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viernes, 6 de noviembre de 2009

HALLOWEEN (2007)

“Halloween”
Director: Rob Zombie
Guión: Rob Zombie
Intérpretes: Malcolm McDowell, Scout Taylor-Compton, Tyler Mane, Daeg Faerch, Sheri Moon Zombie, William Forsythe, Danielle Harris, Kristina Klebe, Skyler Gisondo, Danny Trejo, Hanna Hall, Tom Towles, Bill Moseley, Leslie Easterbrook, Steve Boyles, Brad Dourif, Richard Lynch, Udo Kier, Sid Haig
(EE.UU, 2007)

Sinopsis:

Michael Myers es un niño introvertido que vive en Haddonfield junto a su familia. La convivencia en su casa es dura. Su padrastro es un alcohólico y su hermana, Judith, no se preocupa por él. El único apoyo con el que cuenta el pequeño Mickey es el de su madre, quien trabaja en un club de striptease para mantener a la familia. La situación en el colegio no es mucho mejor. Un par de niñatos con aspiraciones a matones se burlan constantemente de Mickey por el trabajo de su madre.

La Noche de Halloween, Judith es la encargada de sacar a Michael para el tradicional truco o trato en busca de dulces, pero en lugar de eso lo utiliza para quedarse a solas con su novio. Michael se pone su máscara de payaso y asesina a su padrastro y a su hermana. Después coge en brazos a su hermana pequeña, Laurie, y la saca a la calle, hasta que su madre llega del trabajo y contempla la masacre.

Mickey es internado en el Smith’s Grove Sanitarium donde el Dr. Samuel Loomis será el encargado de tratarle. Tras quince infructuosos años en los que Michael no ha articulado palabra, Loomis decide abandonar su tarea. Michael Myers va a ser trasladado a otro hospital pero aprovecha la ocasión para fugarse. Casualmente es la Noche de Halloween.

Laurie vive junto a sus padres adoptivos, los Strode, sin ser consciente de la existencia de su hermano, Michael. Quien volverá a su hogar sembrando nuevamente el terror.

El Dr. Loomis es el único que intuye la vuelta de Myers a Haddonfield. Tras alertar al Sheriff Bracket intentará que no se repita la masacre de hace quince años.

Comentario:

El músico de rock, Rob Zombie, siempre ha sido un fanático del cine de terror. Así lo demuestran los videoclips realizados junto a su antiguo grupo “White Zombie” (nombre que homenajea al clásico protagonizado por Bela Lugosi). También su estética habitual y la puesta en escena del grupo. En el 2003 daba el salto a la dirección cinematográfica con un largometraje titulado “House of 1.000 corpses” donde se rodeaba de una siniestra troupe de psicópatas conocidos como la familia Firefly que hacían disfrutar al respetable mientras despedazaban creativamente a un grupo de adolescentes perdidos en mitad de la nada.

La singular familia volvería a aparecer dos años después en “The Devil’s Rejects”, esta vez en clave de Western Crepuscular con no pocas referencias al cine de Sam Peckinpah y con una excelente banda sonora compuesta por temas de rock de los años setenta. En el 2007 pondría su granito de arena en “Grindhouse” con la realización de el falso tráiler “Werewolf woman of the S.S”, grotesco cruce entre el celuloide licántropo y la figura de la dominatrix nazi, Ilsa.

Ese mismo año se haría cargo de plasmar en pantalla los orígenes de uno de los psicópatas más famosos del cine. El binomio Myers-Zombie, prometía.
Cualquier seguidor habitual de este blog sabe que el que escribe estas líneas es seguidor incondicional, hasta la fecha, de Rob Zombie. Por otro lado, “La noche de Halloween” es una de mis películas de terror preferidas. En consecuencia, enfrentarme al supuesto remake de la obra maestra de Carpenter hace poco más de dos años suponía para mí todo un acontecimiento.

Mi primera impresión fue desigual. Había gozado con la primera parte de la película, pues se trataba de una aproximación totalmente diferente al personaje de Myers. Más realista, más sórdida que en el original. Encajaba perfectamente con el universo que Rob Zombie nos había mostrado en sus dos trabajos anteriores. Era justo lo que quería ver. La segunda parte era más un homenaje respetuoso a la obra original, mantenía la contundencia y brutalidad indisociables del cine de Zombie, pero el elemento sorpresa se perdía al ser su desarrollo prácticamente idéntico. El sabor de boca final era agridulce, parecía que Rob no se había atrevido a quitar las ruedas traseras de la bicicleta, se había dejado algo de su personalidad al enfrentarse a un clásico de altura dentro de la serie b.
Tras el visionado, las imágenes iban sucediéndose en mi cabeza cobrando cada vez más fuerza, más intensidad. A medida que pasaba el tiempo recordaba la película como algo mucho mejor de lo que en primera estancia me había parecido. Era el momento de enfrentarme nuevamente a la obra para comprobar si mi memoria me estaba jugando malas pasadas.

El resultado no pudo ser más favorable al trabajo de Zombie. La primera parte me parecio aún más lograda que la vez anterior. La grotesca familia de Myers; las burlas de los malos de la clase sobre el trabajo de su madre. Todo nos sumerge en la cruda realidad que Michael Myers tiene que soportar cada día, desde el desayuno (donde acertadamente comienza la acción). Pero esa vida no justifica los oscuros pasatiempos del desviado Michael. La frialdad de su mirada indica la horrible naturaleza que se esconde tras su máscara de payaso (aquella que mecánicamente se pone antes de cada crimen). Myers continúa siendo la encarnación del mal (al igual que en la obra de Carpenter), pero no un mal diabólico o sobrenatural como en la película original sino un mal real, el que puede albergar un niño cualquiera con un cerebro enfermo.


Sobre la segunda parte, al contrario que tras el primer visionado, me pareció la evolución lógica del personaje. Sino hubiera vuelto a Haddonfield no sería Michael Myers. El personaje ya había sido transformado totalmente en la primera mitad, ahora volvía a enfundarse el traje de mecánico y la máscara blanca (su traje de supervillano) para sembrar el pánico entre las canguros adolescentes en la víspera de todos los santos. Pero aunque el desarrollo se parezca, en inevitable homenaje, al original, hay matices que muestran la diferente naturaleza del Myers de Zombie. Lo primero es que ahora Myers viene en busca de Laurie porque es su hermana (cosa que en la primera película no se menciona), la diferencia estriba en que su intención no es matarla sino protegerla, salvarla de la pesadilla que el vivió en su hogar cuando era niño (recordemos que después de matar a su padrastro y su hermana, Judith; Michael coge en brazos a su hermana Laurie, siendo ésta aún un bebé). Será el último rasgo de humanidad que veamos en el psicópata antes de convertirse definitivamente en un asesino implacable. Lo que deriva, por cierto, en un impresionante final.

Hace unos días, previa redacción de este post, volví a echarle un vistazo a la película en sesión doble junto al original carpenteriano. El resultado, creo, fue bastante esclarecedor. “La noche de Halloween” es una obra maestra de un director que domina como pocos los códigos y resortes del cine de terror. Posee una planificación impecable y la inquietante atmósfera y el frenético ritmo se mantienen desde el primer al último fotograma. “Halloween. El origen” es una aproximación realista y personal al personaje de Myers filmada con nervio y contundencia, a través de su inquieta cámara, por un apasionado del género.

Establecidas ya las diferencias entre ambas películas, o al menos, mi posicionamiento frente a ellas, centrémonos en el film de Zombie.

“Halloween. El origen” guste o no tiene el inconfundible sello de su director. La sequedad, la crudeza de la violencia, la brutalidad que algunos acusan de fácil pero que en realidad no llega a la truculencia. No se puede catalogar ninguna película de Zombie dentro del género gore (la sangría alegremente mostrada en “La casa de los 1.000 cadáveres” está más próxima al territorio del Grand Guiñol). En realidad es más la sensación que nos crea que lo que realmente muestra en pantalla. En esta película se pone más atención a los espasmos de las piernas de las víctimas en el momento de su muerte que en el propio acto de la ejecución. Cuando Mickey golpea al novio de su hermana con un bate de baseball repetidas veces está filmado en fuera de plano, pero la acertada banda sonora muda violada por el metálico sonido del bate se introduce de lleno en nuestra cabeza de tal forma que tras visionada la película llegamos a creer que hemos visto como le machacaba el cráneo en plano detalle.

Lo mismo sucede en la primera aparición del Myers psicópata en mitad del bosque que rodea su colegio. Zombie sabe ser explícito cuando es necesario. Como en el degollamiento que Mickey le practica a su padrastro; o en la espléndida y sádica secuencia en la que el benjamín apuñala repetidas veces a su hermana mayor mientras ésta intenta escapar inútilmente de su verdugo. El realizador nos da las dosis justas de primeros planos sangrientos para que estos no pierdan su contundencia por saturación. Ahí reside gran parte de la oscura belleza de la película. Una especialidad marca de la casa.



Poco se puede decir del guión, tras lo destripado más arriba. La primera parte es la única original, nueva. Una vez que Mickey, convertido ya en un enorme y melenudo Michael Myers (una transformación que, aunque rompa el realismo existente hasta ese momento, funciona como grotesca representación física de la monstruosidad de Myers) se escapa del Smith’s Grove Sanitarium, en una secuencia exagerada y/o bizarra pero resuelta con gran pericia técnica, vuelve a Haddonfield donde se desarrollarán los acontecimientos narrados previamente por John Carpenter en la primera película sobre el psicópata.

