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martes, 29 de septiembre de 2009

SURROGATES

“Surrogates”
Director: Jonathan Mostow
Guión: Michael Ferris, John D. Brancato.
Intérpretes: Bruce Willis, Radha Mitchell, Rosamund Pike, Boris Kodjoe, James Francis Ginty, James Cromwell, Ving Rhames, Jack Noseworthy, Devin Ratray, Michael Cudlitz, Jeffrey De Serrano, Helena Mattsson, Michael Phillip, Danny F Smith, Brian A. Parrish
(EE.UU, 2009)

Sinopsis:

En una sociedad paralela los robots han sustituido a los seres humanos en la vida diaria. Los humanos renuncian a vivir sus emociones en primera persona a cambio de la seguridad que les proporciona su hogar y de tener un bonito continente acorde con las exigencias estéticas impuestas por la comunidad. Recluidos en su habitación y enchufados a una máquina manejan al sustituto que desempeña por ellos sus tareas. A priori todo son ventajas, la tasa de delincuencia cae en picado, así como la siniestralidad, la muerte de los sustitutos no supone daño alguno para el operador que lo maneja.

Sin embargo existe un pequeño grupo de personas en cada una de las grandes ciudades que se niega a tener un sustituto. Estos reductos viven en comunidades agrarias y tienen como líder a un hombre al que llaman el profeta. La coexistencia entre sustitutos y biológicos transcurre en armonía hasta que se produce un homicidio. Un humano mata a dos sustitutos con un arma que destroza a la vez la cabeza de los operadores, algo impensable hasta el momento, con lo que se produce el primer asesinato en años.

Tom Greer, acompañado por la agente Peters, es el encargado de la investigación a través de la cual irá descubriendo una serie de hechos que le enfrentarán con su propia vida, (la muerte de su hijo, la relación que mantiene con su mujer), todo le lleva hacia la misma pregunta ¿Merece la pena renunciar a las emociones en beneficio de la seguridad?

Jonatha Mostow, conocido fundamentalmente por sus anteriores largometrajes “U-571” y “Terminador 3”, estrena ahora en pantalla grande esta adaptación del cómic homónimo de Robert Venditti y Brett Veldele publicado en 2005. Obra que desconocía hasta la fecha y de la que, lógicamente, no puedo omitir opinión ni establecer comparativas con su recreación cinematográfica, tan sólo apuntar que en el cómic la acción se desarrolla en el 2054, mientras que en la película se toma un presente paralelo como escenario.

Lo que podía haber sido un pequeño clásico de la ciencia-ficción se queda en un blockbuster (habrá que esperar a los resultados de la taquilla) correcto para mayor gloria de Bruce Willis que sigue estando genial en la piel de cualquier héroe de acción y que tiene su clásica frase al estilo John McLane: “Cielo no se quienes sois, pero si sé que podrías ser un viejo sentado con la cola fuera”. La excesiva personalización del relato en el personaje de Tom es uno de los principales problemas que hace que la obra se enmarque más en el género de acción con drama familiar de trasfondo (insufribles las escenas en las que un apenado Greer visita la intacta habitación de su hijo para ver su fotografía) que en un ejemplo serio de ciencia-ficción. Un dilema moral como la utilización de máquinas para vivir nuestras vidas podría haber dado mucho juego, sin embargo la trama se centra excesivamente en dos personajes antagonistas y complementarios, por un lado está Older Canter como genio-magnate creador de los sustitutos, convertido en una especie de Dios intocable que mueve los hilos desde su mansión (hablar de la evolución del personaje sería desvelar por completo la historia), y por el otro el héroe, en clara desventaja, pero plagado de emociones humanas que le hacen superar los obstáculos que se interponen en su investigación. Ambos personajes están completamente solos, aislados, siendo sus particulares dramas personales los que les hacen tomar decisiones para cambiar el rumbo de su vida, y, por extensión, la del resto de la sociedad.

Con esta polarización del relato, los elementos que describen la extravagante sociedad habitada por los surrogates son pequeños detalles, fundamentalmente estéticos, repartidos a lo largo del metraje. Especialmente cuidada es la selección de extras que pueblan las localizaciones exteriores o los interiores más masificados (discoteca, centro comercial), así como su vestuario, jóvenes atractivos/as vestidos a la última moda caminan implacablemente con absoluta seguridad en si mismos. El maquillaje se erige en el mejor aliado para robotizar los rostros de los sustitutos. Mediante el uso de bases tipo paint stick (por citar algún tipo de maquillaje que produzca este efecto) desnaturalizan los músculos de la cara dando una apariencia hierática, tan bella formalmente como inquietante.
Los personajes que pueblan la película optan por lo fácil, personas mayores, víctimas de la alopecia, de eccemas consecuencia de su voluntaria reclusión, se camuflan en cuerpos perfectos con rostros parecidos a los suyos pero dotados de eterna juventud, o simplemente dejan volar su imaginación para convertirse en algo totalmente diferente (el genial chiste que convierte a un doctor blanco entrado en años en un doctor negro joven de metro noventa). El único personaje que consigue la difícil tarea de empeorar su presencia a través de su doble es, como es lógico, Tom Greer, ningún robot podría tener su incomparable presencia, además, el bronceado y el pelucón que luce su homólogo hacen dar las gracias por que el bueno de Bruce se haya quedado calvo hace años.

Tratándose de un thriller diseñado para el lucimiento de su estrella principal las escenas de acción deberían estar perfectamente medidas y hay que reconocer que en este apartado no se puede reprochar nada a Jonatha Mostow, o más bien a los directores de la primera y segunda unidad que son los que suelen llevar el mando en estas escenas. Lejos de un nuevo “Casino Royale”, las persecuciones, tanto en coche como a pie están rodadas con pulso firme, sin los habituales y molestos barridos; la planificación nos permite seguir sin problemas el desarrollo de la acción y además se dota a las escenas con un loable gusto preciosista sin caer en el manierismo, en este apartado se saca gran partido a las virtudes de los sustitutos, como en la estimulante escena del helicóptero.

En definitiva, Surrogates, tiene el mismo problema que otros títulos de ciencia-ficción recientes, como pasaba en “Gamer”, por citar un ejemplo. Tras un punto de partida interesante y un desarrollo de la trama sugerente, la película termina con un abrupto final que deja un sabor de boca agridulce, pues la película crea enormes expectativas y al final cristaliza simplemente en unas cuantas escenas de acción más o menos bien rodadas, un par de chistes de héroe machote, y algún momento ingenioso (la escena que abre la cinta en la discoteca con el salto del sustituto a la pista de baile y ese local plagado de gente guapa, vestida a la última y sin derramar una gota de sudor, o el genial cartel que anuncia un partido de fútbol extremo y en el que su puede ver una cabeza cercenada), el resto es lo de siempre, un protagonista bueno que lucha contra los malos y toma conciencia de su situación a medida que avanza la trama.



martes, 8 de septiembre de 2009

GAMER

“Gamer”
Director: Mark Neveldine, Brian Taylor.
Guión: Mark Neveldine, Brian Taylor
Intérpretes: Gerard Butler, Amber Valletta, Michael C. Hall, Kyra Sedgwick, Logan Lerman, Alison Lohman, Terry Crews, Ramsey Moore, John Legizamo, Milo Ventimiglia, Ludacris, Aaron Yoo, Jonatahn Chase, Dan Callahan, Brighid Fleming, Johnny Whitworth, Keith Jardine.
(EE.UU, 2009)

