“Halloween”Director: Rob Zombie
Guión: Rob Zombie
Intérpretes: Malcolm McDowell, Scout Taylor-Compton, Tyler Mane, Daeg Faerch, Sheri Moon Zombie, William Forsythe, Danielle Harris, Kristina Klebe, Skyler Gisondo, Danny Trejo, Hanna Hall, Tom Towles, Bill Moseley, Leslie Easterbrook, Steve Boyles, Brad Dourif, Richard Lynch, Udo Kier, Sid Haig
(EE.UU, 2007)
Sinopsis:
Michael Myers es un niño introvertido que vive en Haddonfield junto a su familia. La convivencia en su casa es dura. Su padrastro es un alcohólico y su hermana, Judith, no se preocupa por él. El único apoyo con el que cuenta el pequeño Mickey es el de su madre, quien trabaja en un club de striptease para mantener a la familia. La situación en el colegio no es mucho mejor. Un par de niñatos con aspiraciones a matones se burlan constantemente de Mickey por el trabajo de su madre.
La Noche de Halloween, Judith es la encargada de sacar a Michael para el tradicional truco o trato en busca de dulces, pero en lugar de eso lo utiliza para quedarse a solas con su novio. Michael se pone su máscara de payaso y asesina a su padrastro y a su hermana. Después coge en brazos a su hermana pequeña, Laurie, y la saca a la calle, hasta que su madre llega del trabajo y contempla la masacre.
Mickey es internado en el Smith’s Grove Sanitarium donde el Dr. Samuel Loomis será el encargado de tratarle. Tras quince infructuosos años en los que Michael no ha articulado palabra, Loomis decide abandonar su tarea. Michael Myers va a ser trasladado a otro hospital pero aprovecha la ocasión para fugarse. Casualmente es la Noche de Halloween.
Laurie vive junto a sus padres adoptivos, los Strode, sin ser consciente de la existencia de su hermano, Michael. Quien volverá a su hogar sembrando nuevamente el terror.
El Dr. Loomis es el único que intuye la vuelta de Myers a Haddonfield. Tras alertar al Sheriff Bracket intentará que no se repita la masacre de hace quince años.

Comentario:
El músico de rock, Rob Zombie, siempre ha sido un fanático del cine de terror. Así lo demuestran los videoclips realizados junto a su antiguo grupo “White Zombie” (nombre que homenajea al clásico protagonizado por Bela Lugosi). También su estética habitual y la puesta en escena del grupo. En el 2003 daba el salto a la dirección cinematográfica con un largometraje titulado “House of 1.000 corpses” donde se rodeaba de una siniestra troupe de psicópatas conocidos como la familia Firefly que hacían disfrutar al respetable mientras despedazaban creativamente a un grupo de adolescentes perdidos en mitad de la nada.
La singular familia volvería a aparecer dos años después en “The Devil’s Rejects”, esta vez en clave de Western Crepuscular con no pocas referencias al cine de Sam Peckinpah y con una excelente banda sonora compuesta por temas de rock de los años setenta. En el 2007 pondría su granito de arena en “Grindhouse” con la realización de el falso tráiler “Werewolf woman of the S.S”, grotesco cruce entre el celuloide licántropo y la figura de la dominatrix nazi, Ilsa.
Ese mismo año se haría cargo de plasmar en pantalla los orígenes de uno de los psicópatas más famosos del cine. El binomio Myers-Zombie, prometía.
Cualquier seguidor habitual de este blog sabe que el que escribe estas líneas es seguidor incondicional, hasta la fecha, de Rob Zombie. Por otro lado, “La noche de Halloween” es una de mis películas de terror preferidas. En consecuencia, enfrentarme al supuesto remake de la obra maestra de Carpenter hace poco más de dos años suponía para mí todo un acontecimiento.
Mi primera impresión fue desigual. Había gozado con la primera parte de la película, pues se trataba de una aproximación totalmente diferente al personaje de Myers. Más realista, más sórdida que en el original. Encajaba perfectamente con el universo que Rob Zombie nos había mostrado en sus dos trabajos anteriores. Era justo lo que quería ver. La segunda parte era más un homenaje respetuoso a la obra original, mantenía la contundencia y brutalidad indisociables del cine de Zombie, pero el elemento sorpresa se perdía al ser su desarrollo prácticamente idéntico. El sabor de boca final era agridulce, parecía que Rob no se había atrevido a quitar las ruedas traseras de la bicicleta, se había dejado algo de su personalidad al enfrentarse a un clásico de altura dentro de la serie b.
