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martes, 8 de julio de 2008

WONDERFUL TOWN

Director: Aditya Assarat
Guión: Aditya Assarat
Director de fotografía: Umpornpol Yugala
Música: Koichi Shimizu, Zai Kuning
Intérpretes: Anchalee Saisoontorn, Supphasit Cansen, Dul Yaambunying
(Tailandia), 2007

El interesante director tailandés Aditya Assarat da el salto al largometraje de ficción tras sus cortometrajes “Motorcycle” 2002 y “Waiting” 2003, y su paso por el documental en 2005, cuando codirigió “3 friends”. La jugada difícilmente le podía haber salido mejor, el éxito le ha acompañado a lo largo del año prácticamente en todos los festivales por los que a paseado su película: Premio Especial del Jurado en el Festival de Las Palmas, premio “Tiger Award” a la mejor película en el Festival de Rótterdam, New Currents Award en el Festival de Pusán, premio FIPRESCI en el Festival de Hong Kong, Premio Especial del Jurado en el “Festival de cine asiático de Daeuville y Gran Premio Ciudad de Lisboa en el certamen “Indie Lisboa”.

Sinopsis:

Tom, un arquitecto de Bangkok, se desplaza para la construcción de un nuevo hotel, a un pequeño pueblo costero que se encuentra en plena reconstrucción, tras ser asolado por el Tsunami en el 2004. En el hotel que se hospeda conoce a Na, la tímida y cándida recepcionista de la cual se enamora. Las relaciones entre la joven y el recién llegado no serán bien vistas por Wit, el hermano de la muchacha.

Lo cierto es que tantos parabienes por parte de tal cantidad de certámenes me hacían tener cierto recelo con esta producción thai, la unanimidad de criterios a la hora de alabar una obra, bien sea cinematográfica o literaria, suele encerrar detrás una serie de intereses que poco o nada tienen que ver con la calidad artística del producto y mucho con los pingües beneficios que de su promoción puedan obtener productores, distribuidores y demás intermediarios.

Afortunadamente no es el caso de esta historia intimista que desborda belleza y crueldad a partes iguales, la historia de un amor imposible en un lugar paradisíaco, donde el bellísimo paisaje natural y el sol que lo baña nos impiden vislumbrar a primera vista el odio, la violencia y el dolor que esconden sus calles, sus gentes. Una visión más profunda (la que acomete el realizador) nos permite ver las grietas de un edificio a punto de desmoronarse. Viejas heridas sin cicatrizar, un pasado convulso que impide la normalidad del presente. La armonía de la comunidad, la amabilidad de sus paisanos, las buenas formas, la cordura, todo desaparecerá bruscamente de la noche a la mañana. El mero hecho de que un forastero mantenga relaciones sexuales con una joven de la localidad saca a flote los instintos más bajos de los lugareños. Su miedo y su inseguridad se hace más que patente ante la presencia del “extraño” en cuanto pretende arrebatarles algo que les “pertenece”.


A través de un estilo pulcro en la dirección, (a destacar esos tonos fríos de la fotografía que huyen de la característica estampa de postal de lugar exótico), el cineasta tailandés narra una historia en realidad tan vieja como la existencia del hombre, obsesionado siempre con la posesión, territorial, material y personal.

Rozando en ocasiones el tono documental, tan en boga en el cine independiente actual (y tan usado en movimientos pretéritos de la historia del cine como el Neorralismo o la Nouvelle Vague), la película tiene (sobretodo en su primera parte, en la que se presentan los personajes) un carácter contemplativo, (largos planos del mar y del resto de paisajes naturales que envuelven a la localidad) lo que introduce rápidamente al espectador en la atmósfera que respiran los personajes. El sabio uso de los silencios nos evita el tener que soportar los diálogos manidos que suelen abundar en las producciones comerciales, dejando a los actores (extraordinariamente dirigidos) la transmisión de emociones a través de su rostro, de su lenguaje corporal. Cuando la pareja protagonista se relaciona tan sólo necesita mirar a los ojos del otro para saber lo que quiere, lo que piensa, lo que necesita. A veces una mirada dice mucho más que centenares de palabras. También dialogan entre ellos, pero sus diálogos no sufren la edulcoración del mal llamado cine romántico, al contrario, intercambian frases que gozan de sana intranscendencia. Hablan por hablar, por pasar el rato, sin decirse nada importante, para eso no les hacen falta las palabras. Como les pasaba a Michel Poiccard y a Patricia en aquella habitación de un hotel parisino.

