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viernes, 29 de agosto de 2008

TARZÁN Y EL ARCO IRIS

"Tarzán y el arco iris"
Director: Manuel Caño
Guión: Santiago Moncada
Intérpretes: Steve Hawkes, Peter Lee Lawrence, Ángel del Pozo, Agata Flori, Richard Rod, Robin Aristorenas, Kitty Swan, Javier Maza
(España-Italia-Filipinas, 1972)
Película emitida el Martes 26 en la primera sesión, 18:00h. de "Peor... ¡Imposible! X", en la cual una señora se quejó en voz alta de las risas del público mientras intercalaba diálogos con los personajes de la película, lo que trajo consigo la discusión con otra señora, todo ello en plena proyección (¿?). Tarzán, imperturbable, seguía a lo suyo.
Sinopsis:
Tarzán intenta ayudar a Hasu, (un niño hijo de su amigo, el rey de la tribu, recientemente fallecido), en una carrera llena de peligros con un fiero guerrero, para hacerse con el poder de una figura sagrada (el arco iris) que le daría el derecho a suceder en el trono a su padre. Un trío de cazadores que intentan hacer su agosto capturando animales complicarán las cosas cuando vean en Tarzán una atracción de feria que podría aportarles beneficios.
Exploitation de las películas de Tarzán, por supuesto, no autorizada, realizada en co-producción entre España, Italia y Filipinas por el especialista (en producciones de bajo presupuesto) Manuel Caño, encargado de títulos como "Tarzán en la gruta de oro", "El pantano de los cuervos" o "A mí que me importa que explote Miami".
Sin duda, el personaje literario creado por Edgar Rice Burroughs ha sido uno de los que más veces se ha adaptado a la gran pantalla, de hecho, Steve Hawkes es el número catorce de una lista de dieciocho, sin contar la película de animación. Del mismo modo, desde sus primeras apariciones en el cine su figura ha sido adulterada. Recordemos la fluidez verbal del personaje novelesco, que aprendía inglés simplemente ojeando libros en ese idioma, en contraste con el habla parca e inarticulada del personaje cinematográfico. Pues bien, el Tarzán que interpreta Steve Hawkes desvirtúa el personaje hasta hacerlo prácticamente irreconocible, lo que, en realidad, convierte a "Tarzán y el arco iris" en una película imprescindible. La carcajada está asegurada. El patilludo protagonista de la desconcertante "Blood Freak" incorpora un nuevo y curioso grito (no se si producto exclusivo del doblaje) al personaje, realiza esplendidas e innecesarias acrobacias a lomos de los elefantes, se comunica con los animales, haciendo bailar a un avestruz o consiguiendo que un enorme elefante le quite las esposas con su trompa.
La hilaridad está presente desde el comienzo. Cuando se celebra el Guaromi (la búsqueda del arco iris para hacerse con el trono) y el príncipe heredero, que no es más que un niño ha de pelear el trono contra un tipo calvo, fuerte y con cara de pocos amigos, o la pelea que enfrenta a Tarzán con un cocodrilo de goma (hay unos cuantos planos en los que no vemos ni a Tarzán ni al cocodrilo en la pantalla pero sí un chorretón de sangre que posteriormente desaparece), que me trajo a la memoria al pobre Bela Lugosi con aquel pulpo en "Plan 9 from other space". No faltan escenas de gran belleza, como las que protagoniza Tarzán junto a su compañera, Irula, (la escultural y bella Kitti Swan, que ya estaba presente en "Tarzán y la gruta del oro" 1969. Se ve que le cogió vicio) buceando en el fondo del mar (que por cierto es la misma repetida, utilizándola además para cerrar el film. ¡Con un par!), una pena que esa música edulcorante, más propia de una peli porno de los ochenta, la estropee.
La sub-trama de los cazadores está metida en la historia con calzador. Aparte de capturar a Tarzán, encerrándolo en una jaula con la intención de exhibirlo en la ciudad como si de King-Kong se tratase, forman un extraño triángulo amoroso, y digo extraño porque la chica está casada y en ningún momento da bola al rubiales que se la intenta llevar al huerto. Prefiere quedarse con su marido alcohólico, que es, además, un desastre para los negocios, (¡si es que esta chica es un lince!)
La historia por tanto, con un montaje bochornoso que la hace avanzar a un ritmo lentísimo, va intercalando las tres tristes tramas como si de una tele-serie mala se tratara. Vemos al niño con el guerrero malote pisándole los talones en su búsqueda de la figura sagrada, acto seguido al trío "amoroso" discutiendo sobre qué es mejor para su negocio de caza sin escrúpulos, y después a Tarzán, que mientras no vela por la seguridad del niño anda por la selva de liana en liana y pegándose unos chapuzones (es lo que tiene vivir en la selva y no tener que pagar hipoteca)
Una curiosa anécdota que casi acaba en tragedia: La escena en la que Tarzán es atado de pies y manos y rodeado por fuego, acabó quemando realmente a Steve Hawkes y a Kitty Swan, teniendo que ser ingresados ambos en el hospital. Puede apreciarse en algún plano corto de la película la quemadura sufrida por el actor.

