jueves, 24 de julio de 2008

XXI SEMANA NEGRA DE GIJÓN



Finalizada el pasado domingo la XXI edición de la Semana Negra de Gijón me ha dejado como cada año muy buen sabor de boca. A pesar de la disminución de espacio debido a su nuevo y ocasional emplazamiento en la Playa de Poniente el nivel literario, cinematográfico, musical, gastronómico y, en definitiva, lúdico, no ha disminuido ni un ápice.

Los amantes de la literatura fantástica estaban de enhorabuena por la presencia del reputado escritor George RR Martin entre los ilustres invitados. El peculiar (inconfundible entre la multitud debido a esa gran barba vikinga) escritor de New Jersey conocido mundialmente por su exitosa serie de novelas de fantasía épica “Canción de hielo y fuego”, así como por su labor como guionista en Hollywood a mediados de los 80 en series como “Twilight zone”, fue una de las “atracciones” (sin entrar en competencia directa con la monumental noria) de la Semana.

No sería el único grande entre los grandes entre los ciento treinta y cuatro autores que recorrieron la arena gijonesa en la semana más larga del año (ya saben, diez días) Por allí andaba también el poeta y ensayista mexicano José Emilio Pacheco gran especialista en la obra y figura de Jorge Luis Borges, distinguido entre otros galardones con el premio Malcolm Lowry o el Nacional de poesía. El actual premio Minotauro también estuvo presente, Federico Fernández Giordano; Joaquín Sabina recitó poesía y su banda amenizó la noche del miércoles en el escenario central. Manuel Loureiro se unió a la fiesta con su holocausto zombie relatado en ese rabioso blog pasado a papel en “Apocalipsis Z”, todos estos y muchos otros autores llenaron de interés los coloquios de la carpa AQ en las calurosas tardes. Las altas temperaturas no impidieron la asistencia y participación de un público cada año más entregado.

Los aficionados al cómic también tuvieron su ración como cada año. Además de las estupendas ofertas que proponía una conocida tienda especializada de Gijón, con descuentos del cincuenta por ciento en un gran surtido de títulos (Batman, Superman, Spider-man, Spider-girl, La brigada de la gabardina, Lobezno, American Virgin, Hellblazer, etc…) este año asistieron al recinto tres grandes autores. Phoebe Gloekner, conocida por “Diario de una adolescente” historieta de tintes autobiográficos y “Vida de una niña” la controvertida obra que narra el asesinato de una niña en Ciudad Juárez; Fabrice Neaud, que habló sobre su última obra “Mi diario” y el autor underground neoyorquino Spain Rodríguez, cuya adaptación al cómic de la figura del Che se publicará próximamente en EE.UU. en España sólo algunos de sus trabajos han sido publicados en la revista Víbora.

La música sonó libre como cada año en el veterano festival, “Avalanch” clavó la bandera del metal en el escenario central el sábado 12, “El Chojín” o la interesante “Shantel and Bukovina Club Orkestar” manifestaron la oferta para todo tipo de gustos que viene siendo costumbre, muy sana por cierto. Pero si hay algún género musical que sobresale en la música en directo de la Semana es el Rock en todas sus vertientes. El que tocaron las bandas en los escenarios de los bares mas “cañeros”, grupos normalmente de jóvenes asturianos, aunque siempre con alguna presencia de otras latitudes peninsulares. Mención aparte, como siempre cuando se habla de este infatigable músico, merece Rafa Kas, quien con su entrega habitual nos regaló con un concierto épico la noche del jueves. Hasta las 3:30 h. se prolongó el espectáculo, el cual no finalizó por deseo del cantante y su banda, sino por orden de la policía que se encargaba de desalojar el recinto sobre esa hora todos los días.

El plato fuerte (para un cinéfago como el que escribe) este año, fue la presencia del vampiro de habla hispana por antonomasia, el gijonés Germán Robles. El veterano e inmortal actor volvió a su Gijón natal para asistir a un necesario homenaje tanto a su figura como a toda la producción méxicana dedicada al mundo vampírico entre los años 50 y 60. Bajo el título de “Germán Robles, el Vampiro méxicano” se proyectaron las películas “El vampiro”, Fernando Méndez; “El ataúd del vampiro”, Fernando Méndez; “La maldición de Nostradamus”, Ferderico Curiel; “La maldición de Nostradamus II: El destructor de monstruos” Federico Curiel; “El barón del terror” Chano Urueta; “Los vampiros de Coyoacán”, Arturo Martínez y el estreno en Europa de “Bandfield killer. Sangre en la mondiola” de Guzmán Vila. Todo un paraíso de sangre, colmillos y sensualidad en unas obras que se anticiparon en años al carácter explícito de las películas de la Hammer.

Para completar el homenaje la organización tuvo el detallazo de editar un libro titulado “¡A mordiscos!” redactado por el omnipresente habitante de las sombras, Jesús Palacios, que un buen amigo librero tuvo la consideración de guardarme a buen recaudo. Con su rico y fluido estilo habitual, Palacios, hace un repaso a la cinematografía fantaterrorífica mexicana, comenzando su recorrido por el Drácula hispano de la Universal, con Carlos Villarías como conde.

Pues todo esto y mucho más ha dado de sí este año la Semana Negra. La juerga nocturna siempre indispensable, entre conciertos y cañones de cerveza. Las preciosas vistas, el mar a un lado y al otro la imponente e iluminada noria. Los coches de choque no los probé en esta ocasión, desde que viera “Choque” de Nacho Vigalondo me aterra la idea de pasar por algo parecido, el mercachifle este año eran los pitos locos y entre los “artistas” (poco que ver con los auténticos artistas que hay en la “Rambla” de Barcelona, por ejemplo) ambulantes había uno con un parecido más que razonable con el hombre misterioso de “Carretera perdida”. El característico olor a gofre y a parrilla acompañaba a lo largo del recinto haciendo imposible seguir cualquier tipo de dieta y se mirara donde se mirara había algún/a hortera con sombrero de paja haciendo publicidad de alguna bebida alcohólica. La pluma y la mujer de cabello cambiante encaramada a los libros daban como siempre la bienvenida al visitante y el cartel de la Semana Negra reposaba esta vez junto al mar. Todos estos pequeños detalles, toda esta riqueza de opciones es lo que hace única la experiencia de visitar la Semana Negra.

Pero bueno, alguno seguirá diciendo y/o escribiendo que aquí sólo hay ruido y bocatas de chorizo. Ya saben lo que dice el refrán: “No se hizo la miel…"

martes, 8 de julio de 2008

WONDERFUL TOWN

Director: Aditya Assarat
Guión: Aditya Assarat
Director de fotografía: Umpornpol Yugala
Música: Koichi Shimizu, Zai Kuning
Intérpretes: Anchalee Saisoontorn, Supphasit Cansen, Dul Yaambunying
(Tailandia), 2007

El interesante director tailandés Aditya Assarat da el salto al largometraje de ficción tras sus cortometrajes “Motorcycle” 2002 y “Waiting” 2003, y su paso por el documental en 2005, cuando codirigió “3 friends”. La jugada difícilmente le podía haber salido mejor, el éxito le ha acompañado a lo largo del año prácticamente en todos los festivales por los que a paseado su película: Premio Especial del Jurado en el Festival de Las Palmas, premio “Tiger Award” a la mejor película en el Festival de Rótterdam, New Currents Award en el Festival de Pusán, premio FIPRESCI en el Festival de Hong Kong, Premio Especial del Jurado en el “Festival de cine asiático de Daeuville y Gran Premio Ciudad de Lisboa en el certamen “Indie Lisboa”.

