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jueves, 17 de diciembre de 2009

47 FIC XIXÓN. RESUMEN DE LA SECCIÓN OFICIAL (COMPETICIÓN)

En líneas generales, en contra de la opinión mayoritaria, las películas seleccionadas este año a competición me han parecido superiores a las de años anteriores. Evidentemente, seleccionando (como cada año) catorce películas de diferentes estilos y nacionalidades es complicado que todas sean del gusto de todos. Lo que no se puede negar al Festival es su apuesta por la diversidad y por la difusión del cine más independiente. Sin más les dejo con el resumen de los catorce largometrajes que hemos tenido el gusto de disfrutar (en la mayoría de las ocasiones) en la edición número cuarenta y siete.

La supuestamente arriesgada propuesta del realizador Vimukthi Jayasundara en “Between two worlds” no deja de ser un relato esquemático de dudoso interés que intenta disimular su vacío con una narrativa desordenada, que no compleja, y unas imágenes que, a pesar de bellas, están lejos de las ínfulas poéticas que pretende el director. Un puñado de poderosas estampas bellamente fotografiadas (la fantasmagórica calle de la ciudad plagada de televisores destrozados, el protagonista cayendo desde el cielo en mitad del mar, el legendario árbol hueco en mitad de la jungla) no son suficientes para construir un largometraje que se hace pesado desde el primer minuto, donde un plano fijo de un neblinoso paisaje natural acompañado de una deliciosa música deja al desnudo la pretenciosidad de la propuesta.

El simbolismo está presente durante todo el relato apuntando muchas ideas sin concretar ninguna. Vimukthi echa mano sin sonrojarse del realismo mágico creando secuencias que rozan el ridículo más absoluto, como la de la leche materna cayendo en el maltrecho ojo del protagonista.

Al final estamos ante una propuesta convencional, un ejercicio de pedantería visto una y mil veces en este mismo festival. Incluso hay un personaje que surge varias veces de un pantano a lo largo del metraje para soltar sentencias del tipo “Lo que ha pasado antes puede volver a pasar”. ¿Humor de Sri Lanka?

“Mal día para pescar” es la película elegida por Uruguay para representar a su país en los oscar del año que viene. Álvaro Brechner nos sumerge en un relato noir con ecos de western en una recóndita localidad perdida en mitad de ninguna parte que parece estancada en el tiempo. Allí llegan el Príncipe Orsini (un embaucador de poco monta deliciosamente encarnado por Gary Píquer) y un ex-campeón alemán de la lucha libre (interpretado por el finlandés Jouko Ahola), dos personajes que parecen sacados de un Freak Show y que se ganan la vida de pueblo en pueblo sacándoles el dinero a sus habitantes a través de su espectáculo. El Príncipe Orsini con su labia y su traje borsalino maneja a su antojo al decadente ex campeón (quien bien podría ser un primo no muy lejano del Mickey Rourke de “The Wrestler”), pasado de kilos y de años, quien busca en la botella la evasión de la dura realidad que le rodea.

La película nos deja con una sonrisa en la boca a pesar del dramatismo de algunas escenas. El giro final hace subir enteros a una trama milimétricamente llevada, en la que el Príncipe subestima, una vez más, a su público. Ofrece mil dólares, que no tiene, a aquel que consiga derrotar al campeón. Sin saber que por allí se encuentra “El matador”, un enorme y vigoroso joven que necesita el dinero para poder vivir junto a su novia. El lío está montado.

Un guión excelente interpretado de manera impecable por todo el elenco actoral. Una de las mejores películas exhibidas en el Festival que acaba de estrenarse en salas comerciales y que se llevó de Gijón el premio Gil Parrondo a la mejor dirección artística.

Con “Humpday”, tercer largometraje en la carrera de Lynn Shelton, la directora norteamericana logró el premio del jurado en Sundance, además de su presentación en la Quincena de los Realizadores de Cannes.

Ben y Anna son una pareja de treintañeros que gozan de estabilidad económica y buscan su primer hijo. La cotidianidad en la que viven se ve amenazada con la inesperada aparición de Andrew, excompañero de facultad de Ben, un vividor que ha tomado un camino diferente al de su amigo y que pretende avivar la relación perdida años atrás. En el momento álgido de una etílica fiesta, Ben, en un intento de demostrar que aún es dueño de su libertad a pesar de su situación familiar, decide participar en un festival porno amateur junto a Andrew. Buscando algo diferente que ofrecer al público del festival, estos dos artistas deciden acostarse juntos como demostración de su amistad.

El personaje de Andrew no deja de ser un hombre aburguesado que se considera bohemio por estar soltero y haber recorrido algunos países. Algo parecido le sucede al largometraje de Lynn Shelton. Bajo la terrible etiqueta de Comedia Indie se esconde un largometraje de un conservadurismo recalcitrante que intenta con humor grueso hacer bromas sobre los prejuicios sexuales de sus protagonistas. Simplemente dos heterosexuales. ¿Si son heterosexuales, como van a tener sexo entre ellos? La respuesta es más que evidente, aunque la película se toma más de veinte minutos en recrear la soporífera escena con una realización más torpe que las maneras de éstos dos en la cama. Lo mejor quizá sea la reacción de Ben a la revelación sexual que le hace Anna, (de lo más gratuita, por otra parte) descubriéndolo como el perfecto calzonazos, como sospechábamos.

La audiencia, muy joven, rió durante la proyección, en una abarrotada sala de los cines Yelmo, y aplaudió tímidamente tras la misma. En mi opinión es una lástima que las propuestas más comerciales a competición sean tan superficiales y tan poco valientes. Como agradecimiento, el Festival, haciendo alarde de una preocupante falta de criterio, le dio a Lynn Shelton el premio a la mejor dirección y a los dos actores protagonistas el premio, ex a quo, a la mejor interpretación masculina.

El largometraje ganador de este año (mejor película), sorprendentemente, fue “La pivellina”, que viene a decir algo así como la pequeñina (vocablo asturiano) pero en italiano. La actriz Patrizia Geradi fue premiada por su interpretación.



La película dirigida por los fotógrafos Tizza Covi y Rainer Frimmel ya obtuvo galardón en La Quincena de Realizadores de Cannes.

Una niña de apenas dos años de edad es abandonada en un parque. Patty, que vive junto a su pareja, payaso de profesión, en una caravana, recoge a la pequeña pese a la oposición de éste. Tairo, un adolescente que vive en el remolque de al lado coge un cariño especial a la pequeña encargándose también de su cuidado. Cuando la pequeña se ha convertido en una más de la comunidad, Patty recibe una carta de su madre diciendo que pasará a recoger a su hija en dos días.

A favor de la película, he de decir, que no se me hizo tan pesada como algunas otras de esta edición y de otras anteriores. El trabajo de sus actores, todos ellos no profesionales, en especial la niña protagonista, me hizo pasar un rato agradable. Divertido sería mucho decir. Lo que no se puede negar es que las localizaciones escogidas nos muestran una Roma totalmente desconocida para el celuloide y sospecho que incluso para muchos romanos.

Pero a parte de las buenas actuaciones y de la sensación de espontaneidad que se mantiene a lo largo de la película no hay nada más. El guión es inexistente y el montaje justito. La niña abandonada en un parque de caravanas es el único motor de la acción. Decir que una niña haciendo monerías delante de una cámara es cine me parece mucho decir.

“Morrer como un homem” cuenta la trágica historia de Tonia, una Drag Queen que vive apasionadamente entre el fervor de su público y la atormentada relación que mantiene con su enamorado Rosário, mucho más joven que ella. El director João Pedro Rodrigues crea un estridente pero hipnótico relato que se mueve cómodamente entre el melodrama noir, el surrealismo y los números musicales.

La genial interpretación de Fernando Santos en la piel de la reinona protagonista emociona desde el primer fotograma. Las comparaciones de la película con el cine de Almodóvar o Fassbinder sólo pueden ser aceptadas por el mundo que describen, pero en lo cinematográfico el realizador consigue imprimir un estilo propio que llega a límites autorales en magníficas secuencias como en la improvisada caza de gamusinos en mitad del bosque con los negativos virados a rojo.


El director rumano Bobby Paunescu, socio junto a Cristi Puiu de la productora Mandragora Movies, sello bajo el cual se realizó el éxito de crítica “The death of Mr. Lazarescu” presentó en Gijón su primer largometraje como director. “Francesca” da título a la película y a su protagonista, una estupenda Monica Birladeanu, esposa del director, que se erige en centro dramático de la historia a la vez que en objeto de deseo del espectador.

La joven pretende (en la ficción) irse a vivir a Italia para montar una guardería para niños rumanos, para, de paso, cambiar la imagen negativa que los italianos tienen de su pueblo. La dificultad de encontrar trabajo, previo pago, en el país de Berlusconi no es nada comparado con el laberinto en el que se ha metido su novio. Los problemas de éste complican la partida de Francesca hacia su sueño.

Lo mejor del film es poder ver Rumanía a través de los ojos de los rumanos, mostrando un lado así totalmente diferente a la contaminada imagen que nos ofrecen los medios de comunicación occidentales. Quizá el mejor momento de la película se produce cuando el padre de Francesca le intenta quitar la idea de irse a Italia de la cabeza arremetiendo duramente contra el gobierno del país transalpino y sus ciudadanos.

Lamentablemente la historia se va aletargando poco a poco, sin apenas avanzar. Largas escenas describen la vida de Francesca, la estrecha relación que mantiene con su madre y con su novio, Mita. En otras se nos muestra, sin llegar a explicar del todo, y mediante unos extraños planos generales bastante alejados que recuerdan a una cámara oculta, los problemas de Mita.

El cine iraní es un habitual del festival. Ausente en competición el pasado año ha vuelto nuevamente a colarse en la sección oficial en esta edición, aunque sea en coproducción con Reino Unido e Italia. “Frontier Blues” describe en un tono de comedia con manido semi-documental la vida en un lugar en el que no pasa nada, la frontera entre Irán y Turkmenistán. Allí una serie de excéntricos personajes protagonizan una serie de estampas a cual más bizarra.