martes, 26 de agosto de 2008

STRIKE COMMANDO

“Strike Commando”
Director: Bruno Mattei.
Guión: Claudio Fragasso, Bruno Mattei.
Intérpretes: Reb Brown, Christopher Connelly, Alex Vitale, Edison Navarro.
(Italia, Filipinas) 1987

Sinopsis:

Un comando del ejército americano lleva a cabo una misión suicida en Vietnam del Norte en la que supuestamente todos fallecen. Sin embargo, el sargento Michael Ransom, “el americano”, logra salir con vida y es rescatado río abajo por habitantes de la zona, los cuales requieren su ayuda para acabar con los soviéticos que intentan masacrarles.

Espectacular y alucinógeno exploit de “Rambo” rodado en Fillipinas que tiene además una continuación “Strike Commando 2” (Bruno Mattei, 1988). Sigue inocente y torpemente el esquema creado por la saga que popularizara Silvester Stallone: soldado valeroso sólo contra los malos en tierra enemiga y traicionado por su propio gobierno. No faltan tampoco las escenas de torturas, de matanza de civiles inocentes, ni las de casquería, pero todo rodado con un desenfado propio de la mejor caspa italiana. El hipermusculado rubiales Reb Brown da vida al sargento Michael Ransom, un héroe como los de antes, de una sola pieza: duro, noble, seductor e impresionantemente estúpido, una especie de Tarzán metido a voluntario de guerra (eso sí con un inquebrantable sentido del honor) que cambia las lianas por las metralletas. Siempre dispuesto a ayudar al prójimo hace rápidamente buenas migas con los habitantes de la aldea asediada, especialmente con una muchacha y con un niño que sueña con que su héroe americano lo salve del horror de la guerra y se lo lleve con él a Norteamérica a comer palomitas.

La película es un divertidísimo despropósito de principio a fin. Desde el prólogo inicial donde los soldados americanos pasan tranquilamente delante de un soldado enemigo mientras éste fuma un puro sin darse cuenta de su presencia hasta la psicotrónica parte final, que incluye dos peleas espectacularmente ridículas entre Ransom y su antagonista, el sargento Jakoda, un armario empotrado made in Moscú interpretado por Alex Vitale, cuya cabeza rasurada y su mirada perdida recuerdan al soldado patoso de “La chaqueta metálica”.

En la primera de ellas, Ransom, después de acabar el solito con todo el comando, formado por soldados soviéticos y por viet cong, se bate en duelo con Jakoda en una coreografía que hace que los luchadores de wrestling americano parezcan haberse preparado en el Actor’s Studio. Tras el intercambio de los habituales mamporros una secuencia a cámara lenta muestra como ambos contendientes toman carrera para chocar después, en un impagable plano, cabeza contra cabeza. La escena no se muy bien si es más propia de un cartoon o de una película de terror, de lo que no cabe duda es de que es inolvidable. No contento con este toque de estilo el realizador nos regala un plano general en el que Jakoda, tras un puñetazo del bueno de Mike, cae cascada abajo.

