martes, 25 de noviembre de 2008

LIVERPOOL

“Liverpool”
Director: Lisandro Alonso
Guión: Lisandro Alonso, Salvador Roselli
Intérpretes: Juan Fernández, Giselle Irrazabal, Nieves Cabrera.
(Argentina, Francia, Holanda, Alemania, España), 2008

Lisandro Alonso vuelve nuevamente al Festival Internacional de Cine de Gijón tras la retrospectiva completa de su obra, compuesta por aquel entonces por “La libertad”, “Los muertos” y “Fantasma” que se proyectó en 2005.

La presentación que llevaron a cabo en el Teatro Jovellanos su director y su productor no auguraba nada bueno. Lisandro Alonso (director), de look desaliñado (una especie de Fernado León de Aranoa con acento che) comentó lo agradecido que estaba a este festival en el que se sentía como en casa. El productor (en realidad uno de los cinco entre los que se encuentra también el propio Lisandro) lucía un traje a cuadros tan llamativo y desafortunado como las declaraciones que tuvo la caradura de soltar ante el respetable (que no pareció serlo para él)

Todo comenzó con una preocupante y pretenciosa frase: “Hacemos películas anómalas”, continuó con la cínica y falsa de “no hacemos cine por dinero, para eso están otros”, incluso afirmó “seguimos buscando mejorar la gramática cinematográfica” y prosiguió con la perorata con ese aire de seguridad que da el saberse un artista que está por encima del resto, que se encuentra en posesión de la verdad y por tanto está en el derecho y la obligación de enseñar a los demás lo que es el buen cine (vamos, de lo más humilde) A continuación, tras retirarse del escenario los perpetradores del atentado cinematográfico que íbamos a presenciar y correrse las cortinas del teatro, allí estaba ante nosotros, mirándonos con bufa y desdén: El horror.

Cámara fija, dos jóvenes sentados en un sillón jugando a la play-station, otro joven, en pie y al fondo de la estancia pésimamente iluminada (les juro que me dolían los ojos para poder discernir algo en aquella horrible y esperpéntica fotografía), el joven que se encuentra levantado abandona la habitación y se dirige a otra estancia, tras esto la palabra “Liverpool” en rojo se superpone a un fondo negro dando un adelanto del sopor que se cerniría sobre las butacas durante el resto de la proyección. Hora y media de planos fijos (unos pocos, teniendo en cuenta que de media deben salir a cinco minutos cada uno) en la que un marino, una vez llega a tierra, bebe vozka, va de putas, bebe vozka, come a tiempo real y en riguroso plano fijo (no vayamos a romper la exquisita planificación) viaja hasta la Patagonia (atravesando bellos y sobrecogedores paisajes, todo hay que decirlo) a visitar a su madre, la cual se encuentra enferma, que vive acompañada de su marido y una niña que presenta síntomas de retraso mental (mientras sigue bebiendo vozka, creo que era el elemento que mostraba la depresión y desesperanza del personaje ¡que sutil, que profundidad!), para después marcharse (en plano general y fijo) mientras el tostón continúa unos veinte minutos más con el abuelo y la nieta haciendo de tramperos cazando zorros hasta que la niña saca del bolsillo un llavero que pone Liverpool (en un impresentable plano que corta la cabeza a la niña).

¿Pero qué cojones es esto? Me preguntaba acertadamente mi compañero de butaca hacia la mitad de la sesión, un leve gesto alzando las manos por debajo de la cabeza fue todo lo que pude responder. Mi incredulidad iba en aumento al ver que nadie se levantaba de su butaca (cuando los hay que se levantan en películas más que notables), nuestro gesto de asombro fue mayúsculo al ver que incluso hubo gente (no poca) que aplaudía. Pero, a la salida del teatro, cuando no vimos ambulancias ni camisas de fuerzas para llevar a un lugar apropiado a aquellos que habían tenido la demencia de aplaudir no nos lo podíamos creer.