Sinopsis:

Tom, un arquitecto de Bangkok, se desplaza para la construcción de un nuevo hotel, a un pequeño pueblo costero que se encuentra en plena reconstrucción, tras ser asolado por el Tsunami en el 2004. En el hotel que se hospeda conoce a Na, la tímida y cándida recepcionista de la cual se enamora. Las relaciones entre la joven y el recién llegado no serán bien vistas por Wit, el hermano de la muchacha.

Lo cierto es que tantos parabienes por parte de tal cantidad de certámenes me hacían tener cierto recelo con esta producción thai, la unanimidad de criterios a la hora de alabar una obra, bien sea cinematográfica o literaria, suele encerrar detrás una serie de intereses que poco o nada tienen que ver con la calidad artística del producto y mucho con los pingües beneficios que de su promoción puedan obtener productores, distribuidores y demás intermediarios.

Afortunadamente no es el caso de esta historia intimista que desborda belleza y crueldad a partes iguales, la historia de un amor imposible en un lugar paradisíaco, donde el bellísimo paisaje natural y el sol que lo baña nos impiden vislumbrar a primera vista el odio, la violencia y el dolor que esconden sus calles, sus gentes. Una visión más profunda (la que acomete el realizador) nos permite ver las grietas de un edificio a punto de desmoronarse. Viejas heridas sin cicatrizar, un pasado convulso que impide la normalidad del presente. La armonía de la comunidad, la amabilidad de sus paisanos, las buenas formas, la cordura, todo desaparecerá bruscamente de la noche a la mañana. El mero hecho de que un forastero mantenga relaciones sexuales con una joven de la localidad saca a flote los instintos más bajos de los lugareños. Su miedo y su inseguridad se hace más que patente ante la presencia del “extraño” en cuanto pretende arrebatarles algo que les “pertenece”.


A través de un estilo pulcro en la dirección, (a destacar esos tonos fríos de la fotografía que huyen de la característica estampa de postal de lugar exótico), el cineasta tailandés narra una historia en realidad tan vieja como la existencia del hombre, obsesionado siempre con la posesión, territorial, material y personal.

Rozando en ocasiones el tono documental, tan en boga en el cine independiente actual (y tan usado en movimientos pretéritos de la historia del cine como el Neorralismo o la Nouvelle Vague), la película tiene (sobretodo en su primera parte, en la que se presentan los personajes) un carácter contemplativo, (largos planos del mar y del resto de paisajes naturales que envuelven a la localidad) lo que introduce rápidamente al espectador en la atmósfera que respiran los personajes. El sabio uso de los silencios nos evita el tener que soportar los diálogos manidos que suelen abundar en las producciones comerciales, dejando a los actores (extraordinariamente dirigidos) la transmisión de emociones a través de su rostro, de su lenguaje corporal. Cuando la pareja protagonista se relaciona tan sólo necesita mirar a los ojos del otro para saber lo que quiere, lo que piensa, lo que necesita. A veces una mirada dice mucho más que centenares de palabras. También dialogan entre ellos, pero sus diálogos no sufren la edulcoración del mal llamado cine romántico, al contrario, intercambian frases que gozan de sana intranscendencia. Hablan por hablar, por pasar el rato, sin decirse nada importante, para eso no les hacen falta las palabras. Como les pasaba a Michel Poiccard y a Patricia en aquella habitación de un hotel parisino.

Abundan las metáforas visuales (las olas rompiendo a la orilla del mar, aparentemente en calma tras el devastador Tsunami. Na colgando la ropa vista a través de la ventana enrejada) y la belleza está presente en cada fotograma. Con los suaves movimientos de cámara, la tranquilidad del paisaje y la excelente partitura que envuelve el conjunto, Aditya Assarat construye un poema visual que emociona por su sencillez, por su honestidad. Huyendo de los vacuos artificios y del estereotipo fácil, para construir una historia a través de personajes “reales” (destacar que los actores no son profesionales lo que hace aún más auténtica su interpretación), confundidos, como todos los demás, por la hostilidad del mundo que les rodea. Una auténtica delicia.

viernes, 4 de julio de 2008

EL FASCINANTE MUNDO DEL SR. OLARIA

Huyendo del asfixiante calor que azota Madrid estos días me introduje en un centro comercial para disfrutar de las ventajas del aire acondicionado (el mismo que tanto asqueaba a mi admirado Henry Miller) Teniendo en cuenta el abrasador panorama que acechaba en el exterior (es admirable el aguante de los aficionados futboleros que se congregaron en Colón para ver a sus ídolos) decidí darme un garbeo por la sección de dvd’s, pues no sólo de e-mule vive el hombre. Cual fue mi sorpresa cuando me tope en las coloridas estanterías con otra joya de la colección L’ATELIER 13 dedicada a la ciencia-ficción. La película en cuestión, que desconocía hasta el momento, era nada más y nada menos que “El hombre perseguido por un O.V.N.I”, de un tal Juan Olaria, al que a partir de ahora admiro con pasión. La estupenda edición, además de incluir el correspondiente libreto con anécdotas sobre el rodaje y filmografía del director, incluye un cortometraje, “Encuentro inesperado” dirigido por el propio Olaria en 1995, entrevista con el visionario realizador, y lo mejor: ¡¡Extractos de sus trabajos amateur!!. Me faltó tiempo para comprar esta locura audiovisual y devorarla con ansia cinéfaga, a los más atrevidos os invito a introduciros conmigo en el maravilloso y loco mundo del Sr, Olaria.

Iniciado desde temprana edad en el cine amateur (comenzó a rodar cortometrajes en 8 mm. con tan sólo 12 años) y aficionado a la ciencia-ficción, quedó impresionado cuando asistió al estreno de “La noche de los muertos vivientes” (una película de bajo presupuesto que llenó las salas de todo el mundo y que hoy día es todo un referente socio-cultural, además de estar considerada como pilar fundamental del cine de terror moderno) Ni corto ni perezoso pidió dinero a su padre para financiarle un largo, que le saldría finalmente por un millón setencientas mil pesetas aproximadamente, según él mismo confiesa. Anteriormente había dirigido otros trabajos, todos ellos cortometrajes amateurs ayudado por sus amigos: “Robo al amanecer”, 1957, “El planeta plinio” 1958, “¡Mil bombas!”, 1961, “Principio del Nirvana”, 1971, entre otros, donde había coqueteado con diferentes géneros, siendo el desparpajo visual y narrativo comunes en todas sus producciones (por lo menos en las que yo he podido ver, que se reducen a lo que incluye esta edición en DVD. Es decir, fragmentos de “El planeta plinio”, “Viaje al firmamento” y “¡Mil bombas!” (éste último corto al completo) más el cortometraje “Encuentro inesperado” en el que permanecen las constantes extraterrestres.

En 1982 dirigiría otro largometraje, en esta ocasión un drama que lleva por título “El diario rojo”. Por lo que recoge el libreto del DVD la trama gira en torno al machismo y permanece inédita hasta la fecha, pues el bueno del Sr. Olaria no se ha atrevido a exhibirla.

A continuación la reseña a propósito de la inclasificable “El hombre perseguido por un OVNI”

“El hombre perseguido por un O.V.N.I.”
Director:
Juan Carlos Olaria
Guión: Juan Carlos Olaria, Juan Xiol
Intérpretes: Richar Colin, Juan Carlos Olaria, Lynn Enderson, Damaso Muni, Manuel Bronchud, Ross Vineis, José Mª Montserrat.

(España) 1975

Sinopsis:

Alberto Oliver, un escritor de novelas pulp en plena crisis creativa, recibe la visita de unos seres extraterretres poco amistosos que pretenden llevárselo a su planeta, pues allí se encuentra su doble en negativo??!! (literal, queridos amigos). El lógico escepticismo del comisario de policía ante los hechos narrados por el escritor se desvanece cuando éste es finalmente secuestrado por los lejanos visitantes. Tan sólo una carambola cósmica digna de la producción que nos ocupa podrá salvar al sufrido protagonista.

