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miércoles, 30 de septiembre de 2009

INGLORIOUS BASTERDS

“Inglorious Basterds”
Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Intérpretes: Brad Pitt, Mélanie Laurent, Christoph Waltz, Eli Roth, Michael Fassbender, Diane Kruger, Daniel Brühl, Til Schweiger, Gedeon Burkhard, Jacky Ido, B.J. Novak, Omar Doom, August Diehl, Denis Menochet, Sylvester Groth
(EE.UU, 2009)

Sinopsis:

Hans Landa, un oficial de las SS cuya misión es acabar con todo aquel judío que aún permanezca en suelo francés deja escapar a una joven llamada Shosanna, en una de sus carnicerías en una pequeña aldea, tras acribillar al resto de su familia. Mientras tanto, un grupo de soldados judío-americanos son adiestrados por el teniente Aldo Raine para torturar y matar nazis, su sanguinaria reputación les precede llegando incluso a oídos del Führer, se les conoce con el sobrenombre de “Los Bastardos”.

Tres años después, Shosanna, bajo una nueva identidad regenta un cine en París. Frederick Zoller, un soldado alemán, admirado entre los suyos por haber matado a 300 soldados rusos, se enamora de ella y convence al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebels, para estrenar la última película de Lenni Riefensthal, de la que él mismo es protagonista, en el modesto cine de Shosanna. La ocasión idónea de la joven para vengar a sus familiares y al resto del pueblo judío.

El estreno de la película en el cine reunirá a toda la cúpula nazi bajo un mismo techo, incluso se rumorea que Adolf Hitler podría asistir a la proyección. Aldo Raine organiza un equipo de topos para colarse en el estreno ayudados por Bridget Von Hammersmark, una actriz alemana que trabaja como espía para el enemigo. Todos están preparados para recibir a los altos mandos del Tercer Reich como se merecen.

La última obra de Tarantino nace, como todas sus obras anteriores, del eclecticismo, de la hibridación, del pastiche, de la tradición de la música popular, el cómic y el cine de derribo, estamos ante la obra más postmoderna del director más postmodernista de occidente. Que nadie que se asome al cine a ver “Inglorious Basterds” se espere una película de cine bélico, Tarantino no nos da su visión sobre la Segunda Guerra Mundial, ni realiza un remake sobre el exploit italiano “Aquel maldito tren blindado”, tampoco estamos ante un velado homenaje-plagio de su adorada “Doce del Patíbulo”. No, Tarantino, simplemente nos cuenta su película, la que nos lleva contando desde “Reservoir dogs” que tampoco era una película de cine negro, la que volvió a repetir en “Pulp Fiction”, dónde el cuarto de libra con queso o los masajes en los pies tenían más peso que la supuesta trama noir, o lo mismo que nos contaba en “kill Bill”, dónde la conversación sobre la mitología de Superman tenía tanto protagonismo como los ecos del Spaghetti Western, las katanas y los golpes de Kung-Fú.

Con una trama lineal, en disonancia con los ejemplos anteriores, inteligentemente llevada para hacer converger a los diferentes personajes en un único lugar en su memorable último capítulo, se describe coherentemente a través de cuatro fragmentos previos las circunstancias que llevan a la catarsis final. “Inglorious basterds” no tiene un protagonista claro, no obstante, la simpatía del espectador cae del lado de los Bastardos, debido a su excéntrico y carismático carácter, además de por los evidentes motivos históricos. El líder del escuadrón, el teniente de sangre apache llamado Aldo Raine, es un personaje construido a base de trazos gruesos a través de una expresión oral que firmaría el Guy Ritchie de “Snatch…”, e interpretado con sorna por Brad Pitt, emulando con su mueca de mandíbula al Brando de “El padrino”. Al igual que el resto de la banda de psicópatas tortura-nazis, no es el personaje más logrado de la peícula. Le secundan Hugo Stiglitz, (acongojante presencia la de Til Schweiger), un judío alemán que emigra a EE.UU y vuelve a Europa para masacrar nazis; y Donnie Donovitch, apodado el oso judío, un amante del baseball que disfruta destrozando nazis con su bate, interpretado con entusiasmo por Eli Roth quien parece disfrutar tanto machacando cráneos en escena como rodando una de sus gamberradas gore.

Los Bastardos aportan gran parte de la hilaridad que sobrevuela el filme; sin embargo, las actuaciones más notables se encuentran en el bando enemigo. La caricatura de Hitler es un icono cinematográfico desde el estreno de “El Gran Dictador”. Sin elevase en esta ocasión a un retrato tan certero como el conseguido por Chaplin el personaje funciona como bufón, en escasas pero celebradas apariciones, en medio de la gran farsa que Tarantino teje a su alrededor. De mayor presencia goza un rígido y patético Joseph Goebels, bordado por Sylvester Groth, empequeñecido ante la presencia de su estupenda amante, una Julie Dreyfus siempre perfecta como femme fatale (recuerden “Kill Bill, vol 1.”). Menos vistosa resulta la presencia de Daniel Brühl en la piel del soldado Frederick Zoller, que responde a un cliché, aunque es indudable su papel fundamental en la resolución de la trama.


A pesar del escueto pero efectivo retrato de las principales personalidades del Tercer Reich, el personaje más trabajado, el que tiene mayor carga dramática, y, casi sin ninguna duda, el mejor interpretado, recae en el Coronel Hans Landa, apodado “Caza judíos”. Christoph Waltz, recrea un cínico personaje cuya ambigüedad le hace destacar del resto; la magistral interpretación del actor austriaco hace que se nos hiele la sangre incluso cuando Hans come un bocado de tarta y es capaz de hacernos reír aún sabiendo que está a punto de exterminar a una familia. El dominio de varias lenguas (gran parte de la riqueza de la actuación de Waltz se pierde en la versión doblada) y la excelente gesticulación, (sus metódicos movimientos nos llevan de la mofa al pánico en décimas de segundo) hacen que las apariciones de Landa se erijan en los momentos de mayor altura cinematográfica, su mera presencia justifica por si sola el visionado del largometraje.

