Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de diciembre de 2008

Balance del 46 FIC XIXÓN

Gijón se queda huérfana de cine festivalero hasta el año que viene. Durante estos diez días pasados unos cuantos privilegiados hemos podido disfrutar (la mayoría de las ocasiones) y sufrir (en algún que otro caso) con el visionado de películas de muy distinta naturaleza. Quizá la programación de este año, en lo que respecta a las secciones paralelas, dejaba entrever que el listón estaría más bajo que en ediciones anteriores. Los celebrados ciclos aglutinadores de grandes cinematografías exhibidos los últimos años brillaron por su ausencia. De grandes ciclos como “Dentro y fuera de Hollywood: La transición independiente en el cine americano”; “Vientos del este: Los nuevos cines en los países socialistas europeos 1955-1975”, “Paisajes y figuras: perplejos. El nuevo cine alemán 1962-1982”, se pasó a dos ciclos, aunque no exentos de interés, si de un carácter menor, como fueron “La utopía yanqui” y “Una parte del cielo: directoras europeas en el nuevo milenio”

Tampoco se proyectaron retrospectivas de cineastas punteros del cine independiente (por mucho que nos cuenten lo contrario), como Larry Clark, Todd Sonlondz, Claire Dennis (aunque si hemos podido deleitarnos con el último largo de la directora francesa en la sección oficial) o Shinya Tsukamoto. Homenajeados todos ellos en las últimas ediciones. El testigo lo recogieron realizadores como Lucrecia Martel, cuya filmografía se reduce a tres películas; Joana Hadjithomas y Khalil Joreige; Cameron Jamie, con su antropología de andar por casa (“backyard antropology”) o Peter Tscherkassky, quien transforma, mediante un collage caleidoscópico-epiléptico, celuloide prestado en la sala de montaje. Cómo es el caso de este cortometraje titulado “Outer Space” que parte de fragmentos de la película “El ente” de Sydney J. Furie.





La apuesta del festival por directores “diferentes”, ajenos a la industria, al producto puramente “mainstream” es más que respetable; es necesaria. Gracias a ella el FIC ocupa un lugar privilegiado en el panorama europeo. Soy el primero que aplaude y defiende la firmeza en apoyar a ese cine, el que más dificultades encuentra a la hora de ser exhibido. Pero esto no impide, o por lo menos no debería impedir la convivencia de estos cineastas con otros que no por más conocidos tienen más fácil la producción y distribución de sus películas, como es el caso de los mencionados más arriba. No olvidemos que actualmente autores de indudable calidad como David Lynch, David Cronenberg o Woody Allen tienen problemas para sacar adelante sus proyectos y se ven obligados a salir fuera de sus países en busca de financiación para llevarlos a cabo (que nadie me malinterprete que con esto no intento decir que estos maestros vengan a estrenar por estas tierras, aunque Woddy Allen ya lo haya hecho).

La búsqueda constante de nuevos cines es sin duda elogiable. Sin embargo, en ocasiones, esta búsqueda propicia que se cuelen películas que bajo la calificación de “difíciles”, “arriesgadas” o “valientes” no escondan más que pedantería, pretensión y, sobre todo, hastío. Este año las máximas exponentes del “más aburrido todavía” han sido “Liverpool” y “El cielo, la tierra y la lluvia”, ejercicios pausados y grandilocuentes de vacío cinematográfico. La respuesta del festival ha sido premiar la obra de Lisandro Alonso con el máximo galardón, mejor película. De seguir así las cosas, el festival puede desembocar en un alubión de falso cine de autor, onanista y autocomplaciente, en la próxima edición.

Siendo más optimistas, y dejando a un lado el fallo (en el amplio sentido de la palabra) del jurado, el futuro tampoco tiene porque ser tan desalentador. La sección oficial de esta edición, si bien ha sido irregular (es lógico debido al carácter del festival y a la gran cantidad de largos a competición, 14 en total) ha tenido, en general un nivel superior al de pasadas ediciones.

La infancia, el difícil paso a la adolescencia y su posterior repercusión en la vida adulta ha sido el eje central sobre el que han girado prácticamente todos los trabajos que se han visto en la sección oficial.