Tras finalizar la guerra Michael Ranson no ha terminado su cruzada personal y pretende acabar con la vida de su superior, quien estaba compinchado con los soviéticos. Con una cinta atada a su frente, su impresionante fúsil y cientos de balas encima irrumpe en el cuartel donde se encuentra el traidor, (donde sorprende que todo el personal, incluida la secretaria, va armado) en una ensalada de tiros que mataría de envidia a John Woo Ranson cobra su venganza despedazando, literalmente, a su ex-superior. Pero aún queda lo mejor. Cuando todo parecía terminado y el cartel de FIN parecía inminente aparece nuevamente nuestro amigo Jakoda, sí, el que se había caído por una cascada. Ahora lucía dentadura nueva, en reluciente acabado metálico (las risas de la sala me impidieron oír el diálogo pero el tipo se la señalaba orgulloso mientras farfullaba algo) Esta vez el combate sería mucho más breve, “el americano”, siempre con un as en la manga, le mete al soviético una granada en su nueva dentadura que lo hace volar en pedazos, de nuevo literalmente, la dentadura cae a los pies de Mike quien exclama: “Los dentistas rusos hacen unas bonitas dentaduras”

FIN



jueves, 12 de junio de 2008

SANTO EN EL TESORO DE DRÁCULA

Santo en el tesoro de Drácula
Director: René Cardona
Guión: Alfredo Salazar
Productor: Guillermo Calderón Stell
Música: Sergio Guerrero
Director de fotografía: Raúl Martínez Solares
Intérpretes: Santo el enmascarado de plata, Aldo Monti, Noelia Noel, Roberto G. Rivera, Carlos Agosti, Alberto Rojas, Pili González
(México) 1968

Icono de la cultura pop, héroe infantil, luchador infatigable, personaje de cómic primero e ídolo de la pantalla después. Rodolfo Guzmán Huerta, es decir, Santo el enmascarado de plata, deleitó a grandes y pequeños a lo largo de más de medio centenar de películas, mezclando risa, aventura y escalofrío a partes iguales. Demostrando que también hay sitio para el honor y los valores morales en el cine casposo.

Aunque no se encuentre entre lo más original ni brillante de su filmografía “Santo en el tesoro de Drácula” propone un interesante choque entre el luminoso mundo del luchador mexicano y la oscuridad propia del vampiro más célebre de la historia.

Sinopsis:

Santo ha desarrollado un sistema capaz de devolver a una persona a una vida anterior. Ante la falta de voluntarios para probar su invento, su “amiga”, Luisa, accede a realizar la prueba, regresando a su anterior existencia, en la que era vampirizada por el mismísimo Conde Drácula. Santo y sus colegas observan como se desarrollan los acontecimientos (¡A través de una televisión!), descubriendo que el Conde es dueño de un valioso tesoro; pero, ante el peligro que corre la vida de la joven voluntaria (que está a punto de ser atravesada por una estaca al igual que su aristocrático amante) se ven obligados a intervenir trayéndola de nuevo al presente. A su vuelta intentarán hacerse con el tesoro de Drácula (para repartir entre los más necesitados, ¿qué se pensaban?), pero un misterioso hombre enmascarado, acompañado por sus compinches, seguirá los pasos de Santo y los suyos para intentar arrebatarles el botín. ¡Que empiecen las hostilidades!