¿Habíamos sido objeto de una burla, de un insulto?, ¿realmente esta gente piensa que está haciendo cine?, ¿se creen su discurso?, ¿cómo se atreven a meterse con otras cinematografías diciendo que eso no es cine? ¿Cómo pueden decir que no hacen cine por dinero, viven de caridad? Porque que yo sepa el cine es un negocio, nació como un espectáculo popular, sigue siéndolo y yo pagué para ver la película de estos señores lo mismo que pagué por el resto. No estamos hablando de cine amateur, esta gente exhibe sus películas por festivales, reciben apoyos para realizar sus películas (venga el dinero de donde venga) y estarían encantados de vender sus derechos a la T.V como todo el mundo ¿a quién pretenden engañar?, si en realidad hicieran cine por amor al medio harían películas sólo para ellos (que gran favor nos harían) y no las exhibirían por todo el mundo, a parte de aumentar su ya de por si densa egolatría esta gente busca la pasta, como todo el mundo.

¿Sabe esta gente quien fue D.W. Griffith o Sergei Esisenstein?, ¿saben que existe un lenguaje cinematográfico? Poner una cámara en un trípode enfocando un paisaje mientras un hombre deambula por él no es cine, es una toma, un plano. Un niño con un teléfono móvil realiza en cinco minutos creaciones audiovisuales con más fuerza y más sentido que la película de Lisandro Alonso, y sobretodo y más importante, más entretenidas. Ese es el principal cometido del cine, entretener, y se puede conseguir sin renunciar por ello a la calidad cinematográfica (inexistente a todas luces en el trabajo de esta gente), sino que se lo pregunten a Alfred Hitchcock.

¿Cómo puede haber críticos cinematográficos, como Carlos Losilla que escriben sobre “Liverpool” alabanzas como la siguiente: “…su estilo ha alcanzado una madurez que, sin abandonar la frescura de los hallazgos anteriores, exhibe una respiración muy cercana a la plenitud.”? Dejemos de apoyar a este tipo de realizadores que no aman el cine sino a si mismos y que dicen no querer vender su cine. Evidentemente, lo de ellos es vender humo.

Finalizo este enfado monumental en forma de post y escrito totalmente en caliente, (honestidad ante todo), dejándoles con unas palabras del maestro Lisandro Alonso, disfruten con sus visionarias revelaciones.


jueves, 20 de noviembre de 2008

46 FIC XIXÓN


O lo que es lo mismo, la edición número 46 del "Festival Internacional de Cine de Gijón" que se inauguró ayer, 20 de noviembre y se prolongará hasta el sábado 29.

Casi medio siglo de vida para un Festival que ha ido al compás de su tiempo. Lejos queda ya aquel año 1963, en el que este pequeño gran festival veía la luz bajo el nombre de “Certamen Internacional de Cine y TV Infantil”.

A pesar de que en la actualidad el festival esté dedicado al cine independiente y/o “invisible” (ese cine, en muchos casos de categoría innegable, que se exhibe en los principales festivales de cine independiente del planeta y que se comenta en las páginas de las revistas más especializadas pero que en raras, muy raras ocasiones consigue abrirse hueco en las cada vez más generalistas y uniformes carteleras españolas) el cine dedicado a los más jóvenes sigue estando presente, como el primer día, con la cuidada selección de películas que cada año se exhiben dentro de la sección “Enfant Terribles”.

Desde que José Luis Cienfuegos cogiera la batuta del festival en 1995 la heterodoxia y la diversidad cultural han enriquecido año tras año las pantallas del Teatro Jovellanos durante los nueve días que dura el Festival. Cinematografías tan reconocidas y admiradas como la norteamericana o la francesa han compartido cartel con otras más desconocidas o incluso ignoradas, pero no por ello de menor importancia como la iraní, belga o eslovena. Este año, como ocurriera anteriormente en el pasado Festival de Cannes, la cinematografía con más efectivos en el festival es la argentina (aunque la mayoría de películas se engloben en realidad dentro del llamado cine transnacional, pues su producción sería imposible sin el esfuerzo económico e intelectual de varios países), además de los cuatro títulos (de un total de veintidós) incluidos en la sección oficial: “Liverpool” de Lisandro Alonso, “Una semana solos” de Celia Murga, “Salamandra” de Pablo Agüero y “La mujer rubia” de Lucrecia Martel, se realizará una retrospectiva de la obra de esta gran realizadora.