Hassan es un atolondrado joven que va a todas partes con su burro y con un radio-cassette donde escucha una canción francesa. Quizá el único recuerdo que guarda de su madre, la cual le abandonó para irse al país del champagne. Su tío se encarga de él a regañadientes y pretende que le acompañe a trabajar en su tienda de ropa, apenas sin surtido y por la que nunca pasa nadie. Finalmente el joven acabará trabajando en una granja de pollos junto a Alam, quien tiene dificultades para cargar sacos sin romper su ceñida camisa e intenta, sin ningún éxito, aprender inglés para irse a Bakú, donde según él todos hablan ese idioma. Un fotógrafo venido de Teherán al que sólo intuimos tras su cámara se ha desplazado hasta la frontera para tomar instantáneas de las gentes del lugar, sus retratados son un trovador que no deja de llorar el “secuestro” de su mujer y cuatro niños a los que cuida. Las estudiadas composiciones de plano son tan auténticas como la propia película que nos entrega Babak Jalali, quien a pesar de ser iraní vive en Londres desde los ocho años. Un retrato tan amable como manipulado de una realidad bien triste. Largos planos fijos para mostrar una y otra vez la vida cotidiana de unos personajes que parecen primos lejanos aburridos de los habitantes de Sisheli.

“Gog Get Some Rosemary” narra en 16mm. a través de una temblorosa cámara en mano dos semanas en la desordenada vida de Lenny (el tiempo anual que le corresponde en la custodia de sus dos hijos), un proyeccionista de treinta y cuatro años separado que no tiene ni idea de que hacer con su vida, es más, ni siquiera se lo plantea. Cada día en la vida de Lenny es una aventura y dos semanas pueden ser mucho tiempo.

Josh Safdie y Benny Safdie, sus realizadores, no pueden negar la influencia de Jarmusch en su obra. Como mínimo en la creación de personajes tan marcianos como el propio Lenny o algunas de sus amistades y en la manera de capturar con su cámara la ciudad de Nueva York, aunque en unas localizaciones de mucho más tránsito. Se agradece el espíritu amoral del film, llegando a poner a uno nervioso en más de una ocasión la irresponsabilidad total de Lenny en el cuidado de sus hijos. La escena que abre la película es sencillamente genial y presenta de manera inmejorable al personaje.

Se respira cine independiente por los cuatro costados. Abel Ferrara hace un cameo impagable, los hijos de Lenny son los hijos, en la vida real, de Lee Ranaldo de Sonic Youth. El look de los personajes está cuidadosamente descuidado, como ese excesivo tupé que luce un inmenso Ronald Bronstein en el rol del protagonista.


Puede que la estructura del guión no sea muy sólida y la película se deje llevar durante unos cuantos minutos sin saber muy bien a donde se dirige, pero, para mí, ahí reside parte de su encanto, todo es imprevisible, como el carácter de Lenny. Largos tiempos muertos se ven interrumpidos por cambios rápidos e inesperados.

Una de las sorpresas más agradables de la Sección Oficial. Una de esas historias que no cuentan gran cosa, ni nos hablan de nadie célebre, ni siquiera del todo interesante, pero en las que a mí, particularmente, me gusta invertir el tiempo.

Dagur Kári es uno de los directores habituales del festival en los últimos años, los tres largometrajes que ha dirigido han sido presentados aquí. En su primer trabajo rodado en inglés, “The Good Heart”, el director parisino de ascendencia islandesa imprime su intransferible humor nórdico a una historia amarga pero llena de esperanza.

Lucas, un joven vagabundo, vive en una caja de cartón bajo un puente. Un intento de suicidio le hace coincidir en el hospital con Jacques, un viejo huraño que regenta un bar en la ciudad y acaba de sufrir su enésimo infarto. Lucas despierta inmediatamente una actitud paternalista en Jacques, quien le ofrece alojamiento a cambio de ayuda en la atención de su negocio.

El local de Jacques, situado en un oscuro callejón, es un santuario exclusivo para hombres gobernado con mano férrea por su dueño por medio de un puñado de reglas absurdas.

El carácter de Jacques se agriará aún más cuando aparezca en el local April, una azafata con miedo a volar, que conquistará de inmediato el corazón del ingenuo y bienintencionado Lucas.

La convivencia entre estos tres personajes, con los chascarrillos de los clientes habituales de fondo, suavizarán poco a poco el carácter de Jacques a la vez que Lucas irá perdiendo su inocencia.

Comedia amarga, drama amable… Dejando a un lado las innecesarias etiquetas, Dagur Kári, construye una historia personal a través de unos personajes tan excéntricos como creíbles, con los que cualquiera de nosotros, de una u otra forma, puede identificarse.

Alex Van Warmerdam es todo un todoterreno: Guionista, actor, pintor y director. Éste holandés de cincuenta y siete años presentó en Gijón su último trabajo para las salas, “The last days of Emma Blank” que ya le valió el premio Europe Label Cinemas en Venecia.

El inteligente guión parodia a la vez que homenajea la novela de asesinatos al estilo Agatha Christie. Cambiando las lujosas mansiones victorianas por una enorme casa rodeada de dunas, Alex van Warderdam hace una crítica ácida y brutal de la codicia que la propiedad hereditaria despierta en las familias. Sin llegar al sadismo de “Bahía de Sangre”, del maestro Bava, con un estilo más cercano al Fernando León de “Familia”.

Emma Blank, supuestamente aquejada de una enfermedad incurable, pasa sus últimos días bajo los cuidados de una extraña cohorte de sirvientes a los que humilla constantemente, llegando uno de ellos (interpretado por el propio director) a desempeñar el rol de perro. Las complejas relaciones que se establecen entre el grupo de personajes sirven para profundizar en temas que van desde la sexualidad hasta el servilismo, la crueldad o la psicopatía.

Una exquisita comedia negra que hiela la sonrisa del espectador en no pocas ocasiones.

De un serio análisis de la psique humana en tono de comedia pasamos a una visión festiva y saludable de temas políticamente incorrectos.

En “Le roi de l’évasion” el director galo, Alain Guiraudie, narra las aventuras y desventuras de Armand Lacourtade, un cuarentón orondo que vive en una localidad rural francesa donde la mayoría de los habitantes varones son gays. El bosque es el lugar elegido para escaparse de sus mujeres y quedar en grupo para disfrutar libremente de sus inclinaciones sexuales.

Armand está cansado de su rutina como vendedor de maquinaria agrícola, e incluso comienzan a aburrirle los furtivos encuentros sexuales con hombres, seña de identidad de su pueblo.

Una noche, de camino a casa, Armand salva a una joven de ser agredida por un grupo de chicos. La muchacha, llamada Curly, se enamora de Armand, quien también siente algo especial hacia la joven, aunque ello no le impida sentir un deseo irrefrenable de practicarle una felación a su jefe. El problema de la relación es que ella es menor. Su padre, ayudado por el comisario y otros miembros de la localidad perseguirán a los amantes fugados por considerar su relación perversa. Mientras, siguen eyaculando en grupo sobre la cosecha de trufas.


Curly está locamente enamorada de Armand y sólo piensa en huir lejos de su familia, sin embargo Armand no está tan seguro y empieza a echar de menos su soltería. En cuanto a los perseguidores…¿velan por la seguridad de Curly o en realidad lo que quieren es acostarse con Armand?

En “Wakanarai” el director japonés, Masahiro Kobayashi, rinde su particular homenaje al Antoine Doinel de “Les quatre cents coups”. Particular porque, a mi entender, el parecido es inexistente. La vitalidad del enfant terrible magistralmente representada por Jean-Pierre Léaud en la ópera prima de François Truffaut contrasta con el carácter apagado del adolescente que protagoniza este relato forzadamente triste construido a base de largos planos fijos.

Nos encontramos ante una película en la que los tiempos muertos predominan sobre la acción. La rutina del personaje protagonista es mostrada con pausa por una cámara que sencillamente observa. La narración queda reducida a un puñado de escenas que no son más que los quehaceres diarios a los que se enfrenta el personaje protagonista, un joven aún en edad escolar que se ve obligado a trabajar para hacer frente a sus duras responsabilidades económicas. Su madre se encuentra aquejada de una grave enfermedad en un hospital que debe de pagar y su padre les abandonó a ambos hace tiempo.

Como es lógico los trabajos sin cualificación a jornada partida que el joven es capaz de conseguir no le alcanzan siquiera para pagar el alquiler de la vivienda con lo que se ve obligado a robar la comida en el supermercado en el que trabaja. La historia se convierte en una espiral que hace que el joven lo vaya pasando cada vez peor a medida que avanza el metraje.

Relato kafkiano en el que una moderna (tecnológicamente) pero encorsetada sociedad pide responsabilidades a alguien incapaz de afrontarlas. Destaca la gran interpretación de Yuto Kobayashi, quien está presente en casi todos los planos de la película y sin apenas diálogo es capaz de transmitir su desesperanza. En el apartado negativo el tramposo guión que fuerza descaradamente el drama lacrimógeno de la manera más gratuita. Desconozco las leyes japonesas pero dudo mucho que teniendo un padre que además estaba casado con su madre se le pidan responsabilidades económicas a un menor y no a su progenitor.

El ejemplo de cómo un guión puede funcionar narrativamente, emocionar sin necesidad de efectismos y realizar, a la vez, crítica social sin caer en el absurdo argumental ni en el panfleto es la excelente película francesa “Welcome”. Una vez más los vecinos del norte consiguen darme con el gusto en la que considero la mejor película de la Sección Oficial. Afortunadamente se ha hecho justicia, en parte, y se la ha premiado al menos con el premio al mejor guión.
El filme narra de forma emotiva la historia personal de Bilal, un joven inmigrante kurdo en Calais que intenta viajar clandestinamente hasta el Reino Unido donde vive la joven con la que quiere casarse.

Philippe Lioret, guionista y director, arropado por un elenco de magníficos actores (a destacar un Vincent London que pone los pelos de punta en la piel del profesor de natación) describe (sin escatimar en detalles ni en críticas contra el gobierno de Nicolás Sarcozy) la dureza de la vida de los inmigrantes que arriban a Calais con la esperanza de poder llegar hasta las islas británicas.

El joven Bilal es incapaz de aguantar la respiración con una bolsa en la cabeza (requisito imprescindible para pasar los controles de CO2 a los que son sometidos los camiones en la frontera) por lo que decide aprender a nadar para cruzar los treinta y dos kilómetros que le separan de su sueño a nado. Simon, un profesor de natación francés y ex-campeón de su país, se encuentra en uno de los momentos más amargos de su vida. A punto de divorciarse de su esposa Marion, que trabaja como voluntaria dando comida a numerosos inmigrantes junto a su nueva pareja, y cansado de su rutina como profesor de natación en un centro deportivo, encuentra en Bilal una amistad inesperada. A través de las clases que Simon va dando a Bilal (con las que se arriesga a ser arrestado por prestar ayuda a un inmigrante ilegal), al que también presta alojamiento en su propia casa se va estableciendo una profunda relación que hará a Simon tomar conciencia de las cosas que realmente son importantes en la vida. Aunque suene a tópico, la película no lo es.