En el tono habitual de las producciones del Santo, a saber, una mezcla de aventura fantástica, terror, comedia (con voluntariedad o sin ella) y por supuesto lucha libre mexicana, “Santo en el tesoro de Drácula”, nos transporta a un México decimonónico que es la viva imagen de la Transilvania descrita por Bram Stocker en su novela “Drácula”. La primera parte del film, desde que Luisa (en lugar de Mina) conoce al Conde es un claro plagio-homenaje a la segunda parte de la célebre adaptación cinematográfica llevada a cabo por Tod Browning en 1931 (los planos detalle de los ojos de Drácula son idénticos). Aldo Monti (el actor italiano es, sin lugar a dudas, lo mejor de la película) en el papel que catapultara a la fama a Bela Lugosi, hace su majestuosa entrada elegantemente vestido (pajarita, capa y bastón) y envuelto en brumas. La banda sonora, a golpe de theremin, junto a los primeros planos del intimidante rostro de Aldo y su elegante prosa, crean la necesaria atmósfera desasosegante que debe tener todo relato vampírico que se precie.


Escenas como la de Drácula en su lóbrega cripta, rodeado de su harén particular sometiendo a nuevas doncellas, o la llegada del vampiro, convertido en murciélago, a la alcoba de Luisa (cargadas ambas de un delicioso erotismo gótico), sitúan la película en un punto intermedio entre las cintas de la Universal de los años 30 y 40 (por su escenografía) y las producciones de los 50 y 60 de la Hammer (la incorporación de colmillos al vampiro y la utilización de su mordedura como simil sexual) subiendo notablemente el nivel habitual de las producciones del Santo.

En cuanto Santo vuelve a aparecer en pantalla, el ambiente malsano desaparece de inmediato, dando paso a la sucesión de escenas delirantes que repetiría a lo largo de su dilatada filmografía: Santo pegándose con los malos (con todos a la vez), haciendo gala de su repertorio técnico en cuanto a llaves de lucha se refiere (en esta ocasión contaría además con la ayuda de gadgets bondianos, como su radio reloj, imprescindible en el desenlace de la trama) descifrando el misterio para encontrar el tesoro (el que vale, vale) y saliendo victorioso de su ineludible cita con el ring.

Personajes estereotípicos sustituyen en la segunda parte de la función al interesante Conde:

El Doctor Sepúlveda: intelectual y mano derecha del Santo, habla poco (no vaya a ser que el enmascarado de plata le suelte una tollina), pero cuando lo hace es con conocimiento, siendo de gran ayuda para la solución problemas.

Perico: Flaco, vestido de manera extravagante y con enormes gafas de pasta; propicia la mofa del resto del grupo, (se supone que también del espectador) por su actitud cobarde y ridícula, protagonizando todos los chistes de la película (especialmente marciano el incidente con el silbato). Santo lo tiene totalmente bajo su control y lo utiliza a su antojo, llegando a abofetearlo o a dedicarle lindezas del tipo “Eres muy listo, te felicito, ¡idiota!” (da gusto tener amigos así).

Luisa: La heroína, de carácter fuerte y decidido, supuestamente bella. Luce un cardado imposible y vestimenta futurista (atención al chándal plateado que se gasta la niña, modelito imprescindible para viajar en el tiempo), poco más (está claro el carácter eminentemente machista de las películas de Santo, dónde las mujeres son meros objetos decorativos).

La troupe de malvados: Liderados por un cerebro tan brillante como perverso, el hombre enmascarado (su identidad será desvelada en la parte final, permanezcan atentos), guiado siempre por la ambición, al que siguen sus esbirros que tiemblan con sólo oír el nombre del luchador enmascarado. Su mano derecha es su forzudo hijo, Atlas, quien se batirá sobre el ring contra el Santo (como si el pobre tuviera alguna opción)

En definitiva, una primera parte que prometía una película “diferente” del Santo, con regusto clásico al buen cine de vampiros, pero que desgraciada o afortunadamente, (dependiendo del gusto del respetable) acabó como siempre, hostias varias, malos atrapados, y Drácula (resucitado de manera más que forzada) junto con sus novias convertidos en ceniza. Happy end .