La película que inauguró el certamen lo dejaba claro. En “Choke” Angelica Huston da vida a una madre hospitalizada por una grave enfermedad mental que le impide reconocer a su propio hijo. El susodicho es un adicto al sexo que finge ahogarse en locales públicos para que algún buen samaritano lo salve y por caridad le ayude a costear la clínica donde ella se encuentra. Una enfermera que intentará resolver el enigma de su paternidad (las compañeras de su madre creen que es el mismísimo hijo de Dios), un amigo pajillero que encontrará el amor en las caderas de una stripper y un loco final tan sorprendente como desternillante en la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Chuck Palahniuk.

La incomunicación familiar es otro de los males más frecuentes en las sociedades occidentales actuales. Buena muestra de ello la da Taylar Barman en su excelente “9mm”. Un retrato cruel y sin concesiones de la hipócrita sociedad del bienestar en la que nos movemos. La cámara observa. Un domicilio cualquiera de una ciudad cualquiera. Un disparo rompe la quietud. A modo de flash-back y desde el punto de vista de los tres personajes protagonistas (a saber: padre en paro, madre trabajadora, hijo adolescente) Barman reconstruye con incómoda verosimilitud los acontecimientos que desencadenaron la catástrofe a través de un estilo más cercano al documental (que manido suena esto, pero es así). Un thriller en la ficción, un drama de lo cotidiano. Auténtico sin caer en el efectismo. Chapó.

“A complete History of My Sexual Failures” Chris Waitt (eterno adolescente dentro y fuera de la pantalla) nos tomó el pelo a todos, o al menos lo intentó. Aunque es de agradecer que al menos lo hiciera divirtiendo con su “falso documental” (el tipo en rueda de prensa seguía insistiendo en que todo era real) sobre sus fallidas relaciones sentimentales a través de entrevistas con sus ex-novias. En realidad una comedia romántica para adolescentes más deudora de Youtube que de las películas de Meg Ryan (afortunadamente). Plagada de tópicos sobre la inmadurez del hombre heterosexual en occidente y con un sentido del humor más que básico y/o primario, con la broma sexual como principal baluarte, cuanto más burra mejor (el episodio sadomasoquista en el que el protagonista/director sufre las fustigaciones de una dominatriz sobre su aparato reproductor o la ingesta indiscriminada de viagra para la posterior erección y escapada en busca de hembra en celo con la que copular) El look del cineasta, con ese pelo cuidadosamente despeinado, está tan estudiado como las actuaciones, supuestamente espontáneas, de las entrevistadas.

Definitivamente los tiempos han cambiado y los niños no son ajenos a los cambios. En “Afterschool”, impactante trabajo del neoyorquino Antonio Campos (sorprende ver a actores tan jóvenes actuar de manera tan realista), asistimos a la vida cotidiana de unos niños bien en un internado elitista de Nueva Inglaterra. Pornografía en la red, tráfico de drogas, bulling. Todo sucede con total normalidad entre clase y clase hasta que Robert, un chico adicto al audiovisual que se pasa las horas muertas frente al ordenador graba de forma accidental la muerte por sobredosis de dos gemelas de comportamiento ejemplar a ojos de la dirección de la escuela. A través del documental que su profesor le encarga descubriremos junto a Robert la suciedad que se esconde tras la inmaculada fachada del internado. Aunque al final (grandísimo acierto la emisión de los dos videos íntegros) la cinta quede tan manipulada como el discurso de los profesores y la dirección.

Otra realidad bien distinta de los niños de familias adineradas es la que nos muestra la directora argentina Celina Murga en “Una semana solos”. Prácticamente sin la presencia de ningún adulto, un grupo de niños de entre 7 y 14 años formado por familiares y amigos, se divierten jugando a la videoconsola, bañándose en la piscina o asistiendo a un concierto. Todo está al alcance de sus manos y nadan en la abundancia más absoluta. Pero el verano da para mucho cuando eres pequeño y el tedio resultante de no hacer nada tiene como resultado la irrupción nocturna en una mansión vecina que acabará destrozada por estos pequeños angelitos. Como sus papis tienen dinero la fechoría quedará en nada y otros pagarán los platos rotos con sus visas. La película es igual de intranscendente como la vida de sus personajes protagonistas.