Uno de los largometrajes más honestos y emotivos que he visto en los últimos años.

Que en Francia también saben tomarse la vida con humor ya lo sabíamos, más arriba hacía mención a la muy sana y divertida “Le roi de l’évasion” y para cerrar este resumen acabaré con la primera película a competición proyectada, “Les beaux gosses”, algo así como “los tíos buenos” en su traducción al castellano. Título de inequívoco carácter irónico en cuanto uno ve a sus protagonistas, dos escuálidos e inseguros adolescentes obsesionados por el sexo.

El director Riad Sattouf construye su particular “Supersalidos” a la francesa, pues a pesar de la innegable influencia de la comedia High School más anglosajona no faltan en ella los detalles localistas. Si la hermano con la genial comedia de Jude Apatow es sobre todo por el decidido carácter realista en cuanto a la representación de la pubertad se refiere, tanto por la edad de sus actores como por las situaciones que se describen, huyendo de los fantasiosos estereotipos masculinos de la escuela “American Pie”.

La naturalidad es la mayor baza de esta producción dónde incluso la chica guapa de la clase es de lo más normal. El personaje protagonista, Hervé, un joven tímido e inseguro tiene una hilarante relación con su madre (aquí si que recuerda un poco a la relación que mantenía el personaje de Jason Biggs con su padre en “American Pie”), obsesionada con el onanismo de su retoño; su mejor amigo, Camel (impagable su caracterización con ese imposible tupé), es un fan incondicional del Heavy Metal. Juntos comparten catálogos de ropa interior femenina y espían a una vecina de Hervé que gusta de tener la ventana despejada durante sus prácticas sexuales.
Les dejo con las que, para mí, fueron las tres mejores películas a competición.






lunes, 14 de diciembre de 2009

I MUESTRA DE CINE FANTÁSTICO Y DE TERROR ULTRAMUNDO


Finalmente, allí estuvimos. Esta escueta frase es la que mejor resume la sensación que nos quedó a todos en el cuerpo (organizadores y espectadores) una vez finalizada la I Muestra de Cine Fantástico de Ultramundo. Finalmente porque no fueron pocas las dificultades con las que se topó el entusiasta y altruista equipo de Ultramundo para organizar esta fiesta del cine para disfrute de los aficionados.

Una serie de contratiempos de última hora impidieron que el ciclo se desarrollara en el lugar inicialmente escogido por la organización, lo que amenazaba con dar al traste con todo el proyecto. Lejos de amilanarse, los organizadores supieron reaccionar a tiempo y conseguir como sede las magníficas instalaciones de la Casa de Cultura de Mieres que cedió su amplio, cómodo y moderno Teatru para la exhibición de las tres películas que tuvimos el placer de degustar durante la tarde y la noche del sábado. A pesar de eliminarse, por falta de sala, las proyecciones del viernes y el domingo, la triple sesión del sábado condensó el espíritu lúdico y festivo de esta I Muestra de Cine Fantástico.

PRIMER ACTO

A las cinco de la tarde comenzaba puntual la primera proyección, lamentablemente sin apenas espectadores debido a los cambios de última hora y al escaso margen de maniobra para informar al público de dichas modificaciones en tan poco tiempo. Afortunadamente, un mail de uno de los organizadores, en respuesta a una duda previamente formulada, me informaba horas antes del cambio de sede, lo que permitió mi presencia en tan especial acontecimiento.

La película escogida para abrir la Muestra fue “El Imperio del Fuego”, pelín conservadora para mí gusto, lejos de ser una mala película (tiene momentos de lo más gracioso, como la representación teatral de uno de los momentos más dramáticos de “El Imperio Contraataca” ante una audiencia de niños que no saben lo que es el cine o la aparición de la caballería mecánica de los americanos, encabezados por un enorme Mathew McConaughey), abusa demasiado de convencionalismos en la elaboración del guión (todos los personajes son buenos excepto los dragones, que son buenos en los suyo; personaje femenino como complemento del protagonista; niños y adolescentes como esperanza de un posible nuevo mundo), envolviendo un relato fantástico de dragones en un futuro apocalíptico bajo la corrección política del cine de aventuras para todos los públicos.





No se le puede negar la corrección técnica. Se saca buen provecho de la infografía para representar a los dragones (que gustan de un estilizado diseño) y sus fieros y abrasadores ataques. La utilización de planos medios y cortos en lugar de grandes panorámicas, tan característica de la serie b clásica, permite a la película mantener ese empaque de serie a durante buena parte del metraje, sin faltar las escenas espectaculares (la batalla aérea o la parte final en un Londres devastado). El conocido reparto masculino es otro de los puntos fuertes de la película, que logró reunir a un Christian Bale (pre-Batman), a un Gerald Butler (pre-300) y a un McCounaughey (pre-…) ¡Bueno, y a Mathew McConaughey! En el apartado femenino destaca la delicada belleza de Izabella Scorupco, la arrebatadora chica bond de “Goldeneye”.

El director, Rob Bowman (“Expediente X. La película”, “Electra”), realiza un digno trabajo artesanal consiguiendo un producto competente pero que no destaca por encima de otras producciones dentro de la aventura fantástica.

Una película correcta, sin más, que se deja ver sin problemas a pesar de lo manido de la historia, pues no le falta ritmo a la narración, tampoco un puñado de buenas escenas de acción. Por lo demás salen dragones s y la acción se desarrolla en una Inglaterra rural apocalíptica. Como aperitivo no se puede pedir más.

SEGUNDO ACTO

A las siete llegaba, a priori, la mejor película de la Muestra (no en vano, a pesar de todo, la gente empezó a dejarse caer por la Casa de Cultura superando la veintena de espectadores), esa joya oculta en la, por otro lado, mediocre filmografía de Tobe Hooper que es “Lifeforce”. Un batiburrillo de ideas provenientes de la sci-fi, el terror, e, incluso, el pulp, se aúnan en ésta desprejuiciada e interesante producción de la Cannon (¡qué gozada disfrutarla en pantalla grande y con sonido amplificado!)

Como bien comentaba Miguel Díaz González, maestro de ceremonias, en la presentación, Hooper tenía bien cubiertas las espaldas en esta producción. Ahí estaban Dan O’ Bannon, en la confección del libreto, la banda sonora de Henry Mancini o el extraordinario equipo de efectos especiales para dar entre todos el toque personal e intransferible que rezuma la producción.

Largometraje de sabor añejo, incluso para su época, porque a pesar de que corría el año mil novecientos ochenta y cinco cuando se estrenó la película hay en ella no pocos elementos (desde la planificación fisheriana en ciertas secuencias hasta la ingenuidad de los personajes) que recuerdan al cine sesentero de la Hammer Films. La delirante trama, que comienza con el descubrimiento de tres alienígenas de aspecto similar al de los humanos en una nave perdida en mitad del espacio, no tiene complejos en mezclar temas recurrentes del cine fantástico como los vampiros, los zombies e incluso la menos explotada figura del súcubo, más irresistible que nunca bajo la lúbrica presencia de una Mathilda May que se pasa desnuda casi toda la película para regocijo de los espectadores.



La fuerza vital que da nombre al filme es la que los alienígenas succionan directamente (en forma de apasionado beso cuando es la fémina la encargada de tal cometido) a los humanos. Una vez fallecida la víctima dicha fuerza sale de su cuerpo hacia la nave alienígena en forma de torrente de luz azul. Creo que ya pueden hacerse una idea de lo alucinado de la propuesta.

A pesar de que ciertas partes de la película tienen una acusada falta de ritmo (se proyectó la versión del director, quizá con demasiados minutos sobrantes) el final de la película con un Londres devastado (otra vez) por hordas de zombies (humanos a los que habían robado prácticamente toda fuerza vital) hambrientos (de fuerza vital) es una auténtica gozada. La naturaleza artesanal de la masacre recuerda más al cine de maquetas tan característico de las kaiju-eiga que a las películas de zombies. En lo que respecta a la secuencia final, con una lisérgica estampa de erotismo soft entre la bella Mathilda May y uno de los atribulados protagonistas, bien la hubiera firmado el bueno de Jean Rollin, tanto por el abigarrado esteticismo como por la excitante sombra del vampirismo, aunque en este caso provenga del espacio.

TERCER ACTO

La fiesta continuaba a eso de las nueve de la tarde. De los peligrosos cielos de Londres, en los que se había concentrado la amenaza contra nuestra especie en los dos primeros largometrajes, descenderíamos de manera brusca al metro de Nueva York.

La retorcida imaginación de Clive Barker y sus “Libros de Sangre” continúa dándonos alegrías en forma de celuloide, sobretodo cuando el relato cae en manos de alguien tan genial y marciano como el nipón Rhyuei Kitamura. Aunque teniendo en cuenta su país natal es probable que el cine que pueda rodar cualquier habitante de Marte nos parezca más convencional que el suyo.

La película en cuestión toma el nombre homónimo del relato, es decir, “The midnight meat train”, titulada bruscamente en castellano “El vagón de la muerte”. Semos asín.

El inquietante relato está, en líneas generales, correctamente adaptado a la gran pantalla, aunque el filme no se libre de las molestas concesiones comerciales, como la inclusión del personaje de la novia del protagonista. Por otro lado, las obsesiones que mostraba la obra de Barker (voyeurismo, vampirización de la cámara, canivalismo de la ciudad) están perfectamente reflejadas en la película, que tampoco escatima en hemoglobina con unos FX rudimentarios pero sobrados de líquido rojo.

"La vida es como una caja de bombones"


Un fotógrafo sumido en la mediocridad artística y obsesionado con retratar el alma de la ciudad encuentra su inspiración tras seguir a tres delincuentes que intentaban abusar de una joven en una estación de metro. La noticia en el periódico del día siguiente de la desaparición de la joven aquella misma noche lleva al fotógrafo nuevamente al metro en busca de respuestas. El descubrimiento de un extraño personaje que parece relacionado con la desaparición de la joven obsesionará al fotógrafo hasta el punto de comenzar a seguirlo y fotografiarlo. En el tren que pasa después de las dos de la madrugada encontrará la respuesta.