La Némesis perfecta de Landa, es la joven Shosanna, la escena en la que se reencuentran en un restaurante de París (lógicamente Hans no recuerda a la joven) es quizá la que mayor tensión acumula de todo el filme, la interpretación de esta secuencia de Mélanie Laurent, a través de primerísimos planos en los que tan sólo gesticula, es una lección de interpretación por parte de la actriz parisina y de dirección de actores del genio de Tenesse. El personaje de Shosanna está dotado del coraje y la valentía habituales en las heroínas tarantinianas, desde Jackie Brown hasta la Mamba Negra. El horror que la joven francesa sufre ante el asesinato de su familia la hace más fuerte, el odio la alimenta y la venganza es la evolución lógica de su personaje. Tampoco le faltan agallas al otro gran personaje femenino, Diane Kruger está arrebatadora bajo la sensual envoltura de Bridget Von Hammersmark, la particular Mata Hari de la historia, que intentará ayudar a los Bastardos en su complicada tarea de aniquilar al Tercer Reich de una sola tirada.


Quentin Tarantino, vuelve a realizar el ejercicio de intertextualidad tantas veces repetido, las referencias son inagotables, desde el Spaghetti Western hasta clásicos del cine bélico norteamericano y europeo, hasta la propia autorrefencia (los maleteros no son necesarios para mostrar su contrapicado preferido) dentro de esta mixtura el director norteamericano se siente como pez en el agua y elabora su discurso propio escogiendo siempre el producto popular antes que el elitista.

Como bien sabe cualquier aficionado las inquietudes de Tarantino, por supuesto, no se limitan exclusivamente al ámbito cinematográfico, la música sigue jugando un papel predominante en sus producciones. Ennio Morricone ocupa en esta ocasión el grueso de la B.S.O, el contrapunto perfecto lo pone la versión de “Putting out fire”, que David Bowie interpretó para la película “El beso de la pantera” de Paul Schraeder, en una preciosista escena en la que Shosanna se maquilla momentos antes de poner en marcha su plan para aniquilar a los nazis. El clasicismo lo pone el tema de fondo a los créditos de apertura, una versión instrumental del célebre “Green leaves of summer” de la película “El Álamo”.

Los detractores de Tarantino tienen el trabajo terminado de antemano, enarbolaran su oxidado discurso sobre la separación de ética y estética que presentan las obras del director, considerando por tanto su obra vacía, carente de contenido moral y, por ende, carente de valor artístico, ya que el arte ha de ser trascendente. Se acusará su obra por tanto de formalista e incluso de reaccionaria. Sin embargo, la ficción que Tarantino decide abrazar en pos de dar la mayor libertad argumental posible al relato, consigue, no sólo divertirnos con una particular (per)versión de cierto momento de la Segunda Guerra Mundial, sino imbuirnos de lleno en la dureza de la contienda, hacernos partícipes del horror de la guerra, del pánico que sufrían los judíos perseguidos, de la inocencia de muchos de los combatientes; en definitiva, nos hace reflexionar sobre nuestro terrible pasado y las consecuencias de la guerra a la vez que nos arranca una sonrisa a través de sus Bastardos, con esa curiosa habilidad para convertir el acto más grotesco y salvaje en motivo de carcajada.


Los incondicionales, por el contrario, ensalzarán esta nueva obra por su indudable belleza formal, su salvaje sentido del humor, su espíritu de ficción netamente pulp y sus brillantes diálogos, (como el monólogo de apertura en el que Landa establece la comparativa alemán-halcón y judío-rata). No les falta razón, pero no podemos olvidar que todo esto estaba presente en sus obras anteriores. Quizá su discurso postmoderno haya llegado a su fin por agotamiento de la fórmula.

Vista en perspectiva la carrera cinematográfica de Tarantino tocó techo con “Kill Bill, vol 1.”, para más tarde caer bruscamente de su pedestal con la anodina “Death Proof.”. Ahora el director norteamericano vuelve a la senda que le dio el éxito, lo que le asegura el beneficio en taquilla y el parabien de sus admiradores. Pero hay algo de estático en su cine que le impide avanzar, desligarse de ese deslumbrante realizador nobel que sorprendió a todo el mundo en el Festival de Cannes de 1992. En “Inglorious Basterds” hay momentos de gran cine, pero el espíritu que respira el filme continúa teniendo un leve aroma adolescente, una falta de madurez cinematográfica, que, aún siendo premeditada, y posiblemente consecuencia lógica de la naturaleza popular de su cine, impide a Tarantino erigirse en portavoz de una generación de cineastas realmente rompedora. No cabe duda que nos encontramos ante un talento muy por encima de la media actual de cineastas norteamericanos; sin embargo, si continúa mirando hacia atrás en vez de hacia delante quizá nunca consiga realizar esa obra maestra ante la que, según Aldo Raine (una pirueta ombliguista más), nos encontramos.







jueves, 11 de junio de 2009

FORBIDDEN ZONE

“Forbidden Zone”
Director: Richard Elfman
Guión: Mathew Bright, Richard Elfman
Intérpretes: Hervé Villechaize, Susan Tyrell, Gisele Lindley, Jan Stuart Schwartz, Marie-Pascale Elfman, Virgine Rose, Gene Cunningham, Phil Gordon, Hyman Diamond, Matthew Bright, Danny Elfman, Viva, Joe Spinell, Brian Routh, Martin von Haselberg.
(EE.UU, 1982)


Sinopsis:

La familia Hércules se muda a su nueva casa situada en la Baja California. Frenchy, la hija de la familia baja al sótano topándose accidentalmente con un portal que le lleva directamente a la sexta dimensión. Allí descubre el anárquico y loco mundo regido por el Rey Fausto y su esposa, la Reina Doris. Fausto se enamora locamente de Frenchy, la cual le corresponde. Cuando la noticia llega a oídos de la Reina, ésta buscará a los enamorados para tomarse venganza. Su abuelo y su hermano Flash que han descendido en busca de Frenchy intentarán librarla de las garras de la soberana.
Ópera prima de Richard Elfman en la que se rodea de toda su troupe para materializar un alucinógeno viaje bajo la forma de un exquisito e irreverente musical.
El largometraje surge al adaptar a la pantalla grande el trabajo en los escenarios del grupo musical “The Mystic Knights of the Oingo Boingo”. Banda californiana de New Wave fundada por Ugh-Fudge Bwana que contaba entre sus filas con la presencia de los hermanos Elfman. Richard, director del proyecto, y Danny, más tarde célebre compositor a mayor gloria del universo fílmico de Tim Burton.

