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viernes, 18 de abril de 2008

KILLING ZOE





Killing zoe
Director: Roger Avary
Guión: Roger Avary
Música: Tomandandy
Fotografía: Tom Richmond
Intérpretes: Julie Delpy, Eric Stoltz, Jean-Hughes Anglade, Bruce Ramsay, Gary Kemp, Tai Thai, Kario Salem
(EE.UU) 1994

Argumento:

Zed, un norteamericano experto en abrir cajas fuertes viaja a París debido a que un amigo suyo de la infancia le ha prometido un trabajo, pretende asaltar el Bastille Day Bank. Allí contrata a una chica de compañía que se paga así sus clases de Bellas Artes además de con un trabajo convencional que ejerce tres veces por semana. Tras acostarse y tener una breve conversación surge algo profundo entre ambos que Eric interrumpe cuando llega para hablar del plan y presentarle al resto de la banda, echando violentamente a Zoe de la habitación. Llegado el momento del golpe descubrimos que Zoe trabaja como empleada del Banco. Mientras Zed se encuentra en la parte de abajo intentando abrir la caja fuerte, el tiránico carácter de Eric unido a la incompetencia de sus compinches hacen que uno de los guardas logre disparar la pierna de uno de los asaltantes, los disparos hacen que la policía rodee el edificio, Eric desesperado toma a Zoe como rehén, Ze salva su vida cuando están a punto de dispararla. Eric lleno de ira intenta ahora matar a la pareja pero acaba tiroteado por la policía.

Roger Avary, "maestro" de Quentin Tarantino, (fue el que le consiguió el puesto de trabajo en el videoclub Video Archive donde el cinéfilo chiflado absorbería buena parte de la sapiencia cinéfaga que luego escupiría en sus películas), lleva a cabo en su segunda película como director, once años después de su desconocida “The Word Turns” una revisión-perversión de los códigos del cine negro como hiciera en la elaboración del guión de “Reservoir Dogs”, “Amor a Quemarropa” o “Pulp Fiction” (junto a su compañero, por aquel entonces, Quentin Tarantino)

Film Noir, cinefagia, drogas alucinógenas, tiros, sangre, una historia de amor y actitud gamberra y postmoderna en la coctelera para parir un estruendoso y ultra-violento thriller. Sello de la casa son los delirantes diálogos que no van en función de la acción del relato, pero sí nos muestran el carácter de los personajes, un clásico de la cultura popular es el diálogo que abría “Reservoir Dogs” sobre el tema de Madonna “Like a virgin”, en Killing Zoe se trata de un chiste grosero, escatológico y por ello delicioso, en mitad del atraco al banco:

Es la historia de un tío que ha pasado diez años en la cárcel, el tío durante esos diez años sólo tiene una obsesión: chuparle el culo a una tía… pues bien cuando sale de prisión el tío tiene sólo 20 pavos en el bolsillo y piensa…¡algo es algo! Y va directo al primer burdel de la esquina, tira los 20 pavos en la recepción diciendo:

- Quiero chupar un culo

El gordo que dirige el burdel le dice

- ¿20 pavos, pero que quiere hacer con 20 pavos, no podrá ir muy lejos con esto amigo?

Entonces el tipo lo coge por el cuello de la camisa y le dice:

- Escucha amigo llevo 10 años en la cárcel y le quiero chupar el culo a una tía y tiene que ser ahora, ¡sí! ¡ahora mismo!

- De acuerdo está bien, tranquilo, no te enfades (contesta el gerente)

Entonces le lleva a un cuarto sucio, mugriento y allí hay una puta gordísima, repugnante, con unas tetas así (el tipo que cuenta el chiste baja sus manos hasta debajo de la cintura) y unos pezones así (ahora simula unos grandes pezones juntándose dos dedos) pero el tío se lanza sobre la gorda y empieza a chuparle el culo… y chupa y chupa y chupa y al rato sale de su boca un trozo de huevo

- Que raro, creo que no he comido huevos esta mañana

Le extraña pero sigue chupando, y chupa y chupa y chupa y rato más tarde encuentra en su boca un trozo de carne que se le ha quedado entre los dientes, esta vez está seguro de que no ha comido carne desde hace mucho tiempo, pero aún así vuelve por tercera vez… y chupa y chupa y chupa y de repente encuentra un trozo de maíz y entonces dice (eructo de rigor) creo que voy a vomitar y la puta le contesta:


- (simulando no tener dentadura) El último cliente dijo exactamente lo mismo.