Una trama mínima y previsible que da pie a todo un carrusel de asesinatos a cual más brutal, precedidos y/o acompañados de puntuales dosis de humor negro puramente británico. Algo sólo al alcance de un realizador japonés.

El correcto cast sube enteros con la presencia del carismático e inquietante Vinnie Jones haciendo de metódico y contundente psicópata en los subterráneos de la gran ciudad. La actuación que lleva a cabo es sencillamente genial, sin articular prácticamente palabra su rostro y su lenguaje corporal son capaces de transmitir un inmenso abanico de emociones al espectador.

Un perfecto postre para el ágape cinéfago que habíamos degustado. La sonrisa nos duró hasta que tuvimos que coger el tren a eso de la medianoche.

DESPEDIDA Y CIERRE

La noche finalizó en un mesón ovetense donde tuve ocasión de compartir mesa con los organizadores y charlar distendidamente sobre las películas proyectadas en el ciclo y un buen puñado de títulos más.

A pesar de las ya comentadas modificaciones de última hora, la impresión que me deja la experiencia es inmejorable, tanto por la selección de los títulos, la comodidad y calidad (espectacular el sonido) de proyección del Teatro de La Casa de Cultura, como por la hospitalidad de los organizadores.



lunes, 23 de noviembre de 2009

47 FIC XIXÓN

A estas alturas, seguramente, la mayoría de ustedes ya estarán al corriente de que desde el pasado jueves 19 se viene desarrollando en Gijón la 47 edición de su Festival Internacional de Cine Independiente.

Disculpen la desidia de este cronista a la hora de plasmar sus impresiones sobre lo que puede deparar la programación de este año pero a medida que se acercaba la fecha de arranque del festival mis ganas, hace unos meses enormes, iban disminuyendo poco a poco. Desconozco si fruto de la ligera decepción que supuso la edición anterior, de la sobrecarga de trabajo a la que me he visto sometido los últimos días o, simplemente, a que los años pasan y uno va perdiendo la ilusión por todo, sin más.

Sea lo que fuere la realidad es que en cuatro días transcurridos del evento tan sólo he visto dos películas. Si bien es cierto que el horario laboral me ha impedido ver alguna obra que era de mi interés otras sesiones me las he saltado por elección propia. Si a esto añadimos la pésima, como es tradición, programación de las películas, haciendo coincidir la misma película en el mismo día y hora pero en diferentes salas, sucederá lo que todos los años, que nos quedaremos sin ver muchas películas de las que hubiéramos disfrutado en pantalla grande.

Tal es el caso de la genial, generacional, fundacional, etc.. “Quadrophenia”, una de las guindas del suculento pastel que conforma la sección “Made in England”. El maltrato de la organización la ha relegado a dos únicas sesiones durante el primer fin de semana. Lo que ha hecho su visionado imposible para algunos, como es mi caso.

Pataletas aparte, la Sección Oficial de este año, aunque sin renunciar a la pretenciosidad habitual, parece no renunciar a la comercialidad como lo demuestran títulos tan estimulantes como “Mal día para pescar”. Otras propuestas como la cinta llegada de la exótica Sri Lanka, “Between Two Worlds”, parecen realizadas en exclusiva para ser proyectadas aquí. Es irónico que los esfuerzos de un conjunto de profesionales por hacer algo diferente logre que el público habitual del festival, en lugar de sorprenderse, tenga una sensación de déjà vu que le provoca la más absoluta indiferencia. La mayoría francesa en la competición me hace albergar esperanzas de buen cine (que le voy a hacer, tengo mis prejuicios) y la presencia del marciano Harmony Korine con su último largo “Trash Humpers” acaban de redondear un conjunto bastante apetecible donde temo, y mucho, la participación nipona con la película “Wakaranai” de Masahiro Kobayashi. Estoy convencido de que las comparaciones con el Antoine Doinel de Truffaut y con la estética de Larry Clark o Gus Van Sant que apunta el programa de mano son el humo de siempre y que al final estaremos más cerca de la clásica película que suele arrasar en el festival con sus largos planos fijos, su ausencia de diálogo, de narración y, en definitiva, de cine. Espero equivocarme.

Las retrospectivas dedicadas a directores invisibles, hasta el momento, para el cine comercial recuperan la calidad de ediciones anteriores tras el paréntesis que supuso la edición 46 con nombres que no quiero recordar. Fatih Akin, Aleksey Balabanov y Harmony Korine son tan diferentes entre sí como igualmente interesantes y necesarios para conocer el panorama del cine independiente contemporáneo. Las propuestas más radicales, provenientes del campo de la experimentación, corren a cargo de Matthias Müller y Cristoph Girardet, cuya obra, compuesta íntegramente por cortometrajes combina celuloide de prestigio con producción propia en busca de un collage acorde con estos tiempos postmodernos. Jean Gabriel Periot es el otro manipulador de imágenes cuya obra podemos ver comprimida en un programa único de setenta y cinco minutos.

Las, ya clásicas, sesiones de “Llendes”, “Esbilla”, y “Enfants Terribles” aglutinan propuestas de diferente índole, como cada año. En ellas podremos ver desde la última película de Michel Gondry, “L’épine Dans le coeur” (en otro alarde de acierto de la programación el sábado se pasó por última vez), la nueva propuesta de los hermanos Wachowski “Ninja Assasin” a rarezas como “E1000”, de Pauline Sylvain-Goasmat, película interactiva en la que los espectadores son parte activa a través de llamadas telefónicas y mensajes de texto.

La mini sección Post Burlesque bajo el subtítulo de “La nueva farsa en el cine europeo” mezcal éxitos del cine independiente de este siglo en el viejo continente junto con títulos que han pasado de largo por las carteleras sin pena ni gloria.

Pueden echarle un ojo a la programación completa aquí. Y si quieren leer alguna reseña les recomiendo pasarse por el estupendo blog no oficial.

No deja de resultar gracioso el cartel escogido para la edición de este año. Huyendo de la sobriedad habitual se escoge ese cuerpo femenino con cabeza de dinosaurio, de lo más freak y fantástico (genial para mi gusto), todo lo contrario al carácter del festival. No menos irónica resulta la presencia del Teatro Jovellanos en la estampa (se encuentra cerrado por obras), aunque, eso sí, partido por la mitad. ¿Humor consciente o inconsciente?

El cierre del Teatro hace de ésta una edición extraña, descentralizada, anárquica en el seguimiento de la Sección Oficial. Los cines Yelmo se incorporan al festival para poder albergar la totalidad de películas programadas. Una buena ocasión para disfrutar de cine independiente en una sala equipada con todas las comodidades actuales pero a una hora a pie del centro de la ciudad. Por no hablar de las proyecciones en la Laboral (inauguración y clausura incluidas) ya en zona rural. La organización ha puesto autobuses especiales para desplazarse entre las diferentes salas pero aún así el ambiente cinéfilo que se concentraba en años anteriores en el centro de la ciudad se ha perdido en gran medida.

Cine aparte, nada nuevo en el reino de Pelayo y del alcohol a precio asequible (en algunos apartados y selectos locales, huyan de los nombres de relumbrón… y garrafón) El gafapastismo vuelve a tomar las calles y las salas. Diferentes acentos se funden bajo el uniforme negro de gabardinas y monturas de gafas. Imposible distinguir al público por la película. La dictadura pop impone su ley e impide que algunos que amamos el cine y la música sin que ello afecte a nuestro armario podamos ver alguna película o algún concierto por estar el aforo completo. Cosas de la globalización.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

PEOR... ¡IMPOSIBLE! XI, TERCER ASALTO. DEL HUMOR AL HORROR.

Continuando con el interrumpido repaso a lo que deparó este año el ciclo “Peor… ¡imposible!”, les dejo este post con lo proyectado el ya lejano miércoles 26 de agosto.

El día estuvo dedicado al cine de género europeo, incluyendo un coloquio con la presentación del estupendo libro “Hecho en Europa, cine de géneros europeo, 1960-1979” coordinado por Javier G. Romero y editado por la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular. Un servidor, al igual que todos los asistentes al evento se lo llevó por la cara, otro lujazo más dentro de esta mágica iniciativa.

“Argoman”, la película de Sergio Grieco fue la encargada de abrir el día.

LA HISTORIA: Las joyas de la corona británica han sido robadas, a pesar de que la ladrona, Jenabelle, ha dejado firmado (literalmente) su crimen. Scotland Yard sospecha de Argoman, ambiguo héroe con gusto por lo ajeno. El inspector Lawrence, encargado de la investigación busca consejo en Sir Reginal Hoover, un aristócrata play-boy con información privilegiada sobre las actividades criminales. (hecho bastante lógico teniendo en cuenta que el personaje en cuestión es en realidad Argoman).

Por muchas películas de super-héroes que uno haya visto es imposible estar preparado para esta locura. En realidad, más que ante un super-héroe nos encontramos ante un super-espía mutante… ¡cómo suena!. Argoman tiene superpoderes, siendo el más destacado la telequinesis, pudiendo mover objetos (aunque hasta cierto tamaño). Su indumentaria con mayas amarillas, pasamontañas y capa negros unido a esas gafas futuristas en plástico rojo le confieren un look muy similar al de Cíclope, el mutante de los X-Men. Además sus ojos se iluminan de la misma manera cuando hace uso de sus poderes psíquicos.

Lo más hilarante de Argoman no son sus poderes sino una de sus debilidades. Todas sus extraordinarias habilidades quedan en suspenso las seis horas posteriores a la práctica sexual, lo que por supuesto no va a impedir que este Sir esté todo el día en celo. Este particular es de lo más ingenioso de la trama, acarreando memorables conversaciones entre Reginald y su preocupado mayordomo Chacra, siempre pendiente del reloj para ver cuando el señorito puede volver a entrar en acción.

No son pocas críticas las que apuntan a la serie televisiva de Batman de Adam West como fuente principal del personaje. Razón no les falta, sobre todo por la ridícula vestimenta de Argoman (aunque éste cambie el azul por el amarillo Diabolik) y las irrisorias escenas de acción (la manera afeminada en la que corre Roger Brown es de lo más delirante de la película). Sin embargo los personajes son totalmente contrarios.