Los encuadres que escoge Zombie son más cerrados y menos atractivos que los del maestro. Las ejecuciones de los crímenes más directas, se pierde la atmósfera cultivada por Carpentes en aras de lograr una mayor contundencia (tan bien hemos de tener en cuenta que Rob dispone de menos metraje después de detenerse durante buena parte de él en la infancia del personaje) Se realiza una leve modificación del original dejando con vida al personaje de Annie Brackett, interpretado por una estupenda (al menos, físicamente) Danielle Harris (sí, la actriz que interpretó a la sobrina de Myers en las entregas 4, 5 y 6)



La importancia de los personajes varía respecto a la obra original. Así, Deborah Myers, se erige en un personaje fundamental para comprender la historia. La elección de Sheri Moon Zombie (dejando a un lado que sea la esposa del director) no pudo ser más acertada. Encarna excelentemente al personaje más trabajado de la cinta. Una madre encerrada en una vida miserable junto a su pareja (un alcohólico que aprovecha su incapacidad para caminar para parasitar frente a la tele y cuya cuestionable moral no le impide acosar a su hijastra o insultar al pequeño Mickey). La manutención de sus tres hijos la obliga a actuar como stripper en un bar de carretera (genial la secuencia en la que Zombie monta en paralelo uno de sus shows con las actividades de su hijo). Pero la mejor interpretación de Sheri Moon se produce en el Smith’s Grove Sanitarium, donde Deborah conversa con Michael siendo ya consciente de su perversa naturaleza. Su rostro, sin articular palabra, muestra a la perfección una madre descompuesta por el dolor.

Daeg Faerch compone un inquietante Myers niño que desde su aparición en pantalla, quitándose la careta de payaso para contestar toscamente a su padrastro, deja entrever el odio y la maldad que encierran sus fríos ojos. El jovencísimo actor está a la altura de la leyenda, siendo uno de los mejores intérpretes de la película. Sobre la versión adulta del personaje no hay mucho que decir. La espectacular presencia física de Tyler Mane es la base de su interpretación, que se limita a seguir las pautas marcadas por el original (desplazamiento sigiloso y asesinato contundente).

Los personajes fundamentales de la primera película, Myers aparte, bajan enteros en esta ocasión. A pesar de ser un admirador de Malcolm McDowell, el personaje de Samuel Loomis le quedaba mucho mejor a Donald Pleasence. El look sesentero con el que se viste al personaje en la primera parte de la película(sobretodo esa melenilla casposa)quizá tampoco ayude mucho. Le da más un aire de músico de Rock que de serio psiquiatra. Aunque en la segunda mitad su aspecto adquiere un tono más sobrio. Lo que, indudablemente, no deja de ser gracioso es ver a Malcolm haciendo de bueno, aunque sea acompañado de un Mágnum 357.

La que está lejísimos de acercarse a los registros dramáticos de su predecesora es Scout Taylor-Compton, convertida en una Laurie Strode mucho más anodina que la guerrillera Jamie Lee-Curits. Las comparaciones son odiosas, pero la industria cinematográfica americana nos obliga a hacerlas.

En definitiva, nos encontramos ante una obra que si bien está lejos del nivel de la película original de Carpenter, se rebela como un digno homenaje y una nueva muestra del buen pulso de Zombie tras las cámaras.



domingo, 1 de noviembre de 2009

HALLOWEEN RESURRECTION

“Halloween Resurrection”
Director: Rick Rosenthal
Guión: Larry Brand y Sean Hood
Intérpretes: Jamie Lee Curtis, Brad Loree, Busta Rhymes, Bianca Kajlich, Sean Patrick Thomas, Daisy McCrackin, Katee Sackhoff, Luke Kirby, Thomas Ian Nicholas, Ryan Merriman, Tyra Banks, Billy Kay, Gus Lynch, Lorean Gale, Marisa Rudiak, Brent Chapman, Dan Joffre, Haig Sutherland, Brad Sivhon, Kelly Nielson, Gary J. Runnicliffe, Ryan McDonald, Charisse Baker, Natassia Malthe, Kyle Labine, Rick Roshental, David Lewis, Chis Edwards, Michael McCartney, Ananda Thorson
(EE.UU, 2002)

Nota del autor: Espero que hayan pasado una buena Noche de Halloween, acompañados por una buena dosis de cine de terror y algún que otro dulce.
Siento haber demorado tanto el post hasta el punto de colgarlo pasada la señalada fecha. Errores infórmaticos imperdonables por mi parte han hecho que perdiera esta reseña y la dedicada a "Halloween. El origen". Reescrita la primera de ellas espero hacer lo propio con el remake de Rob Zombie lo antes posible.
Aviso: Cualquier atrevido que ose enfrentarse con esta abominable película absténgase de leer cualquier comentario aquí referido pues se destripa la película prácticamente al completo.

Sinopsis:

Laurie Strode se encuentra interna en un psiquiátrico tras matar a un policía creyendo que era su hermano Michael Myers. El psicópata había roto la faringe del hombre impidiéndole articular palabra en su defensa, después le había colocado su máscara propiciando la fatal confusión. La reclusión de Laurie no detendrá las ansias asesinas de Myers. Más de veinte años después continua acechando a su hermana hasta que consigue finalmente matarla.

Haddonfield se prepara para la noche de Halloween. El avispado productor, Freddy Harris, va a montar un show retransmitido por la red en el que un grupo de jóvenes han de pasar la noche de Halloween encerrados en la antigua casa abandonada que un día habitó Michael Myers a cambio de una jugosa cantidad en metálico. Sara Moyer, una estudiante de secundaria, es seleccionada para participar en el programa junto a sus compañeros Rudy y Jen. Una vez comenzado el “Dangerteinment” los tres jóvenes, junto a otros concursantes, serán testigos del lúgubre lugar donde Myers pasó su infancia. Todo está milimétricamente preparado por Freddy Harris para dar espectáculo a la audiencia a costa de asustar a los concursantes. El elemento sorpresa lo pone la irrupción del verdadero psicópata en escena quien irá aniquilando uno a uno a los participantes.

La única esperanza de los concursantes pasa por un amigo virtual de Sara que se encuentra a salvo fuera de la casa siguiendo las evoluciones del programa en directo. Será el único espectador consciente de la realidad de los terribles hechos que se están sucediendo en la morada de Myers. Sus mensajes a la PDA de Sara alertando de la posición del psicópata son la mejor arma para vencer a Michael Myers.

Comentario:

Rick Rosenthal volvía a dirigir una secuela de la franquicia veintiún años después, tras la realización de “Halloween II”, ya con una larga carrera en la televisión a sus espaldas. Sería la última película de Moustapha Akkad, responsable de todas las películas que forman la saga original, quien fallecería tres años después de estrenado el film.

Una de de las curiosidades de la saga Halloween es que las mejores películas son aquellas en las que aparece Laurie Strode. El grupo estaría formado por “Halloween”, “Halloween II” y “Halloween H20”. El comienzo de “Halloween Resurrection” es (dejando a un lado la trampa de guión que resucitaba nuevamente al personaje de Myers), desde este punto de vista, esperanzador. La imagen de una, aparentemente desquiciada, Laurie-Jamie Lee Curtis- Strode, vestida con pijama azul de interna y larga melena (no pocas coincidencias con el personaje de Sarah Connor en “Terminator 2”) hace a uno frotarse las manos ante la inminencia de un nuevo duelo fraticida en esta Tragedia Griega en clave de Slasher.


Las expectativas quedan pronto frustradas cuando a los guionistas les de por acabar con uno de los personajes más emblemáticos de la saga de manera atropellada. Quizá inspirados por el maestro Alfred Hitchcock quisieran emular el golpe de efecto conseguido por éste en su obra maestra “Psycho”, huelga decir que los resultados nada tienen que ver con los conseguidos por el orondo inglés. Si hay algo que pueda salvarse de esta secuencia quizá sea su continuación; en la que Myers se deshace de manera astuta del arma del crimen al tiempo que visita a un pintoresco interno del psiquiátrico que conoce de memoria la vida de todos los psicópatas que adornan la historia de U.S.A.


El terrible guión de la película, ya destripado en la Sinopsis, tras liquidar de manera inexplicable al personaje de Laurie Strode pretende hacernos (se supone) pasar miedo con la invención de una grotesca Casa del Terror que cuenta con Michael Myers como huésped de lujo. Hacía tres años que no se sabía nada del habitante más célebre de Haddonfield, y a juzgar por el estado de su abandonada morada no parece que hubiera pasado allí todo ese tiempo. Sin embargo, tras matar a su hermana, no se le pasan las ganas de derramar sangre y sin importarle que haya cámaras delante se dedica a descuartizar a cuanto jovenzuelo ande suelto por su casa.

Lo más sorprendente del caso es el grado de temeridad e inconsciencia que aqueja a la pequeña población de Illinois. Michael Myers se ha llevado por delante a buena parte del pueblo, ha demostrado que la muerte no es ningún problema para él y aún así la gente se lo sigue tomando a cachondeo y se encierran en su casa para hacer un reality show en la noche de Halloween.
Pero dejando a un lado el sinsentido absoluto del planteamiento de la historia en “Halloween Resurrection” hay por lo menos dos cosas aún más irritantes. A saber:

Una. Algo en lo que son especialistas los guionistas de la saga Halloween prácticamente desde sus inicios ; dejar por los suelos la reputación de Michael Myers. En la correcta “Halloween H20” se nos mostraba a un asesino frío, implacable, prácticamente indestructible. En esta entrega el personaje está, una vez más, totalmente desdibujado, se muestra irregular. Contrastan las primeras apariciones (más que solventes) en el psiquiátrico con las absurdas idas y venidas en el “Dangerteinment” (llegando incluso en una escena a obedecer las órdenes de Freddy Harris)

Dos. El insoportable personaje del productor, Freddy Harris (interpretado por el músico de Hip-Hop Busta Rhymes). Un afroamericano con un look de presentador de videos musicales, al que sólo le interesa obtener beneficios a través de su espectáculo. Si la cosa se quedara ahí tampoco sería tan terrible, lo peor es que el tipo se pasa toda la película haciéndose el gracioso y dando discursos edificantes al resto de personajes. Cualquier guionista con un mínimo de preocupación por la salud del espectador hubiera tenido la consideración de dejar en manos de nuestro querido asesino la rápida desaparición de éste individuo, pero en vez de eso tenemos que aguantar su presencia durante toda la película.


Teniendo en cuenta la nula calidad del guión sería injusto cargar contra el cast por su pobre aportación. La protagonista (con el permiso del egocéntrico Freddy Harris) de esta entrega es Sara Moyer (Bianca Kajlich). La chica mona, estudiosa y formal (¿estarían intentando crear una nueva Laurie Strode?). Su aliado al otro lado de la red es Myles, alias Dekar, interpretado por un soso Ryan Merriman. La ineludible ardiente pareja está formada por los personajes de Donna y el ligón de turno, Jim (encarnados respectivamente por Daisy McCrackin y Luke Kirby), quienes protagonizan una de las escenas de sexo más insípidas y absurdas que recuerde. En definitiva, nada destacable en una producción para olvidar. Ni siquiera la presencia de Tyra Banks meneando el culo al ritmo de la música en el estudio de realización antes de ser asesinada consigue animar la película.