jueves, 5 de junio de 2008

DISTURBIOS EN EL CEMENTERIO



Brivido Giallo: Una Notte Al Cimitero
Director: Lamberto Bava
Guión: Dardano Sacchetti y Lamberto Bava (sobre una historia de Daradano Sacchetti)
Fotografía: Gianlorenzo Battaglia
Música: Simon Boswell
Intérpretes: Gregory Lech Thaddeus, Leo Martino, Beatrice Ring, Gianmarco Tognazzi, Karl Zinny, Lino Salemme, Gianpaolo Saccarola,
(Italia) 1987

El director romano Lamberto Bava, hijo del maestro del cine fantástico, Mario Bava, e injustamente comparado en innumerables ocasiones con su progenitor, ha sido siempre un estandarte, mas que pese a algunos, del cine de terror, sobre todo en su Italia natal. Compañero de generación de Dario Argento o Lucio Fulci, entre otros, su labor nunca estuvo tan reconocida como la de sus colegas, y mucho menos como la de su, ahora, admirado padre. A pesar de haber sido maltratado por la crítica, algunas de sus producciones han gozado del éxito de taquilla, como sus archiconocidas “Demons” y “Demons 2”.

“Una notte al cimitero” forma parte de una serie titulada “Brivido giallo” que Lamberto Bava realizó para la televisión italiana.

Sinopsis:

Un grupo de jóvenes descerebrados se van de fiesta en una furgoneta. Tras robar provisiones en una estación de servicio los carabinieri les persiguen. Consiguen escapar pisando a fondo el acelerador, llegando a una zona boscosa donde el vehículo queda varado en medio de una laguna. Continúan la senda a pie hasta que, ya de noche, arriban a una fantasmagórica edificación supuestamente abandonada. En la parte baja hay una taberna regentada por un tipo apestoso que les propone una curiosa apuesta: Aguantar una noche en la cripta situada en el sótano del edificio a cambio de un enorme tesoro. Los jóvenes bajan a la lúgubre estancia ignorando la cantidad de sorpresas que les aguardan hasta la llegada del alba.

El inicio condensa todos los elementos que se irán desarrollando a lo largo de la función: El carácter insensato e infantil de los jóvenes, la gratuita exhibición de elementos del imaginario fantástico por pura nostalgia cinéfila (La carreta tirada por dos caballos sin conductor alguno, al igual que en la novela “Drácula” de Bram Stoker, o las enormes huellas que encuentran en mitad del bosque. En ningún momento del metraje aparecerá ningún ser de esas proporciones), la utilización de efectos teatrales (forzado y excesivo uso de la niebla artificial) y de sonido (a golpe de sintetizador) para crear ambiente terrorífico, así como la utilización de frases truculentas inscritas en antiguas esculturas (“maldito sea el hombre que construya un templo de dios sobre el hogar de los muertos”) buscando dotar al relato de cierta trascendencia y el sinsentido de un guión que se mueve a marchas forzadas conduciendo la historia a ninguna parte, igual de perdido que los atribulados personajes. La unidad temporal es inexistente, se pasa del día a la noche de manera repentina.

Dicho esto, la peli es un divertimento de primera categoría para todos los integrantes del fandom fantaterrorífico. El film goza de un sentido del humor envidiable. Se parodia sin miramientos numerosos personajes clásicos del género. Se hacen chistes sobre hombres lobo; criaturas deformes y putrefactas vuelven despavoridas a sus tumbas al ver a los jóvenes protagonistas (¿Se inspirarían en esta película los responsables de “Monstruos S.A”), mientras que un vampiro se levanta bostezando de su tumba.