Muy diferente es la realidad al Sur de ese mismo país, en “El Bolsón”, una región de la Patagonia Argentina, donde Pablo Agüero, en “Salamandra”, sitúa a sus erráticos protagonistas, Inti (quien abandona esa bañera-burbuja que le cobijaba al inicio del film) y su madre Alba (bellísima e inspiradísima Dolores Fonzi). Un viaje iniciático hacia ninguna parte en el que el espectador sufre a la vez que los torturados protagonistas: Frío, hambre, desorientación (según palabras del director los actores experimentan en el rodaje las mismas sensaciones que sus personajes. ¡Espero que a este hombre nunca le de por el gore!) Una historia con mucho que contar y en la que el joven director opta por mostrar lo justo, como ocurre con la realidad: somos nosotros los que hemos de interpretarla y darle sentido en la mayoría de las ocasiones. Una película fría, descarnada, violenta, áspera; en definitiva: viva.

Dolores Fonzi en "Salamandra". La nueva musa de "Fagiafilia".

“Stella”, el último largometraje de Sylvie Verheyde demuestra que incluso en París puede resultar difícil crecer, como le ocurre a la pizpireta protagonista de su historia. A través de un tono amable, incluso nostálgico, la directora francesa recrea el paso a la adolescencia de una niña en un ambiente nada adecuado. Su habitación se encuentra en el piso de arriba del bar que sus padres regentan. Su padre: ligón, jugador y alcohólico; su madre: le engaña con su mejor amigo. Los mejores amigos de Stella son los clientes del bar: ex-presidiarios y borrachos. Su vida nocturna deambulando por el bar sin pegar ojo le impide concentrarse en los estudios. Hasta que conoce a una amiga en el colegio y a su primer amor. Balzac y Duras harán el resto. Película encantadora, a pesar de lo duro de muchas de las situaciones, desde los títulos de crédito. Imposible no recordar a Antoine Duanel en “Los cuatrocientos golpes” con una sonrisa. El mejor cine sigue viniendo de Francia.

Lo mismo pensé al ver la última película de esa gran directora que es Claire Denis. “35 shots of rum” es un ejercicio de estilo y de elegancia de principio a fin. Nadie como ella sabe captar el espacio urbano y convertirlo en uno más de los personajes. Ese París tan alejado del tópico de postal, el París que los turistas nunca van a ver, del que los personajes quieren huir. El de las vías del tren y la estación de Gare du Nord, el de los trabajadores, el de los olvidados, pero dónde aún hay lugar para el amor y para la esperanza. Nadie salvo Claire Denis puede tampoco contar una historia tan íntima sin caer en el sentimentalismo. La historia de Lionel, conductor de tren, (inigualable Alex Descas) y su hija Josephine, quienes mantienen una relación ejemplar, y de sus vecinos: Noé, un joven inquieto que mantiene una relación con Josephine; Gabrielle, eternamente enamorada de Lionel. Gente sencilla, comprensiva y generosa. Así es la gente que puebla la película de Claire Denis. Los vecinos que nunca tendremos.


“Waltz with Bashir” de Ari Folman es una película vistosa, en cuanto a su bonita y dinámica técnica de animación, e interesante, en cuanto a las conclusiones que saca de la masacre acaecía en 1982 en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila. Su director (que formaba parte del ejército israelí en dicha masacre) recaba información entre sus ex-compañeros para intentar reconstruir lo que su memoria ha borrado por completo. Momentos de gran intensidad, como el comienzo con la recreación de la pesadilla recurrente de su amigo, en la que una manada compuesta por 26 perros salvajes le persiguen. Otros de surreal belleza, como el vals entre balas dando muerte a los francotiradores palestinos. Y un duro final, con las imágenes reales del resultado de la masacre. Una buena forma de acercar al público más joven al documental más adulto. Una de las películas más entretenidas e interesantes de la sección oficial.

De Nueva Zelanda llegó “A song of Good” de Gregory King. Gary, un adolescente taciturno con pocos intereses y mucho tiempo libre se dedica a fumar marihuana con sus amigos. Su padre, un déspota barrigudo y sudoroso, lo ningunea en calzoncillos desde el sillón. Su hermana tiene un hijo a su cargo del que su ex-pareja (y camello de Gary) no quiere hacerse responsable, a pesar de que le sobre el dinero. Las propiedades de su hermana son embargadas y Gary reacciona. Se pone un pasamontañas y atraca la casa de al lado (sólo se lleva un diminuto televisor) violando a la aterrorizada vecina. Tras la fechoría Gary ve la luz y comienza el arrepentimiento, deja las drogas, trabaja en un burguer y le compra un perro a papá sucio gordo. Pero el ser humano es débil y para ayudar económicamente a su hermana y su sobrino no estaría mal un último golpe. ¿Un idiota integral o un nuevo Mesías? Una película tan inclasificable como su personaje protagonista y su impulsiva forma de actuar. Una vez finalizada se hace muy complicado juzgar la actitud del protagonista, sólo por eso la película merece la pena.