Sinopsis:
E.E.U.U en un futuro indefinido. Ken Castle, un excéntrico científico, ha creado un chip que mediante la transmisión de nanocélulas permite controlar la voluntad de la persona a la que le ha sido implantado. Gracias a ello, y aprovechándose de la popularidad de la que gozan los videojuegos y los reality televisivos, Castle desarrolla una serie de videojuegos online entre los que destacan “Society”, (la versión de “Sims” que permite controlar verdaderos seres humanos) y “Slayers” (juego de guerra al estilo “Call of Duty” donde los combatientes son en realidad reclusos controlados por gamers).
Kable, el personaje más admirado de “Slayer”, se encuentra a tan sólo cuatro partidas de obtener la libertad. Nadie hasta el momento ha vivido hasta superar las treinta batallas que permiten abandonar la prisión y él luchará hasta el final para recuperar su verdadera vida, aquella que está junto a su mujer y su hija. Por otro lado Simon, un adolescente rico, es el gamer que con destreza maneja a Kable en su cruzada, pero para él, como para el resto de la población (exceptuando el grupo de resistencia “Humanz”, que constantemente piratea la red de Castle) no es más que un personaje de un juego cuya vida tan sólo vale su prestigio como gamer.
Neveldine/Taylor son la frenética dupla de directores responsables de “Crank”, auténtico bombazo del cine de acción contemporáneo en su vertiente más salvaje y, eminentemente, heterosexual. Con el estreno en España de su secuela aún pendiente nos entretienen mientras tanto con altas dosis de violencia, cyber sexo bizarro y futurismo pop, con este juguete electrónico de última generación ideal para refrescar la última etapa del verano.
A pesar de la fuerte influencia estética de los videojuegos en primera persona o de los videoclips, la película deja un regusto ochentero tras su visionado. Las similitudes argumentales con ese gran clásico de la Sci-Fi hipermusculado titulado “Perseguido” (The running man), son más que evidentes. No sólo por el planteamiento, (presos que se juegan su libertad a costa de perder su propia vida en un hiper-violento concurso televisivo para el regocijo de millones de espectadores), sino por la figura del héroe que, encerrado injustamente, se encargará de demostrar su libertad ante el mundo y acabar con el poderoso que le puso contra las cuerdas.
Con esta máxima tan característica del Peplum más plano (el parecido de Kable con el Máximo de “Gladiator” es más que razonable) bajo la turmix más o menos postmoderna de Neveldine/Taylor el resultado es un auténtico festín para el amante del cine directo carente de pretensiones.
La acción del relato se desarrolla en tres escenarios bien diferenciados, por un lado están los dos reality games: Slayers y Society; por el otro la alucinada y perversa realidad.
SLAYERS:
La sangre riega las pantallas de los extasiados televidentes en “Slayers”. Paisajes urbanos, grisáceos y desolados, son el lugar ideal para que los “psicópatas del corredor de la muerte” obtengan su “merecido” a manos de sus propios compañeros en un baile de fuegos cruzados que, a través de rápidos barridos, apabullan nuestras retinas. En un país dónde el sistema penitenciario se encuentra saturado y la guerra por televisión es un gran negocio, ningún programa podría tener más éxito que este.
La gran atracción de esta salvaje realidad es el duro de Kable (Gerard Butler), identidad virtual de un hombre injustamente encarcelado al que han alejado de su familia, quien recupera la fiereza de Leónidas para convertirse en un gladiador que no dudará en despedazar a todos sus oponentes con tal de recuperar a su mujer y su hija.
SOCIETY:
Para los amantes del colorín,el ligoteo, y la fiesta, Castle también tiene su dosis. Idiotizados durante años ante reality shows, construyendo personajes que asuman los roles que a ellos les gustaría desempeñar en la vida real en un juego on-line sobre relaciones sociales, los clientes de “Society” pueden experimentar mediante realidad virtual todo aquello que les era negado en su triste existencia.
A través de una escena al acertado ritmo de “Discovery Chanel” de los Bloodhound Gang, se describe con excelente precisión visual todo lo que significa “Society”. Colores chillones, estilismo hortera, cuerpos duros con ropa ajustada que danzan como idiotas en medio de una plaza a la luz del sol. La lúbrica presencia de Amber Valetta, en la piel de Angie (esposa de Kable), se erige en diosa del ciber-universo pop con sus bragas ajustadas y su peluca blanca, cortesía del seboso pervertido que mueve sus hilos al otro lado de la red.
REALIDAD:
La brutalidad de Slayers y la frivolidad de Society se aúnan en una sociedad sin valores en la que la vida privada vale exactamente lo mismo que el PPV. Con las grandes corporaciones televisivas controlando a su antojo el gusto del público el megalómano Ken Castle se erije como dios absoluto. El pérfido multimillonario, interpretado por un sorprendente e histriónico Michael C. Hall en clara consonancia con su rol televisivo en “Dexter”, domina el mundo con sus ingenios mecánicos dignos del Mad Doctor más psicotrónico de la serie Z.
La escena final con el previsible duelo entre Máximo/Kable y el malvado Castle es tan artificial como refrescante, con claras resonancias al Bond más delirante (la mansión de Castle recuerda a la del personaje de Christopher Lee en “El hombre de la pistola de oro”) se introduce, además, el musical de Broadway entre el previsible reparto de hostias. Nuevamente el videoclip vuelve a ser un recurso, para algunos manido, que saca petróleo en manos de aquel que sabe manejarlo a su antojo.


En definitiva una película de acción cuya coartada de crítica social lejos de hacer reflexionar al espectador como lo hicieran ilustres predecesoras en el género como “Desafío Total” o “Terminator”, no impide el disfrute de un espectáculo pirotécnico mucho menos vacío y más divertido de lo que la mayoría comenta, con grandes momentos de comedia gamberra que son ya un sello característico de sus autores (no se pierdan el acalorado y alocado encuentro entre Amber Valletta y Milo Ventimiglia).



jueves, 28 de agosto de 2008

GHIDORA, EL DRAGON DE LAS TRES CABEZAS

“Sandaikaiju Chikyu Saidai no kessen”
Director: Inoshiro Honda
Guión: Sinichi Sekizawa
Música: Akira Ifukube
Intérpretes: Yosuke Natsuki, Yukiro Hoshi, Hiroshi Koizumi, Akiko Wataboyashi, Takashi Shimura.
(Japón, 1964)

Sinopsis (les juro que no me invento nada, todo lo escrito ocurre realmente):

Ghidora (un dragón de tres cabezas) llega a la tierra proveniente del espacio en el interior de un meteorito con la intención de destruir el planeta. Un policía, su hermana periodista y una princesa, que ha sido abducida salvando así su vida de un atentado, convencerán a las sacerdotisas gemelas enanas de la isla de Mothra, para que llamen a la larva gigante (Mothra, que en otras películas del género aparece transformada en mariposa) y ésta logre que Godzilla (creo que no necesita presentación) y Rodan (monstruo gigante volador), que en esos momentos se están liando a guantazos destrozando medio Japón, se alíen con ella y salven así a la humanidad de la destrucción.

El programa de Peor…¡imposible! X anunciaba esta película bajo el título de “Gozilla contra Ghidorah”, sin embargo, el título que se dio al film en las salas nacionales fue “El combate de los tres mayores monstruos sobre la tierra”. En la edición videográfica se le dio el nombre de “Ghidora, el dragón de las tres cabezas”, como pudo escucharse durante los títulos de crédito en el pase de ayer.

Esta fue la primera película proyectada en la sesión de ayer. Producción a cargo de la Toho con efectos especiales de Eiji Tsuburaya, (toda una institución en la especialidad por aquel entonces en Japón. Comenzó a realizar trucajes en los años 20) y dirigida por el maestro indiscutible del kaiju eiga (películas con monstruos gigantes) y seguramente máximo referente del cine fantástico japonés, Inoshiro Honda. Director de clásicos indispensables del género como “Japón bajo el terror del monstruo” (Gojira, 1954), que daría el pistoletazo de salida al género, “Baran, el monstruo gigante” (Daikaiju Baran, 1958) “Mothra” (Mosura, 1961) o “Los monstruos invaden la tierra” (Kaiju daisenso, 1965), y que por cierto no falta a su cita anual en “Peor…¡imposible”. Podemos hablar por tanto de Inoshiro Honda como pionero de uno de los géneros más taquilleros en el Japón de los años 50 y 60, que aún hoy en día sigue siendo consumido en el país del sol naciente e incluso exportado a occidente, gozando de gran popularidad en diversas partes del planeta. Sin ir más lejos tenemos el ejemplo del joven realizador Ryuhei Kitamura (“Versus”, “Azumi”) que realizara en el 2004 “Godzilla final wars”, otra delirante reunión de kaiju en una misma película que se exhibió aquí mismo hace un par de ediciones, o la más reciente producción Sur-Coreana “D-War” , (Shim Hyung-rae, 2007) comercializada en España como “Dragon wars”, de echo fue la primera película asiática comercializada en Blue-ray en nuestro país. Está claro que Japón ha tenido a Godzilla y su séquito siempre dentro de su imaginario colectivo, no obstante, las producciones kaiju no siempre han sido todo lo rentables que la industria quisiera.

A mediados de los sesenta la Toho no sacaba la tajada necesaria para mantener la calidad en la producción de los kaiju, películas que hoy nos pueden parecer irrisorias debido a sus decorados a base de edificios, montañas y puentes de cartón-piedra. Pero no podemos olvidar que estas maquetas eran destruidas cada vez que el monstruo de turno asomaba por la pantalla. Miniaturas, que pese a su lejano parecido con la realidad representaban grandes urbes como la de Tokio, con la cantidad de réplicas a escala que ello supone. Lo que encarecía considerablemente los gastos de producción. El casting estaba integrado siempre por primeros actores de la cinematografía nipona, ahí está el caso de Takashi Shimura, actor proveniente del teatro y habitual de las películas de Kurosawa junto a Toshiro Mifune, que interpretó el papel de científico en varias producciones kaiju (en la que nos ocupa hacía el rol de doctor que se encargaba del cuidado de la princesa, aparentemente en estado de shock). El guión tampoco estaba dejado al azar, las tramas fantacientíficas de los primeros kaiju “Japón bajo el terror del monstruo” o “Mothra” estaban bien trabajadas, sus diálogos otorgaban seriedad al conjunto e incluso ideas como la peligrosidad de las armas nucleares, el pacifismo o el patriotismo japonés anti-americano se colaban en la pantalla sin dificultad. Poco a poco esta seriedad en las propuestas se fue desdibujando por la falta de ideas, las películas en principio protagonizadas antes por un solo monstruo fueron dando paso al menos a dos kaiju por película “King kong contra Godzilla”, “Godzilla contra los monstruos”, y las escenas de destrucción protagonizadas por los monstruos que antes constituían una parte más de la película se fueron convirtiendo prácticamente en la única atracción de las mismas, erigiendo a los kaiju en protagonistas absolutos de la función.

A esta etapa de “banalización” del kaiju, si es que puede llamarse así; supervivencia, quizá, pueda ser un término más apropiado, pertenece, “Ghidora, el dragón de las tres cabezas”. Desde luego, una larva gigante (Mothra) pidiendo a Godzilla (en películas anteriores, e incluso en ésta minutos antes, fiero destructor de Japón) y a Rodan que se alíen para derrotar a Ghidora y salvar así a los humanos tiene muchos calificativos, pero serio no es uno de ellos. Sin embargo en este tipo de situaciones genuinamente camp e intransferibles al mundo occidental es donde reside la fuerza de la propuesta. Paranoia alienígena en las altas esferas estatales, una princesa abducida que cree ser una marciana, monstruos gigantes comunicándose entre ellos y aliados contra otro venido del espacio exterior en el interior de ¡un meteorito!, diálogos absolutamente increíbles de puro surrealismo, otros que dejan al descubierto el machismo de la sociedad japonesa y el papel puramente decorativo de la mujer, concursos de televisión en los que aparecen los kaiju como héroes nacionales. En fin, todo un delirio único dentro del universo fílmico de esta increíble isla llena de contrastes. Las sub-tramas introducidas, como la de la conspiración para acabar con la princesa (cuyo país de procedencia no se revela por cierto) o la relación "amorosa" de la joven periodista en edad casadera (como su madre se empeña en recordar), al intentar añadir detalles de cierta cotidianeidad hacen que la historia tenga un carácter aún más enajenado.