Batman es un héroe enmascarado que se hace pasar por play-boy cuando ejerce de Bruce Wayne para distraer a los malhechores dada su faceta pública en Gotham mientras que Argoman es un auténtico vividor que disfruta en su mansión situada en una paradisíaca isla mediterránea y que usa su tecnología al servicio del placer antes que de la justicia. Para muestra esa chorva-agenda en pantalla de vídeo que va mostrando a las apetecibles señoritas que el galán suele frecuentar y que permite además acceder a video llamada, la escena en cuestión muestra a la damisela mientras se da un burbujeante baño.

Teniendo en cuenta que Sir Reginald, pues el canallesco personaje tiene tanto o más protagonismo que el propio Argoman, utiliza su personalidad super-heroica para espiar las actividades delictivas, pero al mismo tiempo su naturaleza es eminentemente epicúrea (estamos ante un mujeriego empedernido que además se divierte jugando con su gobierno ya que suele robar cosas él mismo para más tarde devolverlas), se podría concluir que la película debe tanto al género de super-héroes como al Spionistico, (corriente italiana de explotación surgida al rebufo del éxito del super-agente británico James Bond). Sin duda existen más paralelismos entre el personaje creado por Ian Fleming y Argoman que con el héroe enmascarado de los comics de la DC, aunque sea en su colorista versión televisiva.



LA ESCENA: Después de quedar con una de sus amigas a través de su espectacular chorva-agenda, Sir Reginald, aburrido, ve pasar a una atractiva chica en bikini a bordo de su hovercraft y haciendo gala de sus poderes arrastra a la joven hasta su casa para proponerle un estimulante juego. Como si se tratara del plató de “El precio justo”, el play-boy, mando a distancia en mano, abre una habitación ocupada por un Rols-Royce y unas joyas, a continuación abre otra en la que hay una cama… parece que la apuesta está clara. La hembra accede a jugarse sus encantos al lanzamiento con arco y, tras un fallo estrepitoso, el dandy consigue su objetivo. Tras la cópula la mujer vuelve a empuñar el arma haciendo un certero lanzamiento aunque, humildemente, accede sólo a quedarse con las joyas pero el generoso Sir le regala además un abrigo de piel, que Chacra le pone a la dama cual azafata televisiva.

Lo más gracioso del tema es que al final resulta que la atractiva joven que casualmente pasaba por allí resulta ser Jezabell, la supervillana de la función. Un personaje habitual en las producciones populares, la super mujer, inteligente, atractiva y decidida, al servicio del mal que finalmente cae rendida ante los encantos del héroe al servicio del bien (aunque en este caso sea el propio).

El divismo de Jezabell queda manifestado en la carta que deja cuando roba las joyas en la que firma como la reina del mundo. Pero nada más fidedigno que sus vestidos, diferentes en cada escena, siendo cada uno de ellos más estridente que el anterior, que van en consonancia con el resto de la producción.

El final de la película es para enmarcar, no quiero desvelarlo porque merece la pena verlo, tan sólo señalaré que entronca perfectamente con esa amoralidad tan característica de estos héroes.


“Los 3 superman en la selva” de Bitto Albertini. (Che fanno i nostri supermen tra le vergini della giungla? España-Italia, 1971)

El nombre de Bitto Albertini es indisociable del cine de género italiano, tanto en producciones únicamente del país trans-alpino como en coproducciones. Desde su juventud hasta pasados los sesenta años de edad, Bitto, quien firmara en ocasiones con pseudónimos como Adalberto Albertini, Stanley Mitchel o Ben Norman, dedicó toda su carrera a la realización de películas destinadas al entretenimiento. Combinando diferentes tareas dentro de la elaboración cinematográfica, desde operador de cámara hasta guionista, tocó todos los géneros posibles en el ya de por sí rico mundo del cine de género europeo. Colaboró en pseudo bonds como “Agente segreto 777” o “002 agenti segretissimi”, dirigió auténticos clásicos del exploit erótico, suyas son las dos primeras partes de “Enmanuelle negra”, y, por supuesto, contribuyó al cine de superhéroes en mallas con “Goldface, il fantastico superman” y un par de títulos de la saga de los supermen, además del que nos ocupa también fue el responsable de la segunda película de la saga “Los tres supermen en Tokio”.

Aunque a día de hoy nos pueda parecer increíble, las películas de los supermen eran tan populares en su época que llegó a filmarse una saga completa con las aventuras protagonizadas por estos tres personajes: “Tres superhombres” (I fantastici tre supermen), “Tres superhombres en Tokio” (Tre supermen a Tokio), “Los tres supermen en la selva (Che fanno i nostri supermen tra la vergini Della giungla?), “Así la armaron los 3 superhombres en el Oeste” (…E cosi divennero i tre supermen del West). Hasta aquí la saga italiana, que luego se vería completada en 1986 por la postrera “Tre supermen a Santo Domingo”, por el medio la cosa se desmadró todavía más y se pergeñaron productos de acongojante sonoridad como “Hong Kong 3 supermen desafío al Kung Fu”, “3 supermen contra el padrino” (en gloriosa coproducción con España y Turquía), “3 supermen at the Olympic Games” o “Super Wan Tu Tri” (no, el título no fue idea de las Azucar Moreno, la cosa se realizó en Filipinas), “Supermen and Mad Girl”, primer exploit turco, tiene un título incluso serio en comparación con el resto.

Nos encontramos pues en la tercera aventura de la saga. Dos de los integrantes del heroic trío están a punto de ser colgados por el pescuezo en una remota tribu. La CIA no duda en interrumpir la boda del tercero en discordia para que salve a sus compañeros y, junto a ellos, lleve a cabo una misión de vital importancia para el devenir de EE.UU. Han de comprar un territorio perdido en mitad de sabe dios que selva antes de que lo hagan los soviéticos, pues es de una importancia estratégica vital.

Como se podrán imaginar la trama no es más que una excusa para ver a los 3 supermen desvariando por en medio de la selva (en realidad Torrelodones, Madrid), ligando con una tribu gobernada por mujeres (todas ellas muy bien peinadas y maquilladas), y peleando con los soviéticos, encabezados por Frank Braña, que bailan al estilo Kasatchok cada vez que les sonríe la suerte.

Una de las cosas que más se agradecen es la extraña relación entre el trío protagonista. Lejos de llevarse bien, como buenos superhombres, están en constante lucha. La pareja formada por Martin y Dick intentan a la mínima ocasión traicionar al bueno de Steve, que no escarmienta de las jugarretas de sus compañeros.

Los personajes responden al típico patrón de comedia. Por un lado tenemos al buenazo, Steve, que además de ser el más valiente es el más apuesto (interpretado por el culturista-actor? Brad Harris), Martin es todo lo contrario, pensando sólo en su propio bienestar arrastrará a Dick en sus fechorías, el personaje más puramente cómico, capaz de comunicarse con los animales pero no con los seres humanos.

Una comedieta aderezada con tribus caníbales y bellas féminas ligeras de ropa que curiosamente hace más gracia cuando intenta funcionar como película de aventuras. Las partes cómicas fracasan por su excesiva ingenuidad que las hace demasiado previsibles, como la escena en la que Steve explica a Dick lo abiertos que hay que tener los ojos en la selva dada la peligrosidad del entorno mientras él mismo es acechado por serpientes y tarántulas sin percatarse.




“Las garras de Lorelei” (Amando de Ossorio, 1974)

El tristemente desaparecido director gallego Amando de Ossorio, conocido sobretodo por su tetralogía sobre los caballeros templarios-zombie, fue el encargado de cerrar la noche con esta curiosa versión hispánica de las leyendas del folklore germano.

LA HISTORIA: Una pequeña población a orillas del Rhin vive atemorizada tras la consecución de una serie de asesinatos especialmente sangrientos. La leyenda de Loreley, una sirena germana que necesita alimentarse del corazón de vírgenes para mantenerse con vida, parece estar detrás de los terribles sucesos.

El internado femenino del pueblo, objetivo lógico de la asesina, contrata a un joven cazador para que vigile las instalaciones. La llegada del forastero supone una auténtica revolución entre las jóvenes, que no están acostumbradas a la presencia de hombres en su residencia; sin embargo, el joven parece más interesado en una misteriosa mujer que surge inesperadamente de las aguas. Desoyendo las leyendas populares el joven continúa su relación con Loreley, mientras continúan los asesinatos, hasta que es seducido por una de las encargadas del internado siendo descubierto por su misteriosa amante.

Ante todo hay que dejar claro que estamos ante un auténtico bodrio, que nadie se deje embelesar por cantos de sirena, las leyendas germánicas de los nibelungos, el héroe Sigfrido y la propia Loreley, todos juntos y revueltos, lejos de dar interés a la delirante trama, le dan una pretensión vacía e innecesaria que consigue convertir en tedioso el desarrollo del metraje.


Si hay algo que invite a su visionado es el impresionante plantel de féminas que presenta la producción. Loreley está encarnada por Helga Liné, auténtico fetiche del cine fantaterrorífico y de destape, que un año antes había trabajado con Paul Naschy en “El espanto surge de la tumba” y con el mismísimo Santo en “Santo contra el Dr. Muerte”, las virtudes (anatómicas) de esta señora creo que han quedado bien claras a lo largo de su dilatada filmografía, al igual que la buena de la película, una impresionante Silvia Tortosa, años antes de ser portada de Interviú.

Las mujeres de la época quizá disfrutaran de un Tony Kendall recién salido de “La frusta e il corpo” de Mario Bava, que aquí anda totalmente perdido, aunque eso sí, marca paquete en sus embutidos pantalones de campana y exhibe torso durante la mayor parte del metraje, siempre con su rifle cerca. Sus andares chulescos son lo más reseñable de su interpretación, aunque es justo decir que hay que ser muy hombre para recitar esos diálogos que ponen en su boca, como cuando ya muy avanzada la trama, estando clara la causa de las muertes, ejerce como detective diciendo: “Aquí hay algo sobrenatural”. Quizá se le pegara la verborrea de su amante Loreley que al principio de su relación le espeta un: “Has pensado en nuestro futuro”, la muchacha se ve que tanto tragar corazones no pierde el optimismo.