El resultado no pudo ser más favorable al trabajo de Zombie. La primera parte me parecio aún más lograda que la vez anterior. La grotesca familia de Myers; las burlas de los malos de la clase sobre el trabajo de su madre. Todo nos sumerge en la cruda realidad que Michael Myers tiene que soportar cada día, desde el desayuno (donde acertadamente comienza la acción). Pero esa vida no justifica los oscuros pasatiempos del desviado Michael. La frialdad de su mirada indica la horrible naturaleza que se esconde tras su máscara de payaso (aquella que mecánicamente se pone antes de cada crimen). Myers continúa siendo la encarnación del mal (al igual que en la obra de Carpenter), pero no un mal diabólico o sobrenatural como en la película original sino un mal real, el que puede albergar un niño cualquiera con un cerebro enfermo.
Sobre la segunda parte, al contrario que tras el primer visionado, me pareció la evolución lógica del personaje. Sino hubiera vuelto a Haddonfield no sería Michael Myers. El personaje ya había sido transformado totalmente en la primera mitad, ahora volvía a enfundarse el traje de mecánico y la máscara blanca (su traje de supervillano) para sembrar el pánico entre las canguros adolescentes en la víspera de todos los santos. Pero aunque el desarrollo se parezca, en inevitable homenaje, al original, hay matices que muestran la diferente naturaleza del Myers de Zombie. Lo primero es que ahora Myers viene en busca de Laurie porque es su hermana (cosa que en la primera película no se menciona), la diferencia estriba en que su intención no es matarla sino protegerla, salvarla de la pesadilla que el vivió en su hogar cuando era niño (recordemos que después de matar a su padrastro y su hermana, Judith; Michael coge en brazos a su hermana Laurie, siendo ésta aún un bebé). Será el último rasgo de humanidad que veamos en el psicópata antes de convertirse definitivamente en un asesino implacable. Lo que deriva, por cierto, en un impresionante final.
Hace unos días, previa redacción de este post, volví a echarle un vistazo a la película en sesión doble junto al original carpenteriano. El resultado, creo, fue bastante esclarecedor. “La noche de Halloween” es una obra maestra de un director que domina como pocos los códigos y resortes del cine de terror. Posee una planificación impecable y la inquietante atmósfera y el frenético ritmo se mantienen desde el primer al último fotograma. “Halloween. El origen” es una aproximación realista y personal al personaje de Myers filmada con nervio y contundencia, a través de su inquieta cámara, por un apasionado del género.
Establecidas ya las diferencias entre ambas películas, o al menos, mi posicionamiento frente a ellas, centrémonos en el film de Zombie.
“Halloween. El origen” guste o no tiene el inconfundible sello de su director. La sequedad, la crudeza de la violencia, la brutalidad que algunos acusan de fácil pero que en realidad no llega a la truculencia. No se puede catalogar ninguna película de Zombie dentro del género gore (la sangría alegremente mostrada en “La casa de los 1.000 cadáveres” está más próxima al territorio del Grand Guiñol). En realidad es más la sensación que nos crea que lo que realmente muestra en pantalla. En esta película se pone más atención a los espasmos de las piernas de las víctimas en el momento de su muerte que en el propio acto de la ejecución. Cuando Mickey golpea al novio de su hermana con un bate de baseball repetidas veces está filmado en fuera de plano, pero la acertada banda sonora muda violada por el metálico sonido del bate se introduce de lleno en nuestra cabeza de tal forma que tras visionada la película llegamos a creer que hemos visto como le machacaba el cráneo en plano detalle.
Lo mismo sucede en la primera aparición del Myers psicópata en mitad del bosque que rodea su colegio. Zombie sabe ser explícito cuando es necesario. Como en el degollamiento que Mickey le practica a su padrastro; o en la espléndida y sádica secuencia en la que el benjamín apuñala repetidas veces a su hermana mayor mientras ésta intenta escapar inútilmente de su verdugo. El realizador nos da las dosis justas de primeros planos sangrientos para que estos no pierdan su contundencia por saturación. Ahí reside gran parte de la oscura belleza de la película. Una especialidad marca de la casa.