El diseño de los monstruos es desigual, la agresividad en la expresión de Ghidora (cierto es que muchos expertos señalan que es una derivación de los dragones chinos) contrasta con el aspecto del bueno de Godzilla (es bastante complicado aguantar los primeros planos de la cara del coloso nipón sin soltar una carcajada), con la pobre recreación de Rodan o con la sensación de indefensión absoluta que da Mothra (ese movimiento mecanizado a la hora de desplazarse y su irrisorio chorro de agua como único ataque)

El vesturario de los compatriotas de la princesa no tiene desperdicio, una especie de cruce entre caballero de la Edad Moderna europea y astronauta futurista vestido por Agatha Ruiz de la Prada.

El film está repleto de escenas antológicas, como cuando los humanos van traduciendo el intercambio de palabras entre Mothra, Ghidora y Godzilla. La escapada de la princesa de su trágico destino saliendo del avión por una puerta lateral en pleno vuelo, sin que éste sufra ninguna sacudida. Su posterior aparición ataviada con ropas de vagabundo en una plaza de la ciudad como “la profetisa”, augurando el negro devenir de los seres humanos y manifestando sin pudor alguno: “vengo de Marte”. La misteriosa recuperación de su personalidad anterior tras caerse ¡desde una montaña! La épica batalla final con Mothra subido a lomos de Rodan rociando con a saber qué al tricéfalo Ghidora. Los bailes y las risas de Godzilla y Rodan…no hace falta añadir que el ritmo no decae a lo largo del metraje, la película es una sucesión de escenas a cual más divertida y disparatada.

Sin duda lo mejor exhibido hasta el momento, y créanme, no es poco. Japón vuelve a demostrar que en imaginación y originalidad se llevan la palma.

Un diálogo para el recuerdo:

La joven princesa (con su personalidad suplantada por una marciana con dotes adivinatorias. En la película también se explica que en Marte todos tienen el poder de la predicción ¿?) irrumpe en un barco para advertir a sus tripulantes y pasajeros del peligro que corren sus vidas si el barco zarpa. Un oficial avisa a su capitán:

-Señor, está aquí la alienígena (precisa descripción del marinero que no deja lugar a la duda)

-¡No está autorizada! (la respuesta está a la altura del humor delirante de los monólogos de Groucho, aunque me temo que en este caso no es intencionado)


viernes, 4 de julio de 2008

EL FASCINANTE MUNDO DEL SR. OLARIA

Huyendo del asfixiante calor que azota Madrid estos días me introduje en un centro comercial para disfrutar de las ventajas del aire acondicionado (el mismo que tanto asqueaba a mi admirado Henry Miller) Teniendo en cuenta el abrasador panorama que acechaba en el exterior (es admirable el aguante de los aficionados futboleros que se congregaron en Colón para ver a sus ídolos) decidí darme un garbeo por la sección de dvd’s, pues no sólo de e-mule vive el hombre. Cual fue mi sorpresa cuando me tope en las coloridas estanterías con otra joya de la colección L’ATELIER 13 dedicada a la ciencia-ficción. La película en cuestión, que desconocía hasta el momento, era nada más y nada menos que “El hombre perseguido por un O.V.N.I”, de un tal Juan Olaria, al que a partir de ahora admiro con pasión. La estupenda edición, además de incluir el correspondiente libreto con anécdotas sobre el rodaje y filmografía del director, incluye un cortometraje, “Encuentro inesperado” dirigido por el propio Olaria en 1995, entrevista con el visionario realizador, y lo mejor: ¡¡Extractos de sus trabajos amateur!!. Me faltó tiempo para comprar esta locura audiovisual y devorarla con ansia cinéfaga, a los más atrevidos os invito a introduciros conmigo en el maravilloso y loco mundo del Sr, Olaria.

Iniciado desde temprana edad en el cine amateur (comenzó a rodar cortometrajes en 8 mm. con tan sólo 12 años) y aficionado a la ciencia-ficción, quedó impresionado cuando asistió al estreno de “La noche de los muertos vivientes” (una película de bajo presupuesto que llenó las salas de todo el mundo y que hoy día es todo un referente socio-cultural, además de estar considerada como pilar fundamental del cine de terror moderno) Ni corto ni perezoso pidió dinero a su padre para financiarle un largo, que le saldría finalmente por un millón setencientas mil pesetas aproximadamente, según él mismo confiesa. Anteriormente había dirigido otros trabajos, todos ellos cortometrajes amateurs ayudado por sus amigos: “Robo al amanecer”, 1957, “El planeta plinio” 1958, “¡Mil bombas!”, 1961, “Principio del Nirvana”, 1971, entre otros, donde había coqueteado con diferentes géneros, siendo el desparpajo visual y narrativo comunes en todas sus producciones (por lo menos en las que yo he podido ver, que se reducen a lo que incluye esta edición en DVD. Es decir, fragmentos de “El planeta plinio”, “Viaje al firmamento” y “¡Mil bombas!” (éste último corto al completo) más el cortometraje “Encuentro inesperado” en el que permanecen las constantes extraterrestres.

En 1982 dirigiría otro largometraje, en esta ocasión un drama que lleva por título “El diario rojo”. Por lo que recoge el libreto del DVD la trama gira en torno al machismo y permanece inédita hasta la fecha, pues el bueno del Sr. Olaria no se ha atrevido a exhibirla.

A continuación la reseña a propósito de la inclasificable “El hombre perseguido por un OVNI”

“El hombre perseguido por un O.V.N.I.”
Director:
Juan Carlos Olaria
Guión: Juan Carlos Olaria, Juan Xiol
Intérpretes: Richar Colin, Juan Carlos Olaria, Lynn Enderson, Damaso Muni, Manuel Bronchud, Ross Vineis, José Mª Montserrat.

(España) 1975

Sinopsis:

Alberto Oliver, un escritor de novelas pulp en plena crisis creativa, recibe la visita de unos seres extraterretres poco amistosos que pretenden llevárselo a su planeta, pues allí se encuentra su doble en negativo??!! (literal, queridos amigos). El lógico escepticismo del comisario de policía ante los hechos narrados por el escritor se desvanece cuando éste es finalmente secuestrado por los lejanos visitantes. Tan sólo una carambola cósmica digna de la producción que nos ocupa podrá salvar al sufrido protagonista.

La enorme cantidad de escenas delirantes sin ningún tipo de desperdicio que contiene la cinta me ha llevado ha decidirme a desechar el comentario personal en favor de una “guía pormenorizada de avatares en la excitante vida del Sr. Oliver para no perderse detalle de su trepidante aventura” (vamos que les voy a contar la película entera acompañándola de puntuales observaciones totalmente subjetivas):

La extravagancia y la cara-dura están presentes desde los títulos de crédito, el “héroe”, en realidad un señor entradito en años, enjuto y además escritor (supuestamente la única actividad física que desarrolla, aparte del sexo, es dar paseos por la playa para inspirarse. Vamos todo un portento físico) se pega de ostias con unos alienígenas (hombres con careta y guantes plateados. Sin escatimar en gastos de producción), todo ello virado en negativo mientras se intercalan una serie de fotografías de supuestos avistamientos reales de OVNIS, acompañadas por una voz en off cuyos comentarios sonrojarían incluso a Iker Jiménez. Por poner un ejemplo; ante una fotografía que no es más que una mancha blanca sobre fondo gris, la solemne voz comenta: El astronauta Scott Carpenter obtiene esta fotografía que no consigue explicarse científicamente. (no soy científico pero una combinación de mal pulso y escasa iluminación pueden ser los causantes de ese engendro fotográfico).

Después de la gloriosa presentación asistimos al encierro al que se somete nuestro amigo para parir la novela en la que está trabajando. Mientras el pobre hombre escribe, los antropomórficos seres provenientes de otra galaxia conspiran para raptar al literato, por cierto, en un idioma fonéticamente muy parecido al euskera, (¿A ver si estos seres van a tener también RH negativo?)

Escenita calentorra. Para inflar el metraje (el propio Juan Olaria lo explica en la entrevista que incluye el DVD) Alberto, que atraviesa un bache creativo va a visitar a su amiga Carol, una lozana mujer de generosas curvas que luce vestido estampado de rastrillo, pelucón rubio, taconazo y medias de encaje. En su insinuación, la muchacha se anticipa al cruce de piernas de la Sharon Stone en “Instinto básico”


Tras el goce erótico (únicamente insinuado) llega la acción, en un paseo por la costa catalana los mutantes atacan. Entre todos le tiran el Simca 1000, en el que Sr. Oliver había llegado hasta el lugar, por un descampado y acto seguido van a por él. Pero el hábil novelista se destapa como un duro adversario y logra escapar de las garras de los enmascarados a base de puñetazos, ante la ira del jefe de los mutantes que lo observa todo desde su nave.

Cuando llega a su pobre coche volcado aparece una maqueta de un platillo volante plateado flotando a duras penas en el aire (mataría de envidia a Ed Wood Jr.) y el escritor sale por piernas hasta casa de Carol, la rubia lozana. De nuevo escena subidita de tono, la hembra aparece gratuitamente en ropa interior (cálido recibimiento muy estilado en las películas del destape) y un nervioso Alberto intenta avisarla del peligro que corre poniéndole al corriente de lo sucedido, lógicamente, la chicarrona lo toma por loco y lo mando a freir espárragos. El escritor se marcha enojado y Carol vuelve a sus quehaceres, que no eran otros que una escenita de cama con otro señor. El intento de coito se queda en eso, pues pronto aparecen los mutantes?? (¿Pero no buscaban en exclusiva al escritor?) y hacen desaparecer a la pareja de tortolitos.