Si hay algo positivo en la película es la forma en que está rodado el “Dangerteinment”. Cada uno de los concursantes va equipado con una microcámara, de esta manera los internautas podrán vivir en primera persona las emociones que éstos experimentan. Curiosamente es el mismo recurso utilizado en la reciente “Rec 2”, dónde el equipo de GEOS se convertía en los ojos y los oídos del espectador (quizá la vampirización de ideas funcione tanto de Este a Oeste como en sentido contrario). Aunque lo que en la película española era una seña de estilo utilizada hasta las últimas consecuencias en “Halloween Resurrection” se le saca un provecho bastante escaso en esporádicas ocasiones.


“Halloween Resurrection” consigue que pensemos que cualquier tiempo pasado fue mejor.



jueves, 29 de octubre de 2009

HALLOWEEN H20

“Halloween H20”
Director: Steve Miner
Guión: Robert Zappia, Matt Greenberg
Intérpretes: Jamie Lee Curtis, Josh Hartnett, Adam Arkin, Michelle Williams, LL Cool J, Jodi Lyn O’Keefe, Adam Hann-Byrd, Janet Leigh, Joseph Gordon-Levitt, Nancy Stephens, Branden Williams, Beau Billingslea, Matt Winston, Larisa Miller, Emmalee Thompson, David Blancard, John Cassini, Jody Wood, Lisa Gay Hamilton, Chris Durand, Tom Kane
(EE.UU, 1998)

Sinopsis:

Langdon, Illinois. 30 de octubre de 1998. La enfermera Marion Chambers, ex-ayudante del Dr. Loomis, regresa a casa después de su jornada de trabajo cuando se da cuenta de que alguien ha entrado en su domicilio y le ha robado los archivos de Michael Myers correspondientes a Laurie Strode. Comunica a dos vecinos adolescentes el incidente al tiempo que avisa a la policía, ante la tardanza del cuerpo de seguridad y tras la inspección de uno de los jóvenes decide finalmente entrar en casa, siendo brutalmente asesinada por Michael Myers, al igual que sus dos vecinos.

Summer Glen, California. Laurie Strode bajo el nombre de Keri Tate vive junto a su hijo, John. Su nueva vida como directora de un instituto de élite, la gran distancia que separa Summer Glen de Haddonfield y el largo tiempo pasado no le hacen olvidar aquella terrorífica noche de 1978. Luchando por acabar con sus temores, su adicción al alcohol y comenzar una vida nueva, tras fingir su propia muerte para huir de su hermano, se prepara para el decimoséptimo cumpleaños de su hijo. La misma edad que Laurie tenía cuando su hermano vino a buscarla.

La noche de Halloween se acerca y John quiere pasarla con sus amigos. Laurie que siempre había impedido a su hijo salir de casa en tan señalada fecha se plantea si es momento de enterrar definitivamente el pasado.

Comentario:

Steve Miner, director de la segunda y tercera entrega de “Viernes 13” volvía a realizar una secuela de una película de terror tras más de veinte años trabajando para la televisión, justo lo que volvería a hacer después de esta película.

“Halloween H20” recupera en parte la esencia (salvando las distancias) del original, más que del original (en realidad un film isla magnífico del cine fantástico con mayúsculas) de su digna continuación. Retomando acertadamente la historia veinte años después de lo ocurrido en la noche de Halloween de 1978 (acontecimientos narrados en la segunda entrega) se efectúa un ejercicio de actualización que si bien se antoja innecesario resulta, cuanto menos, vistoso para los ojos del aficionado.

El enorme éxito que supuso “Scream” (Wes Craven, 1996) propició un resurgir del Slasher a finales de los noventa, justo una década después de que la taquilla se hubiera cansado de él. Buena parte de culpa de ese boom inesperado por los psicópatas enmascarados la tuvo Kevin Williamson, encargado del guión. El libreto jugaba de manera astuta con los códigos y tópicos del subgénero, realizando una relectura desde el respeto sin dejar de lado la parodia. Los homenajes a las películas de la saga “Halloween”, están presentes desde la primera escena (desde la película que va a ver la precoz víctima hasta la resolución de la secuencia, claro homenaje a uno de los primeros asesinatos en “Halloween II”), no en vano el nacimiento de tan singular tipo de cine se produjo oficialmente con “Viernes 13”, obra deudora de la muy superior “La noche de Halloween” que, en mi opinión, transciende el género que se creó a partir de ella.




Era lógico, teniendo en cuenta el amor (financieramente hablando) que el guionista tenía por el género, que se lanzara a la producción junto a los hermanos (caza fortunas) Weinstein y Moustapha Akkad. La intención era recuperar una saga que había caído en el olvido. Además de haber mostrado solvencia en la elaboración del guión de “Scream”, Williamson, era un nombre que podía ser utilizado como reclamo para la taquilla.

Alejándose de la escasa personalidad que había mostrado Myers a partir de la cuarta entrega, el guión firmado por Robert Zappia y Mart Greenberg, recupera el frío y sigiloso psicópata que nos había aterrorizado en las dos primeras películas. La acción comienza fuerte desde el propio prólogo que además de solventar de manera contundente sus escenas con guiños a los primeros “Halloween” y a la propia “Scream” homenajea al gran Dr. Loomis de paso que nos sumerge de lleno en la historia, condensada de manera ágil en los títulos de crédito iniciales, que están aderezados, además, por las notas del inmortal score de Carpenter.

El relato se debate entre la tradición de las dos primeras películas, personificada en los personajes de Strode y Myers y la trama teen protagonizada por el hijo de Laurie, su novia y una pareja amiga. Sin asombrar con un desarrollo original, se respetan escrupulosamente las convenciones (¡a quien se le ocurre practicar sexo la noche de Halloween!) y no se escatima en litros de sangre. La narración es ligera y se sigue con comodidad, en ningún momento la película resulta aburrida e incluso tiene momentos de inspiración (la introducción del ascensor de comida en el Universo Myers, convirtiendo algo cotidiano en un elemento terrible). Incluso la relación de Laurie Strode con un colega, que podría haber optado por la sensiblería fácil, resulta bastante convincente aportando matices al personaje.

Tenemos ya dos de las causas que hacen de “Halloween H20” un producto muy superior, cinematográficamente (nostalgias aparte), a las películas realizadas a partir de la cuarta entrega (sé que soy pesado con la decadente trilogía, pero es necesario), a saber: El hecho de obviar por completo sus nefastas antecesoras directas y un guión capaz de contar una historia fresca respetando a la vez las convenciones del género. El tercer elemento es la recuperación de Jamie Lee Curtis, en el rol de una luchadora Laurie Strode veinte años después de vérselas cara a cara con su hermano.

La disciplina y el proteccionismo a la que somete a su hijo, (interpretado por Josh Harnett antes de convertirse en un sex-symbol de Hollywood) es lógica teniendo en cuenta el historial de bajas familiares. No podemos olvidar tampoco que Laurie Strode era una estudiante ejemplar en el filme de Carpenter, con lo que situarla como directora de un colegio de élite tras dos décadas resulta más que coherente.

Jamie Lee Curtis compone un personaje de una fuerza arrolladora. Una madre, abandonada además por su esposo (adicto a la metadona, para más señas), que es capaz de compaginar un trabajo de gran responsabilidad con la educación de su hijo, sin dejar de luchar, cada día, con los fantasmas del pasado.




El nervio que imprime la actriz llega a su cima cuando su hermano finalmente vuelve a aparecer en su vida. Convertida en una madre coraje harían falta muchos Michael Myers para tocar un pelo a su hijo. Apenas quedan restos de la joven e inocente Laurie que Michael visitó veinte años atrás, el personaje, en su madurez, recuerda antes a Linda Hamilton en la piel de Sarah Connor, con la que compartirá incluso su histerismo y su violencia en la salvaje escena final.

La recuperación de este genial personaje, adecuadamente madurado y exquisitamente interpretado, contrasta con la inevitable pérdida (así es la vida) del Dr. Loomis. Afortunadamente nadie osó a contratar a otro actor para desarrollar el rol que Donald Pleasence desarrolló de manera excelente a lo largo de cinco películas, en las que, a pesar del bajo nivel de alguna de ellas, siempre tuvo un gesto, una frase, para demostrar su valía.

En el resto del elenco destaca Josh Harnett, dando vida al hijo de Laurie Strode. El papel, aunque de entrada pueda parecer de suma importancia, sólo sirve en realidad como contrapunto a la del personaje de la madre que se erige como única protagonista, con el permiso de su hermano, claro. Janet Leigh aparece como empleada del colegio y tiene una breve conversación con Laurie Strode en la que podemos ver al fondo su antiguo vehículo mientras suena la banda sonora de “Psycho”. Un regalo para los cinéfilos. El reparto adolescente no aporta mucho a excepción de un montón de cadáveres, como es norma, y la presencia de Will Brennan como pareja de Laurie Strode no deja de ser un complemento al único personaje que brilla con luz propia.

Sin ser una gran película, “Halloween H20” es un Slasher correcto que sirve para pasar un rato agradable a los nostálgicos de las primeras películas y a los fans del cine de terror adolescente. Eso sí no esperen la incorrección política propia de los años ochenta ni el despelote festivo, la película es hija de su tiempo y mandan los niños pijos y la formalidad.


martes, 27 de octubre de 2009

HALLOWEEN 6. THE CURSE OF MICHAEL MYERS


“Halloween 6. The Curse of Michael Myers”
Director: Joe Chappelle
Guión: Daniel Farrands
Intérpretes: Donald Pleasence, Paul Rudd, Maianne Hagan, Mitch Ryan, Kim Darby, Bradford English, Keith Bogart, Maiah O’Brien, Leo Geter, J.C. Brandy, Devin Gardner, Susan Swift, George P. Wilbur, Janice Knickrehm, Alan Echeverria, Hildur Ruriks, Sheri Hicks, Tom Proctor, Bryan Morris, Lee Ju Chew, Raquelle Anderson, Kritine Summers, Elyse Donalson, A. Michael Lerner
(EE.UU, 1995)

Seis años después de las últimas tropelías del desdibujado Myers, al que habíamos visto incluso llorar en la infame “Halloween 5”, Moustapha Akkad, vuelve impunemente a producir un producto cuya desvergüenza deja en mera anécdota el desaliñado producido a raíz de la segunda entrega.