La enorme cantidad de escenas delirantes sin ningún tipo de desperdicio que contiene la cinta me ha llevado ha decidirme a desechar el comentario personal en favor de una “guía pormenorizada de avatares en la excitante vida del Sr. Oliver para no perderse detalle de su trepidante aventura” (vamos que les voy a contar la película entera acompañándola de puntuales observaciones totalmente subjetivas):

La extravagancia y la cara-dura están presentes desde los títulos de crédito, el “héroe”, en realidad un señor entradito en años, enjuto y además escritor (supuestamente la única actividad física que desarrolla, aparte del sexo, es dar paseos por la playa para inspirarse. Vamos todo un portento físico) se pega de ostias con unos alienígenas (hombres con careta y guantes plateados. Sin escatimar en gastos de producción), todo ello virado en negativo mientras se intercalan una serie de fotografías de supuestos avistamientos reales de OVNIS, acompañadas por una voz en off cuyos comentarios sonrojarían incluso a Iker Jiménez. Por poner un ejemplo; ante una fotografía que no es más que una mancha blanca sobre fondo gris, la solemne voz comenta: El astronauta Scott Carpenter obtiene esta fotografía que no consigue explicarse científicamente. (no soy científico pero una combinación de mal pulso y escasa iluminación pueden ser los causantes de ese engendro fotográfico).

Después de la gloriosa presentación asistimos al encierro al que se somete nuestro amigo para parir la novela en la que está trabajando. Mientras el pobre hombre escribe, los antropomórficos seres provenientes de otra galaxia conspiran para raptar al literato, por cierto, en un idioma fonéticamente muy parecido al euskera, (¿A ver si estos seres van a tener también RH negativo?)

Escenita calentorra. Para inflar el metraje (el propio Juan Olaria lo explica en la entrevista que incluye el DVD) Alberto, que atraviesa un bache creativo va a visitar a su amiga Carol, una lozana mujer de generosas curvas que luce vestido estampado de rastrillo, pelucón rubio, taconazo y medias de encaje. En su insinuación, la muchacha se anticipa al cruce de piernas de la Sharon Stone en “Instinto básico”


Tras el goce erótico (únicamente insinuado) llega la acción, en un paseo por la costa catalana los mutantes atacan. Entre todos le tiran el Simca 1000, en el que Sr. Oliver había llegado hasta el lugar, por un descampado y acto seguido van a por él. Pero el hábil novelista se destapa como un duro adversario y logra escapar de las garras de los enmascarados a base de puñetazos, ante la ira del jefe de los mutantes que lo observa todo desde su nave.

Cuando llega a su pobre coche volcado aparece una maqueta de un platillo volante plateado flotando a duras penas en el aire (mataría de envidia a Ed Wood Jr.) y el escritor sale por piernas hasta casa de Carol, la rubia lozana. De nuevo escena subidita de tono, la hembra aparece gratuitamente en ropa interior (cálido recibimiento muy estilado en las películas del destape) y un nervioso Alberto intenta avisarla del peligro que corre poniéndole al corriente de lo sucedido, lógicamente, la chicarrona lo toma por loco y lo mando a freir espárragos. El escritor se marcha enojado y Carol vuelve a sus quehaceres, que no eran otros que una escenita de cama con otro señor. El intento de coito se queda en eso, pues pronto aparecen los mutantes?? (¿Pero no buscaban en exclusiva al escritor?) y hacen desaparecer a la pareja de tortolitos.

Alberto para un coche en la carretera y el amable ciudadano lo transporta como pasajero, pero ante la lentitud de pilotaje del honrado desconocido, el vivo del Sr. Oliver le engaña como a un chino para tomar él mismo los mandos del volante… y voilá, ya tenemos escena de persecución, aunque sin coche que persiga. Planos desde el interior del vehículo en los que se manifiesta el lento discurrir del auto se intercalan con planos generales descaradamente acelerados que nos intentan hacer creer que el vehículo toma las curvas a toda velocidad, hasta aquí la escena no pasa de casposa. Sin embargo, de pronto, entre curva y curva se salta a un plano general, en el que una maqueta de color diferente al del coche salta de un extremo a otro de la carretera salvando milagrosamente un enorme precipicio. En el siguiente fotograma vuelven a colocarse insertos de la carretera como si tal cosa, (¡sublime!) Cuando por fin llega hasta una comisaría el intrépido conductor sale del vehículo y se despide de su acompañante con un socarrón… “¡gracias!” (¡que cachondo!) al que éste responde: “es un irresponsable, podíamos habernos matado”.

En la comisaría le atiende un trajeado Juan Olaria, que hace de comisario de policía, de nombre Durán, para más señas. Alberto expone como se ha producido el robo de su coche sin desvelar el lugar de procedencia de los delincuentes que lo han perpetrado.

El comisario y dos ayudantes acompañan a Alberto al lugar de los hechos, pero ¡qué sorpresa para el pobre escritor cuando se da cuenta de que su coche ya no está en el descampado! Los alienígenas han hecho desparecer el vehículo utilizando su nave como ¡imán! y lo han arrojado al espacio, en lo que sin duda es una de las escenas más psicotrónicas y divertidas de la historia de la ciencia-ficción (ese espectacular plano del platillo volante con el coche pegado en su parte posterior y el planeta tierra de fondo es impagable). La NASA debería de tomar nota del carácter indestructible del Simca 1000, pues en su viaje por el espacio permanece totalmente incorruptible (¡eso si que no tiene explicación científica!)

Ante lo insólito del suceso, Alberto, se ve obligado a contar al comisario su experiencia con los alienígenas, lógicamente el policía cree que el escritor sufre de alucinaciones y no le presta ningún tipo de protección.

Sólo, cansado y apesadumbrado, Alberto, se sienta ante el televisor tras servirse un buen lingotazo de vodka, el monótono noticiario en blanco y negro le provoca un sueño irrefrenable que le conduce directo hacia una aterradora pesadilla. En mitad de una playa desierta se despierta con el cuerpo totalmente enterrado en la arena, sólo su cabeza permanece en la superficie, donde un fiero pastor alemán deambula con la única intención de devorarle. Este angustioso sueño es una de las mejores escenas de la película, posee gran fuerza y está excelentemente rodada, de repente parece que estemos viendo un clásico indiscutible del género terrorífico. Una de las mayores satisfacciones del cine de serie Z es descubrir estas pequeñas master-piece, entre metros y metros de celuloide alocado.

No menos sugerente es lo que le ocurre a nuestro alucinado protagonista justo después de despertarse. Al acercarse a su televisor para apagarlo unas manos aparecen ocupando prácticamente la totalidad de la pantalla, a pesar del tópico mensaje alienígena que las acompañan (venimos a por usted, no le haremos daño, es inútil que se resista) la imagen es, cuanto menos, inquietante, llegando a meter en el cuerpo ese escalofrío tan gratificante que sólo nos proporcionan las grandes películas sobre invasores de otros mundos.

A pesar de la advertencia educada pero amenazante de los forasteros galácticos, el platillo volante que se sitúa frente a su domicilio no se decide a aterrizar e ir en busca del escritor, (quizá por falta de aparcamiento).