Alberto para un coche en la carretera y el amable ciudadano lo transporta como pasajero, pero ante la lentitud de pilotaje del honrado desconocido, el vivo del Sr. Oliver le engaña como a un chino para tomar él mismo los mandos del volante… y voilá, ya tenemos escena de persecución, aunque sin coche que persiga. Planos desde el interior del vehículo en los que se manifiesta el lento discurrir del auto se intercalan con planos generales descaradamente acelerados que nos intentan hacer creer que el vehículo toma las curvas a toda velocidad, hasta aquí la escena no pasa de casposa. Sin embargo, de pronto, entre curva y curva se salta a un plano general, en el que una maqueta de color diferente al del coche salta de un extremo a otro de la carretera salvando milagrosamente un enorme precipicio. En el siguiente fotograma vuelven a colocarse insertos de la carretera como si tal cosa, (¡sublime!) Cuando por fin llega hasta una comisaría el intrépido conductor sale del vehículo y se despide de su acompañante con un socarrón… “¡gracias!” (¡que cachondo!) al que éste responde: “es un irresponsable, podíamos habernos matado”.

En la comisaría le atiende un trajeado Juan Olaria, que hace de comisario de policía, de nombre Durán, para más señas. Alberto expone como se ha producido el robo de su coche sin desvelar el lugar de procedencia de los delincuentes que lo han perpetrado.

El comisario y dos ayudantes acompañan a Alberto al lugar de los hechos, pero ¡qué sorpresa para el pobre escritor cuando se da cuenta de que su coche ya no está en el descampado! Los alienígenas han hecho desparecer el vehículo utilizando su nave como ¡imán! y lo han arrojado al espacio, en lo que sin duda es una de las escenas más psicotrónicas y divertidas de la historia de la ciencia-ficción (ese espectacular plano del platillo volante con el coche pegado en su parte posterior y el planeta tierra de fondo es impagable). La NASA debería de tomar nota del carácter indestructible del Simca 1000, pues en su viaje por el espacio permanece totalmente incorruptible (¡eso si que no tiene explicación científica!)

Ante lo insólito del suceso, Alberto, se ve obligado a contar al comisario su experiencia con los alienígenas, lógicamente el policía cree que el escritor sufre de alucinaciones y no le presta ningún tipo de protección.

Sólo, cansado y apesadumbrado, Alberto, se sienta ante el televisor tras servirse un buen lingotazo de vodka, el monótono noticiario en blanco y negro le provoca un sueño irrefrenable que le conduce directo hacia una aterradora pesadilla. En mitad de una playa desierta se despierta con el cuerpo totalmente enterrado en la arena, sólo su cabeza permanece en la superficie, donde un fiero pastor alemán deambula con la única intención de devorarle. Este angustioso sueño es una de las mejores escenas de la película, posee gran fuerza y está excelentemente rodada, de repente parece que estemos viendo un clásico indiscutible del género terrorífico. Una de las mayores satisfacciones del cine de serie Z es descubrir estas pequeñas master-piece, entre metros y metros de celuloide alocado.

No menos sugerente es lo que le ocurre a nuestro alucinado protagonista justo después de despertarse. Al acercarse a su televisor para apagarlo unas manos aparecen ocupando prácticamente la totalidad de la pantalla, a pesar del tópico mensaje alienígena que las acompañan (venimos a por usted, no le haremos daño, es inútil que se resista) la imagen es, cuanto menos, inquietante, llegando a meter en el cuerpo ese escalofrío tan gratificante que sólo nos proporcionan las grandes películas sobre invasores de otros mundos.

A pesar de la advertencia educada pero amenazante de los forasteros galácticos, el platillo volante que se sitúa frente a su domicilio no se decide a aterrizar e ir en busca del escritor, (quizá por falta de aparcamiento).

Al día siguiente la aparición del disco metálico volador aparece reseñado en la prensa, toda la ciudad de Barcelona lo ha visto surcar el cielo con total parsimonia. Alberto decide mudarse a su casa en el campo por consejo del comisario, que además le asigna un policía para protegerle, los mutantes no tardan en aparecer dando muerte al vigilante y colándose en el interior de la vivienda. Pero Alberto es un tipo duro y le pone de muy mal humor que interrumpan su lectura, así que cuando un mutante le hace perder el hilo no duda en degollarlo y desmembrarlo con una hoz, haciendo manar abundantemente su amarillenta sangre. El mutante, al parecer, tiene una recuperación celular milagrosa y cuando una “amiga” del escritor, Carmen, (que previamente hemos visto desnuda en la ducha así como quien no quiere la cosa) aparece de improvisto, el mutante retorna dispuesto a vengarse ahora con dos cabezas. (¡doblemente malvado!)

La pareja corre presa del pánico campo a través, pero no hay escapatoria. Carmen se queda atrás y el platillo persigue tenaz al pobre Alberto hasta que su corazón no aguanta más y cae rendido en medio de la pradera.

Imágenes de archivo muestran el rotativo de un periódico (en blanco y negro, aquí vale todo) Tras un corte bastante descarado se muestra en primer plano el siguiente titular: “Sondeo espacial en busca del hombre perseguido por un OVNI”

En medio de la inmensidad del universo se encuentra el taciturno Oliver encerrado en la nave espacial alienígena. El diseño de la nave es bastante pobre, a través de planos cortos se intenta disimular el humilde diseño de producción, como mandan los cánones de la serie b. Pero lo mejor de todo es el monólogo de la computadora de la nave, el HAL 9000 particular, se suelta con un discurso que mezcla pseudo-ciencia y futuro apocalíptico, las réplicas del Sr. Oliver no tienen desperdicio. Diálogo íntegro:

Mutante: “…¿Ha oído hablar de la anti-materia?, su planeta comienza ahora a descubrirla, cada partícula, cada átomo, tiene su correspondiente opuesto de signo contrario. Nosotros venimos de un planeta lejano, espejo del suyo, idéntico en todo, pero de distinto signo, es como si se tratase de una película negativa respecto a una positiva (lo cual se ilustra cambiando los fotogramas de positivo a negativo. Traducción simultánea), su contacto produciría la destrucción de ambas…”

Oliver: ¿Entonces como es que han podido invadir ustedes que son de signo opuesto nuestro planeta sin ser destruídos? (interrumpe el impertinente terrícola)

M: Nosotros no somos los auténticos habitantes del planeta del que provenimos (¿ehhhhh?), somos mutantes (Aaahhh!!!), robots biológicos de diferentes grados destinados a cumplir una misión (¿?)

O: ¿Y que misión es esa?, ¿Qué tengo que ver yo en este asunto? (más duro que Clint Eastwood haciendo de Jack Bauer)

M: Usted es un ser anti-material correspondiente a un habitante determinado de nuestro planeta, nos a costado bastante tiempo localizarle en su galaxia. Nuestra misión es, atravesando de nuevo el espejo de la anti-materia, devolverlo al planeta de origen.

O: ¿Pero como voy a vivir si soy de signo opuesto? Cuando tome contacto con su planeta me destruiré (éste las pilla al vuelo)

M: Nuestros jefes han resuelto ya este problema, no debe preocuparse (está todo controlao)

O: ¿Y si les dijera que me niego a ir, que no estoy de acuerdo con sus métodos, que considero su comportamiento un atropello, un atentado a mi dignidad, que prefiero mil veces éste mi atrasado planeta al suyo? (Oliver for president!)

M: Vamos Sr. Oliver, sea razonable, ¿sabe dónde parará su planeta dentro de poco tiempo? La contaminación destruirá las especies animales, se agotarán las reservas de energía, escaseará pronto el agua potable, no habrá sitio dónde vivir, aumentará espantosamente la población terrícola que nacerá con alteraciones genéticas, se producirán cambios climáticos. Entonces la especie terrícola desaparecerá como lo hicieron hace millones de años otras especies zoológicas como los dinosaurios y grandes vertebrados y puede creerme si le digo que el fin está cerca y que al contrario de lo que se piensa será un fin silencioso y tranquilo, una muerte dulce.

O: ¡Miente!, no me creo esas patrañas, los humanos se salvarán como hicieron otras tantas veces, pero desgraciadamente ya nunca volveré para verlo.

M: No pierda la esperanza de volver, pero estamos seguros de que no le gustaría.

O: ¡Maldito mutante!, yo vivía feliz en mi ignorancia

M: Desgraciada bestia terrícola (en su idioma, no había valor para decirlo a la cara)

Imágenes de archivo cedidas de manera altruista por la NASA muestran un puesto de control y una gigantesca antena, sin venir nada de ello a cuento y por supuesto sin diálogos (Hay que inflar el metraje como sea)

El comisario Duran abre una carta (que Oliver había dejado y que sólo debía de ser abierta en caso de ser abducido) y la lee en presencia de Carmen y su esposo Ricardo, dónde Oliver expresa el acongojo sufrido y la incomprensión de la que fue objeto desde que los alienígenas comenzaron su búsqueda.

Más imágenes de la NASA, ahora de astronautas alrededor de la órbita lunar y en el interior de su nave. Tras estás imágenes documentales aparece de nuevo el Simca 1000 inter-estelar, ahí está en la inmensidad del universo como si tal cosa, su silueta recortada en ¡¡cartulina!! se cruza con la nave dónde está preso el Sr. Oliver (¡aquí hay más casualidades que una película de Julio Médem!), quien con mirada nostálgica se le queda mirando (“¿Cuántos kilómetros habremos hecho juntos?, si sólo te hubiera cambiado el aceite una vez más…”, o algo así parece estar pensando) De improvisto aparece en escena un tipo calvo (Juan Olaria, again!!) con jersey cuello cisne negro y unas gafas de montura roja y plateada con los cristales pintados a cuadros amarillos y negros (ni Elton John se atreve con unas como esas) y con una voz que intenta sonar metalizada dice: “¿Vamos a dar un paseo Sr. Oliver?”.