“Tulpán”, de Sergey Dvortsevoy fue una de las perlas que nos dejó la edición de este año. Una historia tan dura como entrañable. Asa, tras finalizar su servicio militar en la armada, vuelve a su tierra natal, la estepa de Kazajistán. Cobijado junto a su hermana y sus hijos en la yurta de su cuñado, Asa, deberá encontrar esposa para que éste le confíe un rebaño y poder ganarse así el pan como pastor. La cosa no va a ser tarea fácil, la única chica disponible en el vasto territorio no está por la labor de casarse, prefiere estudiar y hacer vida en la ciudad, al igual que el mejor amigo de Asa, Boni. El joven, enamorado, asqueado por el duro trabajo de pastor, ninguneado por su cuñado, no acaba de encontrar su lugar, pero no parará hasta encontrarlo y nada podrá quitarle la ilusión ni la sonrisa de su rostro. Una película tierna, bella, cuyos personajes desprenden una humildad y una humanidad pasmosas. Las escenas que se ven en la película son todas reales, no hay ningún efecto especial (según declaraciones del propio director). Entre otras cosas asistimos al nacimiento de varios corderos (alguno de ellos muerto, hecho de gran relevancia en el desarrollo de la historia), asistidos por los actores protagonistas (desconozco si detrás de las cámaras había algún veterinario o si los propios actores tenían algún conocimiento), o a fuertes tormentas.

“Ballast” de Lance Hammer, es una película pausada, contemplativa, como el ritmo de vida de los personajes que la transitan, como el discurrir del tiempo en ese recóndito pueblo del Delta del Misissipi. Pero posee una gran entidad fílmica. Posee carga dramática y una profundidad sustentada en la gran interpretación de sus actores. Un hombre que se suicida, deja mujer, hijo, hermano y tienda. La vida no era sencilla antes y ahora lo va a ser menos, pero unidos todo será más llevadero.

Sobre “Liverpool” ya escribí (quizá demasiado) en el artículo anterior, no haré más publicidad sobre esa película (el FIC ya se ha encargado dándole el premio al mejor largometraje), “El cielo, la tierra y la lluvia” de José Luis Torres Leiva bien podría ser una secuela, precuela, o vaya usted a saber qué de la película de Lisandro Alonso. Un insulto al cine y a la inteligencia del espectador. Sería un ejercicio de sadomasoquismo por mi parte recordar la obra en cuestión para escribir sobre ella, afortunadamente mi memoria se ha aliado conmigo y me ha hecho olvidarla de manera increíblemente rápida, sólo recuerdo planos fijos y conversaciones intrascendentes…¿Es posible que no hubiera más?, también recuerdo un boxeador en un viejo gimnasio…¡Bueno basta, me niego a hacer memoria!

El resto de la sección oficial no he podido verla así que hasta aquí llega el artículo. La próxima entrega la dedicaré a las películas que he podido ver en secciones paralelas.

Aquí les dejo el enlace al Palmarés de esta edición.


martes, 25 de noviembre de 2008

LIVERPOOL

“Liverpool”
Director: Lisandro Alonso
Guión: Lisandro Alonso, Salvador Roselli
Intérpretes: Juan Fernández, Giselle Irrazabal, Nieves Cabrera.
(Argentina, Francia, Holanda, Alemania, España), 2008

Lisandro Alonso vuelve nuevamente al Festival Internacional de Cine de Gijón tras la retrospectiva completa de su obra, compuesta por aquel entonces por “La libertad”, “Los muertos” y “Fantasma” que se proyectó en 2005.