“Halloween 6” cierra una de las sagas que forman la irregular franquicia. Enlaza directamente con el psicotrónico origen de la maldad de Myers que comenzaba en la cuarta entrega, continuaba en la quinta y llegaba a la cima del esperpento con la construcción de la gratuita e innecesaria mitología creada en esta película.

Dando por sentado que el que haya llegado hasta aquí y esté dispuesto a leer la reseña está familiarizado con el Universo Myers, ha visto ya todas las películas de la saga e incluso habrá ido leyendo todas las reseñas de las películas anteriores, me permitiré la licencia de destripar completamente (o casi) el argumento de esta entrega en la sinopsis.

Aquellas personas que no hayan visto la película y tengan deseos de verla ruego se lo piensen dos veces antes de sumergirse en este aberrante laberinto de endogámicas pasiones sangrientas. Si quieren ahorrarse el suplicio pueden leer este resumen que es bastante más rápido que desperdiciar hora y media en el visionado de la cinta o, si son tan valientes e inconscientes como un servidor pueden armarse de valor, pasar de esta redundante reseña y ver esta obra maestra no intencionada del peor cine que nunca habían osado imaginar.

Añadir que esto no es un ejercicio de SPOILER gratuito. Sencillamente creo que en el delirio y desfachatez del guión de éste Halloween se encuentra condensado lo peor y lo mejor de la película y de la propia franquicia a partir de la segunda entrega. El culebrón Michael Myers se ha salido tanto de madre que el personaje ha acabado convirtiéndose en una caricatura, un personaje más cercano al papel del cómic que al celuloide.

Toda la genealogía de personajes, desde los Myers hasta los Strode pasando por los amigos y familiares de ambas familias que han sido víctimas de la rabia de Michael, y el cuasi eterno Dr. Loomis como némesis del enmascarado se unen de una u otra manera en esta entrega que pone fin al delirio con una explicación al origen de Michael Myers que ríanse ustedes de los simplones orígenes de Lobezno.

Origen que queda plenamente explicado, bien masticadito, al final de la película y que me reservo, pues considero que eso si que hay que verlo para creerlo. Sólo comentar que consiguen convertir al pobre Myers de lobo a corderito en un abrir y cerrar de ojos, para luego volver a convertirlo en lobo. De todas formas tampoco hay que tomarse muy en serio esta conclusión pues en la siguiente película, “Halloween H20”, la saga vuelve a entroncar con la segunda entrega, desechando, acertadamente, todo lo realizado a partir de la cuarta.


Valorar cualquier aspecto técnico o artístico de la producción me parece absolutamente superfluo teniendo en cuenta que la auténtica fuerza, perdón, la auténtica risa de esta película reside en el asombroso culebrón que rodea la vida (anti)social de Michael Myers. Sin más demora, entremos en materia.

Sinopsis:

30 de octubre de 1995. Jamie, la sobrina de Michel Myers lleva seis años presa de una extraña secta dedicada a la magia negra, desde que su tío escapó de prisión ayudado por un misterioso hombre de negro. Acaba de dar a luz a un niño y ayudada por otra secuestrada consigue escapar. El líder del grupo ocultista envía a un esbirro tras sus pasos que resulta ser… ¡Michael Myers!

Haddonfield se prepara para Halloween. En la antigua casa que Myers gusta visitar en tan señalada noche viven Kara y su hijo Danny, miembros de la familia Strode, junto a sus padres. En la casa de enfrente un joven está obsesionado con la figura de Myers. Se trata de Tommy Doyle, el niño que Laurie Strode cuidó aquella terrorífica noche de 1978.

La figura de Myers se ha hecho tan famosa que un programa nocturno de una radio local le dedica su emisión. El Dr. Loomis, ya retirado, se encuentra a la escucha, así como Kate y Tommy (se ve que la noche en Haddonfield no es muy animada si Myers no anda suelto), cuando Jamie, resguardada en la estación de autobuses llama histérica al programa pidiendo auxilio. La pobre sobrinita no conseguirá su objetivo y acabará trinchada por una afilada máquina en un cobertizo con la inestimable ayuda de su tío. Sin embargo su llamada sirve para poner en alerta al intrépido Loomis, que unido a su amigo, el Dr. Wynn, intentará una vez más asesinar al psicópata. Sobre todo después de que Tommy quien encontró al bebé de Jamie con vida antes de que lo hiciera el psicópata le ponga en alerta.

Paralelamente, Danny, que es sólo un niño comienza a tener visiones en las que (el más que cargante) hombre de negro le arenga para que comience a matar a la gente.

Noche del 31 de octubre. El popular locutor radiofónico se presenta en Haddonfield y pretende grabar su programa en la antigua casa de Myers, dónde ahora viven los Strode, que previamente han sido liquidados por el psicópata. El reguero de asesinatos comienza en la desesperada ansia de Myers por recuperar el bebé. Cuando por fin Kate, Danny, Loomis y Tommy consiguen ponerse a salvo los miembros de la secta les descubren arrebatándoles nuevamente el bebé, pieza crucial para sus oscuros planes. Michael Myers como supondrán no se estará quieto y será el protagonista del rocambolesco desenlace.

Pues bien, más o menos éste es el resumen de lo acontecido en este nuevo asalto de The Shape a las pantallas. El responsable de esta cima de la indecencia es Joe Chapelle, quien después dirigiría “Hellraiser: Bloodline” y desde el año 2002 viene produciendo y dirigiendo capitulos para la serie “C.S.I. Miami”.

La necesidad de buscar un origen al mal innato en Myers es la principal causa que hace naufragar la saga desde su segunda entrega. En un intento del más difícil todavía, ésta última parte del peculiar desafiado cae en el ridículo más absoluto al mezclar magia negra, ritos celtas, ciencia y una trama conspiratoria para explicar el origen del personaje de Myers. El desinterés por la trama sobrevuela toda la película en una cinta, por otra parte, rodada con bastante desgana.

Únicamente la presencia de Donald Pleasence en la última encarnación del Dr. Loomis (moriría poco después de finalizado el rodaje), quien respira un aire crepuscular propio del escepticismo que ha ido creciendo tras años de lucha contra Michael Myers, justifica el visionado de esta entrega en la que los niveles de aburrimiento, truculencia barata y el tramposo guión erigen esta obra como la peor, se dice pronto, en la filmografía de “Halloween”.

Nada que rescatar en el resto del plano reparto, ni siquiera se nos obsequia con aquellos gratificantes desnudos tan recurrentes en los ochenta. Los mojigatos noventa hacían aparición en la saga, al igual que en su, aún más, encorsetada sucesora… Aunque eso ya es otra historia.



Pregunta de examen ¿De quién es el hijo de Jamie?. ¡Hagan sus apuestas!


lunes, 26 de octubre de 2009

CARRIERS (INFECTADOS)

“Carriers”
Directores: Álex Pastor, David Pastor
Guión: Álex Pastor, David Pastor
Intérpretes: Chris Pine, Piper Perabo, Lou Taylor Pucci, Emily VanCamp, Christopher Meloni, Dylan Kenin, Dale Malley
(EE.UU, 2009)

Sinopsis:

Cuatro jóvenes conducen por las inmensas y desiertas carreteras del Oeste americano en lo que parece un viaje de fin de semana, hasta que un individuo con el coche atravesado en mitad de la carretera les impide pasar y les pide gasolina. Su hija, en el interior del vehículo, está infectada de un virus que ha acabado prácticamente con toda la población. Los jóvenes, aún sanos, se muestran reticentes y esquivan el vehículo hasta que la rotura de su depósito les hace dar marcha atrás. Llegan a un acuerdo por el que, a cambio del coche, deberán acompañar al hombre y su hija hasta un hospital donde, según dicen, han encontrado remedio a la enfermedad. Los jóvenes pretenden llegar a un motel situado en una playa del Golfo de México, dónde creen que podrán mantenerse aislados hasta que se acabe la infección o la gente.

Debut en el largometraje de los hermanos catalanes Álex y David Pastor bajo una producción Paramount Vantage. Meteórica carrera la que llevan estos cortometrajistas. El debut de Álex en el corto lo supuso su proyecto para fin de carrera en la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya), titulado “Larutanatural”. El trabajo le valió para hacerse con el galardón a mejor corto internacional en Sundance y ser nominado a los Goya. Su hermano, David, había dirigido el cortometraje “Movie (theatre) heroe” por el que logró el Coca Cola refreshing filmmaker´s award..

“Infectados” escoge coherentemente la road movie (¿que haríamos nosotros ante una pandemia que ha asolado a toda la población más que huir en busca del lugar más seguro?) para narrar el drama personal de sus personajes protagonistas. Dos hermanos, Brian y Danny, que recuerdan sus días de infancia felices en una playa del Golfo de México dónde solían surfear todo el día y adonde quieren ir ahora en busca de seguridad. El complemento lo ponen Bobby, la novia de Brian, contrapunto emocional de éste, y Kate, amiga de Danny que utiliza al joven para conseguir sus objetivos a sabiendas de que está prendado por ella.


Estos personajes, aún respondiendo a unas características típicas del cine de terror adolescente (la relación entre el hermano mayor, dominante-impulsivo, y el menor, retraído-cerebral, ha sido representada por el cine más comercial en producciones tan recientes como “Aullidos”. Nick Mastandrea, 2006), se encuentran bien definidos y tienen cosas interesantes que decirse huyendo del estereotipo puro y duro. Los realizadores, también responsables del guión, juegan sabiamente con el carácter de los personajes haciéndolos evolucionar a medida que avanza la historia, enfrentándolos cada vez a nuevas y más complicadas dificultades. Muy gratificante es como se resuelven las inevitables infecciones que se irán produciendo dentro del grupo, huyendo de la clásica destrucción a la que nos tiene acostumbrados el cine de zombies.