Al día siguiente la aparición del disco metálico volador aparece reseñado en la prensa, toda la ciudad de Barcelona lo ha visto surcar el cielo con total parsimonia. Alberto decide mudarse a su casa en el campo por consejo del comisario, que además le asigna un policía para protegerle, los mutantes no tardan en aparecer dando muerte al vigilante y colándose en el interior de la vivienda. Pero Alberto es un tipo duro y le pone de muy mal humor que interrumpan su lectura, así que cuando un mutante le hace perder el hilo no duda en degollarlo y desmembrarlo con una hoz, haciendo manar abundantemente su amarillenta sangre. El mutante, al parecer, tiene una recuperación celular milagrosa y cuando una “amiga” del escritor, Carmen, (que previamente hemos visto desnuda en la ducha así como quien no quiere la cosa) aparece de improvisto, el mutante retorna dispuesto a vengarse ahora con dos cabezas. (¡doblemente malvado!)

La pareja corre presa del pánico campo a través, pero no hay escapatoria. Carmen se queda atrás y el platillo persigue tenaz al pobre Alberto hasta que su corazón no aguanta más y cae rendido en medio de la pradera.

Imágenes de archivo muestran el rotativo de un periódico (en blanco y negro, aquí vale todo) Tras un corte bastante descarado se muestra en primer plano el siguiente titular: “Sondeo espacial en busca del hombre perseguido por un OVNI”

En medio de la inmensidad del universo se encuentra el taciturno Oliver encerrado en la nave espacial alienígena. El diseño de la nave es bastante pobre, a través de planos cortos se intenta disimular el humilde diseño de producción, como mandan los cánones de la serie b. Pero lo mejor de todo es el monólogo de la computadora de la nave, el HAL 9000 particular, se suelta con un discurso que mezcla pseudo-ciencia y futuro apocalíptico, las réplicas del Sr. Oliver no tienen desperdicio. Diálogo íntegro:

Mutante: “…¿Ha oído hablar de la anti-materia?, su planeta comienza ahora a descubrirla, cada partícula, cada átomo, tiene su correspondiente opuesto de signo contrario. Nosotros venimos de un planeta lejano, espejo del suyo, idéntico en todo, pero de distinto signo, es como si se tratase de una película negativa respecto a una positiva (lo cual se ilustra cambiando los fotogramas de positivo a negativo. Traducción simultánea), su contacto produciría la destrucción de ambas…”

Oliver: ¿Entonces como es que han podido invadir ustedes que son de signo opuesto nuestro planeta sin ser destruídos? (interrumpe el impertinente terrícola)

M: Nosotros no somos los auténticos habitantes del planeta del que provenimos (¿ehhhhh?), somos mutantes (Aaahhh!!!), robots biológicos de diferentes grados destinados a cumplir una misión (¿?)

O: ¿Y que misión es esa?, ¿Qué tengo que ver yo en este asunto? (más duro que Clint Eastwood haciendo de Jack Bauer)

M: Usted es un ser anti-material correspondiente a un habitante determinado de nuestro planeta, nos a costado bastante tiempo localizarle en su galaxia. Nuestra misión es, atravesando de nuevo el espejo de la anti-materia, devolverlo al planeta de origen.

O: ¿Pero como voy a vivir si soy de signo opuesto? Cuando tome contacto con su planeta me destruiré (éste las pilla al vuelo)

M: Nuestros jefes han resuelto ya este problema, no debe preocuparse (está todo controlao)

O: ¿Y si les dijera que me niego a ir, que no estoy de acuerdo con sus métodos, que considero su comportamiento un atropello, un atentado a mi dignidad, que prefiero mil veces éste mi atrasado planeta al suyo? (Oliver for president!)

M: Vamos Sr. Oliver, sea razonable, ¿sabe dónde parará su planeta dentro de poco tiempo? La contaminación destruirá las especies animales, se agotarán las reservas de energía, escaseará pronto el agua potable, no habrá sitio dónde vivir, aumentará espantosamente la población terrícola que nacerá con alteraciones genéticas, se producirán cambios climáticos. Entonces la especie terrícola desaparecerá como lo hicieron hace millones de años otras especies zoológicas como los dinosaurios y grandes vertebrados y puede creerme si le digo que el fin está cerca y que al contrario de lo que se piensa será un fin silencioso y tranquilo, una muerte dulce.

O: ¡Miente!, no me creo esas patrañas, los humanos se salvarán como hicieron otras tantas veces, pero desgraciadamente ya nunca volveré para verlo.

M: No pierda la esperanza de volver, pero estamos seguros de que no le gustaría.

O: ¡Maldito mutante!, yo vivía feliz en mi ignorancia

M: Desgraciada bestia terrícola (en su idioma, no había valor para decirlo a la cara)

Imágenes de archivo cedidas de manera altruista por la NASA muestran un puesto de control y una gigantesca antena, sin venir nada de ello a cuento y por supuesto sin diálogos (Hay que inflar el metraje como sea)

El comisario Duran abre una carta (que Oliver había dejado y que sólo debía de ser abierta en caso de ser abducido) y la lee en presencia de Carmen y su esposo Ricardo, dónde Oliver expresa el acongojo sufrido y la incomprensión de la que fue objeto desde que los alienígenas comenzaron su búsqueda.

Más imágenes de la NASA, ahora de astronautas alrededor de la órbita lunar y en el interior de su nave. Tras estás imágenes documentales aparece de nuevo el Simca 1000 inter-estelar, ahí está en la inmensidad del universo como si tal cosa, su silueta recortada en ¡¡cartulina!! se cruza con la nave dónde está preso el Sr. Oliver (¡aquí hay más casualidades que una película de Julio Médem!), quien con mirada nostálgica se le queda mirando (“¿Cuántos kilómetros habremos hecho juntos?, si sólo te hubiera cambiado el aceite una vez más…”, o algo así parece estar pensando) De improvisto aparece en escena un tipo calvo (Juan Olaria, again!!) con jersey cuello cisne negro y unas gafas de montura roja y plateada con los cristales pintados a cuadros amarillos y negros (ni Elton John se atreve con unas como esas) y con una voz que intenta sonar metalizada dice: “¿Vamos a dar un paseo Sr. Oliver?”.

Dos platillos idénticos se fusionan en mitad del universo, una espiral se observa desde el interior de la nave, curiosamente desde fuera no, un rayo cae encima de la nave, otro, la espiral sigue viéndose desde dentro, ahora en plano general los platillos se dividen. Planos confusos y temblorosos de superficies resquebrajadas de diferentes colores parecen decirnos que la nave va surcando diferentes planetas (vamos, el viaje de vuelta a la tierra)

La nave aterriza, Alberto está sólo, pero pronto aparece “Mr. Gafotas” que tose un par de veces y cae al suelo. Justo antes de morir suelta un discursito (por lo que veo es tradición en su planeta) “terrícola, hemos vuelto, no conseguimos atravesar el espejo de la anti-materia, por lo visto, una inversión de polaridad… y cuando creíamos llegar cada vez nos alejábamos más, hemos… hemos vuelto, pronto la presión atmosférica nos aplastará, la pila atómica creadora de un campo anti-gravitacional que nos permite volar estallará en mil partículas atómicas (¡pues haber viajado en el Simca 1000!), huye, aún estás a tiempo, aléjate de aquí antes de la autodestrucción, pero guárdate terrícola, recuerda volverán, volverán por ti. Con el Sr. Oliver fuera de la nave ésta se funde como una loncha de queso hasta que finalmente estalla. El escritor, que no cabe en si de júbilo tras salir airoso de tan difícil situación se va a casa de Carmen para celebrarlo, ésta le recibe con un cariñoso abrazo (sí, está casada con su amigo Ricardo, pero el muy bragueta caliente no respeta nada)

