Mostrando entradas con la etiqueta Road movie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Road movie. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de mayo de 2008

FASTER , PUSSYCAT!, KILL!, KILL!

Faster Pussycat, kill, kill
Director: Russ Meyer
Guión: Russ Meyer, Jack Moran
Música: Paul Sawtell & Bert Shefter
Fotografía: Walter Schenk (B&W)
Intérpretes: Tura Satana, Haji, Lori Williams, Sue Bernard, Stuart Lancaster, Paul Trinka, Dennis Busch, Ray Barlow
(EE.UU) 1966

Sinopsis:

Tres jóvenes y espectaculares go-gos: Varla (líder del grupo, temeraria y mortal), Billie (rubia voluptuosa y sensual) y Rosie (morena de rasgos orientales enamorada de Varla), aficionadas a correr a toda velocidad a bordo de sus coches de carreras por el desierto matan a un joven muchacho americano y secuestran a su inocente novia. Hacen un alto en el camino en una gasolinera, donde el propietario les comenta la fortuna que posee el viejo inválido que vive en el rancho de al lado junto a sus dos hijos, Vegetable (una montaña de músculo sin raciocinio) y Tommy (el hijo responsable). Varla propone a sus dos amigas quedarse en la hacienda para arrebatarles el botín. Las relaciones son tensas desde el primer momento, el viejo siempre con su rifle en la mano acosa a la inocente y menuda secuestrada, mientras Billie retoza con Vegetable y Varla seduce a Tommy ante los celos de Rosie. El carácter irascible de Varla acabará por desencadenar la tragedia.

“¡Damas y caballeros, bienvenidos a la violencia! de palabra y de acción, porque la violencia puede manifestarse de muchos aspectos, aunque su preferido es el sexo. La violencia devora todo lo que toca, su apetito casi nunca está satisfecho, sin importar lo que destruya, también crea y trabaja. Examinemos esta nueva y maligna creación con el aspecto de un cuerpo femenino, la dulzura y el perfume de la feminidad son, por fuera, brillantes y lustrosos, el cuerpo débil y sensible, ¡Pero atención… no bajen la guardia! Esta especie causa estragos sola o en grupo! Sin importar el lugar, el momento, ni a quién. ¿Quiénes son ellas? ¿Secretarias? ¿Recepcionistas? ¿O una bailarina de un club?”

Con este monólogo en off, enunciado por una voz grave y levemente ronca sobre fondo negro con líneas verticales blancas que muestran las alteraciones sonoras que produce la voz del narrador comienza “Faster Pussycat kill!, kill!. (Toda una declaración de lo que podremos ver a lo largo de de su desarrollo). Acto seguido, en el interior de un club, las tres protagonistas aparecen en pantalla, varios contrapicados recogen sus generosas curvas mientras se contonean al son de la música (suena el tema homónimo al film interpretado por “The Bostweeds” que nos acompañará también durante los créditos iniciales), intercalándose con primeros planos de los babosos que se amontona en las primeras filas, que vociferan una y otra vez: Go! baby!, go!, así como de las máquinas tocadiscos y, de nuevo, de las protagonistas, esta vez con primeros planos de caderas y traseros. En un rápido montaje pasamos al volante del coche de Varla y de ahí a un plano lateral que nos muestra su perfil mientras conduce a la vez que se ríe a carcajadas, en este momento se inserta en pantalla el rótulo “Eve productions Inc presents”, al que sucede el de “Faster, Pussycat! Kill!, kill! A film by RUSS MEYER” en un plano general que muestra los tres rabiosos bólidos arrasando el asfalto.