A parte de hacernos reír involuntariamente y alegrarnos la vista con los jóvenes protagonistas, la película destaca por la resolución de cada uno de los asesinatos, especialmente virulentos, no se escatima en sangre ni en violencia. Dejando de lado el disfraz de monstruo que representa la transformación de Loreley la cámara se recrea en más de una ocasión en primeros planos de casquería que resultan efectivos a pesar de su tosquedad en lo que al apartado técnico se refiere.


lunes, 31 de agosto de 2009

¡PEOR...IMPOSIBLE! XI. SEGUNDO ASALTO. DE VIEJOS HÉROES OLVIDADOS EN SU CRUZADA CONTRA EL MAL.

La segunda sesión del ciclo congregó aún a más gente que en el estreno, tanto es así que la sala principal, con capacidad para 120 espectadores se quedó pequeña y los más remolones, que siempre llegamos a en punto tuvimos que subir a una sala situada en el primer piso del Antiguo Instituto para poder disfrutar del espectáculo.

La película elegida para la primera sesión era la japonesa “Golden Bat”, dirigida por Hajime Sato en 1966. Esta modesta e imaginativa producción rinde homenaje al peculiar personaje que da nombre al título, un extraño superhéroe que recuerda iconográficamente al fantasma de la ópera y que se encuentra en su tumba de la Atlántida hasta que un grupo de científicos lo despierta casualmente. Sus primeras apariciones fueron en el manga allá por los años 30, la popularidad le llevó a la gran pantalla en este largometraje y finalmente tuvo una adaptación al anime en los años 80.

LA HISTORIA: Un chico descubre que un cuerpo celeste está próximo a la tierra y es reclutado por un grupo de científicos que trabajan en el más alto secreto al servicio de la ONU (tal cual). Según los cálculos a la tierra le quedan diez días de vida hasta la colisión. Tan sólo la puesta a punto de una super-arma, “el super cañón del rayo de destrucción”, aún sin terminar podría evitar la catástrofe. Un inesperado viaje a la Atlántida, que surge repentinamente de la profundidad del océano, permite descubrir a la expedición la piedra roseta que les faltaba para hacer funcionar el destructivo ingenio, un extraño mineral escondido en la tumba de Golden Bat. Un ejército de alienígenas a bordo de una nave-taladro que les permite introducirse por debajo de la corteza terrestre arrebatan el mineral a los terrícolas pues con el super-arma a punto serían invencibles, lo que haría imposible su pretendida colonización de la Tierra. Golden Bat es ahora la única esperanza de la raza humana para recuperar el arma que permita derrotar a los extraterrestres y destrozar el cuerpo celeste antes de que colisione con el planeta destruyéndolo para siempre.

La película cuenta con todos los elementos característicos de la gloriosa sci-fi pergeñada en los años 50 en U.S.A bajo el apretado presupuesto y la ilimitada imaginación que la serie b le permitía, a saber: Humanidad en peligro por ataque alienígena, científicos en busca del arma que repela al invasor, lenguaje pseudo-científico, decorados y vehículos espaciales a base de maquetas. Pero los japoneses no podían quedarse ahí, su turmix cultural plagada de referencias provenientes de latitudes dispares, (desde su tradicional y milenaria cultura clásica hasta la enorme influencia que ejerció el gigante estadounidense a partir del fin de la segunda guerra mundial) les hace introducir elementos como este superhéroe de saldo con capa, bastón y calavera dorada de goma que va repartiendo mamporros alegremente a la vez que se burla con su sardónica risa de los enemigos caídos. El tipo es tan fino que además de quitarse de en medio a golpe de bastón a todo un planeta con ganas de colonizar la tierra le da tiempo a soltar alguna frase fardona entre risotada y risotada para después largarse volando, literalmente.



La pinta de los alienígenas es uno de los puntos fuertes de la película (aquí los nipones siempre supieron enriquecer y/o enloquecer mejor sus producciones) sobre todo desde el punto de vista estético. El traje del líder extraterrestre es de lo más zetoso visto en una pantalla, algo así como un koala de peluche de metro ochenta, si esto es el archienemigo de la raza humana desde hoy miraré con otros ojos a Espinete, pues seguro que él también proviene del mismo beligerante planeta. Los esbirros de turno tampoco tienen desperdicio, sobre todo los dos integrantes de sexo masculino (al no haber traje de cremallera la apariencia es totalmente humana), uno de ellos parece tener un ligero problema de licantropía y se depila las cejas al estilo Spock, mientras que el otro debió tener algún accidente con algún ácido corrosivo pues tiene la mitad de la cara bastante estropeada.

El bando de los buenos está encabezado por un forzudo Sonny Chiba, secundado por un mozalbete con inquietudes estelares (no en vano es el primero que descubre el peligro que corre la tierra ante la inminente colisión de un meteorito) y un viejo científico occidental doblado al japonés.

La psicotronía de la trama depara al espectador momentos realmente divertidos como la aparición y posterior desaparición de la Atlántida en mitad del océano como si tal cosa o el agradecimiento y promesa de servicio y protección de calavera dorada justo después de que ¡¡profanen su tumba!!

El diseño de producción, semejante por otra parte al de las producciones kaiju de los sesenta, además de un vestuario de lo más pintoresco nos regala una nave estilo thunderbirds dónde viajan los protagonistas y una magnífica e increíblemente útil nave a los alienígenas: Un espectacular taladro del tamaño de un rascacielos que además dispara rayos por sus ojos.

Lo peor de la peli es que no se hayan currado nada las coreografías desaprovechando así la presencia del mamporrero Sonny Chiba. Por el contrario esa falta de planificación aumenta considerablemente la risotada viendo como el gran Murciélago Dorado se abre paso con su bastón cual Cyrano de Bergerac.

Cambiamos totalmente de latitudes para disfrutar de la siguiente película “Karla contra los jaguares” es una producción colombiana de 1974 dirigida por Juan Manuel Herrera.

El profano al leer el título seguramente pensará que se trata de una superheroína luchando contra unas bestias feroces pertenecientes al reino de la selva o la tribu urbana indistintamente. Pues no. Karla es una rubia hitchckoniana, interpretada por la atractiva Marcela López Rey, de tremenda y apretada delantera con un cerebro privilegiado al servicio del mal y su propio beneficio. Ayudada por su fiel y fornido compañero, al que trata como si fuera su mascota (es imposible no acordarse del personaje de Ilsa), tiene a su servicio toda una banda de superhombres musculados a los que ha convertido en autómatas que utiliza para realizar robos de gran envergadura.

Los jaguares son la versión colombiana de los luchadores enmascarados mexicanos. A bordo de sus motos, con capa y máscara de jaguar se encargan de ayudar a las fuerzas del orden en su cruzada contra la delincuencia. En esta ocasión deberán enfrentarse a los temibles autómatas y capturar a la maquiavélica Karla para frenar la oleada de robos.

LA ESCENA: Posiblemente de lo mejor de esta edición de “Peor… ¡imposible!” Karla sale al enorme jardín de su mansión para ver de cerca el entrenamiento de los autómatas: Un montón de tíos musculados que hacen pesas como posesos mientras otros son adiestrados en artes marciales o prueban su puntería con armas de fuego. En medio de esta fiesta filo-gay uno de los autómatas se descontrola pegando de ostias a quien se cruce en su camino, tras una serie de planos-contraplanos desternillantes en el que la troupe de Karla mira tranquilamente como el coloso se ceba con uno de los adiestradores, la malvada líder coge una ametralladora para coser a balazos al juguete roto. A eso se le llama golpe de autoridad.

Otro de los momentos álgidos de la función es cuando uno de los jaguares en plena persecución de los malhechores no duda en derribar una puerta con su cabeza lanzándose en plancha a modo de ariete. Por favor, niños, no intentéis hacer esto en casa ni en el colegio.

La sesión golfa nos deparaba uno de los puntos más altos del certamen “Aullidos 2”… pero esa ya es otra historia.

jueves, 27 de agosto de 2009

PEOR... ¡IMPOSIBLE! XI, PRIMER ASALTO. EL ORGULLO DE SER UN OUTSIDER: REFLEXIONES Y PRIMERAS PROYECCIONES.

Un año después de la decena está claro que ¡Peor… imposible! es, además de un ciclo cinematográfico empeñado en rescatar del olvido ese cine de derribo que tantas satisfacciones dio en los cines de barrio a los niños convertidos hoy, como diría José Ángel Garrido, en puretas ochentenos para darlo a conocer a las nuevas generaciones, una auténtica fiesta. Una fiesta llena de risas, aplausos y onomatopeyas. El equipo de Peor… ¡imposible! Ha convertido la sala de actos de el antiguo instituto en uno de aquellos antiguos y fríos cines de barrio asturianos que se calentaban cuando el público, especialmente el del gallinero, animaba al protagonista al grito de ¡hala mocín!

Cuarenta años después, superada ya la triste dictadura, aquel público que se agolpaba en las salas para disfrutar con sus ingenuos héroes, sumergiéndose en emocionantes aventuras, es presa de la mediocridad y estupidez que desprenden sus televisores, ocupando su tiempo de ocio en otras ficciones igual de populares pero mucho menos originales.

Tan sólo un pequeño reducto de eso que ahora a las gentes normales les da por llamar frikis (que supongo vendrá del original inglés freak para designar las atracciones humanas de feria) acudimos con ojos nuevos (en mi caso he de reconocer que normalmente la mayoría de los títulos nunca los había visto) o reciclados, en el caso de los más veteranos.

Lo que está consiguiendo este ciclo, al margen de darnos una semana de alegría a los fanáticos del cine de género en su vertiente más popular y desprejuiciada, es enseñarnos una historia del cine que no está escrita, como bien apuntó el propio Jesús Parrado en el coloquio de hoy.

Ese cine de evasión siempre anteponiendo el entretenimiento a las formas pero no siempre carente de discurso ni de segundas lecturas, tomando la explotación de las grandes producciones como punto de partida para dar rienda suelta a la imaginación en busca de productos originales, delirantes en ocasiones, que a través de su locura buscan suplir la falta de medios económicos y humanos.

Cada una de estas películas tiene un valor incalculable, desde los chirriantes modismos de la época, (desde el vestuario hasta la banda sonora pasando por los mareantes zooms), la locura e ingenuidad de sus diálogos, la falta de raccord, los personajes psicotrónicos o estereotipados e incluso los propios actores que los encarnan… Espartado Santoni, Tony Kendall, Frank Braña. Todos estos detalles, además de ser un documento fidedigno de la época y el lugar donde fue realizada la película, hacen de cada una de estas cintas una obra de arte a su manera.

Dentro de este rico, mágico y vasto mundo la temática escogida este años fue “Eros, héroes y superhéroes” el título de la edición lo deja bien claro y hasta el momento no nos podemos quejar de su programación.