Abundan las metáforas visuales (las olas rompiendo a la orilla del mar, aparentemente en calma tras el devastador Tsunami. Na colgando la ropa vista a través de la ventana enrejada) y la belleza está presente en cada fotograma. Con los suaves movimientos de cámara, la tranquilidad del paisaje y la excelente partitura que envuelve el conjunto, Aditya Assarat construye un poema visual que emociona por su sencillez, por su honestidad. Huyendo de los vacuos artificios y del estereotipo fácil, para construir una historia a través de personajes “reales” (destacar que los actores no son profesionales lo que hace aún más auténtica su interpretación), confundidos, como todos los demás, por la hostilidad del mundo que les rodea. Una auténtica delicia.

sábado, 15 de marzo de 2008

BLUE COLLAR, Por Gorka Gastizabal

Director: Paul Schrader
Guión: Paul Schrader, Leonard Schrader, Sydney A. Glass
Intérpretes: Borah Silver, Cliff De Young, Ed Begley Jr., George Memmoli, Harry Bellaver, Harry Northup, Harvey Keitel, Lane Smith, Lucy Saroyan, Milton Selzer, Richard Pryor, Tracey Walter, Yaphet Kotto
(EE.UU) 1981


Oscura y desesperanzadora película sobre las mafias sindicales en las grandes empresas norteamericanas.
Narra la difícil vida de tres trabajadores en la fábrica de Ford en Detroit, Jerry, Feke, y Smokie, y su dura lucha diaria para sacar adelante a su familia con su pequeño salario.

Muestra desde el inicio detalladamente la dureza del trabajo diario en la nave, el agobiante sistema en cadena agota a los hombres que sólo encuentran evasión en la taberna situada en medio del polígono industrial, un oasis en medio de un desierto de fábricas con sus humeantes chimeneas, allí, rodeados de botellas de cerveza vacías que van poblando la mesa con el pasar de las horas, intentan pasar el rato hablando de mujeres. Más tarde se quejan de sus pésimas condiciones de trabajo en las reuniones sindicales, las cuales nunca sirven para dar una solución a los problemas de los trabajadores. Pero son hombres de honor, miembros del sindicato, nunca lo traicionarán.

La vuelta a casa es aún más dura que la jornada laboral, las facturas se amontonan y los hijos requieren alimento, abrigo y atenciones, las cuentas no salen, los problemas se multiplican con el paso de los días y finalmente llega la desesperación, algo hay que hacer, la familia está por encima de todo, no pueden quedarse cruzados de brazos viendo como sus hijos pasan necesidades mientras se endeudan más y más. El sindicato les ha dado la espalda, en realidad nunca les ha apoyado, tan sólo es una marioneta en manos de la dirección, no, la dirección es una marioneta manejada por el sindicato, ellos pagan su contribución y no reciben nada a cambio. La decisión es precipitada, pero su familia no puede esperar más, no hay marcha atrás, van a robar la caja fuerte del sindicato, se lo deben, tantos años de sacrificio no han servido de nada, se tomarán su recompensa.

Después de todo el esfuerzo las cosas no salen como esperaban, en la caja fuerte tan sólo hay seiscientos dólares, y unos cuantos documentos que comprometen a la empresa, negocios con mafias de otros estados, sólo les acarreará problemas, no saben con quien están jugando. Así las cosas su contacto les delata, provocando con ello el asesinato de Smokie, nadie puede traicionar al sindicato, el mensaje queda claro.

Feke es un chico listo y no cantará, acepta el puesto de enlace sindical, ahora podrá mantener a su familia. Por el contrario, Jerry está contra las cuerdas, quiere vengar a su amigo muerto y no encontrará precisamente un apoyo en Feke… Acude a los federales y denuncia al sindicato, ahora está sin trabajo y sus ex-compañeros quieren verle muerto. Al final el sistema ha vuelto a ganar, dos compañeros y amigos enfrentados, mientras los peces gordos respiran aliviados, la situación vuelve a estar controlada, el “accidente” de Smokie, servirá como ejemplo y la próxima vez se lo pensarán muy mucho antes de intentar atacar al sindicato.

Lo que comenzó siendo un acto de rebelión contra la maquina manipuladora, acabó convirtiéndose en un frío ajusticiamiento del individuo y de sus libertades más preciadas, la vida entre ellas.
Si no estás alienado, estás fuera del sistema, por ello eres sospechoso, si sabes algo, eres peligroso, el sindicato no puede correr riesgos, vela por tu seguridad y por la del resto de los trabajadores, “hay que hacer la vista gorda con ciertas cosas y saber cuando hay que protestar” le espeta el líder sindical a Feke tras la muerte de Smokie. No se puede resumir su política de manera más certera, fría y demoledora.