Se mantiene como cada año las sección de “Llendes”, dónde podremos contemplar propuestas tan dispares como “Vermilion Souls”, ópera prima del japonés Masaka Iwana, el maestro de la danza Butho “…una disciplina que exige total estaticidad a los bailarines y que imita el modo de moverse de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki” o “Z32” el documental de guerra del especialista en la materia Avi Mograbi. “Esbilla” es otra de las secciones fijas que cada año nos sorprende con sus interesantes y variopintas propuestas, “Bendito Canalla, la verdadera historia de Genarín” de Asunción Blanco rememora las andanzas de este peculiar vecino de León, fallecido ya hace setenta y siete años pero cuyo recuerdo sigue vigente, también estará presente en el ciclo el célebre director canadiense Atom Egoyan con la presentación de su último trabajo “Adoration”.

La obra de los libaneses Johanna Hadjithomas y Khalil Joreige y del austriaco Peter Tscherkassky será objeto de sendas retrospectivas. Los ciclos que en pasadas ediciones se dedicaban a los nuevos cines de cinematografías como la española, la italiana o la francesa, tendrá como protagonistas en esta ocasión a directoras europeas actuales, bajo el título de “Una parte del cielo: directoras europeas en el nuevo milenio” se englobaran quince largos que pretenden aglutinar una mirada común.

El plato fuerte para el que escribe estas líneas lo supone el ciclo “La utopía yanqui”, que la estupenda revista “Cahiers du cinema (España)” ha tenido el acierto de desmenuzar en un cuaderno especial que acompaña su número de noviembre.

Introducción, reflexiones, comentario de todas y cada una de las películas que se proyectarán en el ciclo, filmografías de los directores y entrevistas a algunos de ellos. Un estudio exhaustivo y muy recomendable. Algunas de las películas que nos ofrece el ciclo: “La trinchera luminosa del presidente Gonzalo”, “Interkosmos”, “The Juche Idea” todas ellas de Jim Finn, “Who´s Bozo Texino” de Bill Daniel o “Red Hollywood”.

En el ya mencionado ciclo de “Enfant Terribles” se podrán ver desde artes marciales, en la nipona “Kung fu kid” de Issei Oda, pasando por la animación de “Mia et le Migou” del galo Jacques Rémy-Gired hasta cine adolescente, como el propuesto por Mani Maserrat Agah en “Ciao Bella”. El nuevo y flamante teatro de “La Laboral” ha sido el escogido para proyectar la totalidad del ciclo. Nueva sede que uniendo fuerzas a los Cines Centro, El Antiguo Instituto Jovellanos, el Centro Integrado Pumarín-Gijón Sur, y el Teatro Jovellanos acogeran la totalidad de la programación.

La alocada comedia “Choke” del norteamericano Clark Gregg daba, la pasada noche del jueves en el Teatro Jovellanos, el pistoletazo de salida tras la gala de inauguración (presentada por una nerviosa, balbuceante, y, en absoluto inspirada, Estibaliz Gabilondo), a un maratón de doscientas películas que inundarán la pequeña villa asturiana de celuloide durante nueve intensos días. Las noches estarán ocupadas por la mejor música, “Doctor Explosion”, “Russian Red”, o los gijoneses “MyStereo” pondrán la banda sonora a la cinefilia que estos días se apodera de la ciudad.

martes, 18 de noviembre de 2008

SÓLO QUIERO CAMINAR

“Sólo quiero caminar”
Director: Agustín Díaz Yanes
Guión: Agustín Díaz Yanes
Intérpretes: Diego Luna, Ariadna Gil, Victoria Abril, Elena Anaya, Pilar López de Ayala, José María Yazpik, Patricia Reyes Spindola, Carlos Bardem.
(España, 2008)

Cuatro “hermanitas de sangre” Aurora, Ana, Paloma y Gloria, son sorprendidas cuando intentan robar a unos mafiosos rusos, siendo una de ellas, Aurora, capturada y condenada a ocho años de cárcel. Las felaciones que las otras tres practican a dos poderosos hombres cambiarán sus vidas. Ana enamorará así a un mafioso mexicano que le pide matrimonio, mientras que Paloma y Gloria consiguen sacar a Aurora de la cárcel haciendo lo propio con el juez que la condenó. Tras conseguir Aurora la libertad en España las tres parten para México para atracar al marido de Ana, a la cual éste ha dejado en coma como consecuencia de sus constantes maltratos. La venganza femenina será cruel y contará con un inesperado aliado, Gabriel, amigo de la infancia del marido de Ana, cuya madre fue asesinada por su propio marido.