Antes de los largometrajes el programa avisaba de la proyección de un corto sorpresa. En realidad no se trataba de un cortometraje sino del primer capítulo de la serie japonesa sobre Spiderman. Así es, existe una serie sobre Spiderman, el de la Marvel, en Japón, se rodó en 1978 y como os podréis imaginar teniendo en cuenta como se las gastan los nipones lo único que guarda en común con su homólogo yankee son los colores del traje, aunque un poco deslucidos.
Takuya Yamashiro es el personaje que se transforma en hombre-araña pero no es un loser que cursa estudios en la High School, éste es un motorista que recibe su poder, justo después del asesinato de su padre a manos del Ejército de la Cruz de Hierro, de un superviviente del planeta Spider que había sido masacrado por el mismo ejército (pa pillar también la mitología de superman de refilón) como estamos en Japón Spiderman no podría ser un héroe respetable sin un robot gigante a sus órdenes (otro poquito de Mazinger Z). El amasijo de acero en cuestión se llama Marveller (¡que cachondos!) y cuando se transforma para combatir toma el nombre de Leopardon.

El tono de la serie es de cachondeo puro y duro, con spiderman dando saltitos, colgando de cuerdas y escalando con bastante dificultad los edificios, verlo ponerse el traje es todo un espectáculo. Las peleas con las posturitas karatekas de la araña son tan ridículas como los efectos especiales, de las coreografías y la indumentaria de los malos parece que tomaron buena nota los creadores de Power Rangers para sus inolvidables masillas.

En definitiva una auténtica gozada con la que no pudimos parar de reír… ¡Ya podía copiar un poco Sam Raimi para sus adaptaciones!.

“Serpiente Sam” (Italia-Filipinas, 1989), Born to fight en su título internacional, la producción italo-filipina fue la encargada de abrir esta edición. Tras las cámaras el inefable Bruno Mattei, ante ellas el jeta de Brent Huff. Aunque para jeta la de su personaje, un remedo bastante chusco del Rambo del sagrado Sly e incluso con toques, según dicen (aunque yo no se los vi por ningún lado), de Cocodrilo Dundee.

LA HISTORIA: Sam Wood es un veterano de Vietnam que se pasa el día en bares de mala muerte hasta que recibe una jugosa oferta de una atractiva joven para rescatar a unos militares americanos en Vietnam. Al igual que en las secuelas de “First Blood” el temerario protagonista se las arreglará él solito para acabar con todos los enemigos y finalizar su misión con éxito.

LO MEJOR: Las frases de machito que se suelta el cachondo de Sam, en especial su repetitivo “Se puede hacer” respuesta recurrente ante cualquier adversidad.

LO PEOR: Que va perdiendo fuelle poco a poco hasta perderse en un sinsentido de matanzas y explosiones sin lograr mantener la chispa de su original pseudo-antecesora “Strike Comando”.

En definitiva un divertimento sanote que no engaña a nadie. Argumento habitual, diálogos machistas y ultra-conservadores e ingentes dosis de tiroteos y explosiones. Cine primario para fanáticos del músculo y el belicismo muy poco exigentes.

UN PAR DE DETALLES: El principio de la película pone el listón muy alto. Sam, en el interior de un bar, ataviado con su sombrero vaquero que le tapa medio rostro y con una señorita entre sus labios (emulando grotescamente al Clint Eastwood de la trilogía del dólar) coge una serpiente con sus propias manos hasta que consigue que expulse su veneno dentro de un vaso para, acto seguido, beberse su contenido para regocijo de los clientes del local.

El guión tiene bastante de culebrón. Una de las personas a las que Sam tiene que salvar, el padre de la chica que le propone la misión, resulta ser un superior suyo que le impidió en su día rescatar al resto de sus compañeros cuando se encontraban a su suerte entre los arrozales vietnamitas. Sam recuerda en un flash-back sentimentaloide y cutrongo como el superior va a visitarlo a la enfermería para prohibirle realizar esa acción suicida. Hasta ahí todo correcto, sino fuera porque la escena vuelve a repetirse unos minutos después… ¡y encima ampliada!.

“Los campeones justicieros” (México, 1971) Dirigida por Federico Curiel. Primera cita con las entrañables aventuras de luchadores mexicanos enmascarados, en esta ocasión sin la presencia de Santo, pero no sufran que el enmascarado de plata tiene película propia en el ciclo, faltaría más.

El espectacular reparto ya merece al menos un visionado: Blue Demon, Mil Máscaras, Sombra Vengadora, El médico asesino, Black Shadow, Tinieblas (el gigante), todos ellos por supuesto luchadores enmascarados. Pero por si esto fuera poco tenemos a un puñado de misses mexicanas en apuros que interpretan además a las ahijadas de los aguerridos luchadores. Así Miss Jalisco, Miss Chihuahua y sus compañeras se pasarán la película luciendo palmito y soltando gritos de pánico en la guarida-laboratorio de los malhechores.

El bando maligno lo encabeza Mano negra, al parecer viejo conocido del escuadrón de luchadores mexicanos al que ya daban por muerto pero que en lugar de eso se ha rodeado de unos cuantos secuaces: tres mediocres luchadores, sin enmascarar, a los que Blue Demon and company pegan una soberana paliza sobre el ring al comienzo de la película; Black Shadow, luchador enmascarado que no se sabe muy bien que pinta ahí pero que tampoco hace mucho y un pérfido y bizarro ejército formado por nueve enanos.

LA HISTORIA: Mano negra, ayudado por sus secuaces y por un maléfico ingenio que permite dotar a su ejército de enanos de la fuerza de diez atletas planea secuestrar a los luchadores enmascarados para convertirlos en autómatas y utilizarlos para sus oscuros fines al servicio de una superpotencia extranjera. Para conseguirlo rapta a todas las misses que se presentan al certamen de Miss México, que resultan ser las ahijadas de los luchadores, para utilizarlas como cebo.

LO MEJOR: El laboratorio de Mano negra y sus inventos imposibles. El ingenio que permite aumentar la fuerza de los enanos es una especie de embudo gigante que suena como el ring de un teléfono antiguo cada vez que se utiliza. Por supuesto no esperen ver transformado al enano en gigante tras salir del aparatoso artilugio, sale tal y como entró. Además el efecto de la máquina no dura demasiado tiempo, (a pesar del esfuerzo de Mano Negra, quien llega a crear unas pulseras que permitan mantener la fuerza de sus esbirros) lo que proporciona no pocas risotadas a costa de los pobres enanos que son lanzados por los aires por los luchadores en cuanto se desvanece su poder.

LO PEOR: Algo bastante común en las películas del Santo y en otras casposas producciones con Mad doctor de por medio. El malvado de turno siempre dispone de una televisión dónde ve absolutamente todo lo que ocurre con una excepcional realización que le permite ver en cada momento lo que le interesa… ¿Pero quién coño graba esas imágenes?, ¿Dónde están las cámaras?, ni siquiera se molestan en dar una explicación graciosa pseudos-científica de esas que tanto se estilan en estas producciones.

LA ESCENA: Médico asesino y Tinieblas (corríjanme si me equivoco de luchadores) haciendo guardia discretamente delante del portal de sus ahijadas. El primero en un descapotable, el segundo en pie dando vueltas de un lado para otro, por supuesto los dos enmascarados. ¡Eso si que es ir de incógnito!

FRASES PARA EL RECUERDO: Cada vez que los enmascarados se ponen a cavilar siempre surge algún diálogo destacable pero en esta ocasión la palma se la lleva el portavoz de los enanos. Un tipo de pelo cano y bigote quien ante la orden de su jefe de secuestrar a los enmascarados expone su postura: “Si hay alguien que pueda con los enmascarados son estos tres (haciendo referencia al trío de luchadores que tiene a su espalda) o Black Shadow, nosotros sólo somos unos miserables enanos” Uno ya no sabe si reír o echarse a llorar.

La sesión golfa estuvo reservada para el loco cine hongkonés, en concreto para “Roboforce” (Hong-Kong, 1988) Producción de Tsui Hark dirigida por David Changi dedicada a las peleas de robots, al parecer con inspiración de Terminador, los transformers y Metrópolis, ahí es nada. Desgraciadamente no pude asistir a esta proyección. A ver si hay suerte y me hago con una copia para poder comentarla próximamente.

miércoles, 26 de agosto de 2009

DEL CALOR, LA DESIDIA Y EL AMOR POR LO RANCIO

Más de un mes sin escribir un artículo es demasiado tiempo, de nuevo el mal guadianesco aqueja este blog, pero agosto es para mí el mes más cargado del año. A la asfixiante actividad laboral se suman los compromisos etílico-sociales, la célebre SEMANONA (Semana Grande para el visitante o foriatu) de Gijón, las ganas de disfrutar al aire libre de los escasos rayos de sol que bañan la Playa de San Lorenzo, que como buen playu hay que bañarse unas cuantas veces para prevenir los posibles catarros. En definitiva que mi maltrecha C.P.U ha tenido un descanso bien merecido y mi presencia ha brillado por su ausencia tanto de esta bitácora como en otras páginas amigas aquí presentes en la columna derecha.

Pero no se preocupen que el verano toca a su fin (aseguro que aquí en el norte así es, vaya si sopla el viento en cuanto se oculta el sol) y acaba de comenzar otra nueva edición de ¡Peor…. Imposible! El incombustible Jesús Parrado vuelve a regalarnos otra ristra de películas infames para goce de la cuadrilla de freaks (o como quieran llamarlo) que poblamos estas sombrías tierras.

De momento me estoy limitando a tomar buena nota de todos los desvaríos que estas impagables sesiones nos están ofreciendo en espera de encontrar tiempo para poder transcribirlas aquí y que todos puedan disfrutarlas.

El show que se montó ayer de noche con la proyección de “Aullidos 2: tu hermana es una mujer lobo”, con Christopher Lee encarnado a un investigador de lo oculto cazando licántropos con armas de titanio, fue una de las experiencias más divertidas que recuerdo del certamen, y ya vamos por la edición número 11.