La presentación que llevaron a cabo en el Teatro Jovellanos su director y su productor no auguraba nada bueno. Lisandro Alonso (director), de look desaliñado (una especie de Fernado León de Aranoa con acento che) comentó lo agradecido que estaba a este festival en el que se sentía como en casa. El productor (en realidad uno de los cinco entre los que se encuentra también el propio Lisandro) lucía un traje a cuadros tan llamativo y desafortunado como las declaraciones que tuvo la caradura de soltar ante el respetable (que no pareció serlo para él)

Todo comenzó con una preocupante y pretenciosa frase: “Hacemos películas anómalas”, continuó con la cínica y falsa de “no hacemos cine por dinero, para eso están otros”, incluso afirmó “seguimos buscando mejorar la gramática cinematográfica” y prosiguió con la perorata con ese aire de seguridad que da el saberse un artista que está por encima del resto, que se encuentra en posesión de la verdad y por tanto está en el derecho y la obligación de enseñar a los demás lo que es el buen cine (vamos, de lo más humilde) A continuación, tras retirarse del escenario los perpetradores del atentado cinematográfico que íbamos a presenciar y correrse las cortinas del teatro, allí estaba ante nosotros, mirándonos con bufa y desdén: El horror.

Cámara fija, dos jóvenes sentados en un sillón jugando a la play-station, otro joven, en pie y al fondo de la estancia pésimamente iluminada (les juro que me dolían los ojos para poder discernir algo en aquella horrible y esperpéntica fotografía), el joven que se encuentra levantado abandona la habitación y se dirige a otra estancia, tras esto la palabra “Liverpool” en rojo se superpone a un fondo negro dando un adelanto del sopor que se cerniría sobre las butacas durante el resto de la proyección. Hora y media de planos fijos (unos pocos, teniendo en cuenta que de media deben salir a cinco minutos cada uno) en la que un marino, una vez llega a tierra, bebe vozka, va de putas, bebe vozka, come a tiempo real y en riguroso plano fijo (no vayamos a romper la exquisita planificación) viaja hasta la Patagonia (atravesando bellos y sobrecogedores paisajes, todo hay que decirlo) a visitar a su madre, la cual se encuentra enferma, que vive acompañada de su marido y una niña que presenta síntomas de retraso mental (mientras sigue bebiendo vozka, creo que era el elemento que mostraba la depresión y desesperanza del personaje ¡que sutil, que profundidad!), para después marcharse (en plano general y fijo) mientras el tostón continúa unos veinte minutos más con el abuelo y la nieta haciendo de tramperos cazando zorros hasta que la niña saca del bolsillo un llavero que pone Liverpool (en un impresentable plano que corta la cabeza a la niña).

¿Pero qué cojones es esto? Me preguntaba acertadamente mi compañero de butaca hacia la mitad de la sesión, un leve gesto alzando las manos por debajo de la cabeza fue todo lo que pude responder. Mi incredulidad iba en aumento al ver que nadie se levantaba de su butaca (cuando los hay que se levantan en películas más que notables), nuestro gesto de asombro fue mayúsculo al ver que incluso hubo gente (no poca) que aplaudía. Pero, a la salida del teatro, cuando no vimos ambulancias ni camisas de fuerzas para llevar a un lugar apropiado a aquellos que habían tenido la demencia de aplaudir no nos lo podíamos creer.

¿Habíamos sido objeto de una burla, de un insulto?, ¿realmente esta gente piensa que está haciendo cine?, ¿se creen su discurso?, ¿cómo se atreven a meterse con otras cinematografías diciendo que eso no es cine? ¿Cómo pueden decir que no hacen cine por dinero, viven de caridad? Porque que yo sepa el cine es un negocio, nació como un espectáculo popular, sigue siéndolo y yo pagué para ver la película de estos señores lo mismo que pagué por el resto. No estamos hablando de cine amateur, esta gente exhibe sus películas por festivales, reciben apoyos para realizar sus películas (venga el dinero de donde venga) y estarían encantados de vender sus derechos a la T.V como todo el mundo ¿a quién pretenden engañar?, si en realidad hicieran cine por amor al medio harían películas sólo para ellos (que gran favor nos harían) y no las exhibirían por todo el mundo, a parte de aumentar su ya de por si densa egolatría esta gente busca la pasta, como todo el mundo.