La década de los 60 supuso toda una revolución sexual y contracultural en EE.UU, Russ Meyer junto con otros ilustres como Hugh Heffner, amigo del director californiano, ayudaron rompiendo con el puritanismo en el que había vivido el país durante los años 50 a través de su obra, considerada en la época como escandalosa por los censores, pero que gozó desde un primer momento de gran popularidad. El sexo prematrimonial, tabú hasta el momento, comenzaba a verse como algo normal, los bailes de fin de curso comenzaban a ser el desmadre que nos contaron en las pelis de High school de los 80. En plena guerra de Vietnam y con Lyndon B. Jhonson en la presidencia el movimiento hippie triunfaba en las calles, el L.S.D era la droga de moda, en Hollywood la generación de la televisión intentaba llenar las salas, mientras en Nueva York, el New American Cinema con John Cassavetes a la cabeza buscaba un cine más artístico. En este contexto surge Faster pussycat!, kill!, kill!. El cine de Russ Meyer tenía personalidad propia, alejado del flower power que predominaba en el ambiente y haciendo gala de su incorrección política pergeño esta oda a la libertad y a la violencia en su estado más puro y salvaje.



La película es un melodrama acelerado y rabioso plagado de violencia, con tres hermosas féminas tan bonitas por fuera como pérfidas por dentro. Destaca en el trío de vampiresas Tura Satana, encanando a la salvaje y maquiavélica Varla. La vida de Tura es casi tan violenta y delirante como el guión de Faster pussycat!, hija de un japonés y una amerindia sufrió enormemente durante su infancia. Fue violada a los diez años por una pandilla de niños, pasó por varios reformatorios, contrajo matrimonio a los trece años, posó desnuda para el actor de cine mudo Harol Lloyd e hizo dinero actuando como bailarina de strip-tease; tras un breve papel en “Irma la dulce” esta valerosa y hermosa mestiza, cinturón negro de kárate, fue contratada por Russ Meyer para realizar el papel más icónico de su corta carrera cinematográfica (tan sólo tres títulos), el que la convertiría en indiscutible badgirl del celuloide, reverso oscuro de las doradas divas de Hollywood. El trío diabólico lo completan Haji, (bella actriz oriental que interpreta a Rosie, lesbiana enamorada de la fría Varla, quien trabajara en otras producciones del erotómano Meyer como “Motor Psycho”, 1965 o “Supervixens”, 1975, y que continuó el resto de su carrera en producciones b y z, la más reciente “Killer drag queens on dope” Lazar Saric, 2003) y Lori Williams, la sensual rubia de anchas caderas y ajustada cintura, a la que podemos ver en títulos tan festivos como “A swingin’ summer”, Robert Sparr 1965 o “it’s a bikini World”, Stephanie Rothman, 1967 (títulos sin duda a su medida)

Russ Meyer se aleja del nudie soft cultivado en sus películas anteriores (no sólo veremos grandes pechos, es más los únicos desnudos son de espaldas y en plano medio) para golpear con este cínico relato en forma de road movie, el paisaje desértico y las interminables carreteras dan sensación de libertad, de independencia, el eco del western planea la pantalla. Las mujeres no están retratadas sólo como suculentos trozos de carne a los que hincar el diente, al contrario, utilizan su belleza para su propio beneficio, y desde luego que le saben sacar partido, tejen su tela de araña hasta que algún incauto quede atrapado. Los hombres son retratados como una pandilla de patanes, paletos hipnotizados por el sexo en el club de bailarinas; estúpido y bobalicón en el caso del madel-man que se convierte en la primera víctima de las intrépidas protagonistas; el viejo ranchero es huraño, machista, misógino y pervertido, su hijo pequeño tiene la inteligencia justa para levantar pesas; el único que se libra de la quema es su hermano mayor Tommy, pero sucumbe ante la inteligencia superior de la viuda negra que es Varla.