Dos platillos idénticos se fusionan en mitad del universo, una espiral se observa desde el interior de la nave, curiosamente desde fuera no, un rayo cae encima de la nave, otro, la espiral sigue viéndose desde dentro, ahora en plano general los platillos se dividen. Planos confusos y temblorosos de superficies resquebrajadas de diferentes colores parecen decirnos que la nave va surcando diferentes planetas (vamos, el viaje de vuelta a la tierra)

La nave aterriza, Alberto está sólo, pero pronto aparece “Mr. Gafotas” que tose un par de veces y cae al suelo. Justo antes de morir suelta un discursito (por lo que veo es tradición en su planeta) “terrícola, hemos vuelto, no conseguimos atravesar el espejo de la anti-materia, por lo visto, una inversión de polaridad… y cuando creíamos llegar cada vez nos alejábamos más, hemos… hemos vuelto, pronto la presión atmosférica nos aplastará, la pila atómica creadora de un campo anti-gravitacional que nos permite volar estallará en mil partículas atómicas (¡pues haber viajado en el Simca 1000!), huye, aún estás a tiempo, aléjate de aquí antes de la autodestrucción, pero guárdate terrícola, recuerda volverán, volverán por ti. Con el Sr. Oliver fuera de la nave ésta se funde como una loncha de queso hasta que finalmente estalla. El escritor, que no cabe en si de júbilo tras salir airoso de tan difícil situación se va a casa de Carmen para celebrarlo, ésta le recibe con un cariñoso abrazo (sí, está casada con su amigo Ricardo, pero el muy bragueta caliente no respeta nada)

FIN

Pues ya ven, ¿que más les voy a decir? No tengo palabras, o más bien tengo demasiadas. El visionado de esta, para mí, absoluta obra maestra del cine psicotrónico, me despierta multitud de opiniones contradictorias. Si delgada es la línea que separa la genialidad del ridículo más absoluto, creo que esta película salta de un lado a otro de la línea unas cuantas veces a lo largo de su ajustado metraje. Una cosa es segura, la diversión está asegurada, el único largometraje en la filmografía de Juan Olaria podría definirse como el anti-bodrio, no hay lugar en su desarrollo para el bostezo, le puede causar gracia, simpatía, risa, vergüenza ajena, inquietud, desasosiego, efectos secundarios como sarpullidos o dolor abdominal, pero es totalmente imposible que le deje indiferente. Posiblemente la mejor-peor película de la historia, véanla, merece la pena.

viernes, 20 de junio de 2008

SUPERMAN CONTRA LA BANDA NEGRA

Attack from space
Director: Teruo Ishii
Guión: Ichiro Miyagawa
Fotografía: Takashi Watanabe
Música: Chumei Watanabe
Intérpretes: Ken Utsui, Sachihiro Ohsawa, Junko Ikeuchi, Minako Yamada, Shoji Nakayama, Kan Hayashi, Minoru Takada, Utako Mitsuya, Chisako Tahara, Reiko Seto, Akira Tamura, Tomohiko Ohtani, Fumiko Miyata, Johji Ohhara.
(Japón) 1957

Sinopsis:

Los zafirianos, habitantes de la recóndita galaxia de Zafiro preparan una guerra contra el resto del Universo, empezando por la tierra. Para asegurar el éxito de su colonización universal secuestran al terrícola Dr. Yamanaka, experto diseñador de misiles, y a sus hijos. La tierra cuenta con un inesperado aliado. “Superman”, un habitante del evolucionado planeta Esmeralda. Equipado debidamente con un “globómetro”, curioso artilugio creado recientemente por los esmeraldinos, el héroe extraterrestre salvará el planeta de los invasores.

Si normalmente las traducciones al castellano de los títulos originales de las películas dejan bastante que desear, este es un caso especialmente irritante. “Superman contra la banda negra”, así se estrenó la película en España en 1966 y así reza ahora la edición en DVD. Pues bien, ni una cosa ni la otra. “Superman”, que no guarda ningún parecido con el personaje creado por Joe Shuster y Jerry Siegel, más allá de su origen extraterrestre y su capacidad para volar (aunque en este caso vuela gracias al “globómetro” que han inventado sus compatriotas y no a las condiciones favorables que le pudiera proporcionar la atmósfera terrestre) se llama en realidad “Supergiant” y no es más que un japonés vestido con pijama con capa y capucha coronada por una antena, vamos como un participante cualquiera de “Takeshi’s Castle” (Humor amarillo) pero con un poco más de carisma y sin estar manchado de barro. “La banda negra” supuestamente se refiere a los zafirianos, pero estos usan trajes diferentes dependiendo de la sección que ocupen. Pueden ir vestidos con el traje negro, plateado o con el mejor de todos, el de marine, con gorra blanca incluída.

La producción corre a cargo de la Shintoho (Nueva Toho en castellano). Productora japonesa nacida a raíz de las constantes huelgas producidas en el seno de la todopodersa Toho durante los años cuarenta. Especialista desde su creación en producciones exploitation; no en vano, en principio era la división de la Toho encargada de las películas más comerciales, mientras el gigante nipón cultivaba un cine más personal. En 1947 entraría en la nómina de la compañía Teruo Ishii, quien se adaptaría a la perfección al modelo de rodar mucho y barato, seña de identidad de la casa. Tras desempeñar trabajos de guionista y ayudante de dirección y dirigir un film sobre el mundo del boxeo, en 1957, Ishii, dirigirá la saga dedicada a “Supergiant” que le haría popular. Formada por tres entregas: “Superman el invencible”, “Superman ataca a los platillos volantes” y la comentada aquí, “Superman contra la banda negra”, cada entrega es un montaje realizado en EE.UU a partir de dos capítulos del serial japonés original “Supaa Jaiantsu”, constituido en total por seis episodios.

El argumento de esta tercera entrega de la saga es de una simpleza insuperable: Humanidad en peligro por raza extra-terrestre ofensiva salvada por raza extra-terrestre amiga que envía un super-hombre para salvar la tierra. No hay más. Podría servir de base para un guión de “Rambo” salvando a los habitantes de otro planeta.

La ingenuidad de los diálogos, los casposos efectos especiales, las maquetas de cartón de las naves espaciales sujetadas por cables (perfectamente visibles), las transparencias sobre fondos distorsionados, las coreografías a dieciséis imágenes por segundo o incluso los saltos logrados mediante el rebobinado de la imagen, son características comunes en multitud de películas de serie Z de ciencia-ficción de las década de los cincuenta. Sin embargo, esta demencial película posee dos peculiaridades que me fascinan enormemente:

1. El carácter cosmopolita del planeta Esmeralda: Mientras los zafirianos son todos de apariencia semejante a la humana, los esmeraldinos son cada uno de su padre y de su madre, robots todos ellos (si son todos robots ¿Quién los ha construido?) pero cada uno con su propia personalidad. Algunos de ellos tienen forma de estrella de cinco puntas y poseen un solo ojo en la punta superior que además está coronada por un aro, otro, que al parecer lleva la voz cantante en las reuniones, tiene una cabeza cónica de metal con una corona en la cúspide cuyo interior está ocupado por una gran bombilla con forma esférica. Rompiendo con la moda metálica del planeta está nuestro amiguete “superman” luciendo esas mayas que le marcan el slip, que a diferencia de su hortera colega norteamericano, lleva por dentro y no por fuera del pantalón. Se agradece.

2. El globómetro: Espectacular invento presentado bajo la utilitaria forma de un reloj de pulsera que permite a su portador volar, detectar campos radioactivos y hablar cualquier idioma del universo (¡y yo que me preguntaba como se comunicaban los extraterrestres con los abducidos!, que inocente soy), ahora todos sabemos que “Q”, el entrañable inventor de los artilugios que James Bond despedaza en la mayoría de películas de la saga, no es en realidad británico, sino esmeraldino. Un apunte, a pesar de que el invento es made in Esmeralda, la pulsera luce un mapamundi que toma a Japón como centro geográfico.

Dos secuencias puntuales a rescatar: El cambio de traje que protagoniza “Superman” tras un biombo en décimas de segundo (sonrojaría al mismísimo Clark Kent) y la interminable batalla en la que nuestro héroe se pone a ¡disparar! revolver en mano contra los beligerantes zafirianos (desde luego, un superhéroe diferente) aunque estos se levantan una y otra vez sin el menor rasguño (los japoneses, perdón, los zafirianos son así). Por lo demás una película bastante plana, nada que destacar, no hay diálogos especialmente marcianos ni alocados, ni tampoco se explota el filón erótico, más bien el producto es bastante mojigato (estamos aún en los tímidos cincuenta) y tradicional (odiosa la escena en la que “Superman” lleva volando a la hija del Dr. Yamanaka). La película se toma demasiado en serio a si misma, su inexistente tensión dramática, la ausencia de escenas de acción creíbles, el mortecino blanco y negro de la fotografía, en definitiva, su pésima calidad, hacen su visionado sólo apto para gourmets de la caspa más acartonada y completistas de celuloide rancio.

Agradecer la iniciativa de la compañía Naimara producciones que sigue apostando por desenterrar estas joyitas del fantástico nipón y pasarlas a formato digital bajo el nombre genérico de “Asian trash cinema”. “Superman contra la banda negra” está editada en programa doble (al igual que las ediciones precedentes de la colección) junto con “Los invasores del espacio” del desaparecido Kinji Fukasaku, creador de grandes “yakuza eiga” durante la década de los setenta, además de dirigir la exitosa “Battle Royale”. El pack se completa con suculentos extras: Audiocomentarios para “Los invasores del espacio” a cargo de José Luis Viruete, entrevista con Jackie Chan, copiando a George Lucas, escenas eliminadas y un par de cortometrajes, “Objetivo: La Tierra” y “Marcianos al volante”. ¡¡Irresistible!!

martes, 3 de junio de 2008

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL




Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
Director: Steven Spielberg
Guión: David Koepp (escrito sobre una historia de George Lucas y Jeff Nathanson)
Música: John Williams
Fotografía: Janusz Kaminski
Intérpretes: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, John Hurt, Ray Winstone, Jim Broadbent, Ian McDiarmid, Joel Stoffer
(EE.UU) 2008

El comienzo es muy prometedor. Un Indy reciclado por el inevitable paso de los años (su aparición no puede ser más nostálgica, esa silueta recortada sobre el vehículo militar coronada por su sempiterno sombrero) pero que aún conserva la chispa y la ironía de antaño, (se podría decir eso de que el que tuvo retuvo), acompañado por su compañero de aventuras Mac, es sorprendido como siempre por los malos, en esta ocasión agentes soviéticos, en pleno desierto del suroeste de los EE.UU.

