda, como buen latino es todo un seductor con las mujeres.

La escena de apertura es toda una lección de cinematografía. Plano secuencia que se sirve de un travelling para seguir a un hombre que se dispone a llamar por teléfono desde una cabina (después sabremos que se trata de Louis Costillo), observamos en la pared contigua la sombra (claro recurso expresionista) de un hombre con traje y sombrero que silva una canción justo antes de disparar sobre el capo. El virtuosismo en el movimiento de la cámara y la elegancia con que es resuelta la escena son síntoma inequívoco de que vamos a asistir a una auténtica obra maestra del género.

Una de las mejores películas de gangsters rodadas en la década de los 30, posiblemente junto con “Violentos años 20” Sería objeto de remake en 1983 con Oliver Stone tras las cámaras y Al Pacino en el papel de Paul Muni.