Este tipo de diálogos hermanan directamente con los de “Pulp Fiction”, sobre todo los que intercalaban los personajes de Jules y Vincent Vega, ambas obras se estrenaron en 1994, el salvaje tiroteo de Eric a manos de la policía que se produce al final recuerda a “Reservoir Dogs” así como a “El precio del Poder” (Scarface, Brian de Palma 1986) y la espectacular muerte de Tony Montana, la irrupción de la banda en el banco con sus caretas sardónicas riendo y vociferando recuerdan la escena de la “Naranja Mecánica” (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick 1971) en la que Alex y sus drugos irrumpen con violencia en casa del escritor para posteriormente violar a su esposa, no es la única referencia al cine ultra-violento que podemos observar, la trágica resolución de los acontecimientos propiciada por el descuido de los asaltantes se asemeja a la escena que abre “Grupo Salvaje” (Wild Bunch, Sam Peckimpah 1969)

El tratamiento que hace Avary de la violencia es mucho más crudo que el de Tarantino, mientras el genio de Knoxville se vale del humor negro y las canciones molonas para ironizar sobre el tema (claro ejemplo de ello es la amputación de la oreja que el Sr. Rubio practica al ritmo de “Stuck in the middle with you” en “Reservoir dogs”) el canadiense no da tregua al espectador, su estilo es frío y cortante, especialmente violenta es la escena en la que Eric mata a una clienta del banco ante la negativa de uno de los trabajadores a abrir la caja fuerte, a pesar de que Zed sabía como abrirla, ese tipo de crueldad hermanaría a Roger Avary con otros directores, como los integrantes de “la generación de la violencia”, fundamentalmente con Siegel, Fuller y Peckimpah o otros de más reciente hornada como Rob Zombie.

La interpretación de Eric Stoltz, icono del cine indie por antonomasia es excelente, el chico malo que tras su descenso a los infiernos se redime a través del amor de una prostituta que le otorga la posibilidad de volver a empezar de cero. No brilla menos Jean-Hughes Anglade en el papel del pérfido guía del abismo que intenta arrastrar a todos a la quema en su autodestrucción personal. Impresionante el bohemio local parisino en donde la banda al completo pasa la noche antes del atraco rodeados de todo tipo de drogas mientras escuchan jazz, “este es el París auténtico, esto, este sótano, ¡Arriba en las calles lo único que hay es basura, tienes el centro Pompidou, la torre Eiffel, todo es una mierda, el Louvre, oh dios mío, el jodido Louvre, eso no le gusta ni siquiera a los guías, la gente de París es toda una mierda, a nadie le gusta Francia… pero aquí… lejos de todo lo de arriba, de los turistas, de las atracciones, de las jodidas tarjetas, la gente cambia, se está bien porque parece que no estemos en París, sino en cualquier parte” puro nihilismo en boca del tiránico líder de la cloaca.



El personaje interpretado por Julie Delpy, que de picar a nuestra puerta, teniendo en cuenta su angelical e inocente rostro, así como, su menudo y poco desarrollado cuerpo bien podríamos pensar que se trata de una colegiala que viene a vendernos papeletas para su viaje de fin de curso en vez de una fogosa prostituta ya estaba presente en el guión de la fascinante “Amor a quemarropa” (True romance, Tony Scott 1993) en aquella ocasión interpretada por una sensual y pizpireta Patricia Arquette que convertía en realidad el húmedo sueño de un valiente cinéfilo al que daba vida Christian Slater.

Si somos capaces de ver la película sin entrar en valoraciones sobre que hay de Tarantino en ella (al margen de ser uno de los productores ejecutivos) o que hay de Avary en “Pulp Fiction” (a juzgar por la posterior carrera de ambos directores, sobre todo en el caso de Tarantino, bien podrían volver a juntarse) disfrutaremos de una buena dosis de acción, sangre (con efectos especiales de Tom Savini) y ultra-violencia.


martes, 1 de abril de 2008

SCARFACE, por Gorka Gastizábal


Scarface (El terror del hampa)
Director: Howard Hawks
Richard Rosson (co-director)
Guión: Ben Hecht, sobre una novela de Armitage Trail
Fotografía: Lee Grames
Intérpretes: Paul Muni, Ann Dvorak, Karen Morley, Osgood Perkins, C. Henry Gordon, George Raft, Vince Barnett, Boris Karloff , Purnell Pratt, Tully Marshall, Inez Palange, Edwin Maxwell
(EE.UU) 1932

Sinopsis:

Tras el asesinato de Louis Costillo, el contrabando de alcohol queda en manos de Jhonny Lovo, cuyo brazo derecho es Tony Camonte, que quiere hacerse con el poder absoluto del crimen organizado. Comienza haciendo pedidos para Johnny a base de destrozar los locales de los hosteleros, su cartera de clientes aumenta a la vez que sus ingresos. Conoce a Poppy, la amante de Lovo de la que se enamora y a la que consigue sin muchas dificultades. Johnny envía a unos matones a la casa de Tony pero éste consigue zafarse de ellos y se venga acabando con la vida de su jefe. Entretanto su hermana Cesca se enamora del hombre de confianza de Tony, Guino Rinaldo, contayendo matrimonio cuando su hermano está fuera de la ciudad. A su vuelta Tony mata a su subordinado sin saber que se había casado con su hermana, la policía lo busca ahora por el asesinato de Guino. Atrincherado en su piso junto a su hermana, la policía acabará con la vida de ambos.