La acción comienza rápido, una de las características más positivas de la saga. El maduro arqueólogo consigue huir, como no podía ser de otro modo, y aparece en un pueblo prefabricado, cuya única función es ser pasto de las pruebas nucleares (uno no puede dejar de pensar en el magnífico re-make de “Las Colinas tienen ojos” del excelente realizador galo Alexandre Aja y las pruebas nucleares en el desierto de Nuevo México) Justo antes de la explosión, Indy, consigue meterse en una nevera que le salva de morir abrasado (Es que Indy es mucho Indy).

En la universidad, el veterano profesor ya no es acosado por sus alumnas como lo fuera en el pasado, el F.B.I es ahora el que no le da tregua, hasta tal punto que se ve obligado a dejar la docencia. Cuando se disponía a viajar hasta Londres en busca de un nuevo hogar donde poder retomar sus clases, se cruza en su camino el joven Mutt Williams (encarnado por la refrescante presencia de Shia LaBeouf, cuya aparición en pantalla, con chupa de cuero y gorra, a lomos de su deslumbrante Harley Davidson, homenajea a Marlon Brando en “Salvaje” Laszlo Benedek, 1954 de moda por aquel lejano e ingenuo 1957) el cual le pide un favor personal, que les llevará tras la pista de la calavera de cristal. He aquí el Mac Guffin: La calavera antropomórfica echa de cristal de cuarzo de una sola pieza. La coartada perfecta para viajar a mundos ocultos y olvidados, en este caso el corazón de Perú, donde habitan peligrosas civilizaciones para el urbanita moderno.



Dieciséis años se lleva gestando el proyecto de la cuarta entrega de la saga de Indiana Jones, y durante todo este tiempo, no han sido pocos los que han señalado lo innecesario del proyecto. ¿Por qué ha desembarcado ahora Indy en las pantallas de todo el mundo? ¿Está realmente el personaje acabado, como, supuestamente, lo estaban los slyanos Rocky y Rambo?.

El caso de los films de Stallone quizá sea diferente, por un lado, "Rocky Balboa" viene a refrescarnos la memoria con una idea que siempre tuvo mucha fuerza en el pasado y que parece perdida en estos tiempos de fama rápida y tecnología multimedia (la frase de Warhol sobre los quince minutos de fama nunca tuvo tanto sentido), la idea del esfuerzo, de la superación humana, parece necesaria en nuestra sociedad actual. Por su parte, "John Rambo", la película, sorprendió con su violencia hiperrealista, aunque eso no haya sido suficiente para tapar las deficiencias de un guión más que flojo. A través de estas películas, el viejo Sly ha intentado (y a juzgar por las recaudaciones de ambas, logrado con éxito) recuperar parte del prestigio perdido, al menos entre sus seguidores.

¿Qué prentende el tándem Spielberg-Lucas con esta cuarta entrega de las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia? En mi opinión es una manifestación más del miedo actual de EE.UU a todo país que no promulgue con su política exterior

La acción se sitúa en 1957, en plena era Eisenhower, (un presidente obsesionado con el anti-comunismo y con el poder atómico) los momentos más crudos de la guerra fría. ¿No existe en la sociedad post 11-S una desconfianza sobre el mundo islámico similar a la que había en la guerra fría sobre el comunismo? ¿Qué hay que se parezca más a la paranoia atómica posterior a la II Guerra Mundial, que el actual miedo a un nuevo atentado terrorista, ya sea este en forma de aviones kamikaze, bombas a civiles en capitales super-pobladas, ataques bacteriológicos, o como apuntaba la "Jungla 4.0" Len Wiseman, 2007 o la serie "24" (claros ejemplos de la paranoia política norteamericana llevados a la ficción), un virus informático capaz de colapsar la economía occidental?

La película está cargada de ideología pro-americana, más cerca del propagandismo político que del cine de evasión. El patriotismo rancio y chusco de Indiana Jones llega a límites vergonzosos cuando, encañonado por el arma de la coronel Irina Spalko (interpretada magistralmente por una fría y sensual Cate Blanchett), no se le ocurre otra cosa que decir (¡como última voluntad antes de morir!): “Viva Eisenhower” (Ex general famoso por dirigir el desembarco de Normandía y presidente republicano entre 1953 y 1961. Firmó pactos anti-soviéticos, entre otros países, con la España franquista)

Por lo demás la película responde al clásico guión de la cinta de aventuras: buenos en apuros con malos más numerosos que les pisan los talones y que están a punto de matarlos en numerosas ocasiones, pero por una razón u otra, todas igual de forzadas, nunca lo logran. El final es el consabido Deux ex Machina, en el que el héroe es salvado in-extremis por la providencia, en el caso de esta entrega casi de manera literal, en un final más propio de “Expediente X”

La resolución de las escenas de acción no pasa del aprobado, no deja de ser lo mismo que hemos visto a lo largo de la saga y en innumerables producciones de acción, sin introducir nada nuevo. A pesar del cacareado respeto del clasicismo (sólo un treinta por ciento de las escenas con fx han sido realizadas por ordenador) del espíritu de la película, las persecuciones ya no tienen la garra que poseían en los años ochenta. Precisamente por eso mismo; no se puede pretender mantener pegado a la butaca al espectador actual, acostumbrado a las últimas tecnologías, con los trucos que sorprendían hace dos décadas.

Lo que si supone un acierto es el trabajo de Spielberg con el director de fotografía, el genial Janusz Kaminski (¿Quién no recuerda los dramáticos tonos sepia de “La lista de Schindler”) respetando el cromatismo y la textura clásicas que Scolombe había desarrollado en las tres anteriores entregas. Deliciosa la escena que abre el film, desde los títulos de crédito, que recogen con una deslumbrante panorámica el desierto, hasta la explosión de la bomba describiendo una gran nube de fuego y arena, justo después de desintegrar los maniquís que poblaban la zona de pruebas. La escena de la cafetería, en la que Mutt e Indy comienzan a conocerse, tiene un gusto impecable en la elección de la paleta de colores. La trifulca que se provoca hacia el final de la escena, entre moteros y estudiantes, homenajea nuevamente a las pelis de bandas de los años cincuenta.

Una vez más la pareja Lucas-Spielberg juegan a convertir la caspa en lujo amparados en sus grandes presupuestos, escogiendo lo peor de cada mundo (la acción abrumadora, el ambiente familiar y el humor castrado de las grandes producciones y el argumento fantástico-folletinesco de la serie-b más delirante e incoherente). En esta ocasión su vena de adolescentes traviesos les ha llevado a colar hacia el final de la película una marabunta de hormigas gigantes y ultra-veloces, buscando no sé si la sorpresa, la risa, o la tensión del espectador; en lo que a mí respecta sólo consiguieron el bostezo.

El desarrollo de “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal” resume de forma perfecta la trayectoria profesional de sus creadores. Comenzaron revolucionando la industria con películas tan refrescantes e interesantes como “American Graffiti” George Lucas, 1973, “El diablo sobre ruedas”, Steven Spielberg 1971 o “Tiburón” Steven Spielberg, 1975. Tras dar con la gallina de los huevos de oro; la saga “Star wars”, y reventar las taquillas de todo el mundo con las trilogías de Indiana y de Parque Jurásico (además de inventar el merchandising, el sonido THX, la industria de efectos especiales Light and magic, crear la productora Dreamworks, etc…) han acabado anquilosándose con el paso de los años. A pesar de que el público sigue acudiendo a las salas para ver sus producciones, ya no son los reyes del enterteinment (aunque a juzgar por la última escena de la película ellos deben de creer que aún lo son, ¿o que sino quiere decir, aparte de la vigencia de Harrison Ford como Indiana Jones, esa recuperación del sombrero que ya tenía entre sus manos el joven Mutt? ¿Los dinosaurios siguen dominando la tierra?) y sus propuestas carecen de la originalidad y frescura de la que gozaban. Los monarcas ahora están sentados cómodamente en sus tronos, mirando únicamente sus laureles y su ombligo (lo cual me parece de lo más lógico, pero, si han perdido el gusanillo de rodar que se dediquen a producir a nuevos talentos y dejen de colocarse detrás de las cámaras). Un mal que parece acuciar a gran parte de la sociedad norteamericana actual (me refiero a lo de estar sentado mirándose el ombligo, bueno, si hay petróleo… entonces si que echan un vistazo en otros países) una sociedad que durante el siglo pasado siempre se caracterizó por su dinamismo. ¿La muerte de una cinematografía? A juzgar por la producción que nos vienen ofreciendo durante la presente década todo hace indicar que lleva muerta bastante tiempo.

viernes, 30 de mayo de 2008

EL ATAQUE DE LOS TOMATES ASESINOS

Attack of the killer tomatoes!
Director: John De Bello
Guión: John De Bello, Costa Dillon
Fotografía: John K. Culley
Intérpretes: David Miller, George Wilson, Sharon Taylor, J. Stephen Peace, Ernie Meyers, Eric Christmas, Ron Shapiro, Al Sklar
(EE.UU) 1978

Risas, delirio y hortalizas, en una de las producciones más casposas que se hayan rodado. Delicatessen cinéfaga para adictos a lo cutre.

Sinopsis:
Los tomates, debido a la acción de un pesticida han mutado en bestias devora-hombres de tamaño colosal, la ciudad de San Diego se encuentra cercada. El gobierno norteamericano ha perdido el control, la única esperanza está en el rollizo agente especial Mason Dixon, y su equipo, formado por una nadadora extranjera aficionada a los esteroides; un hombre especializado en el camuflaje, Sam Smith; y un teniente del ejército, Wilbur Finletter, paracaidista y espadachín. La intrépida reportera de sociedad del Times, Lois Fairchild, investigará el tema por su cuenta, utilizando todas las armas que estén a su alcance para encontrar el origen de este bizarro brote de violencia, que finalmente apunta al secretario de prensa del presidente de los EE.UU.