La Alicia de Lewis Carroll le da la mano al musical de Broadway y a la música jazz bajo una producción underground realizada por auténticos lunáticos de la escena. Pura delicia del exceso y el mal gusto bien entendido.
Como en la mayoría de las películas de culto, algunas de las cuales se encuentran entre los mejores títulos de todos los tiempos, como es el caso de “La noche de los muertos vivientes”, “La matanza de Texas” o incluso “Psicosis”, la precariedad económica lejos de suponer una traba se reveló como el estímulo necesario para convertir a través del ingenio una modesta producción en una obra atemporal de indudable calidad.
Ver “Forbidden Zone” es una experiencia cinematográfica única, estamos ante un desborde imaginativo difícilmente equiparable. La película es una fantasiosa caja de sorpresas llena de rincones tras los que se esconden personajes a cual más pintoresco.
La sexta dimensión tiene un envidiable plantel en cuanto a extravagancia se refiere. Desde un hombre rana con frac, unos gemelos boxeadores y bailarines, hasta su princesa (Gisele Lindley), una libidinosa joven que deambula con elegancia por la pantalla sin más atuendo que unos provocativos guantes negros, un collar de perlas, una braguita de blanco algodón y su corona. Mención aparte merecen, por supuesto, los monarcas. El pequeño gran Fausto, de porte napoleónico, siempre con su inseparable corona, está genialmente interpretado por Hervé Villechaize y su neumática consorte (Susan Tyrrell) parece una reinona siliconada sacada de un espectáculo de Las Vegas. Danny Elfman se reserva el rol del mismísimo Satán. Un Belcebú con un exquisito gusto para la música y la ropa.
En la superficie tampoco es que abunde la cordura precisamente. La familia Hércules tiene un serio problema de incontinencia sexual (sobre todo flash y el abuelo, más joven que este último) y de violencia (el pater familias no duda en noquear a su esposa cuando ésta amenaza con ponerse demasiado cariñosa). Frenchy, la bonita hija que viene de estudiar de Francia, es todo candor y vive en un mundo aparte, lo que no implica que siga estando como una regadera.

Cuando salimos del techo de los Hércules la cosa se pone aún peor. Toshiro Bononey interpreta a los gemelos Henderson. Squeezit, siempre en pañales y con tendencia a temblar como una gallina y René, ¿una chica, o un chico vestido de mujer?, hay opiniones. La profesora del colegio no duda en sacar la ametralladora cuando se siente amenazada, aunque es bastante lógico en una clase plagada de gangsters. Ya ven, nada que envidiar al pabellón de locos de la sexta dimensión.

El ingenio, por tanto, está presente en todas y cada una de las partes de la producción de esta película. Empezando por un guión que rezuma espontaneidad por todos los costados y que parece improvisar, con éxito, cada nueva situación.

Tanto los diálogos como los números musicales están plagados de chistes, ya sean mediante la elaboración de diálogos o recurriendo al gag visual característico del slapstick. El humor absurdo, cercano al universo de los Hermanos Marx o de los Monthy Python (un tiroteo derivado de una partida de cartas en mitad de una clase de colegio) convive con la broma gruesa, escatológica (desde escupir a una persona que se encontraba en el cubo de la basura hasta sodomizar a todo aquel que se ponga a tiro).

Los números musicales gozan de un estupendo mestizaje cortesía de Danny Elfman, quien tomando como referentes artistas de jazz afro-americano de la talla de Cab Calloway escribió una serie de canciones donde se mezclan letras provocativas cargadas de sexualidad con otras absolutamente naif. El eclecticismo también está presente en la mezcla de ritmos, desde números latinos a melodías francesas pasando por la técnica vocal del scat.

La personal e intransferible estética de la que goza la película es el resultado del agudizado sentido visual del director y sus ayudantes.

La sucia fotografía en blanco y negro, resultado de la filmación en 16mm (¿cuantas grandes películas están filmadas en este glorioso formato?) de la mayor parte del metraje le confiere un aire turbio, pesadillesco, que le va como anillo al dedo a una película que goza de absoluta amoralidad. John Muto complementa el trabajo aplicado a la imagen real a través de la animación. Mediante el artesanal uso de diversas técnicas, como el cartoon o la utilización de fotografías como plantillas, le da ese acabado tan personal que recuerda a la obra de Terry Gilliam.

Los decorados constituyen otro de esos elementos que hacen de “Forbidden Zone” una película diferente. La falta de recursos técnicos es nuevamente la responsable del despliegue imaginativo, en este caso la labor ni siquiera fue encargada a profesionales. Los propios actores eran los encargados de construir los decorados. Aprovechaban la noche para construirlos, debido a que por el día les tocaba actuar. Marie-Pascale Elfman y Hervé Villechaize se pasaron noches en vela pintando fondos o rebuscando material válido entre la basura. (¡esto si que es llevar el make yourself por bandera!)

Una AUTÉNTICA obra de culto para quitarse el sombrero, un trabajo realizado sin ninguna pretensión comercial, lo que se percibe sin dificultad en el espíritu libre que rezuma la producción. Un desborde creativo sin ninguna restricción.