La violencia “de palabra y acto” como se anunciaba al comienzo se muestra con todo lujo de detalles, lucha sucia y sensual en la arena, tirones de pelo, arañazos felinos, pero también contundentes puñetazos y patadas de kárate, las chicas son guerreras, toda la rabia, actitud e irreverencia que Tarantino no supo verter en su decepcionante "Death Proof". Fotografía de ensueño en sucio blanco y negro, banda sonora que mezcla ritmos de jazz dignos del mejor film noir con el tema de surf rock de “The Bostweeds” , estética underground puramente sixties. El auténtico cine de Grinhouse, exploitation que no renuncia a los grandes diálogos, frases lacerantes, secas y directas como un puñetazo en la boca del estómago, los mansos no heredarán el desierto, más bien las arpías son las reinas del lugar, mucho más listas que los buitres.

miércoles, 9 de abril de 2008

ROAD TRIP, por Sr. Salido



Road Trip (Viaje de pirados)
Director: Todd Philips
Guión: Todd Phillips & Scott Armstrong
Música: Mike Simpson
Fotografía: Mark Irwin
Intérpretes: Breckin Meyer, Seann William Scott, Tom Green, Fred Ward, Amy Smart, Paulo Costanzo, DJ Qualls, Rachel Blanchard, Andy Dick
(EE.UU) 2000

La historia:

Josh Parker se separa por primera vez de su novia Tiffany, a la que conoce desde niño, al entrar en la universidad de Ithaca. Por allí anda Beth, compañera guapa y divertida que está colgada por el chaval, a la ecuación se le añade el juerguista E.L y ya tenemos lío montado. A pesar de haber jurado fidelidad a su pareja Josh se acuesta con Beth grabándolo en vídeo. La copia de la cinta se envía por error a Tiffany. Para salvar su relación Josh se embarca en un loco viaje a Austin (donde se encuentra la Facultad de su novia) junto con E.L, el porreta Rubin y el pardillo con coche Kyle.

¡Empieza la juerga!

Viaje alucinante y alucinógeno (ver escena del porche con perro parlante incluído) al corazón de la inmadurez, la irresponsabilidad y la indecencia, es decir, al centro mismo del paraíso. Como nos recuerda sabiamente E.L (interpretado por un afortunadamente encasillado Seann William Scout) con su lúcida filosofía hedonista.

“Cada vez que pasas del sexo te engañas a ti mismo, recapacita, estás en la universidad, el número de oportunidades de beber, tomar drogas y acostarte con jovencitas disminuye día a día”

Esta frase debería estar sobre el marco de la puerta de la habitación de cualquier adolescente que se precie, o directamente tatuada en su trasero.

¿Qué importa que la película esté plagada de clichés (fiestas universitarias con sexo, alcohol y drogas, experimentación sexual adolescente…), los personajes sean estereotipos (guapo ligón, buen chico preocupado por su relación, “nerd-marciano”, padre colérico, fumeta-intelectual…) y el guión sea inexistente, si la diversión está asegurada? Todo aquel que sea humano y todavía le corra sangre por las venas desearía estar en la piel de los simpáticos protagonistas, ¿O es que a nadie le gustaría volver a tener dieciocho años, estar libre de preocupaciones maritales, fiscales y laborales y pasar el tiempo libre bebiendo con los “colegas” o acostándose con bellas y estupendas señoritas (me refiero sin pagar)? El que diga lo contrario es un mentiroso o un reprimido.

Si seguís leyendo todavía seguramente seréis de los míos, ¡unámonos salidos del mundo! Robemos el autobús escolar a una ciega, fumemos marihuana, forniquemos lo que podamos, y vayamos rumbo a Austin para ayudar a nuestro amigo Josh, que el pobrecito todavía tiene remordimientos por haber sido infiel… ya aprenderá y dejará de arrepentirse, y sino… ¡al tiempo!

Para el recuerdo cinéfago quedan varias escenas. El “desvirgue” de E.L. a manos de una eficiente enfermera (vía anal, of course), las ansias de violencia de Barry ante el terrario y su filia por la depredación animal, la escena “romántica” que supone el estreno de Rubin con una mujer de “peso”(XXL) y como no, el magnífico salto del puente al volante del coche del padre de Kyle y su espectacular (y gratuíta) explosión posterior.

Puede que ya lo hayamos visto antes, seguramente mejor hecho y con más gracia, pero la risa, la inconsciencia y la mala uva son siempre bien recibidas.