FIN

Pues ya ven, ¿que más les voy a decir? No tengo palabras, o más bien tengo demasiadas. El visionado de esta, para mí, absoluta obra maestra del cine psicotrónico, me despierta multitud de opiniones contradictorias. Si delgada es la línea que separa la genialidad del ridículo más absoluto, creo que esta película salta de un lado a otro de la línea unas cuantas veces a lo largo de su ajustado metraje. Una cosa es segura, la diversión está asegurada, el único largometraje en la filmografía de Juan Olaria podría definirse como el anti-bodrio, no hay lugar en su desarrollo para el bostezo, le puede causar gracia, simpatía, risa, vergüenza ajena, inquietud, desasosiego, efectos secundarios como sarpullidos o dolor abdominal, pero es totalmente imposible que le deje indiferente. Posiblemente la mejor-peor película de la historia, véanla, merece la pena.

martes, 24 de junio de 2008

PERVERSÃO

Perversão, (Estupro), (Rape)

Director: Josér Mójica Marins
Guión: José Mójica Marins, Crounel Martins
Intérpretes: Josér Mójica Marins, Arlete Moreira, Ricardo Petráglia, Nadia Destro, Elza Leonetti, Diva Medrek, Jaime Cortez, Mara Prado
(Brasil) 1978

Sucia, malsana, original, cutre, casposa, hipnótica, ridícula, cómica, macabra, hilarante, cafre, hortera, visceral, lúcida, horrible, sangrienta, cursi, edulcorada, violenta, soez, primaria, retorcida, demencial… todos y muchos otros calificativos podrían aplicarse a este canto al mal gusto, a caballo entre el vídeo doméstico y el cine de arte y ensayo, que es “Perversão”, obra del bizarro José Mójica Marins.
Rey indiscutible del cine de terror brasileño, José Mojica Marins, Coffin Joe para los norteamericanos, nacido en Sao Paulo en 1936, introdujo el género fantástico en la cinematografía brasileña en los años sesenta, cuando hasta el momento no se había visto nada parecido en el país de la samba, siendo el género más popular por aquel entonces la chanchada (comedias musicales). En 1963 culminaría su primera obra, “Á Meia-noite levarei sua alma”. Esta película, además del debut cinematográfico de uno de los directores más personales que ha dado el género fantástico; si me apuran, el cine en general, supuso el alumbramiento de uno de los villanos más curiosos y queridos por el fandom fantaterrorífico: Zé do caixao (vamos, Zé el de los ataúdes), un siniestro sepulturero de largas y afiladas uñas, ataviado con sombrero y capa negra, que hace gala de su amoralidad y falta de escrúpulos. Zé do caixao viola, tortura y asesina. Encarnación del mal en estado puro, el personaje vino a la mente de Mójica Marins en mitad de una alucinación tras un periodo de febril convalecencia, lo cual no es de extrañar, pues el tipo en cuestión sería más que digno de la peor de las pesadillas.

Tras el shock que supuso en Brasil el estreno de “Á Meia-noite levarei sua alma”, (sobre todo para los censores) el loco de Marins volvería a la carga con su alucinada secuela “Esta noite encarnarei no teu cadáver”, de 1966, donde mostraría un particular mundo onírico de desbordante originalidad. La cinta supondría la última aparición como personaje protagonista del malvado enterrador, posteriormente aparecería en otros títulos en forma de sueño o visión, integrante ya del más allá.

Las dos perturbadoras películas dedicadas a la figura de Zé do caixao proporcionarían a Marins, sino el ansiado éxito económico que le hubiera permitido financiar más películas sobre el personaje, si un fuerte apoyo por parte de los intelectuales brasileños de la época, como los integrantes del cinema do lixo (movimiento cinematográfico que surgió en la ciudad de Sao Paulo como oposición al cinema-novo), lo que le permitiría participar en producciones ajenas como “O abismu, ou sois todos de mu”, “O profeta da fome” (en ambas únicamente como actor).

El reconocimiento internacional le llegaría en 1974 al ser invitado al Festival de Cine Fantástico de París, donde cambiaría impresiones con el erotómano Jean Rollin y hasta con el mismísimo Christopher Lee. Desarrollando en la época de los setenta películas de corte más convencional como “Exorcismo negro” (exploit del clásico de Friedkin) o “Infierno carnal”, en 1978 realizaría “Perversão”, película que nos ocupa, que a pesar de no contar con la mágica inspiración de las obras dedicadas a Zé do Caixao, si nos regala con fuertes escenas de sexo y gore.

Sinopsis:

Vittorio Palestrina, “El Comendador”, es un empresario multimillonario que tiene comprado el respeto de todo Sao Paulo. Tras violar salvajemente a una joven virgen, Silvia, y arrancarle un pezón de un mordisco, queda totalmente impune por falta de pruebas, continuando con su rutina, consistente en dar fiestas en su mansión en las que seduce a nuevas jovencitas para satisfacer sus más bajos instintos. Un día conoce a la cándida Verónica, de la cual se enamora, pero ésta no quiere más que su amistad. Tras darle calabazas en repetidas ocasiones, finalmente, la joven accede a la insistencia de Vittorio. Tras consumar el coito, Verónica, que es la hermana mayor de Silvia corta de cuajo los genitales del empresario en venganza por la afrenta.

Clásica historia de venganza femenina frente al macho maltratador, tan en alza en la década de los setenta. En realidad, los finales de justicia poética en los que el hombre solía acabar con sus miembros amputados como en “La violencia del sexo”, 1978, o “El día de la madre”, 1980, no eran más que el pretexto para poder construir un relato plagado de sexo explícito y violencia gratuita, éstas cintas obtenían el éxito de taquilla tanto por la venganza final, como por las vejaciones previas de las que era objeto la dama en cuestión. Al igual que con los giallos o con los slasher, el espectador suele tender a identificarse antes con el verdugo que con la víctima.

La obra se abre de manera contundente. Un plano detalle de las largas y sucias uñas del Comendador Vittor Palestrina (uñas reales que caracterizaron siempre la figura del atípico realizador) muestran al indeseable sujeto portando un vaso cargado de alcohol que ofrece a una virgen y cándida muchacha, a la cual emborracha para abusar sexualmente de ella y posteriormente arrancar de un mordisco uno de los pezones de la joven. La sangre emanando del recién mutilado seno da paso a los títulos de crédito. El desarrollo de la escena no puede ser más lento y violento, ante las negativas de la joven, Vittorio insiste una y otra vez, obligándola a beber y posteriormente desnudándola con malsana recreación. Primeros planos del atormentado rostro de la víctima se intercalan con el lento discurrir de las agujas en un reloj de cuco mostrando de manera tortuosa el “eterno” tormento que está experimentando Silvia.

A partir de aquí, tras dejar clara la psicopatía del Comendador, la película cae en un lento discurrir, acumulando, una detrás de otra, escenas intrascendentes, hilvanadas por un tosco y desaliñado montaje. Un post aparte podría dedicársele a las innumerables faltas de raccord o a la molesta finalización de secuencias desenfocando el objetivo de la cámara. Por contra, se articula un interesante, a pesar de superficial, discurso en torno a la hipocresía de la alta sociedad, de las cuidadas apariencias, y sobre todo del poder corruptor del dinero, que convierte a quienes lo ambicionan en buitres en busca de carroña. A pesar de lo exagerado, es muy ilustrativa la escena en la que el pérfido Vittorio exhibe en mitad de una fiesta el pezón de la joven que guarda como quien guarda un trofeo, los tempranos gestos de rechazo (tan sólo en el rostro de algunos invitados) pronto tornan en aprobación claramente mayoritaria.

El repentino enamoramiento que sufre el malvado empresario no deja de ser curioso, cuando hasta el momento era un auténtico castigador (no sólo en el aspecto físico), que rechazaba cualquier compromiso con cualquier dama para mantener su status de soltero de oro. El grasiento play-boy se convierte de la noche a la mañana en cazador cazado, necesidades argumentales obligan, dando paso a la parte más aburrida de la película. El cortejo de Vittorio a Verónica es de una cursilería insoportable, a saber, paseos por el campo oliendo las florecillas silvestres, carreritas por la playa (todo debidamente edulcorado con las canciones ¿románticas? de turno)… y por supuesto ¡nada de sexo!, ¿qué digo sexo?, ¡ni un casto beso!