Les dejo con la genial intervención de Danny Elfman.


miércoles, 3 de junio de 2009

EL FANTASMA DEL PARAÍSO

“Phamtom of the paradise”
Director: Brian de Palma
Guión: Brian de Palma
Intérpretes: William Finley, Paul Williams, Jessica Harper, Gerrit Graham, George Memmoli, Archie Hahn, Jeffrey Comanor, Peter Elbling, Colin Cameron, David Garland, Gary Mallaber, Art Munson, Mary Margaret Amato, Rand Bridges, James Bohan
(EE.UU, 1974)

Sinopsis:

William Finley es un brillante e ingenuo compositor que sueña con poder interpretar sus obras ante el gran público. Swan, dirigente de un importante sello discográfico, le ofrece comprar su obra maestra para la apertura de una lujosa sala de New York, “El paraíso”. Una vez se hace con la partitura, el avaricioso productor no tiene ninguna intención de reconocer la autoría original del libreto, anunciando su estreno a los medios como si se tratara de una obra suya. William se presenta en los ensayos reclamando su reconocimiento pero es expulsado del estudio. Lo único positivo de la experiencia es que conoce a Phoenix, una cándida joven que aspira interpretar el papel protagonista. William se enamora inmediatamente. Swan consigue meter al músico en la cárcel para que no siga reclamando los derechos de su obra. William consigue escapar de prisión pero tras un desgraciado accidente su rostro queda desfigurado y pierde la voz. Oculto tras una máscara vive en las sombras del “Paraíso”. Comienza un maquiavélico plan para hacer de Phoenix su voz en la representación. Swan le descubre y vuelve a engañar al músico, ofreciéndole un contrato para trabajar en la composición del musical si quiere que Phoenix sea su intérprete principal. La segunda traición del magnate hará que William busque su venganza definitiva.

Estamos ante la primera opera rock de la historia del cine pues “Phantom of the paradise” se anticipa en un año al estreno de “Rocky Horror Picture Show”, la película convencionalmente considerada como pionera del particular género.


Nadie duda a estas alturas, de hecho pocos lo hacían ya por aquel año 74, de la pericia tras las cámaras de Brian de Palma. El director norteamericano cuenta en su haber con un puñado de obras que se encuentran entre lo más destacado en la historia del Hollywood moderno. Comenzó fuerte como sus bárbaros compañeros de generación. Al igual que pasara con Coppola, Lucas, Spielberg o Arthur Penn, las películas de Brian de Palma contribuyeron a modificar radicalmente la manera de hacer y entender el cine en EE.UU. Se hizo un hueco en la industria con sus impactantes thrillers, en los que combinaba la tradición del suspense del maestro Hitchcock con el impúdico vouyerismo del giallo italiano. La clara influencia del cine de género europeo, el clasicismo heredado-plagiado del maestro del suspense, la reformulación genérica tanto en el terreno del thriller (“Sisters”. Hermanas, 1973), (“Obsesión”. Fascinación, 1976), (“Dressed to killer”. Vestida para matar, 1980), (“Body double”. Doble cuerpo, 1984), como en el cine de terror (“Carrie”, 1976) e incluso en la comedia, no exenta de crítica social (“Greetings”, 1968), (“Hi, mom!, 1970) o el musical (caso que nos ocupa con la revisión de este título), unido a su personal manera de entender la narrativa del cinematógrafo hacen de Brian de Palma un director post-moderno años antes de que surgiera el término para definir el cine de directores como Quentin Tarantino o Takashi Miike, por citar dos de los casos más conocidos y referenciados.


El “Fantasma del paraíso” es una ópera rock, sí, pero también es una tragedia, un folletín, un cuento de terror, una ácida sátira del poder de la industria discográfica. Las referencias del guión parten de la mejor literatura clásica. No estamos únicamente ante una (per)versión del “Fantasma de la Ópera” bajo el lisérgico prisma de los setenta. Desde el Fausto de Goethe hasta el Retrato de Dorian Gray están presentes en el libreto elaborado por De Palma. Sin olvidar, evidentemente, la obra de Gaston Leroux, sobretodo, la versión cinematográfica dirigida por Rupert Julian, en la que el icónico Lon Chaney encarnaba al desfigurado “fantasma”.

La idea desarrollada en el film del abuso de las discográficas y la utilización de los artistas como meras marionetas, no puede estar más de actualidad en un momento en el que el bombardeo de productos “musicales” de ínfima calidad, a través del (ab)uso del marketing (vía radio, prensa o televisión) taladra nuestros oídos e intenta lavar nuestros cerebros de todo atisbo de frescura u originalidad. Por no hablar de los pingües beneficios que obtienen las sociedades de autores a través de impuestos indirectos. Es lógico que a estos “señores” les interese prohibir las descargas gratuitas de música, pues Internet es la única ventana abierta en la que podemos escoger libremente que queremos escuchar. Si acudimos en masa a comprar los discos distribuidos en las grandes superficies serán ellos los que se lleven todos los beneficios. Swan es un mero aprendiz mucho más romántico y menos sibilino que las carroñeras discográficas actuales.





La historia de amor entre el protagonista, Phoenix y sobretodo, su propia música, huye de los convencionalismos hollywoodienses como el “happy end” utilizando un tono cínico e incluso sórdido (la escena en la que William espía desde el acristalado tejado a Swan y Phoenix en la cama) Sátiramente se retrata en la película la erótica del poder encarnada en el repulsivo pero influyente Swan (las multitudinarias orgías que el hedonista productor se daba con sus coristas tras cada prueba) y las primeras tomas de contacto de algunas jóvenes con el mundo del espectáculo (las curiosas audiciones en las que Swan somete sexualmente a cada aspirante sin ni siquiera escuchar su voz) Sorprendente es también la original utilización de la idea del doppelgänger en una antológica escena (de capital importancia en el desarrollo de la trama) en la que al malvado productor se le aparece su doble, aún más malvado, si cabe.

El trío protagonista está compuesto por Paul Williams quien gracias a su aniñado cuerpo y a través de su hieratismo realiza una magistral interpretación encarnando al prototípico villano. Una Jessica Harper pre-Suspiria está convincentemente cándida en la piel de la inocente y soñadora Phoenix. William Finley despliega el histrionismo necesario para desarrollar el papel del brillante anti-héroe, logrando transmitir su tristeza al espectador a pesar de la máscara y el maquillaje. Secundando a este gran elenco Gerrit Graham, desternillante en el papel de Beef. Provocativo y ambiguo solista de un grupo de hard-rock (primera opción para interpretar la ópera-pop de William). Su vestuario ajustado y sus provocativos movimientos en el escenario parodian la actitud del Glam rock.