La película funciona como acumulación de sketchs sin mayor hilo argumental (ni falta que le hace) al modo de títulos imprescindibles del humor americano como “Aterriza como puedas”, “Agárralo como puedas” o “Hot shots” parodiando a clásicos del género del suspense como “Con la muerte en los talones” o “Tiburón” eso si, todo con un presupuesto casi inexistente y un exquisito gusto por lo rancio.

Se intercalan números musicales desternillantes, parodiando sin tapujos a uno de los géneros señeros del país, cuyo máximo exponente es Broadway. Los efectos especiales son inexistentes, los primeros tres cuartos de hora de película transcurren sin que aparezca en pantalla un sólo tomate gigante. Finalmente aparecen unos pocos de metro y medio de altura, aproximadamente, construidos en riguroso plástico y secundados por sus compañeros naturales de tamaño standard. Las pequeñas hortalizas atacan de forma torpona, produciendo la risa antes que el miedo en el espectador. La escasez presupuestaria obligó a que los ataques tomateros se produjeran fuera de plano; así, por ejemplo, vemos a dos personas dialogando en un coche. La acción cambia de escenario y de protagonistas; para, al cabo de un rato volver al coche, ahora con la luna delantera llena de tomates espachurrados.

La letra de la canción que acompaña a los títulos de crédito nos da una idea del estilo de humor sin complejos que se desarrollará a lo largo de la película.


Attack of the killer tomatoes…
Attack of the killer tomatoes…
They’ll beat you, bash you, squish you…
Mash you, chew you up for brunch!
And finish you off for dinner or lunch.

They’re marching down the halls.
They’re crawling up the walls!
They’re gooey, gushy, squishy, mushy…
Rotten to the core…
They’re standing outside your door!

Remember Herbert Farbage,
While taking out his garbage.
He turned around and he did see…
Tomatoes hiding in his tree,
Now he’s just a memory!

I know I’m going to miss her…
A tomato ate my sister!
Sacramento fell today
They’re marching into San Jose,
Tomatoes are on their way.
The mayor is on vacation…
The governor’s fled the nation!
The police have gone on strike today,
The nacional guard has run away,
Tomatoes will have their day!

Attack of the killer tomatoes…
Attack of the killer tomatoes…
They’ll beat you, bash you, squish you…
Mash you, chew you up for brunch!
And finish you off for dinner or lunch.
Munch munch, dinner or lunch!


¡El ataque de los tomates asesinos!
¡El ataque de los tomates asesinos!
Te golpearán, te pegarán, te machacarán…
Empezarán comiéndote en el almuerzo…
Y acabarán en la comida o en la cena.

Avanzan por los pasillos,
Trepan por las paredes.
Son pegajosos y chorreantes,
Están blandos y podridos.
Te esperan detrás de la puerta.

Recordad lo que le pasó a Herman Farbage…
…cuando sacaba la basura.
Se dio la vuelta y vio…
unos tomates escondidos.
Ahora ya sólo vive en el recuerdo.

Se que la echaré de menos.
Un tomate se comió a mi hermana.
Hoy cayó Sacramento
Se dirigen hacia San José.
Los tomates están en camino.

El ejército está de vacaciones.
La policía está hoy en huelga.
La Guardia Nacional ha huido.
Hoy va a ser el día de los tomates.

¡El ataque de los tomates asesinos!
¡El ataque de los tomates asesinos!
Te golpearán, te pegarán, te machacarán…
Empezarán comiéndote en el almuerzo…
Y acabarán en la comida o en la cena.


Humor sanote de brocha gorda, estética hortera y demodé y escenas de terror con la tensión de una partida de golf.

Entre la ingente cantidad de escenas delirantes destacaría la persecución en coche que el tenaz Mason Dixon acomete sobre un hombre enmascarado, posiblemente la más lenta que se haya filmado jamás. Otra instantánea imborrable es la barbacoa a la que asiste Sam Smith (camuflado con un disfraz de tomate) junto a dos hermosos y lozanos tomates gigantes.

el tomate inteligente. Protegiendo sus oídos contra "Puberty love"


La edición especial veinticinco aniversario, comercializada en España en DVD por Crest films y Avalon productions, incluye golosos extras, entre ellos: “La música del tomate”, donde podremos disfrutar de todos los temas de la película, incluida la infame canción “puberty love”, que provocaría finalmente la muerte de los agresivos tomates, (¡no me extraña!) por cierto, el tema fue interpretado por el niño Matt Cameron, que años después se convertiría en batería de la banda grunge Pearl Jam.

En “¿Qué pasó con…?” Nos enteraremos del paradero actual de los participantes en “Attack of the killer tomatoes”. J. Stephen Rock Peace que interpretaba al teniente Wilbur Finletter ocupó el cargo de senador de California desde 1993 hasta el 2002.
Una nueva muestra más de la estrecha relación entre cine y política, mundos perversos ambos.

En “Crah & burn” se desvela el secreto de una de las escenas más realistas de la historia del cine (con imágenes de un documental de la época que recoge el accidente). John deBello se sincera: el accidente de helicóptero parece tan real porque fue real (quizá eso les hiciera desistir de incluir más escenas de riesgo) El piloto Jack Riley salió ileso del choque y narra sus impresiones acerca de tan insólito suceso.

Si os atrevéis a ver esta peli podréis decir orgullosos, al igual que el intrépido Riley, “¡Yo sobreviví al ataque de los tomates asesinos!”
¡No!, la invasión de las hortalizas no terminó aquí, se rodarían tres secuelas más: “Return of the killer tomatoes” 1988; “Killer tomatoes strike back” 1990 y “Killer tomatoes eat France” 1991. Todas dirigidas por el amante de la ensalada movie John DeBello. Envidiable currículum.

jueves, 29 de mayo de 2008

BICHOS, VENENO Y CINTAS DE VIDEO (parte II)

¡MÁS MADERA! (NO, DE MOMENTO NO HAY TERMITAS)

Continuamos el repaso a las pelis de bichos en la misma década donde lo habíamos dejado: los productivos, delirantes y fascinantes años cincuenta.

Alejada de los parámetros de la serie-b (presupuestarios, argumentales y artísticos) la única película mainstream (y en color) de bichos de la década es “Cuando ruge la marabunta” Byron Haskin, 1953. Describe al detalle las hazañas de una de las protagonistas de nuestro top five, la marabunta, millones de bocas hambrientas guiadas por una hormiga soldado ciega. Protagonizada por Charlton Heston y Eleanor Parker. El tristemente desaparecido actor se metía en la piel de un déspota y colérico soltero dueño de inmensas plantaciones a orillas del río Amazonas. La película de Haskin es antes un melodrama de aventuras, que una película de género fantástico. A pesar de su intención de mostrar de manera plausible la ferocidad de la manada de hormigas, el film cae, inevitablemente, en la exageración propia del cine norteamericano; las hormigas ocupan vastos terrenos en latitud y longitud. La cinta puede definirse como un antecedente claro de las películas de catástrofes que se pusieron de moda a partir de los años setenta.

Adentrándonos en las entrañas de la serie Z más canalla y desvergonzada nos topamos con un clásico del cine casposo, “Mesa of lost women”, Ron Ormond, 1953. Película que goza del gran honor de ser una de las cincuenta peores jamás rodadas. Muchos apuntan incluso a la figura de Ed Wood Jr. como posible director (cosa por otro lado totalmente falsa. El hombre no podía colgarse todas las medallas) además de por su torpe desarrollo argumental, por la participación en el casting de dos chicas Wood, Mona McKinnon y Dolores Fuller, vistas en "Plan 9 From Outer Space" y "Glen or Glenda", respectivamente. Una trama que plagia sin complejos a “La isla del Dr. Moreau” e interpretada de manera bochornosa por Jackie Coogan, que opta por este papel a peor actor de la historia, en el papel del Dr. Aranya, mad-doctor al uso que experimenta sin ningún remordimiento con seres humanos. Arañas gigantes, mujeres araña de instintos primarios y hasta un ejército de enanos jorobados… ¡¡la de dios!!

Más delirio del bueno nos encontraremos en “The black scorpion”, Edward Ludwig 1957, con stop-motion cortesía de Willis O’Brien. México sufre la ira de un volcán en constante erupción, tras desechar varias teorías se descubre a los culpables: Escorpiones, gusanos y arañas que se encuentran agazapados en el interior de una cueva. Todos ellos prehistóricos, y, por supuesto… gigantes. La traca final la protagoniza el escorpión alfa en un estadio cercado por el ejército en plena ciudad de México.

El incombustible Bert I. Gordon nos sorprende con otra joyita. ¿Pensaban que ya lo habían visto todo?... ¡Pues no! Tenemos nuevo bicho en la oficina. En esta ocasión se trata de un saltamontes…¡¡gigante!! (sí, una mutación a causa de un experimento del gobierno) de nuevo en Illinois (quizá el perfeccionamiento de la técnica se utilizara años después en el mismo Estado, más concretamente en la ciudad de Chicago. Una posible explicación para los increíbles saltos de Michael Jordan) cuna por excelencia de los insectos más asombrosos. ¿El título?, apocalíptico donde los haya, “Beginning of the end”, de 1957.


¡Mírala!, que bonica ella en blanco y negro.


Cambio de protagonista en “The deadly mantis”, Nathan Juran, 1957. En esta ocasión es una mantis religiosa la que siembra el pánico entre la población. Un cambio geológico provoca la liberación del enorme bicho que permanecía congelado en el Ártico desde la prehistoria. Su devastador periplo terminará en New York, donde será aniquilada con gas nervioso. Ya se sabe del alto índice de criminalidad de la gran ciudad, además, en el cincuenta y siete tampoco se respetaba a las especies protegidas… ¡lástima! Nunca se hizo una segunda parte.