La sociedad apocalíptica que se describe, o más bien se intuye, en la película ha sido representada en incontables ocasiones tanto en cine como en literatura, a la memoria nos pueden venir clásicos como “El último hombre vivo”, “El último hombre sobre la tierra”, (ambos films basados en la novela “Soy leyenda”); la saga “Mad Max”; o títulos más recientes como “28 días después” o la película de inminente estreno “La carretera”, basada en el relato homónimo de Corman McCarhty.

Todos estos títulos tienen en común la permanente sensación de peligro que nos transmite un planeta que antes nos parecía tan seguro. Los lugares antaño tan familiares se tornan en espacios despersonalizados y amenazantes. Esta sensación de habitar en mitad del caos, en un mundo que ya no se rige por leyes, únicamente por la única que la naturaleza impone: la ley del más fuerte, está presente en la película en contados pero intensos momentos.

Al comienzo del filme, cuando Frank pide gasolina con su vehículo atravesado en mitad de la carretera nos damos cuenta, a través de los rostros de pánico de los cuatro jóvenes, del inseguro lugar en el que se ha convertido su mundo. La máxima sensación de pánico la experimentamos en el episodio en que los jóvenes encuentran un lugar seguro en un hotel de lujo hasta que sus propietarios llegan y están a punto de hacer con ellos algo similar a lo que ocurría en “28 días después” cuando los protagonistas acuden a la fortificación militar. Un guión inteligente que bordea pero evita los lugares comunes resolverá la situación de manera bien diferente.

Los instintos primarios afloran sacando lo peor de cada individuo (estremecedora secuencia en la que se produce un tiroteo en mitad de la noche mientras Danny y Kate están sentados al calor del fuego. Mucha atención al detalle xenófobo). De esta manera la espiral de horror y violencia va creciendo a medida que la situación del grupo vaya empeorando (lógica pérdida de combustible, cansancio, hambre, infecciones), así como los inevitables reproches personales, como consecuencia del desgaste que producen los días de viaje juntos. Derivando todo en un tercio final de película demoledor, sin concesiones, absolutamente realista. Los personajes dejan a un lado sus caretas sociales mostrándose tal y como son. El grado de crudeza de sus actos va en consonancia con la sociedad que les ha tocado vivir. La honestidad de los realizadores no podría ser mayor en el tratamiento de la violencia, nada es gratuito, todo es absolutamente coherente, e incluso, necesario, en su descarnado contexto.




La inmensidad de los territorios por los que, geográficamente, transita la historia, hace indispensable la utilización de panorámicas para sacar partido a esos paisajes del Oeste americano tan característicos del Western. Sin llegar al preciosismo de películas como (“Las colinas tienen ojos”. Alexander Aja, 2006), Álex y David Pastor escogen los encuadres necesarios para transmitir la naturaleza de ese inabarcable paisaje convertido en un protagonista más. La correcta fotografía sabe escoger un tono realista, huyendo de la luminosidad tan en boga actualmente, dándole al filme un acertado tono cercano al documental.

En la línea general de la cinta, que huye del efectismo, la labor del maquillaje contribuye a ese aspecto realista de la producción. Las consecuencias de la infección no caen en la exageración ni buscan la repulsión en el espectador, todo está contenido, como ese magnífico final abierto que sin artificio alguno nos deja esa sensación de incertidumbre, de vacío.

Uno de los grandes aciertos de la cinta, que la convierte, al menos, en algo diferente, es no entrar en explicaciones sobre el posible origen de la infección, ni siquiera mostrar las terribles consecuencias a gran escala, sencillamente centrarse modestamente en la historia personal de unos pocos personajes. A través de su particular viaje el espectador se hará una idea de la magnitud de la catástrofe con la única compañía de alguna solitaria emisora de radio local en la que cada canción podría ser la última.

Ese intimismo convierte a “Carriers” en una película diferente. Sin llegar a tener una personalidad tan marcada para considerarla una obra de autor, parte de una bases genéricas para transitar lugares más cercanos al drama que al cine de terror adolescente. Triunfando como una propuesta sólida no carente de originalidad en el saturado panorama del subgénero post-apocalítico.



jueves, 22 de octubre de 2009

HALLOWEEN 5. THE REVENGE OF MICHAEL MYERS


“Halloween 5: The Revenge of Michael Myers”
Director: Dominique Othenin-Girard
Guión: Michael Jacobs, Dominique Othenin-Girard, Shem Bitteman
Intérpretes:Donald Pleasence, Ellie Cornell, Beau Starr, Dton, Danielle Harris, Karen Alston, Betty Carvalho, Wendy Kaplan, Jeffrey Landman, Mathew Walker, Don Shanks, Fenton Quinn, Troy Evans, Patrick White, Angela Montoya, Jack Noth, Russ McGinn, Jon Richard Platten, Jay Bernard

Sinopsis:

Haddonfield. Noche de Halloween de 1988. La acción comienza poco antes del final de “Halloween 4”. Myers es ametrallado por la policía hasta que cae en una mina que es dinamitada, pero el psicópata consigue escapar hasta un río, sin ser visto, hasta llegar a la casa de un ermitaño que vive cerca del lugar. El hombre lo recibe sin sorprenderse demasiado. Myers cae en coma.

Haddonfield. Halloween. 1989. Jaime, la sobrina de Myers que apuñaló a su hermanastra, Rachel, en la conclusión de la anterior entrega está interna en un sanatorio mental. Paralelamente, Michael despierta de su coma, mata al ermitaño y comienza a buscar a Jamie para asesinarla. El Dr. Loomis es el único capaz de impedir que Myers acabe con la vida de su sobrina. El asesino anda suelto y un extraño hombre de negro sigue sus pasos.

Moustapha Akkad volvía un año después con una nueva entrega de su franquicia dejando esta vez la realización en manos del director suizo Dominique Otherin-Girard, cuya obra, salvo este “Halloween 5” y la tv movie “The Omen IV. The awakening”, desarrolló íntegramente en Europa.

Como muestra la sinopsis, las cotas de delirio de la saga comienzan a alcanzar niveles preocupantes que alcanzarán su clímax en la psicotrónica sexta entrega. El comienzo, al más puro estilo survival, es una buena muestra de la aventura sin complejos que nos espera. La forma en que el psicópata consigue escapar de la mina una fracción de segundo antes de la explosión, al más puro estilo John Rambo resulta, cuanto menos, cómica. Pero menos creíble aún es cuando Myers arriba a casa del ermitaño, emulando a Frankenstein, para caer acto seguido en coma ante la compasiva mirada del buen samaritano.

Estos primeros minutos que podrían catalogarse como fallidos si evaluamos el producto como un filme de terror resultan en realidad de lo más divertido teniendo en cuenta que nos encontramos más ante una película de aventuras. Las forzadas continuaciones de la saga con insostenibles hilos argumentales han hecho que el personaje pasara de ser la encarnación del mal a una mascota que entretiene al público. El espectador tipo del filme no llega por casualidad a “Halloween 5”, conoce las anteriores películas y ha disfrutado con ellas. El slasher cultivado en la segunda y cuarta entrega se abandona en esta ocasión. Este filme se acerca más al cómic de terror adolescente, totalmente desprejuiciado.

La seriedad argumental nunca ha sido una virtud de la franquicia pero aquí llegamos a límites que son incluso sorprendentes dentro de la saga. La sobrina del psicópata, Jaime, que recordemos había apuñalado a su hermanastra, se encuentra interna en un sanatorio mental, hasta ahí bien. Pero, ¿adivinan quien viene a visitarla?...¡su hermanastra, Rachel! ¡pero si la había apuñalado en la película anterior!. Pues bien, además de no tener ni una marca de las puñaladas (hay escena de ducha, señores), sigue siendo tan amiga de su hermana adoptiva, ¡como si tal cosa!.

El Dr. Loomis parece tener las cosas más claras y no se fía de la endemoniada criatura a la que trata con severidad en sus esporádicos accesos que la conectan mentalmente con su tío. El personaje que interpreta nuevamente con oficio Donald Pleasence está más cerca que nunca de la locura fruto de su infatigable cruzada contra Myers. Esta obsesión del Dr. con el asesino de Haddonfield nos proporcionará hacia el final de la película uno de los momentos más bizarros de la saga, cuando Loomis intenta razonar con su ex-paciente haciéndole ver que su rabia no desaparecerá por matar a su sobrina. Creo que todos se pueden imaginar la reacción de Myers.

Aunque si realmente hay que premiar una escena como la más bizarra, imprevisible o directamente sin sentido es la que cierra la película, que prefiero no desvelar (se mencionará en la sinopsis de “Haloween 6”, pues la acción de esta entrega parte del final de la anterior) por si alguien por ahí aún no la ha visto y tiene intenciones de hacerlo. Recomiendo verlo para creerlo. Lo único que diré es que resulta magnífica por su caradura, no busquen explicaciones lógicas que no las hay. Estamos ante un final del tipo “Porque me sale de los cojones”. Al cachondo de Ed Wood Jr. se le concedió el cetro de peor director de la historia del cine por acabar una película con una explosión por exigencias del productor, entre otras cosas, pero nadie se acuerda del gran Dominique Othenin-Girard y su inquietante final de “Halloween 5”... ¡injusticias del cine fantástico!.

Entre el principio y el desenlace de las películas suelen ocurrir cosas, normalmente a esa parte intermedia se la conoce con el nombre de nudo o desarrollo. Teniendo en cuenta que estamos ante una entrega de Halloween lo único que ocurre, como todos supondrán, es que el plantel de personajillos de turno van siendo asesinados por Michael Myers mientras el Dr. Loomis le busca y trama un plan para frenarle.


El grupo de descerebrados con los que el terror de Haddolnfield se dará el festín en esta ocasión lo forman el grupo de amigos de Rachel. Además de ella, a la que nuevamente da vida Ellie Cornell, nos encontramos con Tina, la amiga cañera, aficionada a los chicos malos y a las fiestas, (ya sabemos que no tiene mucho futuro en esta historia); su novio Mikey, el duro del pueblo, siempre con su descapotable resplandeciente y su inseparable chupa de cuero (en una escena el pobre Jonathan Chapin, actor que encarna el personaje está chorreando de sudor debido al calor que debía de producirle la prenda); y una pareja amiga: Samantha y Spitz. Los jóvenes enamorados nos proporcionarán la indispensable escena calentorra en un pajar. La inexperta joven debió esperar a que pasara Halloween para estrenarse, pues andando por ahí suelto Tito Myers las probabilidades de fornicar sin acabar atravesado por algún acero son absolutamente nulas. La bellísima Tamara Glynn da vida a la desafortunada Samantha que adereza sus encantos con lencería roja en una noche la que su sangre no será la única en ser derramada.