¿Sabe esta gente quien fue D.W. Griffith o Sergei Esisenstein?, ¿saben que existe un lenguaje cinematográfico? Poner una cámara en un trípode enfocando un paisaje mientras un hombre deambula por él no es cine, es una toma, un plano. Un niño con un teléfono móvil realiza en cinco minutos creaciones audiovisuales con más fuerza y más sentido que la película de Lisandro Alonso, y sobretodo y más importante, más entretenidas. Ese es el principal cometido del cine, entretener, y se puede conseguir sin renunciar por ello a la calidad cinematográfica (inexistente a todas luces en el trabajo de esta gente), sino que se lo pregunten a Alfred Hitchcock.

¿Cómo puede haber críticos cinematográficos, como Carlos Losilla que escriben sobre “Liverpool” alabanzas como la siguiente: “…su estilo ha alcanzado una madurez que, sin abandonar la frescura de los hallazgos anteriores, exhibe una respiración muy cercana a la plenitud.”? Dejemos de apoyar a este tipo de realizadores que no aman el cine sino a si mismos y que dicen no querer vender su cine. Evidentemente, lo de ellos es vender humo.

Finalizo este enfado monumental en forma de post y escrito totalmente en caliente, (honestidad ante todo), dejándoles con unas palabras del maestro Lisandro Alonso, disfruten con sus visionarias revelaciones.


viernes, 31 de octubre de 2008

THIS IS HALLOWEEN

¡Féliz Halloween, chaatos!
31 de octubre, víspera de todos los santos (“All Hallows’Eve”). Halloween. La noche más especial del año para los amantes del terror. Una de las fechas más populares en el mundo occidental. Una fecha tan señalada merecía que vuestro perezoso y humilde anfitrión se levantara cual Drácula de su particular tumba creativa, ejercitando su oxidada mente y estirando sus fríos y contraídos dedos para escupir un puñado de palabras sobre el teclado dedicadas al evento.

Festividad aparentemente reciente, teniendo en cuenta el tipo de celebración actual (el primer gran desfile de Halloween, tal como lo conocemos, se realizó en 1921 en Minnesotta). Sus orígenes se remontan hasta hace más de 2500 años, cuando el pueblo celta celebraba cada 31 de octubre el último día del verano (sólo distinguían dos estaciones: verano e invierno), día en el que retiraban al ganado del campo para encerrarlo en los establos. Ante el supersticioso temor de que los muertos salieran de sus tumbas y se apoderaran del mundo de los vivos decoraban el exterior de sus casas con oscuros motivos para que los difuntos dieran media vuelta. La festividad se ha ido transformando a lo largo de los siglos con la influencia que otras culturas han tenido en ella, desde los romanos hasta los irlandeses del siglo XIX, quienes se la llevarían consigo a EE.UU tal y como la conocemos actualmente.

El cine norteamericano de bajo presupuesto ha sido el máximo responsable de la popularidad que goza Halloween. Películas como la fundacional (de un género, de una saga, de un estilo) “La noche de Halloween” (John Carpenter, 1978) mostraban como los niños norteamericanos se disfrazaban para ir de puerta en puerta en sus acomodados barrios pidiendo “truco o trato” y recibiendo golosinas de sus amables vecinos. Claro está que el tierno Michael Myers guardaba otros siniestros intereses bajo su traje de payaso, convirtiéndose, ya adulto, en símbolo del Halloween moderno con su vestimenta oscura, su máscara blanca y su inseparable cuchillo.


¿Truco o trato?

La obra maestra de Carpenter destaca, debido a su gran repercusión, como la mayor difusora de la festividad al resto del mundo. Sin embargo, han sido innumerables las obras que se han ocupado de retratar la noche de Halloween antes y después del mencionado slasher.

En 1905 se estrenó en el cine el primer documento filmado sobre la festividad, de inequívoco título “Halloween”. En 1931, superada la época silente, se filmaría el primer trabajo sonoro en forma de cortometraje, bajo el mismo título que su antecesor mudo, dentro de la serie “Sporting Youth”.

El icono de la fiesta, la calabaza, que los americanos tomaron como símbolo en sustitución del nabo iluminado que portaba Jack O’lantern (según cuenta la leyenda, Jack el tacaño, tras sus malas obras en vida y engañar al mismísimo Satán fue rechazado tras su muerte tanto en el cielo como en el infierno, siendo obligado a pasearse de tal guisa), tiene también su protagonismo cinematográfico, como cabeza de un macabro jinete (partiendo del relato de Washington Irving). Tres veces ha cabalgado el siniestro caballero por la pantalla, en “The Headless Horseman” (Edgard D. Venturini, 1922), “The legend of Sleepy Hollow” (Clyde Geromini y Jack Kinney, 1958), producción animada de la factoría Disney y “Sleepy Hollow” (Tim Burton, 1999).