“The Monster for green hell” Kenneth Crane, 1958. Más mutaciones radioactivas, en este caso avispas gigantes causarán el pavor en el continente africano.




Tu también estás muy guapa, tontona.



UN ALTO EN EL CAMINO: LOS SIXTIES, THE POWER OF LOVE

La década de los sesenta cortó de raíz con la basta producción genérica que le precedió en los cincuenta. El miedo a una nueva bomba atómica seguía presente, sobre todo ha raíz de la crisis de los misiles en 1962, sin embargo, John F. Kennedy y Nikita Jruschov mostraron temple y determinación impidiendo la catástrofe.

Más de una década después de la posguerra las heridas de la segunda guerra mundial iban cicatrizando poco a poco, el público norteamericano no necesitaba tanto terror en los cines para evadirse del horror cotidiano, era tiempo de entreguerras. Hasta que se recrudeciera, claro está, el conflicto en Vietnam (EE.UU comenzó su intervención en 1964), que se reflejaría en los cines mucho más a partir de los años setenta con el movimiento que se ha dado en llamar, “American Gothic”, (dedicado fundamentalmente al cine de terror) nombre que viene dado por el cuadro homónimo del artista Grant Wood; pero eso… ya es otra historia.

En esta década el público buscaba evasión en los cines, eran tiempos de revolución sexual, se buscaban alternativas a la monogamia; el aborto y la píldora anticonceptiva dejaban de ser un tabú. Incluso los monstruos gigantes tendrían ahora sus dosis de erotismo. Tan sólo dos producciones sobre bichos se estrenaron en los cines norteamericanos a lo largo de la década y ambas extranjeras.

Cachondona producción de 1960 es “Horror of the spider island”, de Fritz Bottger. Originaria de Alemania, la película sorprendió por su alto contenido erótico, sobre todo entre la mojigata censura norteamericana, que finalmente hizo que la retiraran de numerosos cines. La película se desarrolla en una isla virgen donde un joven es mordido por una horrible araña, mutando en un extraño híbrido que se parece bastante más a un hombre lobo, colmillos incluidos. Jóvenes en bikini, playas, monstruos increíbles y un guión poco menos que incomprensible. Una maravilla que firmaría sin dudar el mismísimo Jess Franco.




“The deadly bees”, Freddie Francis, 1966 (algo así como las abejas asesinas) producción británica que no es más que otro monumento al cine basura. Incluso hay escenas con abejas de plástico pegadas a los actores. Una cantante pop que se encuentra en horas bajas en cuanto a salud se refiere es enviada para descansar a una casa en Isla Gaviota. Allí será testigo del despiadado ataque, sin motivo aparente, de las abejas a la dueña de la casa y su perro. Comienza una investigación junto al vecino apicultor para intentar descubrir las causas de la salvaje actitud del enjambre, pero lo que descubrirá será el laboratorio secreto de éste y sus oscuras intenciones.

Lo dicho, paupérrima y decepcionante producción, en lo que a pelis de bichos se refiere, en la década de Woodstock, Vietnam y la Marihuana. El género se retomará con fuerza en los setenta, sobre todo a partir de 1974 con la aparición de “las abejas asesinas” (en realidad, abejas africanizadas, otra de nuestras “amigables” invitadas) en un barco de San Francisco.

Continuará


martes, 27 de mayo de 2008

EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA




L'Ultimo Uomo Della Terra (The last man on earth)

Director: Sidney Salkow, Ubaldo Ragona
Guión: Richard Matheson, Furio M. Monetti, Ubaldo Ragona, William Leicester (Novela: Richard Matheson)
Música: Paul Sawtell, Bert Shefter
Fotografía: Franco delli Colli
Intérpretes: Vincent Price, Franca Bettoia, Emma Danieli, Giacomo Rossi-Stuart, Christi Courtland
(Italia, EE.UU) 1964

Sinopsis:

Un virus proveniente de Europa ha convertido a toda la población norteamericana en vampiros. En un Los Ángeles post-apocalíptico, el Dr. Robert Morgan, inmune a la enfermedad, se levanta cada mañana desde hace tres años con dos objetivos: sobrevivir y acabar con el mayor número posible de ellos.

Basada en el clásico de la literatura fantástica publicado en 1954 “Soy leyenda” de Richard Matheson, que fuera objeto de dos adaptaciones posteriores: “El último hombre vivo” (The Omega man, Boris Sagal, 1971) o la reciente “Soy leyenda” (Francis Lawrence, 2007), es la que mejor refleja el espíritu de la novela.

La principal diferencia entre el material literario y la adaptación al cine estriba en la condición de científico del personaje protagonista. En la novela, Robert Neville (otra ligera variación, el nombre del personaje) era un hombre que carecía de formación académica, sin embargo; a medida que su rutina diaria le iba sumiendo en la mayor de las depresiones (su agenda consistía en limpiar la casa, asegurar puertas y ventanas para no sufrir ningún ataque exterior y buscar alimento), comienza a sentir curiosidad de saber más acerca de esos extraños seres que cada noche se agolpan frente a su casa en busca de sangre fresca, es entonces, cuando a base de concienzudas lecturas científicas, comienza a pensar en la posibilidad de buscar una cura. El Rober Morgan de la película, por el contrario, es un científico que busca desde el principio la vacuna contra el virus que acabó con la vida de su mujer y su hija.

El profundo análisis psicológico que se realiza del personaje de Robert Neville en la novela se refleja perfectamente en la película de Vincent Price. Muy reveladores los inquietantes planos iniciales, con la ciudad completamente desierta y la casa vacía y desordenada. Las calles desiertas son la perfecta metáfora del vacío interior que sufre el solitario Dr. Morgan, (a lo que ayuda sin duda la melancólica fotografía de Franco Delli Colli). Éste, se levanta cada mañana con desgana, mecánicamente, como si fuera un infectado más, prepara su café y afila sus estacas. El rictus abatido de Vincet Price parece querer decirnos, ¿Para qué?; hay un halo de tristeza y cansancio en su rostro, la desesperanza del soldado que hace tiempo perdió el contacto con su unidad.

Una vez en las calles, al volante de su coche, comienza la cacería. Recorre durante el día la ciudad asesinando sin piedad a todos los infectados para arrojarlos al “foso”, de donde nunca más saldrán. Ni siquiera entrar en un lujoso concesionario de coches le distrae de su misión. Escoge un vehículo robusto antes de un deportivo, hay que ser prácticos. Ya no hay lugar para la belleza, parece decirnos la escena, sólo para la guerra.

Dura y bella la escena en la intimidad de su hogar, en la que recuerda los momentos felices que vivió junto a su esposa, frente a una vieja película casera; la sonrisa nostálgica se torna en risa sardónica y ésta en el inevitable llanto, desahogo del dolor acumulado durante años.

A través de un largo flashback, con fuerte contenido melodramático, Robert recuerda como se inició la catástrofe. Tres años atrás, mientras celebraba el cumpleaños de su hija junto a su mujer, su compañero Ben le informaba a través de la portada de un periódico de los primeros casos de infectados. Debido al carácter fantástico de la noticia que chocaba frente a la mente racional de Robert, éste hizo caso omiso de las advertencias de su colega. Pronto fue viendo como el virus se extendía. En este aspecto es sobrecogedora la escena en la que la hija de la vecina es evacuada por el ejército para su ejecución al haber contraído la enfermedad, mientras su hija se encontraba en el cuarto de arriba completamente ciega, uno de los principales síntomas de la infección.

El personaje que construye Price, posee una complejidad que lo aleja de la serie-b más convencional y lo acerca a la ciencia-ficción más seria. Soportando más de la mitad del metraje en solitario, logra imprimir una fuerte carga dramática al personaje sin caer en la sobreactuación. Su carácter se va moldeando a medida que se van sucediendo los acontecimientos; hastío al comienzo; desolación más tarde al recordar la pérdida de su familia; rápida recuperación para luchar por su vida; euforia cuando encuentra a un perro abandonado, (la compañía que había necesitado en años anteriores) que se tornará en amargura y desolación cuando el can resulta infectado. Posteriormente, cuando una muchacha aparece sola en mitad de una pradera, el impenitente soñador que era Robert Morgan recela del estado de salud de su nueva compañera.

Una característica curiosa a señalar es la peculiaridad de los vampiros de (soy leyenda/el último hombre sobre la tierra), no poseen colmillos, no son elegantes y, desde luego, no atraen a los humanos a través de su sensualidad y/o sexualidad. Su movilidad es mucho más parecida a la de los zombies (el zombie clásico, se entiende) tanto en su lentitud a la hora de desplazarse, como en su forma de atacar, en grupo. En este aspecto, la película, inspiró, sin duda, a George A. Romero a la hora de realizar “La noche de los muertos vivientes”, varias escenas recuerdan al film fundacional del director de Pittsburg (Cuando Robert cierra la puerta de su casa pillando el brazo de un infectado; o la escena en la que tras visitar la tumba de su esposa debe huir campo a través por en medio de un cementerio; por citar sólo un par)

LA REVELACIÓN (si aún no ha visto la película, no siga leyendo)

La chica es el elemento dinamizador de la trama, está infectada, pero posee el tratamiento necesario para contrarrestar los efectos del virus. Advierte al Dr. Morgan de la existencia de un grupo de personas iguales a ella; los cuales quieren acabar con la vida del científico; le temen, es inmune, producto de otra época, es leyenda. A pesar de las advertencias, el doctor, esperanzado, aguarda tranquilo en su casa. Cuando el grupo al que pertenece la chica viene a buscarle será demasiado tarde para escapar.

En un impresionante final en el interior de una iglesia Robert Morgan es atravesado por estacas metálicas (sustituyendo a la tradicional madera que él solía utilizar, nuevos tiempos) mientras acusa de monstruos (freaks) a sus verdugos, “yo soy el último hombre sobre la tierra, yo soy leyenda” son sus últimas palabras. La chica es ahora la única esperanza de lo que conocíamos por humanidad, previamente Robert le había inyectado su sangre, inmune al virus.