La sangre, precisamente, es uno de los alicientes de esta película. Tras los asépticos asesinatos del filme anterior Myers vuelve a sacar la mala leche y la imaginación que lleva dentro para ensañarse de manera gratuita y con refinado gusto con los incautos adolescentes. Tira de tridente o de lo que haga falta para trinchar a sus víctimas y continúa dando lecciones de conducción al personal. Espectacular la escena en la que persigue a Jamie por el bosque ¡en coche! La cámara situada en el interior del vehículo sitúa al espectador en primera persona como si estuviera jugando a un Need for Speed en que el objetivo fuera atropellar personas.


Por lo demás la película bordea el delirio en todo momento, especialmente con las apariciones de ese misterioso personaje vestido de negro. Aunque la matanza adolescente continúa estando presente aportando puntuales momentos de slasher, la historia se decanta, cada vez más, hacia el culebrón Myers-Loomis llegando al paroxismo en esa vergonzosa escena en la que el Dr. cree que Michael va a entrar en razón. El amago de humanización del personaje cuando Jamie habla con él (de nuevo Frankenstein) da pie a una intensa persecución por la vieja casa abandonada de Myers que se convierte en lo más destacado de la película. Lástima que todo se lastre con esa forzada escena adicional.



martes, 20 de octubre de 2009

REC 2

“Rec 2”
Directores: Jaume Balagueró, Paco Plaza.
Guión: Jaume Balagueró, Manu Díez
Intérpretes: Manuela Velasco, Jonatha Mellor, Alejandro Casaseca, Óscar Zafra, Pau Roch, Pep Molina, Juli Fábregas, Carlos Olalla, Álex Batllori, Raul Moya Juarez, Ferran Terraza, Javier Botet, Pablo Rosso, Andrea Ros, David Vert, Ariel Casas, Martha Carbonell, Ana Isabel Velásquez, Nico Braixas.
(España, 2009)

Sinopsis:

Un grupo de GEOS, acompañados por un inspector de sanidad, se introduce en el bloque de edificios del Eixample dónde unos minutos antes habíamos visto por última vez a la reportera Ángela Vidal. La alarma les había avisado de una infección pero una vez en el interior del inmueble se darán cuenta de que les habían engañado. El edificio se encuentra sellado, nadie puede entrar pero tampoco salir. Tan sólo la erradicación de la supuesta infección les permitirá salir de allí.

Hace dos años que “Rec”, obra conjunta de dos de los directores españoles más reconocidos en el terreno fantástico, sorprendía a medio mundo con su arriesgada propuesta visual que nos sumergía de lleno en el terror. Además de la dinámica utilización de la cámara al hombro, su esquemático argumento era una base idónea para introducir al espectador en una desquiciante subida a los infiernos. Lo que en principio era un documental para un programa local sobre la cotidianidad del día a día en el parque de bomberos se convertiría en un auténtico infierno cuando una alarma avisaba de un incidente en el interior de un edifico del Eixample barcelonés. La cámara de televisión era el imperturbable testigo que nos iba narrando el estupor que la reportera Ángela Vidal, el equipo de bomberos y una comunidad entera de vecinos experimentaban ante cada nueva atrocidad que contemplaban. Una extraña infección de origen desconocido transformaba a los contagiados en lo que parecían zombies sedientos de sangre.

El horror iba en aumento ante cada nuevo episodio de locura. Un edificio sellado en el que las bajas humanas se iban sucediendo y el ejército de infectados continuaba creciendo. El descubrimiento del ático plagado de recortes de periódico que hablaban de una tal niñas Medeiros y de investigaciones del Vaticano ponía la truculencia necesaria para transformar la trama de acción sangrienta en un oscuro e inquietante relato de ocultismo. La aparición del pútrido personaje en la última escena y la desaparición de Ángela en la oscuridad sería uno de los momentos más altos del fantástico en los últimos años.

“Rec” se convirtió en un auténtico fenómeno de masas con todo merecimiento, sus responsables supieron aprovechar un recurso ya utilizado en el cine de terror (“Holocausto Canibal”, “El Proyecto de la Bruja Blair”, “My litlle eye”), la cámara al hombro que uno de los personajes porta, narrando con nervio una refrescante historia de terror. El éxito de taquilla en España fue inmediato, en EE.UU. gozaría de una digna exhibición que le permitiría arrancar otro pellizco a la taquilla norteamericana además de vender los derechos para el remake americano, “Quarantine”.

Numerosos foros de internet se hacían preguntas y elaboraban teorías sobre la niña Medeiros, querían saber más. La película mostraba toda aquella imaginería esotérica sin dar explicación del oscuro secreto que encerraba el ático, el espectador tenía la misma información que los personajes. No podía quedar ahí, el público, o al menos un gran número de aficionados, quería saber más. Sus directores, al tanto de la expectación que habían despertado sus pinceladas sobre el origen de la infección, escucharon las reclamaciones del famdom (y las de sus bolsillos, claro) y decidieron llevar a cabo una secuela en la que se indagara sobre el popular personaje de la niña Medeiros.


Apostando por la misma estética de su predecesora pero añadiendo, a su vez, nuevas perspectivas a través de las cámaras que llevan los policías en sus cascos y la handycam de un trío de adolescentes los directores abandonan la sorpresa, imposible de mantener tras el shock que supuso el original, para agudizar las dosis de truculencia en un viaje por derroteros fantásticos más tradicionales (posesión demoníaca, realidades paralelas).


El comienzo de “Rec 2” crea grandes expectativas, con ese recurso que tan sabiamente utilizaba el maestro Alfred Hichtcock, en el que el espectador sabe el terrible peligro que corren los protagonistas (todos los que hayan visto “Rec” saben lo que ocurre en el interior del bloque y la suerte que espera a toda persona que se adentre), lo que facilita la sensación de angustia e inquietud nada más comenzado el relato sin dar un momento de tregua, ni siquiera para presentar a los personajes. Quizá sea mejor así, para que encariñarse con ellos si tarde o temprano les van a dar pasaporte de manera cruenta y/o expeditiva, según las necesidades narrativas. No tenemos más que echar un ojo a las filmografías de los responsables para descubrir los finales apocalípticos de los que gusta Jaume Balagueró y, en menor medida, su colega Paco Plaza.


Tras endulzarnos con ese delicioso caramelo envenenado que supone el punto de partida, sobre todo tras desvelar una de las principales sorpresas de esta secuela WARNING SPOILER!! (el supuesto inspector de sanidad que entra en el inmueble junto con el equipo de policías es en realidad un sacerdote enviado por el Vaticano para conseguir una muestra de sangre de la niña Medeiros que permita acabar con la infección!!), la película comienza a perder intensidad. La causa fundamental del desinterés en el que poco a poco va cayendo el relato está, a mi modo de ver, en la base. El guión, reducido prácticamente a su nimio argumento, funcionaba perfectamente en la primera película porque para el espectador todo era nuevo. Nadie sabía lo que ocurría en aquel edificio: el origen de la infección, lo que sucedería a los personajes, que oscuro peligro acechaba tras cada puerta, como iban a plasmar los directores cada ataque de los infectados. La sensación de vértigo era constante, estábamos en un tren del terror del que no podíamos ni queríamos bajarnos, por muy mal que lo estuviéramos pasando. La accidentada grabación de la única cámara a través de la que vivíamos en primera persona la historia manipulaba nuestras emociones, nos hacía pasar miedo.


Como en cualquier atracción de feria la emoción del primer viaje, del primer descenso al vacío, es inigualable. La segunda vez ya nada parece igual, agotada nuestra capacidad de sorpresa nos bajamos, una vez finalizado el viaje, pensando que quizá no deberíamos haber subido. Algo parecido pasa cuando sales del cine tras ver “Rec 2”, no hay nada que nos transmita ese vértigo, esa sensación de miedo a lo desconocido, al abismo. La historia de la niña Medeiros no aumenta nuestro temor a través de una excesiva explicación de su origen, esa que tanto gustan las peores producciones usamericanas, todo lo contrario. Los apuntes de la primera parte, a través de la ambientación del macabro ático eran mucho más efectivas.


Era obvio, por otra parte, la dificultad que tenía volver a asustar a través de las apariciones de los infectados. De ahí la apuesta por el origen sobrenatural del virus que asedia el edificio. Tomando como claro referente dos títulos tan señalados como “The Exorcist” de William Friedkin y “Night of the living dead” de George A. Romero, el filme intenta introducir mayor truculencia a través del origen diabólico del mal que asola el edificio. La influencia de los clásicos mencionados va más allá de lo puramente temático, (de la obra de Friedkin se copia hasta el lenguaje blasfemo), plasmando esa naturaleza cínica tan característica del cine de los setenta. No obstante el resultado final de la obra se encuentra muy lejos de la crudeza de los originales en los que se apoya. A pesar de contener alguna que otra escena en la que se llega hasta el límite de lo políticamente correcto (aunque sea en fuera de plano) nunca se supera esa barrera que en su día rompieron otros títulos del fantástico español como “¿Quién puede matar a un niño?” del inigualable Narciso Ibañez Serrador.


El problema de tomar prestados títulos rodados entre los años sesenta y los ochenta (el homenaje a “La Cosa” de Carpenter en la toma de las muestras de sangre) es que la industria del cine fantástico actual está en pañales al lado de sus ilustres antepasados. La amoralidad mostrada en los cines durante la década de los setenta es impensable de presenciar hoy día. Estamos en la dictadura de lo políticamente correcto, dentro de la ficción, claro. Pero los aficionados al fantástico hemos disfrutado y seguimos disfrutando (a través de las nuevas tecnologías digitales) aquellas obras que mostraban sin tabúes, algunas veces por pura necesidad, otras buscando simplemente escandalizar, todo tipo de atrocidades en pantalla. Lógicamente la película de Plaza y Balagueró poco sobresalto o temor nos puede provocar, quizá lo haga a los espectador más jóvenes o menos curtidos pero al aficionado lo único que puede provocar, en el mejor de los casos, es una leve sonrisa.