El mismo Burton, consumado gótico, se encargaría de crear (en funciones de guionista) al inolvidable personaje de Jack Skellington, señor de Halloween en “Pesadilla antes de navidad” (Henry Selick, 1993), quien tras descubrir la festividad del 25 de diciembre intentaría darle su toque macabro. Santa Claus se llevaría la peor parte siendo secuestrado.

En el 2003 llegaba a las pantallas de todo el mundo un justo homenaje a Halloween y al cine de terror. Un cuento de terror tradicional y postmoderno, siniestro y colorido, cruento e hilarante. “La casa de los 1.000 cadáveres” fue una vuelta de tuerca a la noche de Halloween, de la broma pesada se pasó a la pesadilla y de ahí, al infierno en la tierra, o más bien, bajo tierra. Una nueva troupe de freaks dementes y sanguinarios tomaron de golpe las riendas del mejor cine de terror made in U.S.A, como discípulos aventajados de sus antecesores de los 70 y 80 (Myers, Jason, Kueguer). Lejos de ser asesinos mecánicos anti-sociales, ahogados rencorosos con sed de venganza, o pederastas “quemados”, recuerdan más a la familia tejana creada por Tobe Hooper en su espléndida “The Texas Chainshaw masacre”, (La matanza de Texas, vaya) pero con una mente mucho más brillante y un amplio conocimiento de la cultura popular norteamericana (John Wayne, los Hermanos Marx, y, por supuesto, todo el santoral patrio de psicópatas, desde Ed Gein hasta Charles Manson). Las andanzas de Baby, Otis, Dr. Satán, Capitán Spaulding, Rufus, Tiny y mamá Fireflly tendrían su continuidad en esa epopeya a caballo entre el western crepuscular y el cine de terror que llevó por título “Los renegados del diablo”.

Rob y su esposa Sheryl Moon. El cineasta parece decirnos: ¿A qué está buena la gachí?

La culpa de este revival del traje de monstruo de Halloween en las pantallas la tuvo fundamentalmente la cultivada mente y la mirada viciada que su director, Rob Zombie, supo imprimir en ambas entregas. El músico y cineasta de Massachussets ya había demostrando durante toda su carrera musical su admiración por el cine de terror, siendo ahora uno de los integrantes de la nueva generación de maestros del género junto a Alexandre Aja, Neil Marshall, Zack Snyder o Eli Roth. Un auténtico freak (en el mejor sentido del término) dentro de la industria de cine norteamericano. Es lógico que fuera el encargado de realizar el re-make de “La noche de Halloween” en 2007, rescatando del olvido a otro fuera de serie del séptimo arte como es Malcolm McDowell (no me digan que el disfraz del drugo Álex no luciría en una noche como la que nos aguarda) para el papel del Dr. Loomis.

viernes, 14 de marzo de 2008

LA EXCELENCIA DE AMERICAN PIE, por Sr. Salido

Parece mentira que en la sociedad actual en la que vivimos, aparentemente libre de prejuicios, tolerante, racional, y supuestamente deshinibida, películas tan treméndamente bellas, educativas y sanas, como "American Pie", estén vistas mal por algunos censores de-formación profesional, pánfilos acomplejados que critican la "gratuíta" exhibición carnal de la que hace gala la película, sin darse cuenta de que la turgencia y voluptuosidad mostrada por las lozanas féminas en pantalla, es el mejor remedio contra la monotonía, el aburrimiento y la frustación sexual que trae consigo la monogamia, símbolo de una civilización caduca y obsoleta educada por rancias religiones monoteístas, que no hacen más que limitar la imaginación y la necesaria perversión del individuo, que encuentra en la lujuria el más satisfactorio de los estímulos.
¿Que hay de malo en liberar tensiones a través de una buena eyaculación propiciada por el visionado de una buena película del mejor porno heterosexual? Nada, aunque en "American Pie; The naked mile" el protagonista acabe por llenar a su abuela de esperma accidentalmente, acabando con la vida de ésta. ¿No se trata de un ejercicio del mejor humor negro? ¿Por qué
ponerse limitaciones?, ¿Se puede bromear sobre política, guerras, corrupción financiera, pero no se pueden hacer chistes sobre corridas, mamadas, meadas y orgías porque es de mal gusto?
"American Pie" y sus cinco secuelas hasta el momento (Ojalá nos sigan regalando con una cada año) muestra todo un "freak show", de personajes y situaciones, eyaculaciones en vasos de cerveza, bandas de música que dan curiosos usos a sus instrumentos, comunión entre sexo y repostería, equipos imbatibles de fútbol americano formados por enanos, perdón, gente bajita (Que en España somos políticamente correctos) , Sexo en grupo, intoxicaciones etílicas, meadas sobre otras personas... en fin un no parar de motivos por los cuales no podemos dejar de ver esta serie de películas que nos traen fiesta, desenfreno y diversión hasta nuestros tristes y apagados hogares.
GO, U.S.A, GO!!!