Agustín Díaz Yanes vuelve a la dirección tras la decepcionante Alatriste con una propuesta que, si bien comparte errores en cuanto a falta de ritmo en el montaje con su anterior obra, sorprende gratamente por su falta de prejuicios y la apuesta por una película de acción realizada desde las entrañas.

Tano, apodo por el que se conoce al director madrileño, recupera al personaje de Gloria Duque (interpretado por Victoria Abril) de su ópera prima “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, siendo lo único que recupera de aquella. Nada tiene que ver aquel thriller dramático y autoral con esta muestra de cine de género(s) o sub-género(s) (cine sobre mafias, vengeance movies), cómica y salvaje a partes iguales.

Estamos ante una película única en cuanto a su naturaleza. A pesar de tratarse de una película de género con todos los clichés, formalismos y estereotipos propios de su categoría, (violencia y sexo gratuitos, desigualdad económica como generador del conflicto), de intentar seguir (sobre todo en cuanto a planificación) los patrones de cierto cine de acción made in U.S.A desde Martin Scorsese a Quentin Tarantino (deudores a su vez del cine de acción made in Hong-Kong de finales de los ochenta y principios de los noventa), de tener un guión alocado, inverosímil y absurdo, (propio de una producción de serie b o z), cuenta con un reparto de lujo sobre el que recae el peso de la acción. Es decir, nos encontramos con una película de género acelerada, violenta y alocada que a la vez es una película de actores (muy bien interpretada). Cuando además de todo esto hablamos de cine español (subvencionado), el caso de “Sólo quiero caminar” más que único se antoja irrepetible.



El reparto coral no podría estar en mejores manos, sobresalen del conjunto Ariadna Gil y Diego Luna. La primera en un papel tan extraño como inolvidable. Una suerte de super-heroína vengadora (me niego a decir Mamba Negra porque Tarantino no se inventó este tipo de personajes) experta en la construcción de las armas más inverosímiles (atención a la bicicleta ametralladora, toda una delicia para los amantes del cine de acción sin prejuicios o los nostálgicos de McGiver o el equipo A) y adicta a los prostitutos a domicilio; una heroína de manga con vestido y sangre flamencos que Ariadna sabe interpretar magistralmente en todas y cada una de sus facetas. Diego Luna se calza el traje (¡y que bien le queda al condenao!) del elegante matón mexicano Baby face, conocido también como el arcángel (no en vano se llama Gabriel), quien tiene tan buena mano con las mujeres como con las armas de fuego. Con este personaje Díaz Yanes hace un guiño (plagio/homenaje, como gusten) al interpretado por Alain Delon en “Le samourai” de Jean-Pierre Melville (véase la escena en la que Gabriel sale de un cine que anuncia en su rótulo dicho título), salvando las evidentes distancias con la indiscutible obra maestra del cineasta francés, el joven actor mexicano construye un personaje más que digno, siendo quizá el más verosímil de la historia. La fuerte atracción sexual que se produce entre ambos personajes afecta en gran medida al desarrollo de la historia y la química existente entre actor y actriz es inmejorable, la falta de diálogos no impide la comprensión de una historia de amor tan pasional como trágica, como los mejores tangos.

Entre el resto de intérpretes destacar la grata e histriónica presencia de José María Yazpik quien con trajes horteras, ademanes macarras y lenguaje malsonante construye a la perfección su personaje. Capo de la mafia mexicana, marido maltratador y amigo del alma de Gabriel, su mano derecha. Un hombre tan duro e inflexible a la hora de negociar, como aventurero en asuntos del corazón, ¿o cómo llamarían a alguien que pide matrimonio a una prostituta después de que ésta le haya practicado una felación? (aunque tratándose de Elena Anaya…) Su obsesión por la historia de Pretty Woman no le saldrá tan rentable como sus anteriores business.


