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miércoles, 30 de septiembre de 2009

INGLORIOUS BASTERDS

“Inglorious Basterds”
Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Intérpretes: Brad Pitt, Mélanie Laurent, Christoph Waltz, Eli Roth, Michael Fassbender, Diane Kruger, Daniel Brühl, Til Schweiger, Gedeon Burkhard, Jacky Ido, B.J. Novak, Omar Doom, August Diehl, Denis Menochet, Sylvester Groth
(EE.UU, 2009)

Sinopsis:

Hans Landa, un oficial de las SS cuya misión es acabar con todo aquel judío que aún permanezca en suelo francés deja escapar a una joven llamada Shosanna, en una de sus carnicerías en una pequeña aldea, tras acribillar al resto de su familia. Mientras tanto, un grupo de soldados judío-americanos son adiestrados por el teniente Aldo Raine para torturar y matar nazis, su sanguinaria reputación les precede llegando incluso a oídos del Führer, se les conoce con el sobrenombre de “Los Bastardos”.

Tres años después, Shosanna, bajo una nueva identidad regenta un cine en París. Frederick Zoller, un soldado alemán, admirado entre los suyos por haber matado a 300 soldados rusos, se enamora de ella y convence al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebels, para estrenar la última película de Lenni Riefensthal, de la que él mismo es protagonista, en el modesto cine de Shosanna. La ocasión idónea de la joven para vengar a sus familiares y al resto del pueblo judío.

El estreno de la película en el cine reunirá a toda la cúpula nazi bajo un mismo techo, incluso se rumorea que Adolf Hitler podría asistir a la proyección. Aldo Raine organiza un equipo de topos para colarse en el estreno ayudados por Bridget Von Hammersmark, una actriz alemana que trabaja como espía para el enemigo. Todos están preparados para recibir a los altos mandos del Tercer Reich como se merecen.

La última obra de Tarantino nace, como todas sus obras anteriores, del eclecticismo, de la hibridación, del pastiche, de la tradición de la música popular, el cómic y el cine de derribo, estamos ante la obra más postmoderna del director más postmodernista de occidente. Que nadie que se asome al cine a ver “Inglorious Basterds” se espere una película de cine bélico, Tarantino no nos da su visión sobre la Segunda Guerra Mundial, ni realiza un remake sobre el exploit italiano “Aquel maldito tren blindado”, tampoco estamos ante un velado homenaje-plagio de su adorada “Doce del Patíbulo”. No, Tarantino, simplemente nos cuenta su película, la que nos lleva contando desde “Reservoir dogs” que tampoco era una película de cine negro, la que volvió a repetir en “Pulp Fiction”, dónde el cuarto de libra con queso o los masajes en los pies tenían más peso que la supuesta trama noir, o lo mismo que nos contaba en “kill Bill”, dónde la conversación sobre la mitología de Superman tenía tanto protagonismo como los ecos del Spaghetti Western, las katanas y los golpes de Kung-Fú.

Con una trama lineal, en disonancia con los ejemplos anteriores, inteligentemente llevada para hacer converger a los diferentes personajes en un único lugar en su memorable último capítulo, se describe coherentemente a través de cuatro fragmentos previos las circunstancias que llevan a la catarsis final. “Inglorious basterds” no tiene un protagonista claro, no obstante, la simpatía del espectador cae del lado de los Bastardos, debido a su excéntrico y carismático carácter, además de por los evidentes motivos históricos. El líder del escuadrón, el teniente de sangre apache llamado Aldo Raine, es un personaje construido a base de trazos gruesos a través de una expresión oral que firmaría el Guy Ritchie de “Snatch…”, e interpretado con sorna por Brad Pitt, emulando con su mueca de mandíbula al Brando de “El padrino”. Al igual que el resto de la banda de psicópatas tortura-nazis, no es el personaje más logrado de la peícula. Le secundan Hugo Stiglitz, (acongojante presencia la de Til Schweiger), un judío alemán que emigra a EE.UU y vuelve a Europa para masacrar nazis; y Donnie Donovitch, apodado el oso judío, un amante del baseball que disfruta destrozando nazis con su bate, interpretado con entusiasmo por Eli Roth quien parece disfrutar tanto machacando cráneos en escena como rodando una de sus gamberradas gore.