Además de apuntar ideas interesantes en el contenido de la historia, lo hace a través de una forma impecable. Técnicamente el trabajo de producción es brillante, la fotografía luce especialmente en los lujosos decorados interiores (las monumentales oficinas de “Death records”, el dormitorio de Swan, o las diferentes estancias de “El paraíso”) El trabajo en la sala de montaje es preciso como en la práctica totalidad de los trabajos de De Palma, desarrollándose la acción de manera dinámica pero sin atropellos. Los encuadres gozan siempre de una amplitud que enriquece cada fotograma. Mención aparte merece la exquisita banda sonora compuesta por Paul Williams (sí, el mismísimo Swan), quien no conforme con realizar su inquietante interpretación del pérfido magnate ameniza la función con temas tan deliciosos como “Old souls” interpretado por la propia Jessica Harper.

La original estética responde a la época de su producción y a la naturaleza excesiva del film. El Glam rock se encontraba en pleno apogeo. Marc Bolan había dado el pistoletazo de salida a la estética del tacón, la boa de plumas y el maquillaje. David Bowie era una divinidad tanto por su música como por su vestuario, inspirado en las travestis de la troupe de Andy Warhol. El hedonismo y el exceso estaban a la orden del día. En este aspecto el genial resultado de la película de Brian de Palma se podría ajustar a la célebre cita del poeta William Blake “El camino el exceso conduce al palacio de la sabiduría”. Psicodelia, colorido pop y rock and roll al servicio de una delirante trama que encuentra en su genial extravagancia su mejor arma para convertir un clásico de la literatura universal en una cult movie instantánea.

martes, 9 de diciembre de 2008

LET THE RIGHT ONE IN

“Låt den rätte komma in”

Director: Tomas Alfredson
Guión: John Ajvide Lindqvist
Intérpretes: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl, Karin Bergquist, Peter Carlberg, Ika Nord, Mikael Rahm, Karl-Robert Lindgren Karl Robert, Anders T. Peedu, Pale Olofsson, Cayetano Ruiz, Patrik Rydmark, Johan Sömnes, Mikael Erhardsson.
(Suecia, 2008)

El joven director sueco Tomas Alfredson adapta al cine con maestría la novela homónima de su compatriota John Ajvide Lindqvist, quien se ha encargado además de la elaboración del guión. Un relato inteligente que la gran pantalla ha “dejado entrar” en las vidas de numerosos espectadores.

La película venía a Gijón respaldada por el éxito en todos los festivales en los que se había presentado. Compitió en la Sección oficial del Festival de Sundance, obtuvo el premio al mejor largometraje en el Festival de Tribeca, Mélies de oro en Sitges y premio del público en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donostia. Parecía difícil, teniendo en cuenta esta unanimidad de criterio, que este romántico relato vampírico pudiera defraudar. La expectación era máxima, no es de extrañar debido al escaso número de obras de corte fantaterrorífico que suele programar el FIC y la sed de nuevas propuestas que tenemos los aficionados al fantástico. En ediciones anteriores la película programada el primer sábado de madrugada (sesión dedicada al cine fantástico eliminada este año) llenaba siempre la sala. Tal es el caso de “Reeker”, “The Host” o “Dai-Nipponjin”. Una calurosa sala repleta de gente se preparaba para recibir un gélido relato procedente de tierras nórdicas.

Año 1982. Blackeberg, Estocolmo. Oskar, un joven e introvertido muchacho de pelo rubio y tez pálida vive prácticamente al margen de la sociedad. Su triste existencia se reparte entre la soledad de su hogar y los maltratos y humillaciones sufridos en el colegio a manos de tres de sus compañeros. En medio de ese depresivo panorama, a la mortecina luz del atardecer en ese inhóspito paraje en el que Oskar “juega” con una navaja (imaginando una hipotética venganza de sus compañeros de pupitre), aparece la esperanza. Eli, un rayo de luz en forma de niña de cabello oscuro. Un ángel, en la vida de Oskar, que no viene precisamente del cielo. La sed de sangre ha llegado. Lo que para la mayoría será una pesadilla para Oskar será un cuento de hadas con princesa incluida.

Un cuento de hadas, eso es la película de Tomas Alfredson. Un cuento de hadas con los roles invertidos. Eli es el valeroso príncipe que se enfrentará a los malvados caballeros (compañeros de clase) que tienen secuestrada a la indefensa princesa, Oskar.


Un cuento hipnótico, cruel y retorcido en un contexto realista. Y es que en ocasiones no hay mayor realidad que el absurdo de la existencia en un mundo plagado de violencia, parece decirnos Alfredson a través de su imperturbable objetivo. Su heroína es una vampiresa maloliente que no pierde la esperanza vital a pesar de los largos años de sufrimiento encerrada en su aniñado cuerpo, que lucha por ser aceptada por un niño tan marginal como ella. "¿Me querrías aunque no fuese una chica?", le pregunta Eli. El amor surge entre dos criaturas heridas que viven una realidad ajena al resto de los mortales.

La obra se encuentra a caballo entre el cine de autor y el cine de género. Esta personal historia toma los mejores elementos de estas dos formas de entender el cine. Es indudable la fuerte personalidad que el realizador imprime al relato. El tempo es pausado, se utilizan sabiamente los silencios y las miradas, la fotografía tiene un tono suave, huye de los fuertes contrastes, la iluminación es natural, en absoluto artificiosa, no encontraremos aquí la tan manida estética gótica ni neo-gótica tan común al género, el guión tiene un desarrollo original y sus personajes huyen del estereotipo.

Pero además de ser audaz la propuesta también es respetuosa con la mejor tradición del cine de vampiros. No faltan los cruentos y sangrientos sacrificios para alimentar a la bestia (perpetrados por el supuesto padre de Eli, cambiando castillos transilvanos por parques y bosques suecos), saciando así su trágica y eterna dependencia de sangre.