Quizá falte profundidad (mucha), escenas, o ambas cosas, al resto de personajes para que el espectador llegue a comprender sus acciones. Especialmente al de Paloma, interpretada por Pilar López de Ayala, una empleada de juzgado que a pesar de su puesto de trabajo roba y se prostituye como el resto de sus compañeras (absolutamente incomprensible la escena en la que aparece vestida de monja hablando con la virgen en una iglesia). Gloria Duque sobrevive como puede a las órdenes de Gabriel y confía la educación de su hijo a las cafeterías de la ciudad mientras realiza su trabajo. El niño escribe bien y tiene imaginación pero prefiere el toreo, como su padre. La presencia de Elena Anaya en el papel de Ana es breve (al menos en su estado consciente) pero Elena está bonita incluso en estado de coma, ya no digamos vestida de novia.

La falta de diálogo o de matización del carácter de algunos de los personajes no resta fuerza a la historia que nos atrapa a través de las acciones. La fuerza visual y el vigor y la maestría con la que están filmadas la mayoría de sus escenas salvan el conjunto a pesar de lo forzado de su argumento.

Lo que para muchos (no digo que les falte razón) pueda suponer una tremenda incongruencia en la realización del guión, debido a sus constantes cambios de tono, a mí me parece un sorprendente soplo de aire fresco (no digo que intencionado). La primera parte de la historia pasa de la sordidez y la incomodidad (la escena en la que un mafioso ruso orina sobre Aurora tras detenerla, o las felaciones que practican Ana y Paloma a los mafiosos) a la comedia más delirante (la escena de la boda con la canción de “Pretty Woman” o las constantes alusiones burlescas de Gabriel al matrimonio de su amigo con una prostituta: “Con putas no, güey”). A medida que avanza el metraje la historia va adquiriendo tintes dramáticos (escenas de gran altura cinematográfica como la conversación entre el jefe coreano y Gabriel) con la calculada y cruel venganza de las féminas heridas que terminará, como mandan los cánones, con la aniquilación de todos los barones (castración de por medio incluida).

Cine de acción, venganza, asesinato, mafias rusas, mexicanas y españolas, sexo, amor, odio, tragedia, comedia, todo tipo de armas de fuego, mujeres bellas y flamenco. Caspa cañí en formato de lujo en V.O sin necesidad de subtitulos y algunos minutos del “Grupo Salvaje” de Peckinpah en V.O. con subtítulos. No se puede pedir más.

viernes, 31 de octubre de 2008

THIS IS HALLOWEEN

¡Féliz Halloween, chaatos!
31 de octubre, víspera de todos los santos (“All Hallows’Eve”). Halloween. La noche más especial del año para los amantes del terror. Una de las fechas más populares en el mundo occidental. Una fecha tan señalada merecía que vuestro perezoso y humilde anfitrión se levantara cual Drácula de su particular tumba creativa, ejercitando su oxidada mente y estirando sus fríos y contraídos dedos para escupir un puñado de palabras sobre el teclado dedicadas al evento.

Festividad aparentemente reciente, teniendo en cuenta el tipo de celebración actual (el primer gran desfile de Halloween, tal como lo conocemos, se realizó en 1921 en Minnesotta). Sus orígenes se remontan hasta hace más de 2500 años, cuando el pueblo celta celebraba cada 31 de octubre el último día del verano (sólo distinguían dos estaciones: verano e invierno), día en el que retiraban al ganado del campo para encerrarlo en los establos. Ante el supersticioso temor de que los muertos salieran de sus tumbas y se apoderaran del mundo de los vivos decoraban el exterior de sus casas con oscuros motivos para que los difuntos dieran media vuelta. La festividad se ha ido transformando a lo largo de los siglos con la influencia que otras culturas han tenido en ella, desde los romanos hasta los irlandeses del siglo XIX, quienes se la llevarían consigo a EE.UU tal y como la conocemos actualmente.

El cine norteamericano de bajo presupuesto ha sido el máximo responsable de la popularidad que goza Halloween. Películas como la fundacional (de un género, de una saga, de un estilo) “La noche de Halloween” (John Carpenter, 1978) mostraban como los niños norteamericanos se disfrazaban para ir de puerta en puerta en sus acomodados barrios pidiendo “truco o trato” y recibiendo golosinas de sus amables vecinos. Claro está que el tierno Michael Myers guardaba otros siniestros intereses bajo su traje de payaso, convirtiéndose, ya adulto, en símbolo del Halloween moderno con su vestimenta oscura, su máscara blanca y su inseparable cuchillo.