Una de las primeras películas de gangsters de la historia del cine, el título “Scarface”, literalmente cara cortada, hace referencia a la cicatriz que marca el rostro del protagonista (homenaje al mafioso Al-Capone) encarnado magistralmente por Paul Muni. Crítica feroz a la sociedad capitalista, a la falta de moral, a la cultura del dinero fácil y rápido, ¿A los Estados Unidos de América?, ¡sí!, la tierra de las oportunidades tiene su reverso tenebroso, su cara sucia, bajo los luminosos carteles de las grandes ciudades se esconden las cloacas donde habitan las “ratas”, término que la policía (bofia) utiliza para referirse a los gangsters. Historia del auge y caída de un hombre que se forjó a si mismo, un chico listo (smart boy) que supo sacar tajada a las circunstancias, jugar bien sus cartas y coger su trozo del pastel, pero olvidó que el fin no justifica los medios y que al final la vida coloca a cada uno en su lugar (al menos en el cine… clásico) como el comisario le advirtió desde un principio. (-caerás como todos y suplicarás como una rata)

La banda sonora saca el máximo partido a los recursos de la época, estamos hablando de una producción del año 1932, la primera película sonora fue el musical “El cantor de jazz” en 1927. Los disparos de ametralladoras, las explosiones, el sonido de los coches en las persecuciones son de un gran realismo, sorprende igualmente la violencia mostrada en cada fotograma, tanto explícita como implícitamente, la mirada de Tony parece matar a sus interlocutores. Especialmente virulenta es la escena en la que Guino asesina a Johnny Lovo por orden de Tony, a pesar de que el tiroteo es en fuera de plano, la tensión que crea Tony con su mirada amenazante y el rostro de pánico de Johnny sabedor de su trágico destino es realmente ejemplar.

Las escenas rodadas en exteriores tienen escasa iluminación, pero aún así consiguen dar un tono realista y oscuro, genuinamente noir, parece poder respirarse el ambiente de crimen y perdición reinante en las grandes ciudades de la costa Este durante los años veinte. La fotografía está muy contrastada, reforzando así la ambigüedad moral de los personajes.

La caracterización de los personajes es sobresaliente, Tony mantiene durante todo el metraje su aire desafiante y temerario, no le teme a nada, todo el mundo debe obedecerle, llama la atención la relación que mantiene con su hermana Cesca, a la cual no deja tener contacto con ningún chico, pues todos son poco para ella. Guino es el perfecto gregario, nunca discute una decisión de su amigo y compañero, acompañado siempre de su inseparable moneda, como buen latino es todo un seductor con las mujeres.

La escena de apertura es toda una lección de cinematografía. Plano secuencia que se sirve de un travelling para seguir a un hombre que se dispone a llamar por teléfono desde una cabina (después sabremos que se trata de Louis Costillo), observamos en la pared contigua la sombra (claro recurso expresionista) de un hombre con traje y sombrero que silva una canción justo antes de disparar sobre el capo. El virtuosismo en el movimiento de la cámara y la elegancia con que es resuelta la escena son síntoma inequívoco de que vamos a asistir a una auténtica obra maestra del género.

Una de las mejores películas de gangsters rodadas en la década de los 30, posiblemente junto con “Violentos años 20” Sería objeto de remake en 1983 con Oliver Stone tras las cámaras y Al Pacino en el papel de Paul Muni.

lunes, 31 de marzo de 2008

THE KILLERS, Por Eloy Caínzos


The killers (Código del hampa)
Director: Donald Siegel
Guión: Gene L. Coon, a partir del relato corto The killers de Ernest Hemingway
Intérpretes: Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavetes, Clu Gulager, Ronald Reagan.
(EE.UU) 1964

Sinopsis:

Charlie Stom y Lee, (dos asesinos a sueldo) entran en una residencia para invidentes para acabar con la vida de Johnny North (ex-piloto de coches de carreras) quien supuestamente se había apoderado de un millón de dólares, (botín cosechado tras el robo de un camión). Tras acabar con su vida sin ninguna oposición por parte de la víctima, Charlie se pregunta el por qué de esta actitud, comenzando a investigar a través de interrogatorios. El hilo les llevará hasta Jack Browning, conocido pez gordo dentro del mundo del hampa y su “juguetito” Sheila Farr, la cual tuvo una relación con North, lo que acabó por costar la vida de éste. Johnny North no puso ninguna oposición a su asesinato, pues para el la vida terminó cuando Sheila le traicionó, rompiéndole el corazón. Descubierto el entuerto tras el interrogatorio a Sheila, Charlie y Lee deben acabar con la vida de Jack, antes de que éste acabe con las suyas, pero un francotirador (el propio Jack) mata a Lee y deja malherido a Charlie, quien consigue huir y llegar hasta la mansión de Jack (lugar en el que se encuentra el millón de dólares ) donde da muerte al hampón y a su amante antes de morir desangrado en el jardín junto a la maleta llena de billetes.

Film noir al más puro estilo Siegel, frío, certero y sin concesiones morales, los tipos duros no bailan (cómo reza el título de la novela de Mailer) pegan fuerte y disparan primero. Extraordinaria pareja de malo y malísimo formada por Lee Marvin (quizá el tipo más duro visto nunca en una pantalla) y Clu Gulager (no se que me da que Tarantino se inspiró en este dúo para crear a Jules y Vincent Vega) la femme fatale está interpretada exquisitamente por una siempre estupenda Angie Dickinson (¡Pero si engaña hasta al espectador con esa sonrisa angelical, que resulta esconder un auténtico diablo!) su fría y excitante presencia describen a la perfección un personaje sin escrúpulos capaz de engañar a cualquiera para conseguir sus objetivos. La figura del hampón está encarnada formidablemente por Ronald Reagan, es la del tipo que lo compra todo, no importa el precio que tenga, además, es más listo que nadie, no se deja llevar por los sentimientos y siempre tiene un as en la manga. Si eres tan estúpido para hacer negocios con este tipo… amigo, cúbrete bien las espaldas y sino pregúntale al cadáver de Johnny North.

La contundencia del tono queda claramente marcada desde la escena de apertura. Los dos asesinos a sueldo entran decididos en la residencia para ciegos donde zarandean salvajemente a la recepcionista (¡Una mujer madura y ciega!) para averiguar dónde se esconde Johnny North, (estos tipos no discriminan a nadie), tampoco se lo piensan dos veces a la hora de vaciar sus cargadores contra el cuerpo del ex-piloto.

La película se estructura a través de falsh-backs, que se producen cada vez que el dúo de mercenarios interroga a algún testigo, al cual por supuesto golpean adecuadamente para que cante a su gusto. Estructura de puzzle al modo de “Ciudadano Kane” a través de la cual vamos conociendo los motivos que llevaron al asesinato de Johnny, un piloto con grandes reflejos que cometió el error de enamorarse de la mujer equivocada, una perdición con estupendas curvas, mucho más difíciles de controlar que las de los circuitos y un bello rostro que nubló su inteligencia.

Economía de medios propia de la serie b. Las carreras de coches mezclan imágenes reales extraídas de archivo con transparencias deficientemente insertadas (lo normal en la década de los 60 independientemente del presupuesto de producción) Llama la atención para mal la carrera de cars entre Sheila y Johnny, cuando el plano se abre a general es demasiado evidente que no es Angie Dickinson la que lleva el volante, del mismo modo, cuando se utiliza el plano medio las transparencias del fondo son borrosas y no dejan de moverse mientras que la silueta de la mujer permanece fija, no se a que es debido éste error, los planos medios de John Cassavetes son bastante dignos, al empalmar unos con otros parece que estén en lugares diferentes.

Soberbias las interpretaciones llevadas a cabo por los actores, impresionante el rictus de Lee Marvin , (su rostro impertérrito refleja a la perfección el mundo interior de un asesino, mata con la naturalidad con la que un ama de casa hace la colada, el asesinato y la tortura es algo rutinario, simplemente un trámite que hay que cumplir para cobrar a fin de mes, no habla, escupe palabras, seco y directo como un gancho de derechas o un trago de bourbon) y la serenidad y contención de la que hace gala Ronald Reagan, su rostro es el de un ganador de pocker, a juzgar por su mirada siempre lleva la mejor baza, efectivamente, es así.

Don Siegel maneja a la perfección los códigos del género, no se anda por las ramas, nos describe un mundo marginal, sórdido, interesado y en el que todos están condenados de antemano. Desde los primeros fotogramas está claro que nadie saldrá con vida, no hay buenos en la historia, sólo ilusos o estúpidos que se dejan llevar por cantos de sirena, el dinero es el dios que guía las vidas de los protagonistas, las armas la ley que pone a cada uno en su lugar. La policía sólo aparece al final, cuando la historia ya está resuelta, es ajena a éste violento mundo que tiene sus propias leyes, lejos del orden establecido.