Se describe en dos brillantes escenas la vulnerabilidad del vampiro. La primera cuando Eli, vacilante en el umbral, pide permiso para entrar en el domicilio de Oskar (haciendo gala de sus impecables y necesarios modales al igual que sus clásicos antepasados transilvanos), cuya burla tendrá desagradables consecuencias (a destacar los brillantes efectos especiales que plasman la resolución de la escena) La segunda cuando un habitante preso de la ira intenta emular a Van Helsing dando caza a Eli mientras ésta duerme en la bañera y la luz del sol apunto está de acabar con su vida.

La película también posee un acentuado aire grandguiñolesco, incluso gore, en puntuales y gratificantes escenas que harán las delicias del aficionado al gamberro cine de terror setentero (el fiero ataque de los gatos a una mujer vampirizada y su posterior combustión espontánea en la cama de un hospital).

La interpretación que llevan a cabo los jóvenes protagonistas es de una madurez impresionante. Lina Leandersson, construye un personaje tan atractivo como ambiguo, la ternura y el sadismo se reflejan a la perfección en su rostro. El trabajo del maquillaje es inmejorable y sin el no hubiera sido posible dotar de tanto realismo al personaje. Esa mirada de Samuel Beckett en la cara de Audrey Hepburn que describe la novela está magníficamente plasmada mediante unos primeros planos aterradores. Al igual que las escenas en que su rostro envejece de forma repentina.

Kåre Hedebrant está inconmensurable en la piel de ese inocente (en apariencia), introvertido y desequilibrado (hay algo en su mirada que asusta) niño que no duda en entregarse a Eli a pesar de su condición de vampiresa. El horror ya lo conoce y lo ejercen personas de carne y hueso.

Una subyugante y desgarradora historia de amor entre niños, independientemente de su naturaleza, que está por encima de las restricciones morales. Un relato íntimo, tierno, oscuro, clásico e innovador al tiempo. Huyendo de los tópicos y de los lugares comunes pero respetando la tradición del género, el director sueco, construye la película sobre vampiros más interesante y personal de los últimos años.

martes, 8 de julio de 2008

WONDERFUL TOWN

Director: Aditya Assarat
Guión: Aditya Assarat
Director de fotografía: Umpornpol Yugala
Música: Koichi Shimizu, Zai Kuning
Intérpretes: Anchalee Saisoontorn, Supphasit Cansen, Dul Yaambunying
(Tailandia), 2007

El interesante director tailandés Aditya Assarat da el salto al largometraje de ficción tras sus cortometrajes “Motorcycle” 2002 y “Waiting” 2003, y su paso por el documental en 2005, cuando codirigió “3 friends”. La jugada difícilmente le podía haber salido mejor, el éxito le ha acompañado a lo largo del año prácticamente en todos los festivales por los que a paseado su película: Premio Especial del Jurado en el Festival de Las Palmas, premio “Tiger Award” a la mejor película en el Festival de Rótterdam, New Currents Award en el Festival de Pusán, premio FIPRESCI en el Festival de Hong Kong, Premio Especial del Jurado en el “Festival de cine asiático de Daeuville y Gran Premio Ciudad de Lisboa en el certamen “Indie Lisboa”.

Sinopsis:

Tom, un arquitecto de Bangkok, se desplaza para la construcción de un nuevo hotel, a un pequeño pueblo costero que se encuentra en plena reconstrucción, tras ser asolado por el Tsunami en el 2004. En el hotel que se hospeda conoce a Na, la tímida y cándida recepcionista de la cual se enamora. Las relaciones entre la joven y el recién llegado no serán bien vistas por Wit, el hermano de la muchacha.

Lo cierto es que tantos parabienes por parte de tal cantidad de certámenes me hacían tener cierto recelo con esta producción thai, la unanimidad de criterios a la hora de alabar una obra, bien sea cinematográfica o literaria, suele encerrar detrás una serie de intereses que poco o nada tienen que ver con la calidad artística del producto y mucho con los pingües beneficios que de su promoción puedan obtener productores, distribuidores y demás intermediarios.

Afortunadamente no es el caso de esta historia intimista que desborda belleza y crueldad a partes iguales, la historia de un amor imposible en un lugar paradisíaco, donde el bellísimo paisaje natural y el sol que lo baña nos impiden vislumbrar a primera vista el odio, la violencia y el dolor que esconden sus calles, sus gentes. Una visión más profunda (la que acomete el realizador) nos permite ver las grietas de un edificio a punto de desmoronarse. Viejas heridas sin cicatrizar, un pasado convulso que impide la normalidad del presente. La armonía de la comunidad, la amabilidad de sus paisanos, las buenas formas, la cordura, todo desaparecerá bruscamente de la noche a la mañana. El mero hecho de que un forastero mantenga relaciones sexuales con una joven de la localidad saca a flote los instintos más bajos de los lugareños. Su miedo y su inseguridad se hace más que patente ante la presencia del “extraño” en cuanto pretende arrebatarles algo que les “pertenece”.


A través de un estilo pulcro en la dirección, (a destacar esos tonos fríos de la fotografía que huyen de la característica estampa de postal de lugar exótico), el cineasta tailandés narra una historia en realidad tan vieja como la existencia del hombre, obsesionado siempre con la posesión, territorial, material y personal.

Rozando en ocasiones el tono documental, tan en boga en el cine independiente actual (y tan usado en movimientos pretéritos de la historia del cine como el Neorralismo o la Nouvelle Vague), la película tiene (sobretodo en su primera parte, en la que se presentan los personajes) un carácter contemplativo, (largos planos del mar y del resto de paisajes naturales que envuelven a la localidad) lo que introduce rápidamente al espectador en la atmósfera que respiran los personajes. El sabio uso de los silencios nos evita el tener que soportar los diálogos manidos que suelen abundar en las producciones comerciales, dejando a los actores (extraordinariamente dirigidos) la transmisión de emociones a través de su rostro, de su lenguaje corporal. Cuando la pareja protagonista se relaciona tan sólo necesita mirar a los ojos del otro para saber lo que quiere, lo que piensa, lo que necesita. A veces una mirada dice mucho más que centenares de palabras. También dialogan entre ellos, pero sus diálogos no sufren la edulcoración del mal llamado cine romántico, al contrario, intercambian frases que gozan de sana intranscendencia. Hablan por hablar, por pasar el rato, sin decirse nada importante, para eso no les hacen falta las palabras. Como les pasaba a Michel Poiccard y a Patricia en aquella habitación de un hotel parisino.