Poco se puede decir del guión, tras lo destripado más arriba. La primera parte es la única original, nueva. Una vez que Mickey, convertido ya en un enorme y melenudo Michael Myers (una transformación que, aunque rompa el realismo existente hasta ese momento, funciona como grotesca representación física de la monstruosidad de Myers) se escapa del Smith’s Grove Sanitarium, en una secuencia exagerada y/o bizarra pero resuelta con gran pericia técnica, vuelve a Haddonfield donde se desarrollarán los acontecimientos narrados previamente por John Carpenter en la primera película sobre el psicópata.
Los encuadres que escoge Zombie son más cerrados y menos atractivos que los del maestro. Las ejecuciones de los crímenes más directas, se pierde la atmósfera cultivada por Carpentes en aras de lograr una mayor contundencia (tan bien hemos de tener en cuenta que Rob dispone de menos metraje después de detenerse durante buena parte de él en la infancia del personaje) Se realiza una leve modificación del original dejando con vida al personaje de Annie Brackett, interpretado por una estupenda (al menos, físicamente) Danielle Harris (sí, la actriz que interpretó a la sobrina de Myers en las entregas 4, 5 y 6)

La importancia de los personajes varía respecto a la obra original. Así, Deborah Myers, se erige en un personaje fundamental para comprender la historia. La elección de Sheri Moon Zombie (dejando a un lado que sea la esposa del director) no pudo ser más acertada. Encarna excelentemente al personaje más trabajado de la cinta. Una madre encerrada en una vida miserable junto a su pareja (un alcohólico que aprovecha su incapacidad para caminar para parasitar frente a la tele y cuya cuestionable moral no le impide acosar a su hijastra o insultar al pequeño Mickey). La manutención de sus tres hijos la obliga a actuar como stripper en un bar de carretera (genial la secuencia en la que Zombie monta en paralelo uno de sus shows con las actividades de su hijo). Pero la mejor interpretación de Sheri Moon se produce en el Smith’s Grove Sanitarium, donde Deborah conversa con Michael siendo ya consciente de su perversa naturaleza. Su rostro, sin articular palabra, muestra a la perfección una madre descompuesta por el dolor.
Daeg Faerch compone un inquietante Myers niño que desde su aparición en pantalla, quitándose la careta de payaso para contestar toscamente a su padrastro, deja entrever el odio y la maldad que encierran sus fríos ojos. El jovencísimo actor está a la altura de la leyenda, siendo uno de los mejores intérpretes de la película. Sobre la versión adulta del personaje no hay mucho que decir. La espectacular presencia física de Tyler Mane es la base de su interpretación, que se limita a seguir las pautas marcadas por el original (desplazamiento sigiloso y asesinato contundente).
Los personajes fundamentales de la primera película, Myers aparte, bajan enteros en esta ocasión. A pesar de ser un admirador de Malcolm McDowell, el personaje de Samuel Loomis le quedaba mucho mejor a Donald Pleasence. El look sesentero con el que se viste al personaje en la primera parte de la película(sobretodo esa melenilla casposa)quizá tampoco ayude mucho. Le da más un aire de músico de Rock que de serio psiquiatra. Aunque en la segunda mitad su aspecto adquiere un tono más sobrio. Lo que, indudablemente, no deja de ser gracioso es ver a Malcolm haciendo de bueno, aunque sea acompañado de un Mágnum 357.
La que está lejísimos de acercarse a los registros dramáticos de su predecesora es Scout Taylor-Compton, convertida en una Laurie Strode mucho más anodina que la guerrillera Jamie Lee-Curits. Las comparaciones son odiosas, pero la industria cinematográfica americana nos obliga a hacerlas.
En definitiva, nos encontramos ante una obra que si bien está lejos del nivel de la película original de Carpenter, se rebela como un digno homenaje y una nueva muestra del buen pulso de Zombie tras las cámaras.