¿Truco o trato?

La obra maestra de Carpenter destaca, debido a su gran repercusión, como la mayor difusora de la festividad al resto del mundo. Sin embargo, han sido innumerables las obras que se han ocupado de retratar la noche de Halloween antes y después del mencionado slasher.

En 1905 se estrenó en el cine el primer documento filmado sobre la festividad, de inequívoco título “Halloween”. En 1931, superada la época silente, se filmaría el primer trabajo sonoro en forma de cortometraje, bajo el mismo título que su antecesor mudo, dentro de la serie “Sporting Youth”.

El icono de la fiesta, la calabaza, que los americanos tomaron como símbolo en sustitución del nabo iluminado que portaba Jack O’lantern (según cuenta la leyenda, Jack el tacaño, tras sus malas obras en vida y engañar al mismísimo Satán fue rechazado tras su muerte tanto en el cielo como en el infierno, siendo obligado a pasearse de tal guisa), tiene también su protagonismo cinematográfico, como cabeza de un macabro jinete (partiendo del relato de Washington Irving). Tres veces ha cabalgado el siniestro caballero por la pantalla, en “The Headless Horseman” (Edgard D. Venturini, 1922), “The legend of Sleepy Hollow” (Clyde Geromini y Jack Kinney, 1958), producción animada de la factoría Disney y “Sleepy Hollow” (Tim Burton, 1999).

El mismo Burton, consumado gótico, se encargaría de crear (en funciones de guionista) al inolvidable personaje de Jack Skellington, señor de Halloween en “Pesadilla antes de navidad” (Henry Selick, 1993), quien tras descubrir la festividad del 25 de diciembre intentaría darle su toque macabro. Santa Claus se llevaría la peor parte siendo secuestrado.

En el 2003 llegaba a las pantallas de todo el mundo un justo homenaje a Halloween y al cine de terror. Un cuento de terror tradicional y postmoderno, siniestro y colorido, cruento e hilarante. “La casa de los 1.000 cadáveres” fue una vuelta de tuerca a la noche de Halloween, de la broma pesada se pasó a la pesadilla y de ahí, al infierno en la tierra, o más bien, bajo tierra. Una nueva troupe de freaks dementes y sanguinarios tomaron de golpe las riendas del mejor cine de terror made in U.S.A, como discípulos aventajados de sus antecesores de los 70 y 80 (Myers, Jason, Kueguer). Lejos de ser asesinos mecánicos anti-sociales, ahogados rencorosos con sed de venganza, o pederastas “quemados”, recuerdan más a la familia tejana creada por Tobe Hooper en su espléndida “The Texas Chainshaw masacre”, (La matanza de Texas, vaya) pero con una mente mucho más brillante y un amplio conocimiento de la cultura popular norteamericana (John Wayne, los Hermanos Marx, y, por supuesto, todo el santoral patrio de psicópatas, desde Ed Gein hasta Charles Manson). Las andanzas de Baby, Otis, Dr. Satán, Capitán Spaulding, Rufus, Tiny y mamá Fireflly tendrían su continuidad en esa epopeya a caballo entre el western crepuscular y el cine de terror que llevó por título “Los renegados del diablo”.

Rob y su esposa Sheryl Moon. El cineasta parece decirnos: ¿A qué está buena la gachí?

La culpa de este revival del traje de monstruo de Halloween en las pantallas la tuvo fundamentalmente la cultivada mente y la mirada viciada que su director, Rob Zombie, supo imprimir en ambas entregas. El músico y cineasta de Massachussets ya había demostrando durante toda su carrera musical su admiración por el cine de terror, siendo ahora uno de los integrantes de la nueva generación de maestros del género junto a Alexandre Aja, Neil Marshall, Zack Snyder o Eli Roth. Un auténtico freak (en el mejor sentido del término) dentro de la industria de cine norteamericano. Es lógico que fuera el encargado de realizar el re-make de “La noche de Halloween” en 2007, rescatando del olvido a otro fuera de serie del séptimo arte como es Malcolm McDowell (no me digan que el disfraz del drugo Álex no luciría en una noche como la que nos aguarda) para el papel del Dr. Loomis.