Los Bastardos aportan gran parte de la hilaridad que sobrevuela el filme; sin embargo, las actuaciones más notables se encuentran en el bando enemigo. La caricatura de Hitler es un icono cinematográfico desde el estreno de “El Gran Dictador”. Sin elevase en esta ocasión a un retrato tan certero como el conseguido por Chaplin el personaje funciona como bufón, en escasas pero celebradas apariciones, en medio de la gran farsa que Tarantino teje a su alrededor. De mayor presencia goza un rígido y patético Joseph Goebels, bordado por Sylvester Groth, empequeñecido ante la presencia de su estupenda amante, una Julie Dreyfus siempre perfecta como femme fatale (recuerden “Kill Bill, vol 1.”). Menos vistosa resulta la presencia de Daniel Brühl en la piel del soldado Frederick Zoller, que responde a un cliché, aunque es indudable su papel fundamental en la resolución de la trama.


A pesar del escueto pero efectivo retrato de las principales personalidades del Tercer Reich, el personaje más trabajado, el que tiene mayor carga dramática, y, casi sin ninguna duda, el mejor interpretado, recae en el Coronel Hans Landa, apodado “Caza judíos”. Christoph Waltz, recrea un cínico personaje cuya ambigüedad le hace destacar del resto; la magistral interpretación del actor austriaco hace que se nos hiele la sangre incluso cuando Hans come un bocado de tarta y es capaz de hacernos reír aún sabiendo que está a punto de exterminar a una familia. El dominio de varias lenguas (gran parte de la riqueza de la actuación de Waltz se pierde en la versión doblada) y la excelente gesticulación, (sus metódicos movimientos nos llevan de la mofa al pánico en décimas de segundo) hacen que las apariciones de Landa se erijan en los momentos de mayor altura cinematográfica, su mera presencia justifica por si sola el visionado del largometraje.

La Némesis perfecta de Landa, es la joven Shosanna, la escena en la que se reencuentran en un restaurante de París (lógicamente Hans no recuerda a la joven) es quizá la que mayor tensión acumula de todo el filme, la interpretación de esta secuencia de Mélanie Laurent, a través de primerísimos planos en los que tan sólo gesticula, es una lección de interpretación por parte de la actriz parisina y de dirección de actores del genio de Tenesse. El personaje de Shosanna está dotado del coraje y la valentía habituales en las heroínas tarantinianas, desde Jackie Brown hasta la Mamba Negra. El horror que la joven francesa sufre ante el asesinato de su familia la hace más fuerte, el odio la alimenta y la venganza es la evolución lógica de su personaje. Tampoco le faltan agallas al otro gran personaje femenino, Diane Kruger está arrebatadora bajo la sensual envoltura de Bridget Von Hammersmark, la particular Mata Hari de la historia, que intentará ayudar a los Bastardos en su complicada tarea de aniquilar al Tercer Reich de una sola tirada.


Quentin Tarantino, vuelve a realizar el ejercicio de intertextualidad tantas veces repetido, las referencias son inagotables, desde el Spaghetti Western hasta clásicos del cine bélico norteamericano y europeo, hasta la propia autorrefencia (los maleteros no son necesarios para mostrar su contrapicado preferido) dentro de esta mixtura el director norteamericano se siente como pez en el agua y elabora su discurso propio escogiendo siempre el producto popular antes que el elitista.

Como bien sabe cualquier aficionado las inquietudes de Tarantino, por supuesto, no se limitan exclusivamente al ámbito cinematográfico, la música sigue jugando un papel predominante en sus producciones. Ennio Morricone ocupa en esta ocasión el grueso de la B.S.O, el contrapunto perfecto lo pone la versión de “Putting out fire”, que David Bowie interpretó para la película “El beso de la pantera” de Paul Schraeder, en una preciosista escena en la que Shosanna se maquilla momentos antes de poner en marcha su plan para aniquilar a los nazis. El clasicismo lo pone el tema de fondo a los créditos de apertura, una versión instrumental del célebre “Green leaves of summer” de la película “El Álamo”.