Afortunadamente el color de rosa que se estaba apoderando inesperadamente de la cinta se tornará rojo oscuro con la salvaje escena final.

Sesión ultra-hardcore con la esperada castración post-coital, recreada satisfactoriamente al ralentí. Tras el tajazo sufrido por el frío corte de la navaja, manejada con clínica frialdad por la vengativa estudiante de medicina, Vittorio, el otrora torturador, se convierte en indefensa víctima, desangrándose lentamente entre gritos de dolor, su oronda figura, desnuda, luce más patética que nunca, su rostro, con gesto estúpido y bobalicón, despierta cualquier tipo de sentimiento (odio, asco, risa), antes que pena o piedad. Mientras continúa gritando tumbado boca arriba, Silvia, le coloca con inusitada templanza unas gasas para cortar la hemorragia.

viernes, 20 de junio de 2008

SUPERMAN CONTRA LA BANDA NEGRA

Attack from space
Director: Teruo Ishii
Guión: Ichiro Miyagawa
Fotografía: Takashi Watanabe
Música: Chumei Watanabe
Intérpretes: Ken Utsui, Sachihiro Ohsawa, Junko Ikeuchi, Minako Yamada, Shoji Nakayama, Kan Hayashi, Minoru Takada, Utako Mitsuya, Chisako Tahara, Reiko Seto, Akira Tamura, Tomohiko Ohtani, Fumiko Miyata, Johji Ohhara.
(Japón) 1957

Sinopsis:

Los zafirianos, habitantes de la recóndita galaxia de Zafiro preparan una guerra contra el resto del Universo, empezando por la tierra. Para asegurar el éxito de su colonización universal secuestran al terrícola Dr. Yamanaka, experto diseñador de misiles, y a sus hijos. La tierra cuenta con un inesperado aliado. “Superman”, un habitante del evolucionado planeta Esmeralda. Equipado debidamente con un “globómetro”, curioso artilugio creado recientemente por los esmeraldinos, el héroe extraterrestre salvará el planeta de los invasores.

Si normalmente las traducciones al castellano de los títulos originales de las películas dejan bastante que desear, este es un caso especialmente irritante. “Superman contra la banda negra”, así se estrenó la película en España en 1966 y así reza ahora la edición en DVD. Pues bien, ni una cosa ni la otra. “Superman”, que no guarda ningún parecido con el personaje creado por Joe Shuster y Jerry Siegel, más allá de su origen extraterrestre y su capacidad para volar (aunque en este caso vuela gracias al “globómetro” que han inventado sus compatriotas y no a las condiciones favorables que le pudiera proporcionar la atmósfera terrestre) se llama en realidad “Supergiant” y no es más que un japonés vestido con pijama con capa y capucha coronada por una antena, vamos como un participante cualquiera de “Takeshi’s Castle” (Humor amarillo) pero con un poco más de carisma y sin estar manchado de barro. “La banda negra” supuestamente se refiere a los zafirianos, pero estos usan trajes diferentes dependiendo de la sección que ocupen. Pueden ir vestidos con el traje negro, plateado o con el mejor de todos, el de marine, con gorra blanca incluída.

La producción corre a cargo de la Shintoho (Nueva Toho en castellano). Productora japonesa nacida a raíz de las constantes huelgas producidas en el seno de la todopodersa Toho durante los años cuarenta. Especialista desde su creación en producciones exploitation; no en vano, en principio era la división de la Toho encargada de las películas más comerciales, mientras el gigante nipón cultivaba un cine más personal. En 1947 entraría en la nómina de la compañía Teruo Ishii, quien se adaptaría a la perfección al modelo de rodar mucho y barato, seña de identidad de la casa. Tras desempeñar trabajos de guionista y ayudante de dirección y dirigir un film sobre el mundo del boxeo, en 1957, Ishii, dirigirá la saga dedicada a “Supergiant” que le haría popular. Formada por tres entregas: “Superman el invencible”, “Superman ataca a los platillos volantes” y la comentada aquí, “Superman contra la banda negra”, cada entrega es un montaje realizado en EE.UU a partir de dos capítulos del serial japonés original “Supaa Jaiantsu”, constituido en total por seis episodios.

El argumento de esta tercera entrega de la saga es de una simpleza insuperable: Humanidad en peligro por raza extra-terrestre ofensiva salvada por raza extra-terrestre amiga que envía un super-hombre para salvar la tierra. No hay más. Podría servir de base para un guión de “Rambo” salvando a los habitantes de otro planeta.

La ingenuidad de los diálogos, los casposos efectos especiales, las maquetas de cartón de las naves espaciales sujetadas por cables (perfectamente visibles), las transparencias sobre fondos distorsionados, las coreografías a dieciséis imágenes por segundo o incluso los saltos logrados mediante el rebobinado de la imagen, son características comunes en multitud de películas de serie Z de ciencia-ficción de las década de los cincuenta. Sin embargo, esta demencial película posee dos peculiaridades que me fascinan enormemente:

1. El carácter cosmopolita del planeta Esmeralda: Mientras los zafirianos son todos de apariencia semejante a la humana, los esmeraldinos son cada uno de su padre y de su madre, robots todos ellos (si son todos robots ¿Quién los ha construido?) pero cada uno con su propia personalidad. Algunos de ellos tienen forma de estrella de cinco puntas y poseen un solo ojo en la punta superior que además está coronada por un aro, otro, que al parecer lleva la voz cantante en las reuniones, tiene una cabeza cónica de metal con una corona en la cúspide cuyo interior está ocupado por una gran bombilla con forma esférica. Rompiendo con la moda metálica del planeta está nuestro amiguete “superman” luciendo esas mayas que le marcan el slip, que a diferencia de su hortera colega norteamericano, lleva por dentro y no por fuera del pantalón. Se agradece.

2. El globómetro: Espectacular invento presentado bajo la utilitaria forma de un reloj de pulsera que permite a su portador volar, detectar campos radioactivos y hablar cualquier idioma del universo (¡y yo que me preguntaba como se comunicaban los extraterrestres con los abducidos!, que inocente soy), ahora todos sabemos que “Q”, el entrañable inventor de los artilugios que James Bond despedaza en la mayoría de películas de la saga, no es en realidad británico, sino esmeraldino. Un apunte, a pesar de que el invento es made in Esmeralda, la pulsera luce un mapamundi que toma a Japón como centro geográfico.

Dos secuencias puntuales a rescatar: El cambio de traje que protagoniza “Superman” tras un biombo en décimas de segundo (sonrojaría al mismísimo Clark Kent) y la interminable batalla en la que nuestro héroe se pone a ¡disparar! revolver en mano contra los beligerantes zafirianos (desde luego, un superhéroe diferente) aunque estos se levantan una y otra vez sin el menor rasguño (los japoneses, perdón, los zafirianos son así). Por lo demás una película bastante plana, nada que destacar, no hay diálogos especialmente marcianos ni alocados, ni tampoco se explota el filón erótico, más bien el producto es bastante mojigato (estamos aún en los tímidos cincuenta) y tradicional (odiosa la escena en la que “Superman” lleva volando a la hija del Dr. Yamanaka). La película se toma demasiado en serio a si misma, su inexistente tensión dramática, la ausencia de escenas de acción creíbles, el mortecino blanco y negro de la fotografía, en definitiva, su pésima calidad, hacen su visionado sólo apto para gourmets de la caspa más acartonada y completistas de celuloide rancio.