A pesar del desenfadado carácter de la propuesta, los decorados respetan la mejor tradición en lo que a imaginería gótica se refiere. Todas las estancias del edificio donde se desarrolla la acción están cuidadas al detalle: Lugares fríos y espaciosos construidos en piedra, pasillos laberínticos, escaleras, barrotes oxidados, polvo, telas de araña, tumbas, esqueletos, espejos, fauna roedora y arácnida, austeridad en el mobiliario, escasa iluminación (candelabros en interiores y la luz de la luna en exteriores, dónde, como ya he indicado antes, es profuso el uso de neblina). El tétrico lugar se encuentra coronado, como debe ser, por una cripta, la que pierde parte de su encanto al estar excesivamente iluminada. Destaca del conjunto el foso infernal en el cae uno de los atribulados protagonistas: Aguas turbias y estancadas pobladas de cadáveres putrefactos y un enorme ojo nervudo emergiendo con saña de las profundidades.

Por estos lares hay que andarse con ojo.

El maquillaje, obra de Fabrizio Sforza, al igual que en todas las películas de Lamberto Bava, y en general en la producción fantástica italiana de la época, presenta un barroquismo acentuado. En este sentido se podría hermanar con las recargadas caracterizaciones zombies del cine de Lucio Fulci, exceptuando la casquería, que no aparece por ningún lado en esta cinta.

El “look” es víctima de la estética de su época. La furgoneta de los protagonistas es muy ilustrativa al respecto. Rigurosamente pintada a base de graffitis de marcado carácter pop; merece especial atención su recargado interior: “Loro” como emisora del vehículo, escorpión de goma colgando del espejo delantero, televisión portátil y bandera confederada en el asiento trasero. El diseño de vestuario parece sacado del rastrillo de la esquina: chupa de aviador (con su característico cuello vuelto de borreguillo), pantalones vaqueros de pitillo, chalecos y cardados imposibles. ¡Lujo y glamour!

Nos encontramos ante una película cuya falta de seriedad no perjudica su disfrute, pues rebosa imaginación, situaciones cómicas y entretenidas. Altamente recomendable para los amantes de los comics de la E.C, los acólitos del tío Creepy, del terror del cine de barrio y de las sesiones golfas, de la familia monster, de la pandilla basura, en definitiva, de lo rancio. ¿A quien le importan las incongruencias del guión, con ese precipitado e incoherente final, si podemos ver a un grupo de vampiros del silgo XVIII comiendo gusanos y tarántula sobre gelatina?

martes, 3 de junio de 2008

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL




Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
Director: Steven Spielberg
Guión: David Koepp (escrito sobre una historia de George Lucas y Jeff Nathanson)
Música: John Williams
Fotografía: Janusz Kaminski
Intérpretes: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, John Hurt, Ray Winstone, Jim Broadbent, Ian McDiarmid, Joel Stoffer
(EE.UU) 2008

El comienzo es muy prometedor. Un Indy reciclado por el inevitable paso de los años (su aparición no puede ser más nostálgica, esa silueta recortada sobre el vehículo militar coronada por su sempiterno sombrero) pero que aún conserva la chispa y la ironía de antaño, (se podría decir eso de que el que tuvo retuvo), acompañado por su compañero de aventuras Mac, es sorprendido como siempre por los malos, en esta ocasión agentes soviéticos, en pleno desierto del suroeste de los EE.UU.

La acción comienza rápido, una de las características más positivas de la saga. El maduro arqueólogo consigue huir, como no podía ser de otro modo, y aparece en un pueblo prefabricado, cuya única función es ser pasto de las pruebas nucleares (uno no puede dejar de pensar en el magnífico re-make de “Las Colinas tienen ojos” del excelente realizador galo Alexandre Aja y las pruebas nucleares en el desierto de Nuevo México) Justo antes de la explosión, Indy, consigue meterse en una nevera que le salva de morir abrasado (Es que Indy es mucho Indy).