Los detractores de Tarantino tienen el trabajo terminado de antemano, enarbolaran su oxidado discurso sobre la separación de ética y estética que presentan las obras del director, considerando por tanto su obra vacía, carente de contenido moral y, por ende, carente de valor artístico, ya que el arte ha de ser trascendente. Se acusará su obra por tanto de formalista e incluso de reaccionaria. Sin embargo, la ficción que Tarantino decide abrazar en pos de dar la mayor libertad argumental posible al relato, consigue, no sólo divertirnos con una particular (per)versión de cierto momento de la Segunda Guerra Mundial, sino imbuirnos de lleno en la dureza de la contienda, hacernos partícipes del horror de la guerra, del pánico que sufrían los judíos perseguidos, de la inocencia de muchos de los combatientes; en definitiva, nos hace reflexionar sobre nuestro terrible pasado y las consecuencias de la guerra a la vez que nos arranca una sonrisa a través de sus Bastardos, con esa curiosa habilidad para convertir el acto más grotesco y salvaje en motivo de carcajada.


Los incondicionales, por el contrario, ensalzarán esta nueva obra por su indudable belleza formal, su salvaje sentido del humor, su espíritu de ficción netamente pulp y sus brillantes diálogos, (como el monólogo de apertura en el que Landa establece la comparativa alemán-halcón y judío-rata). No les falta razón, pero no podemos olvidar que todo esto estaba presente en sus obras anteriores. Quizá su discurso postmoderno haya llegado a su fin por agotamiento de la fórmula.

Vista en perspectiva la carrera cinematográfica de Tarantino tocó techo con “Kill Bill, vol 1.”, para más tarde caer bruscamente de su pedestal con la anodina “Death Proof.”. Ahora el director norteamericano vuelve a la senda que le dio el éxito, lo que le asegura el beneficio en taquilla y el parabien de sus admiradores. Pero hay algo de estático en su cine que le impide avanzar, desligarse de ese deslumbrante realizador nobel que sorprendió a todo el mundo en el Festival de Cannes de 1992. En “Inglorious Basterds” hay momentos de gran cine, pero el espíritu que respira el filme continúa teniendo un leve aroma adolescente, una falta de madurez cinematográfica, que, aún siendo premeditada, y posiblemente consecuencia lógica de la naturaleza popular de su cine, impide a Tarantino erigirse en portavoz de una generación de cineastas realmente rompedora. No cabe duda que nos encontramos ante un talento muy por encima de la media actual de cineastas norteamericanos; sin embargo, si continúa mirando hacia atrás en vez de hacia delante quizá nunca consiga realizar esa obra maestra ante la que, según Aldo Raine (una pirueta ombliguista más), nos encontramos.







martes, 26 de agosto de 2008

STRIKE COMMANDO

“Strike Commando”
Director: Bruno Mattei.
Guión: Claudio Fragasso, Bruno Mattei.
Intérpretes: Reb Brown, Christopher Connelly, Alex Vitale, Edison Navarro.
(Italia, Filipinas) 1987

Sinopsis:

Un comando del ejército americano lleva a cabo una misión suicida en Vietnam del Norte en la que supuestamente todos fallecen. Sin embargo, el sargento Michael Ransom, “el americano”, logra salir con vida y es rescatado río abajo por habitantes de la zona, los cuales requieren su ayuda para acabar con los soviéticos que intentan masacrarles.

Espectacular y alucinógeno exploit de “Rambo” rodado en Fillipinas que tiene además una continuación “Strike Commando 2” (Bruno Mattei, 1988). Sigue inocente y torpemente el esquema creado por la saga que popularizara Silvester Stallone: soldado valeroso sólo contra los malos en tierra enemiga y traicionado por su propio gobierno. No faltan tampoco las escenas de torturas, de matanza de civiles inocentes, ni las de casquería, pero todo rodado con un desenfado propio de la mejor caspa italiana. El hipermusculado rubiales Reb Brown da vida al sargento Michael Ransom, un héroe como los de antes, de una sola pieza: duro, noble, seductor e impresionantemente estúpido, una especie de Tarzán metido a voluntario de guerra (eso sí con un inquebrantable sentido del honor) que cambia las lianas por las metralletas. Siempre dispuesto a ayudar al prójimo hace rápidamente buenas migas con los habitantes de la aldea asediada, especialmente con una muchacha y con un niño que sueña con que su héroe americano lo salve del horror de la guerra y se lo lleve con él a Norteamérica a comer palomitas.