martes, 9 de septiembre de 2008

HERCULES EN LA CONQUISTA DE LA ATLÁNTIDA

"Ercole alla conquista di Atlantide"
Director: Vittorio Cottafavi
Guión: Vittorio Cottafavi, Sandro Continenza
Intérpretes: Reg Park, Fay Spain, Ettore Manni, Luciano Marin, Laura Efrikian, Enrico Maria Salerno, Ivo Garrani, Gian Maria Volonté, Mimmo Palmara, Mario Petri, Mino Doro, Salvatore Furnani, Alessandro Sperli, Luciana Angiolillo.
(Italia-Francia, 1961)
Continuando con las reseñas de las películas proyectadas en el ciclo "Peor... Imposible! X", hoy le toca el turno a este peplum con elementos fantásticos dirigido por Vittorio Cottafavi. Uno de los nombres propios más destacados que tuviera el popular género italiano, responsable de títulos como "Las legiones de Cleopatra", "Toro bravo" o "La revuelta de los gladiadores". La segunda propuesta de buen cine de género programada por el festival tras la proyección, la noche anterior (Jueves 28 de Agosto), del clásico de Ciencia-ficción, "El último hombre sobre la tierra". Película que fuera objeto de reseña en este blog en el mes de Mayo http://fagiafilia.blogspot.com/2008/05/el-ltimo-hombre-sobre-la-tierra.html.
Sinopsis:
Hércules, Androcles(rey de Tebas) e Hilos(hijo de Hércules) tienen una visión en la que los dioses les advierten de que un desconocido peligro acecha sobre Grecia. Androcles, en su fallido intento de unir a los griegos y formar una flota para enfrentarse al enemigo, decide embarcar únicamente con la ayuda de Hilos (que viaja de tapadillo para no despertar la ira de su padre), Timoteo (un bufón enano) y Hércules (quién se niega y al que Androcles seda antes de embarcar), además de un ejército formado por condenados a muerte. Tras dejar en una isla a los condenados, pues se habían amotinado, Hércules y los suyos sufrirán un naufragio. Hércules llega a una isla dónde se encuentra atrapada a Ismene, hija de Antinea. Tras salvar a la joven de ser sacrificada a Proteo (malvado dios adorado en la isla), la lleva hasta su hogar, la Atlántida. Allí Hercúles conoce a la malvada Antinea (quien quiere deshacerse de su hija, pues, según la maldición, si la sobrevive traerá la destrucción a la isla) y se encuentra con Androcles (cuya memoria ha sido borrada por Antinea y ahora es siervo de la cruel Atlántida), para ser finalmente capturado por la pérfida reina. Hilos y Timoteo se encuentran en la isla y logran salvar por segunda vez la vida de Ismene, de la que Hilos cae inmediatamente enamorado. El forzudo héroe logra escapar, en su huída se encuentra con Hilos, Timoteo e Ismene, que habían sido descubiertos por el ejército de Antinea, confinados en una cantera junto a leprosos. Hércules los libera y se dirige al palacio de Antinea donde deberá librar una batalla sobre-humana para salvar su vida y la de sus amigos.
Película ideal para pasar una tarde en familia. Muy recomendable para descubrir o volver a disfrutar de un tipo de cine extinto en la actualidad (El mucho más violento y cínico Spaghetti western pronto lo sustituiría), en el que los buenos y los malos se diferenciaban claramente. Los personajes eran auténticos, sin dobleces. Cierto es que el género peca de ingenuo y que veremos situaciones repetidas hasta la saciedad en obras posteriores (el héroe, en este caso el forzudo Hércules, enfrentándose sólo ante ejércitos enteros y saliendo victorioso; la inevitable captura, por parte de los villanos, de los protagonistas y su posterior escapatoria, quedando todo en un susto que acaba siempre con final féliz), pero si nos olvidamos de la multitud de películas posteriores, que, en su mayoría, no hicieron más que desvirtuar el género, y vemos estas obras con ojos nuevos (siendo conscientes de la época y las condiciones de producción en que fueron rodadas, con las limitaciones técnicas que eso conlleva) descubriremos un mundo lleno de aventuras perfectamente disfrutables aún hoy día.