En la universidad, el veterano profesor ya no es acosado por sus alumnas como lo fuera en el pasado, el F.B.I es ahora el que no le da tregua, hasta tal punto que se ve obligado a dejar la docencia. Cuando se disponía a viajar hasta Londres en busca de un nuevo hogar donde poder retomar sus clases, se cruza en su camino el joven Mutt Williams (encarnado por la refrescante presencia de Shia LaBeouf, cuya aparición en pantalla, con chupa de cuero y gorra, a lomos de su deslumbrante Harley Davidson, homenajea a Marlon Brando en “Salvaje” Laszlo Benedek, 1954 de moda por aquel lejano e ingenuo 1957) el cual le pide un favor personal, que les llevará tras la pista de la calavera de cristal. He aquí el Mac Guffin: La calavera antropomórfica echa de cristal de cuarzo de una sola pieza. La coartada perfecta para viajar a mundos ocultos y olvidados, en este caso el corazón de Perú, donde habitan peligrosas civilizaciones para el urbanita moderno.



Dieciséis años se lleva gestando el proyecto de la cuarta entrega de la saga de Indiana Jones, y durante todo este tiempo, no han sido pocos los que han señalado lo innecesario del proyecto. ¿Por qué ha desembarcado ahora Indy en las pantallas de todo el mundo? ¿Está realmente el personaje acabado, como, supuestamente, lo estaban los slyanos Rocky y Rambo?.

El caso de los films de Stallone quizá sea diferente, por un lado, "Rocky Balboa" viene a refrescarnos la memoria con una idea que siempre tuvo mucha fuerza en el pasado y que parece perdida en estos tiempos de fama rápida y tecnología multimedia (la frase de Warhol sobre los quince minutos de fama nunca tuvo tanto sentido), la idea del esfuerzo, de la superación humana, parece necesaria en nuestra sociedad actual. Por su parte, "John Rambo", la película, sorprendió con su violencia hiperrealista, aunque eso no haya sido suficiente para tapar las deficiencias de un guión más que flojo. A través de estas películas, el viejo Sly ha intentado (y a juzgar por las recaudaciones de ambas, logrado con éxito) recuperar parte del prestigio perdido, al menos entre sus seguidores.

¿Qué prentende el tándem Spielberg-Lucas con esta cuarta entrega de las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia? En mi opinión es una manifestación más del miedo actual de EE.UU a todo país que no promulgue con su política exterior

La acción se sitúa en 1957, en plena era Eisenhower, (un presidente obsesionado con el anti-comunismo y con el poder atómico) los momentos más crudos de la guerra fría. ¿No existe en la sociedad post 11-S una desconfianza sobre el mundo islámico similar a la que había en la guerra fría sobre el comunismo? ¿Qué hay que se parezca más a la paranoia atómica posterior a la II Guerra Mundial, que el actual miedo a un nuevo atentado terrorista, ya sea este en forma de aviones kamikaze, bombas a civiles en capitales super-pobladas, ataques bacteriológicos, o como apuntaba la "Jungla 4.0" Len Wiseman, 2007 o la serie "24" (claros ejemplos de la paranoia política norteamericana llevados a la ficción), un virus informático capaz de colapsar la economía occidental?

La película está cargada de ideología pro-americana, más cerca del propagandismo político que del cine de evasión. El patriotismo rancio y chusco de Indiana Jones llega a límites vergonzosos cuando, encañonado por el arma de la coronel Irina Spalko (interpretada magistralmente por una fría y sensual Cate Blanchett), no se le ocurre otra cosa que decir (¡como última voluntad antes de morir!): “Viva Eisenhower” (Ex general famoso por dirigir el desembarco de Normandía y presidente republicano entre 1953 y 1961. Firmó pactos anti-soviéticos, entre otros países, con la España franquista)

Por lo demás la película responde al clásico guión de la cinta de aventuras: buenos en apuros con malos más numerosos que les pisan los talones y que están a punto de matarlos en numerosas ocasiones, pero por una razón u otra, todas igual de forzadas, nunca lo logran. El final es el consabido Deux ex Machina, en el que el héroe es salvado in-extremis por la providencia, en el caso de esta entrega casi de manera literal, en un final más propio de “Expediente X”

La resolución de las escenas de acción no pasa del aprobado, no deja de ser lo mismo que hemos visto a lo largo de la saga y en innumerables producciones de acción, sin introducir nada nuevo. A pesar del cacareado respeto del clasicismo (sólo un treinta por ciento de las escenas con fx han sido realizadas por ordenador) del espíritu de la película, las persecuciones ya no tienen la garra que poseían en los años ochenta. Precisamente por eso mismo; no se puede pretender mantener pegado a la butaca al espectador actual, acostumbrado a las últimas tecnologías, con los trucos que sorprendían hace dos décadas.