Aquí dejo el enlace del programa para que se hagan una idea del desaguisado http://www.gijon.es/documentos/Departamentos/FMC/DptoDIFU/PEOR%20IMPOSIBLE%202009.pdf
Si quieren seguir el día a día del festi pueden hacerlo aquí http://elterrariodedonovan.lacoctelera.net/. La genial bitácora de otro paisano con buen gusto por el cine.
Ahí les dejo con el casposo videoclip de Aullidos 2


martes, 16 de junio de 2009

VIII CERTAMEN NACIONAL DE CORTOS VILLA DE AVILES (despedida y cierre, o no)

La última edición del Certamen finalizó el pasado sábado 23 de mayo. Aquí les dejo el enlace con los ganadores de este año.

http://www.elcomerciodigital.com/aviles/20090524/aviles/julio-fuente-arrasa-certamen-20090524.html

Lamentablemente no pude asistir a este cuarto y último día de proyecciones pero gracias a Youtube he podido ver alguno de los cortos finalistas que a continuación subo y comento brevemente. Internet ayuda pero dista mucho de ser perfecto. Debido a ello, y a mi ausencia en los últimos pases, así como en la sección "Desde Asturias con amor" me es imposible hablar de algunos trabajos galardonados.
Disculpen el desaguisado y disfruten de estos tres estupendos trabajos.
“El encargado” de Sergio Barrejón (8’)

Cortometraje premiado con el máximo galardón de la X Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid y nominado a los Premios Goya 2009. Primera producción en solitario de Arsénico Producciones, cuenta en la dirección con Sergio Barrejón (co-guionista del espléndido cortometraje “Éramos pocos”) quien también escribió el guión junto a Nacho Vigalondo.

Un acertado blanco y negro sirve para narrar una historia más propia de hace un par de décadas. A pesar del excelente tono dramático, con tintes de Western, que Sergio Barrejón imprime al relato, la realidad en la sociedad actual es mucho más dura que la representada en el cortometraje.

Martín es un niño tímido y soñador que mira embelesado desde su pupitre a su compañera Ana. Al final del aula se sienta Luis, el matón de turno, con aspecto de repetidor y armado con su boli bic a modo de cerbatana. Cuando el profesor sale del aula en busca de unas diapositivas dejará a Martín como encargado de mantener el orden en la clase. Aquí comienza la batalla por salvar su dignidad ante la chica de sus sueños.

Una pequeña historia para la pantalla pero todo un desafío para nuestro protagonista que se enfrenta “sólo ante el peligro” a la dura etapa de la pre-adolescencia.


“Reacción” de David Victori (12’)

Un impersonal paisaje urbano nocturno sirve como inquietante localización para esta frenética road movie de impecable factura en la que Santi Millán presta su físico para interpretar un personaje con el que cualquiera de nosotros puede sentirse identificado.

Una thriller de ficción de asfixiante atmósfera rodado con pulso firme por David Victori. Basado en la tristemente cotidiana realidad de la violencia de género que cada día se cobra más víctimas en nuestro país y que tan impunemente explotan los medios de comunicación.


Pim, pam, pum” de Asier Urbieta y Andoni de Carlos (3’)

Cortometraje premiado con el máximo galardón en el XIV Certamen de Cortos Villa de Errentería.

Mikel se separa de sus amigos para buscar a su hermano Xavi en mitad de una manifestación porque sino... ¿a ver que le dice a su madre?

Con una precisa puesta en escena y una milimétrica planificación (espléndido el plano secuencia que sigue a Mikel a lo largo del metraje) los donostiarras Asier Urbieta y Andoni de Carlos nos hacen sentir de cerca la violencia y el riesgo de una manifestación en el casco viejo de Donosti, transmitiéndonos angustia ante la incertidumbre de la suerte de sus jóvenes protagonistas.

Un excelente relato sobre la inocencia y la ingenuidad en la infancia, durante la que, normalmente, somos ajenos a los problemas del mundo de los adultos.

jueves, 11 de junio de 2009

FORBIDDEN ZONE

“Forbidden Zone”
Director: Richard Elfman
Guión: Mathew Bright, Richard Elfman
Intérpretes: Hervé Villechaize, Susan Tyrell, Gisele Lindley, Jan Stuart Schwartz, Marie-Pascale Elfman, Virgine Rose, Gene Cunningham, Phil Gordon, Hyman Diamond, Matthew Bright, Danny Elfman, Viva, Joe Spinell, Brian Routh, Martin von Haselberg.
(EE.UU, 1982)


Sinopsis:

La familia Hércules se muda a su nueva casa situada en la Baja California. Frenchy, la hija de la familia baja al sótano topándose accidentalmente con un portal que le lleva directamente a la sexta dimensión. Allí descubre el anárquico y loco mundo regido por el Rey Fausto y su esposa, la Reina Doris. Fausto se enamora locamente de Frenchy, la cual le corresponde. Cuando la noticia llega a oídos de la Reina, ésta buscará a los enamorados para tomarse venganza. Su abuelo y su hermano Flash que han descendido en busca de Frenchy intentarán librarla de las garras de la soberana.
Ópera prima de Richard Elfman en la que se rodea de toda su troupe para materializar un alucinógeno viaje bajo la forma de un exquisito e irreverente musical.
El largometraje surge al adaptar a la pantalla grande el trabajo en los escenarios del grupo musical “The Mystic Knights of the Oingo Boingo”. Banda californiana de New Wave fundada por Ugh-Fudge Bwana que contaba entre sus filas con la presencia de los hermanos Elfman. Richard, director del proyecto, y Danny, más tarde célebre compositor a mayor gloria del universo fílmico de Tim Burton.

La Alicia de Lewis Carroll le da la mano al musical de Broadway y a la música jazz bajo una producción underground realizada por auténticos lunáticos de la escena. Pura delicia del exceso y el mal gusto bien entendido.
Como en la mayoría de las películas de culto, algunas de las cuales se encuentran entre los mejores títulos de todos los tiempos, como es el caso de “La noche de los muertos vivientes”, “La matanza de Texas” o incluso “Psicosis”, la precariedad económica lejos de suponer una traba se reveló como el estímulo necesario para convertir a través del ingenio una modesta producción en una obra atemporal de indudable calidad.
Ver “Forbidden Zone” es una experiencia cinematográfica única, estamos ante un desborde imaginativo difícilmente equiparable. La película es una fantasiosa caja de sorpresas llena de rincones tras los que se esconden personajes a cual más pintoresco.
La sexta dimensión tiene un envidiable plantel en cuanto a extravagancia se refiere. Desde un hombre rana con frac, unos gemelos boxeadores y bailarines, hasta su princesa (Gisele Lindley), una libidinosa joven que deambula con elegancia por la pantalla sin más atuendo que unos provocativos guantes negros, un collar de perlas, una braguita de blanco algodón y su corona. Mención aparte merecen, por supuesto, los monarcas. El pequeño gran Fausto, de porte napoleónico, siempre con su inseparable corona, está genialmente interpretado por Hervé Villechaize y su neumática consorte (Susan Tyrrell) parece una reinona siliconada sacada de un espectáculo de Las Vegas. Danny Elfman se reserva el rol del mismísimo Satán. Un Belcebú con un exquisito gusto para la música y la ropa.
En la superficie tampoco es que abunde la cordura precisamente. La familia Hércules tiene un serio problema de incontinencia sexual (sobre todo flash y el abuelo, más joven que este último) y de violencia (el pater familias no duda en noquear a su esposa cuando ésta amenaza con ponerse demasiado cariñosa). Frenchy, la bonita hija que viene de estudiar de Francia, es todo candor y vive en un mundo aparte, lo que no implica que siga estando como una regadera.

Cuando salimos del techo de los Hércules la cosa se pone aún peor. Toshiro Bononey interpreta a los gemelos Henderson. Squeezit, siempre en pañales y con tendencia a temblar como una gallina y René, ¿una chica, o un chico vestido de mujer?, hay opiniones. La profesora del colegio no duda en sacar la ametralladora cuando se siente amenazada, aunque es bastante lógico en una clase plagada de gangsters. Ya ven, nada que envidiar al pabellón de locos de la sexta dimensión.

El ingenio, por tanto, está presente en todas y cada una de las partes de la producción de esta película. Empezando por un guión que rezuma espontaneidad por todos los costados y que parece improvisar, con éxito, cada nueva situación.

Tanto los diálogos como los números musicales están plagados de chistes, ya sean mediante la elaboración de diálogos o recurriendo al gag visual característico del slapstick. El humor absurdo, cercano al universo de los Hermanos Marx o de los Monthy Python (un tiroteo derivado de una partida de cartas en mitad de una clase de colegio) convive con la broma gruesa, escatológica (desde escupir a una persona que se encontraba en el cubo de la basura hasta sodomizar a todo aquel que se ponga a tiro).

Los números musicales gozan de un estupendo mestizaje cortesía de Danny Elfman, quien tomando como referentes artistas de jazz afro-americano de la talla de Cab Calloway escribió una serie de canciones donde se mezclan letras provocativas cargadas de sexualidad con otras absolutamente naif. El eclecticismo también está presente en la mezcla de ritmos, desde números latinos a melodías francesas pasando por la técnica vocal del scat.

La personal e intransferible estética de la que goza la película es el resultado del agudizado sentido visual del director y sus ayudantes.

La sucia fotografía en blanco y negro, resultado de la filmación en 16mm (¿cuantas grandes películas están filmadas en este glorioso formato?) de la mayor parte del metraje le confiere un aire turbio, pesadillesco, que le va como anillo al dedo a una película que goza de absoluta amoralidad. John Muto complementa el trabajo aplicado a la imagen real a través de la animación. Mediante el artesanal uso de diversas técnicas, como el cartoon o la utilización de fotografías como plantillas, le da ese acabado tan personal que recuerda a la obra de Terry Gilliam.

Los decorados constituyen otro de esos elementos que hacen de “Forbidden Zone” una película diferente. La falta de recursos técnicos es nuevamente la responsable del despliegue imaginativo, en este caso la labor ni siquiera fue encargada a profesionales. Los propios actores eran los encargados de construir los decorados. Aprovechaban la noche para construirlos, debido a que por el día les tocaba actuar. Marie-Pascale Elfman y Hervé Villechaize se pasaron noches en vela pintando fondos o rebuscando material válido entre la basura. (¡esto si que es llevar el make yourself por bandera!)

Una AUTÉNTICA obra de culto para quitarse el sombrero, un trabajo realizado sin ninguna pretensión comercial, lo que se percibe sin dificultad en el espíritu libre que rezuma la producción. Un desborde creativo sin ninguna restricción.

Les dejo con la genial intervención de Danny Elfman.