Agradecer la iniciativa de la compañía Naimara producciones que sigue apostando por desenterrar estas joyitas del fantástico nipón y pasarlas a formato digital bajo el nombre genérico de “Asian trash cinema”. “Superman contra la banda negra” está editada en programa doble (al igual que las ediciones precedentes de la colección) junto con “Los invasores del espacio” del desaparecido Kinji Fukasaku, creador de grandes “yakuza eiga” durante la década de los setenta, además de dirigir la exitosa “Battle Royale”. El pack se completa con suculentos extras: Audiocomentarios para “Los invasores del espacio” a cargo de José Luis Viruete, entrevista con Jackie Chan, copiando a George Lucas, escenas eliminadas y un par de cortometrajes, “Objetivo: La Tierra” y “Marcianos al volante”. ¡¡Irresistible!!

jueves, 12 de junio de 2008

SANTO EN EL TESORO DE DRÁCULA

Santo en el tesoro de Drácula
Director: René Cardona
Guión: Alfredo Salazar
Productor: Guillermo Calderón Stell
Música: Sergio Guerrero
Director de fotografía: Raúl Martínez Solares
Intérpretes: Santo el enmascarado de plata, Aldo Monti, Noelia Noel, Roberto G. Rivera, Carlos Agosti, Alberto Rojas, Pili González
(México) 1968

Icono de la cultura pop, héroe infantil, luchador infatigable, personaje de cómic primero e ídolo de la pantalla después. Rodolfo Guzmán Huerta, es decir, Santo el enmascarado de plata, deleitó a grandes y pequeños a lo largo de más de medio centenar de películas, mezclando risa, aventura y escalofrío a partes iguales. Demostrando que también hay sitio para el honor y los valores morales en el cine casposo.

Aunque no se encuentre entre lo más original ni brillante de su filmografía “Santo en el tesoro de Drácula” propone un interesante choque entre el luminoso mundo del luchador mexicano y la oscuridad propia del vampiro más célebre de la historia.

Sinopsis:

Santo ha desarrollado un sistema capaz de devolver a una persona a una vida anterior. Ante la falta de voluntarios para probar su invento, su “amiga”, Luisa, accede a realizar la prueba, regresando a su anterior existencia, en la que era vampirizada por el mismísimo Conde Drácula. Santo y sus colegas observan como se desarrollan los acontecimientos (¡A través de una televisión!), descubriendo que el Conde es dueño de un valioso tesoro; pero, ante el peligro que corre la vida de la joven voluntaria (que está a punto de ser atravesada por una estaca al igual que su aristocrático amante) se ven obligados a intervenir trayéndola de nuevo al presente. A su vuelta intentarán hacerse con el tesoro de Drácula (para repartir entre los más necesitados, ¿qué se pensaban?), pero un misterioso hombre enmascarado, acompañado por sus compinches, seguirá los pasos de Santo y los suyos para intentar arrebatarles el botín. ¡Que empiecen las hostilidades!

En el tono habitual de las producciones del Santo, a saber, una mezcla de aventura fantástica, terror, comedia (con voluntariedad o sin ella) y por supuesto lucha libre mexicana, “Santo en el tesoro de Drácula”, nos transporta a un México decimonónico que es la viva imagen de la Transilvania descrita por Bram Stocker en su novela “Drácula”. La primera parte del film, desde que Luisa (en lugar de Mina) conoce al Conde es un claro plagio-homenaje a la segunda parte de la célebre adaptación cinematográfica llevada a cabo por Tod Browning en 1931 (los planos detalle de los ojos de Drácula son idénticos). Aldo Monti (el actor italiano es, sin lugar a dudas, lo mejor de la película) en el papel que catapultara a la fama a Bela Lugosi, hace su majestuosa entrada elegantemente vestido (pajarita, capa y bastón) y envuelto en brumas. La banda sonora, a golpe de theremin, junto a los primeros planos del intimidante rostro de Aldo y su elegante prosa, crean la necesaria atmósfera desasosegante que debe tener todo relato vampírico que se precie.


Escenas como la de Drácula en su lóbrega cripta, rodeado de su harén particular sometiendo a nuevas doncellas, o la llegada del vampiro, convertido en murciélago, a la alcoba de Luisa (cargadas ambas de un delicioso erotismo gótico), sitúan la película en un punto intermedio entre las cintas de la Universal de los años 30 y 40 (por su escenografía) y las producciones de los 50 y 60 de la Hammer (la incorporación de colmillos al vampiro y la utilización de su mordedura como simil sexual) subiendo notablemente el nivel habitual de las producciones del Santo.

En cuanto Santo vuelve a aparecer en pantalla, el ambiente malsano desaparece de inmediato, dando paso a la sucesión de escenas delirantes que repetiría a lo largo de su dilatada filmografía: Santo pegándose con los malos (con todos a la vez), haciendo gala de su repertorio técnico en cuanto a llaves de lucha se refiere (en esta ocasión contaría además con la ayuda de gadgets bondianos, como su radio reloj, imprescindible en el desenlace de la trama) descifrando el misterio para encontrar el tesoro (el que vale, vale) y saliendo victorioso de su ineludible cita con el ring.

Personajes estereotípicos sustituyen en la segunda parte de la función al interesante Conde:

El Doctor Sepúlveda: intelectual y mano derecha del Santo, habla poco (no vaya a ser que el enmascarado de plata le suelte una tollina), pero cuando lo hace es con conocimiento, siendo de gran ayuda para la solución problemas.

Perico: Flaco, vestido de manera extravagante y con enormes gafas de pasta; propicia la mofa del resto del grupo, (se supone que también del espectador) por su actitud cobarde y ridícula, protagonizando todos los chistes de la película (especialmente marciano el incidente con el silbato). Santo lo tiene totalmente bajo su control y lo utiliza a su antojo, llegando a abofetearlo o a dedicarle lindezas del tipo “Eres muy listo, te felicito, ¡idiota!” (da gusto tener amigos así).

Luisa: La heroína, de carácter fuerte y decidido, supuestamente bella. Luce un cardado imposible y vestimenta futurista (atención al chándal plateado que se gasta la niña, modelito imprescindible para viajar en el tiempo), poco más (está claro el carácter eminentemente machista de las películas de Santo, dónde las mujeres son meros objetos decorativos).

La troupe de malvados: Liderados por un cerebro tan brillante como perverso, el hombre enmascarado (su identidad será desvelada en la parte final, permanezcan atentos), guiado siempre por la ambición, al que siguen sus esbirros que tiemblan con sólo oír el nombre del luchador enmascarado. Su mano derecha es su forzudo hijo, Atlas, quien se batirá sobre el ring contra el Santo (como si el pobre tuviera alguna opción)

En definitiva, una primera parte que prometía una película “diferente” del Santo, con regusto clásico al buen cine de vampiros, pero que desgraciada o afortunadamente, (dependiendo del gusto del respetable) acabó como siempre, hostias varias, malos atrapados, y Drácula (resucitado de manera más que forzada) junto con sus novias convertidos en ceniza. Happy end .

domingo, 8 de junio de 2008

LOS OJOS AZULES DE LA MUÑECA ROTA

The blue eyes of the broken doll.
Director: Carlos Aured
Guión: Jacinto Molina y Carlos Aured (Sobre una historia de Jacinto Molina)
Música: Juan Carlos Calderón
Director de fotografía: Francisco Sánchez
Productor ejecutivo: José Antonio Pérez Giner
Intérpretes: Paul Naschy, Diana Lorys, Eduardo Calvo, Eva León, Inés Morales, Antonio Pica, Pilar Bardem, Luis Ciges, Maria Perschy
(España), 1973

Jill es un preso fugado que, bajo su nueva identidad, intenta huir del patíbulo y de sus propios recuerdos, dominados por el asesinato de su esposa a la que el mismo mató. Una buena mujer, Claude, que comparte oscuro pasado con Jill, (su mano derecha está cubierta por una prótesis que oculta una terrible mutilación) lo recoge una noche mientras éste hacía auto-stop y le ofrece trabajo como encargado de mantenimiento de su caserón, cerca de la localidad de Angers (Francia), donde la mujer vive junto a sus dos hermanas, Nicole, (de apetito sexual insaciable) e Ivette, (postrada en una silla de ruedas desde hace años) y una enfermera, Michele.