Lo que si supone un acierto es el trabajo de Spielberg con el director de fotografía, el genial Janusz Kaminski (¿Quién no recuerda los dramáticos tonos sepia de “La lista de Schindler”) respetando el cromatismo y la textura clásicas que Scolombe había desarrollado en las tres anteriores entregas. Deliciosa la escena que abre el film, desde los títulos de crédito, que recogen con una deslumbrante panorámica el desierto, hasta la explosión de la bomba describiendo una gran nube de fuego y arena, justo después de desintegrar los maniquís que poblaban la zona de pruebas. La escena de la cafetería, en la que Mutt e Indy comienzan a conocerse, tiene un gusto impecable en la elección de la paleta de colores. La trifulca que se provoca hacia el final de la escena, entre moteros y estudiantes, homenajea nuevamente a las pelis de bandas de los años cincuenta.

Una vez más la pareja Lucas-Spielberg juegan a convertir la caspa en lujo amparados en sus grandes presupuestos, escogiendo lo peor de cada mundo (la acción abrumadora, el ambiente familiar y el humor castrado de las grandes producciones y el argumento fantástico-folletinesco de la serie-b más delirante e incoherente). En esta ocasión su vena de adolescentes traviesos les ha llevado a colar hacia el final de la película una marabunta de hormigas gigantes y ultra-veloces, buscando no sé si la sorpresa, la risa, o la tensión del espectador; en lo que a mí respecta sólo consiguieron el bostezo.

El desarrollo de “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal” resume de forma perfecta la trayectoria profesional de sus creadores. Comenzaron revolucionando la industria con películas tan refrescantes e interesantes como “American Graffiti” George Lucas, 1973, “El diablo sobre ruedas”, Steven Spielberg 1971 o “Tiburón” Steven Spielberg, 1975. Tras dar con la gallina de los huevos de oro; la saga “Star wars”, y reventar las taquillas de todo el mundo con las trilogías de Indiana y de Parque Jurásico (además de inventar el merchandising, el sonido THX, la industria de efectos especiales Light and magic, crear la productora Dreamworks, etc…) han acabado anquilosándose con el paso de los años. A pesar de que el público sigue acudiendo a las salas para ver sus producciones, ya no son los reyes del enterteinment (aunque a juzgar por la última escena de la película ellos deben de creer que aún lo son, ¿o que sino quiere decir, aparte de la vigencia de Harrison Ford como Indiana Jones, esa recuperación del sombrero que ya tenía entre sus manos el joven Mutt? ¿Los dinosaurios siguen dominando la tierra?) y sus propuestas carecen de la originalidad y frescura de la que gozaban. Los monarcas ahora están sentados cómodamente en sus tronos, mirando únicamente sus laureles y su ombligo (lo cual me parece de lo más lógico, pero, si han perdido el gusanillo de rodar que se dediquen a producir a nuevos talentos y dejen de colocarse detrás de las cámaras). Un mal que parece acuciar a gran parte de la sociedad norteamericana actual (me refiero a lo de estar sentado mirándose el ombligo, bueno, si hay petróleo… entonces si que echan un vistazo en otros países) una sociedad que durante el siglo pasado siempre se caracterizó por su dinamismo. ¿La muerte de una cinematografía? A juzgar por la producción que nos vienen ofreciendo durante la presente década todo hace indicar que lleva muerta bastante tiempo.