La película es un divertidísimo despropósito de principio a fin. Desde el prólogo inicial donde los soldados americanos pasan tranquilamente delante de un soldado enemigo mientras éste fuma un puro sin darse cuenta de su presencia hasta la psicotrónica parte final, que incluye dos peleas espectacularmente ridículas entre Ransom y su antagonista, el sargento Jakoda, un armario empotrado made in Moscú interpretado por Alex Vitale, cuya cabeza rasurada y su mirada perdida recuerdan al soldado patoso de “La chaqueta metálica”.

En la primera de ellas, Ransom, después de acabar el solito con todo el comando, formado por soldados soviéticos y por viet cong, se bate en duelo con Jakoda en una coreografía que hace que los luchadores de wrestling americano parezcan haberse preparado en el Actor’s Studio. Tras el intercambio de los habituales mamporros una secuencia a cámara lenta muestra como ambos contendientes toman carrera para chocar después, en un impagable plano, cabeza contra cabeza. La escena no se muy bien si es más propia de un cartoon o de una película de terror, de lo que no cabe duda es de que es inolvidable. No contento con este toque de estilo el realizador nos regala un plano general en el que Jakoda, tras un puñetazo del bueno de Mike, cae cascada abajo.

Tras finalizar la guerra Michael Ranson no ha terminado su cruzada personal y pretende acabar con la vida de su superior, quien estaba compinchado con los soviéticos. Con una cinta atada a su frente, su impresionante fúsil y cientos de balas encima irrumpe en el cuartel donde se encuentra el traidor, (donde sorprende que todo el personal, incluida la secretaria, va armado) en una ensalada de tiros que mataría de envidia a John Woo Ranson cobra su venganza despedazando, literalmente, a su ex-superior. Pero aún queda lo mejor. Cuando todo parecía terminado y el cartel de FIN parecía inminente aparece nuevamente nuestro amigo Jakoda, sí, el que se había caído por una cascada. Ahora lucía dentadura nueva, en reluciente acabado metálico (las risas de la sala me impidieron oír el diálogo pero el tipo se la señalaba orgulloso mientras farfullaba algo) Esta vez el combate sería mucho más breve, “el americano”, siempre con un as en la manga, le mete al soviético una granada en su nueva dentadura que lo hace volar en pedazos, de nuevo literalmente, la dentadura cae a los pies de Mike quien exclama: “Los dentistas rusos hacen unas bonitas dentaduras”

FIN



martes, 22 de abril de 2008

ÁNGELES DEL INFIERNO



Ángeles del infierno (Hell´s angels)
Director: Howard Hughes, (no acreditados: James Whale y Edmund Goulding)
Guión: Harry Behn, Howard Estabrook, Joseph Moncurre March, sobre un argumento original de Marshall Neilan
Música: Hugo Riesenfeld
Fotografía: Antonio Gaudio, Harry Perry
Intérpretes: Ben Lyon, James Hall, Jean Harlow, John Darrow, Lucien Prival
(EE.UU) 1930

Argumento: (Esquema completo de la película, incluyendo el final. Si no la has visto…¡sáltatelo!)

Poco antes del comienzo de la I Guerra Mundial, los hermanos británicos Roy y Monte Rutledge pasan unos días en Alemania junto a su amigo germano Karl Armstdet. Monte es sorprendido en uno de sus muchos escarceos amorosos por el Barón Von Krantz metiendo mano a su esposa, el oficial alemán lo desafía a batirse en duelo con él, el joven huye a Inglaterra y es su hermano Roy quien va al encuentro en su lugar, sufriendo el roce de una bala en el brazo. Una vez el trío de amigos se encuentra en Inglaterra Karl recibe una carta que le obliga a incorporarse a filas, Alemania a declarado la guerra a Francia. Roy se alista más tarde como voluntario en la RFA (Real Fuerza Aérea), Monte que no quiere alistarse se verá obligado a hacerlo cuando besa a una joven que ofrece sus labios para reclutar jóvenes para la aviación. Una vez comenzada la instrucción Roy presenta a Monte a su novia Helen, a la que considera una chica decente, sin embargo ésta se acuesta con Monte, el cual no puede resistirse a sus encantos. Karl muere en combate tras eludir el bombardeo sobre Trafalgar Square mientras Roy y Monte consiguen derribar el “pájaro” alemán que intentaba destrozar Londres. Tiempo después, en el frente francés la guerra continúa, en el turno nocturno de la RFA muere al menos un piloto cada día, el último en morir había cambiado el turno a Monte, éste es acusado de cobarde. Para resarcirse de las críticas Monte acepta la misión suicida de bombardear una base alemana a bordo de un avión robado al enemigo, Roy le acompaña en su misión. La noche antes de volar Roy se desengaña cuando descubre a Helen ebria besuqueándose con un teniente de infantería, los dos hermanos se emborrachan hasta la hora de la batalla. Tras acabar con la base germana un avión consigue derribarlos, salen ilesos pero son capturados como prisioneros, el encargado de juzgarles es el Barón Von Krantz, quien reconoce a Monte al instante, les ofrece un trato si les dicen los planes de su ejército. Para que Monte no confiese Roy se ve obligado a dispararle por la espalda, Roy es fusilado pero gracias a su acción el frente británico logra avanzar y sorprender a los alemanes.