Abundan las metáforas visuales (las olas rompiendo a la orilla del mar, aparentemente en calma tras el devastador Tsunami. Na colgando la ropa vista a través de la ventana enrejada) y la belleza está presente en cada fotograma. Con los suaves movimientos de cámara, la tranquilidad del paisaje y la excelente partitura que envuelve el conjunto, Aditya Assarat construye un poema visual que emociona por su sencillez, por su honestidad. Huyendo de los vacuos artificios y del estereotipo fácil, para construir una historia a través de personajes “reales” (destacar que los actores no son profesionales lo que hace aún más auténtica su interpretación), confundidos, como todos los demás, por la hostilidad del mundo que les rodea. Una auténtica delicia.

miércoles, 16 de abril de 2008

LA NOVIA ENSANGRENTADA



La Novia ensangrentada (The blood splattered bride)
Director: Vicente Aranda
Guión: Vicente Aranda
Intérpretes: Alexandra Bastedo, Dean Selmier, Maribel Martin y Simon Andreu
Música: Antonio Pérez Olea
Fotografía: Fernando Arribas
(España) 1972

Una pareja de recién casados se van a vivir a un viejo caserón propiedad de la familia del marido, poco después de la noche de bodas en la que la joven (Susan) es tomada carnalmente por primera vez desarrolla un rechazo sexual hacia su marido. A partir del descubrimiento de un cuadro del siglo XVIII en el sótano de la casa que muestra a una joven cuyo rostro a sido recortado de la pintura y que luce un traje de novia ensangrentado así como una daga en la mano derecha, (se trata de Mircalla, antepasado familiar que acabó con la vida de su marido la misma noche de bodas), Susan comienza a tener sueños en los que aparece la susodicha ordenándole matar a su marido. La daga que portaba en el cuadro aparece en la alcoba de Susan, su marido la entierra en la arena de una playa cercana donde encuentra a una joven enterrada, Carmilla, a la cual lleva a su casa para prestarle cuidado. Susan y Carmilla entablan una extraña amistad, Carmilla y Mircalla resultan ser la misma persona y ésta convence a Susan de que acabe con la vida de su marido, en un primer momento la joven se muestra reacia y advierte a su esposo, finalmente accede pero éste rifle en mano acabará con la vida de ambas.

Adaptación del relato corto “Carmilla” de Joseph Sheridan Le Fanu. En principio se trataba de una película de encargo que el autor de “Fata Morgana” supo llevar a su terreno, alejándola desgraciadamente del género de terror para convertirla en una fábula sobre la sensibilidad femenina por la perdida de la virginidad.

En vez de captar la esencia vampírica del relato del escritor irlandés, Vicente Aranada realiza una actualización del mito bíblico de Judit, mujer casta, judia, que habitaba el pueblo de Betulia en el siglo II A. C. y que a través de su belleza sedujo y derrotó a Holofernes, quien lideraba las tropas Asirias de Nabucodonosor que asediaban al pequeño pueblo. Poco tiene que ver esta metáfora aleccionadora con la sucia, húmeda y excitante morbosidad que empapa cada página del relato de Le Fanu. En la película la sexualidad masculina es vista como un peligro para la mujer, asimismo ésta asume de antemano el rol de víctima en el ámbito conyugal, la visión del matrimonio es machista y ultra-conservadora, el hombre es experimentado y se maneja con soltura en el ámbito sexual, mientras la mujer lo ve como algo de capital importancia hasta el punto de crearle un fuerte trauma. La relación de la pareja está regida por una fuerte subordinación, hombre maduro, seguro y con fortuna con joven, bella e inocente. En su intento de ser un alegato contra el “supuesto” abuso que hacen algunos maridos de su matrimonio (no en vano el cartel promocional de la época rezaba “Matrimonio o violación legal”), convirtiendo a sus cónyuges en esclavas sexuales (en ningún momento de la película se ve escena alguna en la que el marido haga tal abuso) se convierte en una delirante venganza psicótica de una joven (con la inestimable ayuda de una atractiva vampiro) cuya infantil mente no está preparada para desarrollar una vida sexual sana y adulta. La esencia lésbica de la obra literaria también se pierde en la pobre adaptación perpetrada por Aranda, las penetraciones de los fálicos colmillos de Carmilla (envidia de pene que diría Freud) en el suave cuello de Susan son escasas y carentes de erotismo.


Los diálogos oscilan entre la ingenuidad moral (sobre todo en el personaje de Susan) y la pedantería formal en el resto de los personajes, el ritmo es totalmente inexistente, sin embargo, si que es digno el trabajo en la planificación y la puesta en escena que recuerdan a maestros del terror italiano como Ricardo Freda y fundamentalmente Mario Bava, en el dominio del encuadre y la profundidad de campo.

Las escenas gore son escasas, pero hay una a rescatar, el primer sueño en el que aparece Mircalla y junto a Susan apuñala brutalmente el cuerpo de su marido mientras la sangre que mana abundante salpica su rostro, la faena culmina con la extracción del corazón del barón. Una delicatesen para los paladares más refinados.





miércoles, 26 de marzo de 2008

TANGO (o como se tituló absurdamente en España "La maté porque era mía"), por Jean-Pierre Olarte



Tango (La maté porque era mía)
Director: Patrice Leconte
Guión: Patrice Leconte
Música: Angélique Nachon & Jean-Claude Nachon
Fotografía: Eduardo Serra
Intérpretes: Philippe Noiret, Richard Bohringer, Thierry Lhermitte, Carole Bouquet, Jean Rochefort, Miou-Miou, Elodie Bouchez, Judith Godrèche
(Francia) 1992


El realizador galo Patrice Leconte, ex-miembro de la revista Cahiers du Cinéma y responsable entre otros largometrajes de “Monsier Hire”, “El marido de la peluquera” o “La viuda de Saint-Pierre” nos regala en esta película una deliciosa comedia llena de deseo, celos y asesinato.