Mientras Jill va desarrollando sus quehaceres diarios en el caserón, comienza a atraer la atención sexual de las solitarias hermanas (muy cachonda esa escenita filo-gay en la que Naschy corta troncos en el jardín con el torso desnudo ante la lúbrica presencia de Nicole, la cual se le acerca como una gata en celo y mientras roza su sudorosa espalda con uno de sus dedos le susurra al oído “Eres muy fuerte”). Más tarde, la ardiente Nicole, en una escena tan directa que convertiría en mojigata a cualquier producción pornográfica, irrumpe en mitad de la noche en la habitación del vigoroso huésped, portando únicamente una bata semitransparente sobre su conjunto de ropa interior. Atención al profundo diálogo de cuidada prosa.

-Paseaba por el jardín y ví la luz encendida, padezco insomnio.
-Yo tampoco puedo dormir (responde el eventual galán).

(Ya no hay más diálogo, a partir de aquí se suceden los arrumacos, los suspiros y los jadeos, aunque nuestro torturado mozo no es capaz de copular con la hembra por el trastorno a causa del asesinato de su esposa, se supone. La escena se parece a otro gatillazo cinematográfico, el de Bill Pullman en “Carretera perdida” David Lynch, 1997, aunque con Patricia Arquette en la cama no hay excusa que valga).

A pesar del pequeño incidente pronto Jill ejercerá de semental y retozará alegremente con la fogosa muchacha. A consecuencia de ello, un ex-novio de la traviesa amante intenta apuñalar al pobre Jill, quien se muestra diestro en el combate cuerpo a cuerpo, aunque no logra evitar una cuchillada en el costado.

Tras el temporal llega la calma, en forma de nuevo revolcón, en esta ocasión con Claude, la señora de la casa. Momentos previos al coito, ante la pregunta que ésta le hace sobre si abandonará la casa tras el incidente, nuestro bravo galán (desde ya, ídolo) alzando sus plumas de pavo real con una frase que parece plagiada al mismísimo Chuck Norris, responde con rotundidad: “Yo no me asusto fácilmente, soy demasiado duro, desde ahora tendré más cuidado por si vuelve, aunque él se llevó lo suyo” (¡así de chulo es él!).

Esta primera parte del metraje de marcado carácter erótico-festivo da paso a una segunda parte mucho más seria y truculenta que no desmenuzaré para no revelar acontecimientos claves de la trama. Los asesinatos comienzan a sucederse, (cada vez recreados con más detalle) y tanto el doctor de la familia como el gendarme de la localidad sospechan de Jill, debido a su condición de forastero y a su reservado carácter. La investigación lleva al descubrimiento de la verdadera identidad de Jill, como era de esperar; ahora está atrapado y se ve obligado a huir de nuevo, pero ¿es realmente el asesino? Un final sorprendente y alucinado nos revelará toda la verdad (merece la pena que lo vean, sin duda, lo mejor de la película).


Última de las colaboraciones que llevarían a cabo el recientemente fallecido director Carlos Aured, y el polifacético Paul Naschy (pseudónimo tras el que oculta su verdadero nombre, Jacinto Molina Álvarez) tras “El espanto surge de la tumba”, “El retorno de Walpurgis” y “La venganza de la momia”, todas ellas rodadas en el 73. Naschy, que contribuyó a la película (además de realizar el papel protagonista) con la escritura del guión, es uno de los grandes nombres del cine fantástico patrio. Se le conoce como el Lon Chaney español por la multitud de papeles que le ha dedicado a su amado cine fantaterrorífico; sobre todo en el rol de hombre-lobo, papel que le permitiría debutar como protagonista (y que el mismo escribió) en la clásica “La marca del hombre lobo” de Enrique López Eguiluz, 1968 (donde aparece por vez primera su personaje de Valdemar Daninsky) a la que seguirían entre otras “La noche de Walpurgis” León Klimowsky, 1970, “El doctor Jeckyll y el hombre lobo” León Klimowsky, 1972 o “El retorno del hombre lobo”, Jacinto Molina, 1980, (film adaptado hace unos meses al formato cómic, con espléndidos dibujos de Javier Trujillo). Licenciado en arquitectura y campeón de España en halterofilia en 1958, Naschy cuenta en su haber con catorce películas dirigidas. Todo un todo-terreno que al igual que el genial Jess Franco es más conocido y valorado allende los mares que en nuestra propia tierra.


La película es una de las pocas incursiones del cine español en el giallo. Por su naturaleza a caballo entre el policiaco y el cine terror, a pesar de no ser de nacionalidad italiana, el film cumple con las convenciones del género. La identidad del asesino no es revelada hasta el final y éste va rigurosamente vestido con abrigo largo y guantes negros, como manda la tradición. Destacable es también el regusto sádico en la consecución de los crímenes. El título (que hace referencia a los ojos azules que el asesino arranca a sus victimas de rubio cabello) también hermana con clásicos del género, en su gusto por la truculencia y la sonoridad, “Una mariposa con alas ensangrentadas” Duccio Tessari, 1971, “I Corpi Presentano Tracce de Violenza Carnale” Sergio Martino, 1973 o “El pájaro de las plumas de cristal” Dario Argento, 1970.

Etiquetados genéricos aparte, la película es producto de su época. Desde los títulos de crédito nos acompaña la música hortera característica de tantas producciones españolas rodadas durante los sesenta y setenta; lo mismo servía para una película de Paco Martínez Soria, Gracita Morales o para una de terror, como es el caso (adornada en esta ocasión por unas notas fúnebres al chelo). La economía de las producciones exigía un rodaje apresurado, lo que resentía la calidad final de la obra, en la que abundan escenas de relleno y planos técnicamente deficientes, como los zooms violentos y acelerados tan socorridos por aquel entonces en el cine terrorífico. La iluminación deja también bastante que desear, sobre todo en las escenas nocturnas. Un claro ejemplo de ello es la secuencia del cementerio donde se produce el primero de los asesinatos.

Como ya se ha descrito más arriba las escenas subidas de tono son abundantes, lo que deja al descubierto el carácter decididamente exploit del producto (sangre y sexo). La explotación de la violencia llega a sus cotas más altas en la escena en la que un cerdo es degollado realmente en plano detalle, ¡puro mondo!. Ignoro si el metraje del que he podido disfrutar (edición en dvd perteneciente a la colección Paul Naschy, distribuída por Tripictures) sería el mismo que en su día fue estrenado en España, lo que resultaría, cuanto menos, sorprendente, teniendo en cuenta que ese mismo año los españolitos tenían que cruzar los pirineos para ver a Marlon Brando y su famosa escena con mantequilla incluida en “El último tango en París”, Bernardo Bertolucci, 1973.

La escena final es absolutamente enfermiza (con detallito gore incluído que hará las delicias de los seguidores de Lucio Fulci o George A. Romero y que no pienso desvelar), recordándonos a otro de los clásicos por antonomasia del gore cañí, como es “La residencia” Narciso Ibáñez Serrador, 1969, que nos sumerge en el desquiciado mundo de la mente del psicópata como hiciera el maestro Alfred Hitchcock con Norman Bates en su deslumbrante “Pshyco” 1960.