jueves, 13 de marzo de 2008

LA CULPA FUE DE HOLLYWOOD

Me parece necesario para sentar las bases del estilo (que pedante me pongo cuando escribo) del blog, comenzar hablando de la industria cinematográfica afincada en la ciudad de Los Ángeles, el gran monstruo industrial que hizo ¿evolucionar? el mundo del celuloide, creador de los grandes estudios, el sonido, el concepto de estrella tal y como lo conocemos hoy, y como no, el negocio, el gran negocio, que tantas alegrías ha dado y cuantas decepciones nos da en la actualidad.

Parece que todo tiempo pasado fue mejor, aquella época dorada en la que los guionistas eran importantes (La mayoría importados de la vieja Europa), con directores también europeos como Max Ophüls o Ernst Lubistch.

En los últimos 60's y primeros 70's con la generación que cambió Hollywood, Scorsese, Coppola, Arthur Penn, Roman Polansky, John Milius, Paul Schrader,Peter Bogdanovich, Spierlberg, Lucas, etc... Sin embargo, con el pasar de las décadas esa equilibrio existente entre "enterteinment" y calidad fílmica que se había conjugado sobre todo a raíz de "Star Wars" de Lucas, se ha ido decantando del lado del entretenimiento puro y duro, dejando de lado la construcción de personajes interesantes, tramas inteligentes y reflexiones morales, cambiando el contenido por el continente y en consecuencia dejando las historias vacías, eso sí amenizadas por grandes bandas sonoras y estruendosos efectos de sonido.

Pero aún no hemos llegado al final, esto sería aplicable para las películas de los 90 y primeros años del s. XXI, actualmente hollywood se ha convertido en un monstruo fagocitador, un vampiro que "roba" las ideas de las cinematografías emergentes (Japón, Corea, Hong-Kong) convirtiendo lo que en principio era una idea original y diferente, en un "hot dog" para estómagos sin hambre que devoran todo lo que se les eche sin distinguir sabores pues carecen de gusto, o eso por lo menos es lo que creen los señores productores. ¡Pues no!, se equivocan, no todos tragamos con lo que nos pongan, es muy triste mirar las carteleras de los cines de tu ciudad y encontrar sólo remakes, "Pulse", "Llamada perdida", "Funny games", y encima de películas recientes, ¿qué sentido tiene eso?, para mí ninguno, para ellos está claro, money, money, (Por cierto, ¿Cuándo harán el remake de Cabaret?) si es que ni para escoger que remakes hacer están despiertos. Aburguesados en sus mansiones, bebiendo champagne en sus piscinas de Beverlly Hills, rodeados de bailarinas de Las Vegas y de felatrices aspirantes a ser actrices porno debe ser difícil pensar. ¡No nos jodáis más! ¡Queremos las películas originales! "Kairo", "Ringu", etc...

Especialmente sangrante me parece el caso de "Funny games", la obra maestra realizada por Michael Haneke a mediados de los noventa ha sido remakeada ya por el monstruo sin corazón, a juzgar por el trailer (theatrical teaser para los pegilgueros
que van de anglófonos), plano a plano, lo más triste del caso es que esta vez se han comprado también al director. Da la impresión que adquieren cineastas como el que adquiere figuras infantiles en un Mc Donald's. Hay que reconocer que en negocios merecen una matrícula de honor, pero en cine, actualmente, ¡muy deficiente!