Lo que ya no provoca tanta gracia es la baja calidad del guión a pesar de que sea un mero vehículo para conducir en la sorpresa final. Los personajes del primer “Rec” estaban bien construidos, el espectador podía identificarse con ellos e interactuaban correctamente. En la secuela ningún personaje, salvo quizá el histriónico sacerdote que parece sacado de un cómic de la E.C., tiene una personalidad definida. Especialmente preocupante es el grupo de adolescentes que atropellan sus frases en un capítulo que resta ritmo a la historia con el único pretexto de introducir una nueva cámara que sirva como testigo. Sin culpar a los actores, con ese guión y esos diálogos poco podían hacer, el nivel interpretativo es, en general, prácticamente nulo. Sorprende especialmente Manuela Velasco cuya brillante interpretación de la reportera Ángela Vidal era uno de los puntos fuertes de la primera entrega y que aquí está muy poco creíble en su aparición en el giro final (que recuerda bastante a “Fallen”de Gregory Hoblit).


Desconcertante es también ese extraño aire humorístico, no sé si intencionado, que recorre la película por momentos (la escena con el tocadiscos reproduciendo “Suspiros de España” es de lo más bizarre) que impide tomarse la película demasiado en serio, a pesar de que la presencia de la niña Medeiros con ese acertado recurso de visión a través del nightshot de la cámara nos congele la sonrisa los momentos en los que aparece. Justo es reconocer que hay otros momentos de risa histérica, en los primeros compases, que cumplen perfectamente su cometido (el policía argentino riéndose, negándose a aceptar la evidencia del origen sobrenatural del peligro).


Lo mejor es tomarse la película con espíritu lúdico, olvidándonos del miedo que nos provocaba el tren de la bruja cuando éramos niños y disfrutando de una sesión divertida de Grand Guiñol a través de una historia sin pretensiones. Después de todo, ¿cuando hemos podido ver una secuela de una película fantástica española de éxito? No lo estropeemos y demos otra oportunidad a Balagueró y Plaza. El final deja inequívocamente abierta la puerta para la tercera entrega. Quizá en la próxima ocasión retomemos los miedos de antaño.

jueves, 15 de octubre de 2009

HALLOWEEN 4: THE RETURN OF MICHAEL MYERS

“Halloween 4: The Return of Michael Myers”
Director: Dwight H. Little
Guión: Danny Lipsius, Larry Rattner, Benjamin Ruffner, Alan B. Mc Elroy
Intérpretes: Donald Pleasence, Ellie Cornell, Danielle Harris, George P. Wilbur, Michael Pataki, Beau Starr, Kathleen Kinmont, Sasha Jenson, Gene Ross, Carmen Filpi, Raymond O'Connor, Jeff Olson, Karen Alston, Nancy Borgenicht, David Jensen, Jordan Bradley, Richy Cumba, Rand Kennedy
(EE.UU, 1988)

Sinopsis:
Haddonfield, 30 de octubre de 1988. Ha pasado una década desde la célebre noche de Halloween en la que Michael Myers sembró el pánico dejando como saldo dieciséis cadáveres. Ahora se encuentra interno en el Smith's Grove Sanitarium bajo el cuidado del Dr. Hoffman. Dos enfermeros vienen a trasladarlo al hospital estatal pero en el trayecto Myers los asesina escapando de la ambulancia. Su objetivo es encontrar y matar a Jamie, la hija de Laurie Strode, única integrante que queda con vida de la familia Myers. Su familia adoptiva, los Carruthers, pasarán fuera la noche de Halloween y la pequeña queda al cargo de su hermanastra Rachel. El Dr. Loomis al descubrir la fuga de Myers acudirá al Sheriff de Haddonfield para alertarle del peligro al que se enfrentan, organizando una búsqueda a la que se une una patrulla de vecinos. El terror volverá en esta señalada fecha a la pequeña población de Illinois.

John Carpenter se desliga definitivamente de la franquicia en esta entrega. Acertada decisión la del director de “La cosa”, pues la vuelta argumental a las sangrientas aventuras de Myers acaba por destrozar por completo la reputación del personaje. Dwight H. Little (conocido por dirigir episodios para series tan conocidas como “24”, “Bones”, o “Prison Break”, tiene pendiente el estreno de la adaptación del videojuego “Tekken” a la gran pantalla) , director del enjendro, entrega al espectador un producto despersonalizado, carente de intensidad, de emoción, e incluso, de sangre.

Myers se convierte en una caricatura de si mismo. Si en la segunda entrega el mal absoluto es convertido en un vulgar pero temible psicópata más o menos retorcido y/o sádico, en esta cuarta aventura aquel niño diabólico que nos heló la sangre parece no llegar en forma a la treintena a juzgar por sus torpes apariciones, a pesar de que éstas sean en forma de pesadilla (¿Indigestión de Nightmare on Elm Street de sus responsables?) o al otro lado del espejo (¡Qué alguien me explique la secuencia de los almacenes!) emulando a la Alicia de Lewis Carrol.

Lo cierto es que el personaje pasa de ser un icono del cine fantástico en su sentido más amplio a una máscara tras la que se esconde un entramado comercial. Myers es la gallina de los huevos de oro para sus productores (sobretodo después del fracaso en taquilla de “Halloween III”). El paso definitivo de una película independiente de terror a una franquicia. La calidad de la obra es tan ínfima y está tan falta de imaginación que comienza a confundirse con la saga de “Viernes 13” (el final es un calco de la cuarta entrega de la misma) Es curioso como una secuela de una película tan original, auténtica, como “La noche de Halloween”, inspiradora de innumerables slashers acabe plagiando ideas de otras sagas muy inferiores.
Es el resultado de la explotación pura y dura, la consecuencia lógica de no tener a nadie tras las cámaras que se tome en serio el trabajo ni sienta auténtica pasión por el género. En días anteriores en los comentarios del post sobre “Halloween II”, Azirafel y GeckoBrother, apuntaban que las escenas más sangrientas (culpables en gran medida de que la película no fuera un absoluto fracaso artístico) habían sido rodadas por el propio Carpenter. La tercera parte estaba dirigida por un buen amigo y colega suyo, Tommy Lee Wallace, (de sobra conocido por los aficionados, un director cuyos trabajos suelen ser, al menos, dignos) y se apoyaba en una historia original escrita por él (Wallace). La presencia del master of horror impendía de una u otra forma que las películas de la saga Halloween se hundieran en el fango de la mediocridad más absoluta. En “Halloween 4” simplemente se utiliza el famoso score creado para la película original, siendo así la música lo mejor del largometraje, quedando el resto de la producción desnuda de talento.
Si se puede rescatar algo de la labor del realizador sería la interesante utilización del scope en algunas secuencias, llegando a recordar al original. El espacio es concebido, en un reducido número de escenarios, como un lugar espectral. La secuencia de la gasolinera en la que el Dr. Loomis se encuentra cara a cara con Myers está cargada de poética de Western (el caza recompensas persigue obstinadamente al forajido al que sabe superior, éste juega burlón con su supuesto captor) remarcada sabiamente por los amplios encuadres que aumentan la intensidad, el buen gusto en la elección de los planos y la creación de espacios oníricos vuelve a demostrarse hacia el final de la película en la escuela y, antes, en la casa del Sheriff dónde éste, ayudado por Loomis, intenta tender una emboscada a Myers (de nuevo el omnipresente género usamericano por excelencia), cada rincón de la vivienda representa una amenaza, el uso de la cámara subjetiva crea la necesaria sensación de peligro. A pesar de la acertada utilización de las cámaras y de la correcta creación de tensión a través de la extrañeza e irrealidad de las imágenes creadas, las secuencias son resueltas de manera fácil en el mejor de los casos (con la aparición de Myers en primer término en la casa del Sheriff) e incluso grotesca en alguna ocasión (la resolución de la interesante secuencia de la gasolinera con una explosión gratuita y, ¡con Michael conduciendo una furgoneta!)
Escasas son, por tanto, la virtudes con las que el filme cuenta en su haber. El debe, al contrario, se encuentra rebosante. Todo en la cinta es gratuito, desde la obligada dosis mamaria cortesía en esta entrega de la neumática Kathleen Kinmont (estupenda actriz cuyos mayores logros son participar en un episodio de “Baywatch” junto al gran David Hasselhoff y en treinta y cuatro capítulos de “Renegade”, junto a my idol Lorenzo Lamas. Hay que reconocer a Little que fue él quien mejor aprovechó sus virtudes) hasta la repetitiva siembra de cadáveres del psicópata (¿a que viene que se cargue a ese pobre mecánico que sólo hace su trabajo, se encuentra a kilómetros de Haddonfield y no tiene nada que ver con su maldita familia?, ¿no hubiera sido más fácil robarle el vehículo sin más? El tipo se encontraba revisando los bajos de otro auto y ni siquiera se hubiera enterado)


Incluso el propio Dr. Loomis parece cansado de correr detrás de Myers. Lo de que aparezca con la cara quemada (buscando la coherencia dentro de la incoherencia tras el final de “Halloween 2”) no deja de resultar gracioso si le damos la segunda lectura, el hombre cojea, ya no está para perseguir asesinos sueltos, (Michael Myers es mucho más joven. Además, cuenta con la ventaja de su cada vez menos dudosa inmortalidad) tampoco para convencer a policías palurdos descreídos, apenas suelta frases lapidarias y cuando lo hace es con desgana, la misma que, inevitablemente, transmite Donald Pleasence en su interpretación.

Con el personaje interpretado por Jamie Lee Curtis (Laurie Strode) fuera de juego con un recurso fácil (muere en accidente de tráfico junto a su marido dejando huérfana a su hija, Jamie) que se tornará en vergonzosa trampa de guión en “Halloween H20”, el viejo Loomis es el único, en principio, capaz de pararle los pies a Myers, como si se tratara del cínico y resabiado héroe de un Western crepuscular. A pesar de encontrarse en horas bajas continúa siendo el personaje más interesante de la historia muy por encima de la triste presencia del psicópata, ya sin ninguna identidad.