Hemos de agradecer la libre traducción del título al castellano, ¡Enhorabuena por destripar parte del argumento!, ¿Quién coj.... es el encargado de traducir los títulos?, además, en España (y en el resto del globo terráqueo) todo el mundo sabe lo que es un tango, pieza musical que suena a lo largo de toda la película (la preferida de uno de los protagonistas), la cual se caracteriza por su fuerza pasional y su temática amorosa, muy acorde con la ideología del film y con el desarrollo de la historia.

Sinopsis:

Un piloto de aeroplanos descubre que su mujer le engaña mientras éste vuela. Persigue al amante en su avioneta hasta hacerle estrellarse a bordo de su coche, más tarde sube en el vehículo aéreo a su esposa a la cual deja caer al vacío desde las alturas. Misteriosamente es declarado inocente del doble cargo de asesinato.
Años después un hombre casado engaña constantemente a su esposa hasta que ésta, cansada, le abandona, el hombre sufre de una manera que nunca hubiera imaginado, la echa de menos y lo peor (para él) es que ya no tiene ganas de acostarse con otras, para acabar con su dolor y siguiendo el consejo de su tío, decide acabar con la vida de ésta, para así olvidarse de ella. Para acometer tal trabajo recurren al piloto que se había deshecho de su mujer y amante seis años atrás, amenazándole con reabrir el caso, (el tío del hombre abandonado por su esposa es el juez que había dictado la sentencia de inocente). Comienza así un viaje en busca de la mujer para darle muerte.


Exquisita comedia negra llena de sarcasmo e ingenio. El trío que conforman los tres personajes masculinos, es sencillamente, memorable. Tres hombres, un viudo, un soltero y un separado, en un viaje iniciático que les llevará a comprender un poco mejor la naturaleza femenina y la suya propia, diálogos plagados de frases inolvidables y cargadas de irritante misoginia.

En referencia al matrimonio:

- Como decía mi abuelo, más vale una buena paja que un mal matrimonio

Sobre la satisfacción de la mujer al descubrir una infidelidad:

- Ahí están, sonrientes, como un árbitro de fútbol dispuesto a sacarte la tarjeta amarilla

Los títulos de crédito son toda una declaración de intenciones: una serie de estadísticas nos explican que la mayoría de hombres casados han pensado alguna vez en matar a su esposa, del mismo modo la mayoría de ellos quisieran seguir solteros. Por contra los solteros entrevistados en su mayoría preferirían estar casados, ¡Esto no hay quien lo entienda! (rezan asimismo los créditos) Ésta es la idea que planea a lo largo de todo el metraje, (nunca mejor dicho) la insatisfacción personal, independientemente de la situación personal en la que nos encontremos. Cuando estamos en pareja deseamos relacionarnos con otras personas, sin embargo cuando nos quedamos solos echamos de menos a nuestra pareja y nos damos cuenta de lo que sentíamos por ella. La solución parece tenerla el maduro juez, el cual nunca ha estado casado y lleva una vida solitaria, tranquila, acompañado tan sólo de su gato, a pesar de ello su curiosa idea de que hay que matar a todas las mujeres que nos hacen daño personalmente, denota que ha sufrido por amor en el pasado. La frialdad con que plantea ésta idea es desternillante de puro surrealista.

El humor negro está presente a lo largo de todo el metraje, llama la atención la escena realizada en el interior de una cafetería, en la que una mujer, cuyo rostro refleja el desprecio que siente por su pareja, acaba por dispararle a quemarropa, huyendo finalmente con el trío protagonista. Más tarde en otra secuencia no menos inverosímil la misma mujer propone a los tres hombres dejarla embarazada, pues está ovulando, uno de ellos ni corto ni perezoso accede, copulando con ella tras unos matorrales.

Al principio del metraje asistimos a otra escena no menos curiosa, la mujer de uno de los protagonistas fornica en su lecho conyugal por despecho con el taxista que le ha traído a casa, tras pillar a su marido conversando acarameladamente con una joven señorita, el marido totalmente calmado replica a la mujer que no puede hacer eso, a lo que su esposa contesta: ¿Cómo que no puedo?, lo estoy haciendo.

Desternillante.

No obstante mi escena preferida es aquella en la que el hombre abandonado apuesta en el restaurante de un hotel con sus compañeros de viaje, que es capaz de seducir a una mujer en tres minutos, convenciéndola de que suba con él a su suite. El hombre narra a la atractiva señorita la apuesta y le pide que por favor le acompañe, pues hay en juego mucho dinero, ésta accede y durante el trayecto hasta la habitación elucubran como habría sido el encuentro amoroso de haber sido real, la sorpresa se produce cuando al llegar a la habitación la mujer introduce realmente al atribulado protagonista en su habitación. A la mañana siguiente cuando el feliz triunfador se va de la suite, un hombre mayor sentado en las escaleras le pregunta como le ha ido la noche, pues la mujer con la que se ha acostado es su esposa, éste no se encuentra ofendido, es algo que hace con frecuencia, pues él no es capaz de satisfacerla, (todo un ejemplo de tolerancia llevado al extremo) además el disfruta limpiando la habitación posteriormente, oliendo el aroma que ha dejado el transcurso de la noche y escuchando el agua de la ducha chocar contra la piel de su mujer (el que no se conforma es porque no quiere).

Como se puede observar después de haber leído la descripción de algunas escenas de la película, en ella tienen cabida todo tipo de comportamientos sexuales, la monotonía mata, parece decirnos Patrice Leconte, incluso literalmente, pero la ausencia de pareja destroza nuestros nervios.

¡Sí!, una sátira inteligente sobre las complicadas relaciones de la pareja heterosexual en el mundo moderno, ¿Qué pasa? En fagiafilia también se comenta cine de auter.