La superproducción hollywoodiense llevada a cabo por el megalómano Hogar Hughes, una de las mayores de la historia, es además de una película bélica, una de las pocas dedicadas a la gran guerra, un drama de tintes épicos, incluso podría calificarse como tragedia, las espectaculares escenas rodadas en exteriores por la aviación son técnicamente asombrosas y sin duda se encuentran entre las mejores escenas de acción jamás rodadas, el ballet aéreo al que asistimos sin en el uso de transparencias pone los pelos de punta, el rugir de los motores es música celestial para los oídos. La moralidad de la película es de una contemporaneidad apabullante, la cínica visión que tiene el apuesto y mujeriego Monte sobre el sexo femenino se confirma en la “peligrosa” rubia que interpreta a la perfección la malograda Jean Harlow (claro antecedente de la otra rubia indiscutible del celuloide, Marilyn Monroe), no es de extrañar que la misoginia que desprende la historia fuera idea del propio Hughes un hombre muy cercano al carácter del personaje que interpreta Ben Lyon, el dueño de la RKO era todo un playboy dentro de Hollywood (lo que es como decir un playboy universal) mantuvo affaires con Katharine Hepburn, Ava Gardner, Bette Davis, Olivia de Havilland, Ginger Rogers o la propia Jean Harlow. El año de producción de la película, anterior al código Hays permitió que se realizaran algunas escenas subidas de tono, como la que se produce en la fiesta de alta sociedad en la que Roy presenta a Helen a su hermano, ella luce un vestido escotado sin sujetador, pide a Roy que le vaya a buscar un ponche, momento que aprovecha para besar a Monte… ¡si amigos, en Hollywood las chicas ya tomaban la iniciativa en los años treinta! El consabido puritanismo americano no aparece en ningún momento a lo largo del relato, más bien está teñido de un elegante decadentismo europeo.

La película es un claro alegato antibelicista (como suele ocurrir con las mejores películas bélicas) el personaje de Monte cuando es acusado de cobarde por sus compañeros al intentar escaquearse de su turno de vuelo expone uno de los discursos más lúcidos que se hayan dicho en contra de la guerra en la historia del cine:

“no es verdad, no soy un cobarde. Puedo ver las cosas como son, eso es todo. Y estoy harto de este negocio bestial. Tontos. ¿Por qué permitís que os maten así? ¿Por qué estáis peleando? Patriotismo. Deber. ¿Estáis locos? ¿No os dais cuenta que son sólo palabras? Palabras acuñadas por políticos y buitres para conseguir que peleen por ellos. ¿Qué es una palabra comparada con la vida? La única vida que tenéis. Os daré una palabra. ¡Asesinato! Eso es ésta podrida guerra de los políticos. ¡Asesinato! Vosotros lo sabéis tan bien como yo. ¿Cobarde yo? ¡Vosotros sois los cobardes! ¡Yo tengo agallas para decir lo que pienso! ¡Vosotros tenéis miedo de decirlo! ¡Tanto miedo de que os llamen cobardes que preferís que os maten primero! Tontos. Infelices y estúpidos tontos”

EN EL PÁRRAFO QUE SIGUE SE DESVELA EL FINAL (Aviso para navegantes)

El final de la historia, con el sacrificio que hace Roy de la vida de su propio hermano no lo considero un acto de patriotismo, sino más bien de compañerismo, si Monte hubiera facilitado la información a los alemanes hubieran muerto tres mil hombres, tres mil compañeros, por tanto es un gesto heroico que nace del humanitarismo del que, por otra parte, el personaje hace gala a lo largo de toda la película.