Ni siquiera la presencia de la joven Danielle Harris (recuperada por Rob Zombie para “Halloween II: H2”) interpretando a la sobrinita del perturbado Michael, con ese delirante giro final, consigue superar la discreción interpretativa. El resto del elenco interpretativo son carne de matarife, ni siquiera el realizador se toma la molestia de despacharlos con un poco de regusto sádico. Myers emula a los caníbales de Hooper (con mucha menos gracia y fuera de plano) para acabar con el mecánico colgándolo de un gancho (quizá le cayera simpático). El resto de personajes, en especial la pareja formada por Kelly (que borda el rol de zorrón) y Brady (guaperas de marras que también tontea con Rachel en un estúpido triángulo de adolescentes atolondrados), cuyo coito es interrumpido por el acecho del psicópata, son despachados con desidia por el líder de la brigada antisexo que comienza a cansarse de que lo maten (es una forma de hablar) justo antes de poder asesinar a un miembro de su familia.

Si el Dr. Loomis e incluso Michael Myers ya están cansados de su propia saga lo lógico sería dejar de tomar el pelo al espectador y acabar con la farsa, en vez de eso los productores decidieron, en un alarde de cara dura difícilmente superable, introducir un elemento nuevo para una posible continuación. Tampoco podemos culpar a los responsables del proyecto del desaguisado si somos capaces de aguantar hasta el final, pues, en realidad no engañan a nadie.

Desde la primera escena de la película, en el Smith's Grove Sanitarium, queda clara la total falta de imaginación y respeto al espectador cuando descubrimos que el Dr. Loomis y Michael Myers continúan vivos, (¡después de que todos les hubiéramos visto arder en la segunda parte!) pase que el enajenado sea inmortal pero, ¿qué coartada hay para lo del Doctor?. El sanatorio parece el Arkham Asylum y las frases lapidarias que suelta el recepcionista nos hacen pensar que el ascensor del centro desciende directamente al infierno. Ese aire de cómic de terror unido a la poderosa imagen de Myers cubierto por una sábana sabiendo de antemano la escabechina que va a montar es lo mejor del largometraje. A partir de ahí todo va a peor en un desarrollo plomizo que conduce a un final cuya ridiculez hace posible que se recuerde a “Halloween 2” como una muestra notable de género.

No se dejen engañar por el trailer que a mí ya me está apeteciendo volver a verla.

lunes, 12 de octubre de 2009

HALLOWEEN III: SEASON OF THE WITCH

“Halloween III: Season of the witch”
Director: Tommy Lee Wallace
Guión: Tommy Lee Wallace
Intérpretes: Tom Atkins, Stacey Nelkin, Dan O'Herlihy, Michael Curri, Ralph Strait, Jadeen Barbor, Brad Schacter, Garn Stephens, Nancy Kyes, Jonathan Terry, Al Berry, Wendy Wessberg, Essex Smith, Maidie Norman, John MacBride
(EE.UU, 1982)

Sinopsis:

La noche del sábado 23 de octubre el dueño de una tienda de disfraces consigue huir de unos tipos trajeados que intentan matarle. Llega exhausto a una gasolinera cuyo dueño le traslada al hospital, mientras por televisión se habla del robo de uno de los bloques de piedra de Stonehenge. Portando una máscara de calabaza fabricada por la compañía Silver Shamrock, el hombre, le comunica al Dr. Daniel Challis que les van a matar a todos. Poco tiempo después fallece en extrañas circunstancias. Ellie, la hija del difunto, convence al Dr. Challis para emprender una investigación que esclarezca las causas del fallecimiento. Viajan a Santa Mira, California, donde se encuentra la fábrica de Silver Shamrock, (uno de los últimos lugares donde estuvo el padre de Ellie), empresa irlandesa que se dedica a fabricar máscaras para Halloween y cuya pegadiza cuña publicitaria no deja de emitirse por televisión. Allí se suceden una serie de sospechosos acontecimientos cuyo origen parece esconderse tras la fábrica de máscaras y su misterioso dueño, Conal Cochran.

Tommy Lee Wallace se encargó de dirigir esta tercera entrega dedicada a la noche de Halloween. El cineasta debutaba en la realización tras sus trabajos en “Dark Star”, “Asalto al distrito de la comisaria 13”, “Halloween” y “La niebla”, donde desempeñó diferentes funciones relacionadas con la producción artística y musical. Su amistad con John Carpenter le llevó, como vemos, a estar siempre muy ligado a la carrera del creador de Michael Myers, llegando a dirigir en 2002 la película “Vampiros: Los muertos” secuela del filme de Carpenter “John Carpenter´s vampires”. Ligado al género fantástico desde sus inicios fue también el encargado de otra ilustre secuela del cine de vampiros en “Noche de miedo 2”.

“Halloween III” rompe completamente la tónica de la saga, erigiéndose en un oasis en mitad de las aventuras de un Michael Myers que parecía no tener nada que decir tras la segunda entrega de la franquicia. Siguiendo las intenciones de John Carpenter la tercera parte consiste en una historia independiente que nada tiene que ver con el precoz psicópata de Haddonfield. El denominador común es la fecha de su desarrollo, aunque en vez de ceñirse únicamente a la noche de Halloween, como en las dos entregas anteriores, en esta ocasión la trama se desarrolla en los siete días previos a la festividad. Stonehenge, máscaras de Halloween, brujería, alta tecnología, numerosos son los componentes que hacen atractiva esta película que bebe sin sonrojarse de clásicos de la ciencia-ficción como “Children of the Damned” o “La invasión de los ladrones de cuerpos” y sus secuelas.

Siguiendo esta línea, tan propia del fantástico desarrollado durante la Guerra Fría, la conspiración es la base de la trama. Salvando las distancias con películas tan serias como la escalofriante obra de Don Siegel, “Halloween III”, mantiene el suspense en no pocas escenas, explotando sabiamente sus limitados recursos artísticos. La minimalista banda sonora de Carpenter funciona con precisión en secuencias clave como la violenta apertura en la que un par de autómatas persiguen implacablemente a su presa humana. Por no mencionar el excelente partido que se saca de la pegadiza y terrorífica canción publicitaria.

La violencia, menor que en las entregas precedentes, impacta por su extraña naturaleza. A destacar la terrorífica escena en la que el Dr. Challis le pregunta por el paradero de Ellie a una anciana que se encuentra tejiendo. El macabro resultado recuerda la escena en la que mamá Bates es descubierta sentada en el sótano en “Psycho”. Lejos de cebarse en lo explícito, como sucedía en “Halloween II” (salvo alguna que otra puntual amputación y la truculenta escena de las serpientes saliendo de una máscara), las muertes se resuelven de un modo más imaginativo creando mayor tensión.


La incógnita sobre la naturaleza y las intenciones de los asesinos, que se mantiene durante más de media película, mantiene en vilo al espectador que descubre a la vez que los protagonistas el mal que encierra la opresiva comunidad de Santa Mira. Una de las habituales críticas que suele recibir el filme reside en la inverosimilitud de la trama, llegando incluso a tacharla de irrisoria. Al contrario de esta opinión, sin perder la consciencia de que no estamos ante una obra maestra del género, el carácter delirante de la historia la hace plenamente disfrutable sin perder por ello un ápice de la inquietud provocada por su asfixiante atmósfera.

Lo más flojo de la producción reside en su reparto y en sus personajes. El conocido rostro del veterano (ya por aquel entonces) Tom Atkins (“Creepshow”, “Maniac cop”) da vida al Dr. Daniel Challis, arquetípico héroe heterosexual sobrado de testosterona tan común en el universo carpenteriano, (como el inolvidable Roddy Piper de “Están vivos”). Sin llegar al cafre personaje compuesto por el wrestler en aquel curioso filme de ciencia-ficción, Tom Atkins, interpreta una creación hecha con cuatro trazos huesos que no escapan del tópico. Médico con éxito en su profesión pero fracasado en su vida familiar; la exigencia de su trabajo le impide pasar el tiempo que debería con sus dos hijos, que viven con su ex-mujer, pero no ahogar sus penas en alcohol.

Su partenaire, Stacey Nelkin, quien llegaría a trabajar una década más tarde a las órdenes de Woddy Allen en “Balas sobre Broadway” se limita a dar una sosa réplica a Tom Atkins. Su personaje, Ellie, intentará descubrir que se oculta en Santa Mira en la búsqueda de una explicación para la muerte de su padre. Aunque parece más interesada en acostarse con el Dr. Challis que en la investigación, en una escena que causa vergüenza ajena. El esquemático personaje existe únicamente como complemento del intrépido Dr., único protagonista del filme.

La presencia más gratificante es la de Dan O'Herlihy (“Robocop”, “Twin Peaks”) en el rol de villano. No estamos ante un antagonista cualquiera, el propio Michael Myers es un angelito comparado con este genio del mal que utiliza la tecnología de vanguardia para llevar a cabo un antiguo ritual celta...¡Toma ya!. Nunca se fíe de un irlandés que no beba, y a Conal Cochran no lo vemos ni con una triste copa de whiskey en toda la película.

Dejando a un lado la endeblez de su guión, sobre todo su atropellado final, y las discretas interpretaciones, la historia funciona apoyada en ese suspense que hace que el ritmo no decaiga y el espectador siga su desarrollo con atención. Moviéndose en un extraño equilibrio entre lo mediocre y lo delirante, el filme, parece hacer equilibrismo sobre esa delicada línea que separa la genialidad de la estupidez cayendo casi siempre en este último lado pero sin dejar de resultar una propuesta entretenida e interesante.

Lo más satisfactorio de “Halloween III”, por tanto, es su falta de prejuicios a la hora de introducir diferentes elementos del fantástico para crear una historia original partiendo de una serie de tópicos vistos en numerosas ocasiones en producciones anteriores. Dejando a un lado el cliché de slasher que se había ganado en la anterior entrega de la saga, “Halloween III”, se rebela como un tórrido culebrón entre un médico maduro y la joven hija de la víctima que da origen a una trama de ciencia-ficción tan alucinada como entretenida.

Una auténtica rareza en la saga Halloween no exenta de momentos sumamente estimulantes para el aficionado al cine de terror y de ciencia-ficción.