Reg Park, icono del peplum de extraordinario físico, no en vano era un consumado culturista que fue galardonado hasta en tres ocasiones con el título de Mr. Universo, interpreta por segunda vez el personaje de Hércules (ya lo hiciera en la muy destacable "Hércules en el centro de la tierra", Mario Bava, 1961.) Construye un pesonaje noble y rudo; de una pieza, como era habitual en el género. Ettore Manni, de físico grácil en consonancia con la corpulencia de Park, encarna a Androcles, rey de Tebas, cuyo poder en su tierra de nada sirve en la lejana y peligrosa Atlántida. Hilo, el mujeriego hijo de Hércules, está interpretado por Luciano Marin. Como es habitual, el retoño, meterá en líos a su padre y sus amigos a causa de su irrefenable deseo sobre el género femenino (véase la escena que abre el film, en ella se organiza una descomunal tangana en una taberna mientras el joven Hilo, causante de la trifulca, retoza bajo una mesa con una bella muchacha. Todo finaliza cuando papá Hércules, que comía con total tranquilidad en una mesa, se levanta y pone fin a las hostilidades con su sola presencia).
Un relato lleno de aventuras, un "peplum" o "peli de romanos", pues la acción se sitúa en la antigua Grecia, algo que queda claro desde el título, que tiene a la platónica ciudad perdida como protagonista, pero también una "Sword and sorcierty", pues no faltan en ella los elementos fantásticos (como cuando Hércules rescata a Ismene, hija de Antinea, de la isla de Proteo. El malvado dios griego se aparece en diferentes formas: anciano, llamas, réptil bípedo de gran tamaño, serpiente, buitre, hasta que Hércules consigue derrotarle con la ayuda de Heracles. Esta escena, repleta de criaturas fantásticas, recuerda a las películas de Simbad o al clásico sobre mitología griega "Furia de Titanes", todas ellas con efectos especiales de Ray Harryhausen (salvando la enorme distancia en cuanto a pericia a la hora de plasmar las criaturas en pantalla).
A pesar de tratarse de una propuesta seria para la época, tanto en la temática (a pesar de los elementos fantásticos provenientes de la mitología griega) como en su realizazión (un guión que lejos de ser brillante narra con ritmo los echos sin caer en el delirio, y una correctísima ambientación, a destacar la espléndida fotografía de Carlo Carlini) bien es cierto que vista hoy día hay momentos en los que no podremos evitar, al menos, la sonrisa. (la escena en la que Hércules levanta el trono de Androcles haciendo gala de su fuerza bruta; cuando el héroe griego abre sin apenas esfuerzo los barrotes de su prisión para volver a dejarlos tal y como estaban tras su huída) Detalles que dejan al descubierto la ingenuidad de la época, y que, lejos de lastrar el resultado de la obra, le confieren un irrestible aire entrañable. No faltan tampoco momentos realmente logrados como el hipnótico combate final entre Hércules y el ejército de "super-hombres" (hombres albinos de fuerza descomunal que parecen la versión adulta de los niños de "El pueblo de los malditos")

lunes, 1 de septiembre de 2008

¡HASTA EL AÑO QUE VIENE! (finalizada la décima edición de Peor... ¡imposible!)

La décima edición del ciclo cinematográfico “Peor… ¡imposible!” se cerró el pasado Sábado 30 con una maratoniana sesión de cinco películas.

A las 11:30h. dio comienzo la sesión matutina (a la que desgraciadamente me fue imposible asistir, cuestión que no impedirá el comentario de la película emitida) con una mesa redonda que llevaba por título “25 años de ciencia-ficción”. Posteriormente se proyectó la película “Returner”, (Takashi Yamazaki, 2002) de la que el programa anticipa lo siguiente “Frenética fantasía que aglutina estética y temáticamente Terminator, E.T, Independence Day, Misión Imposible y Matrix. En el año 2084 los extraterrestres se han dispuesto a exterminar a la humanidad.”

A partir de las 16:00h. comenzó lo que para mi fue, sin duda, lo mejor del ciclo: “Maratón: Giallo. Proterva demencia amarilla”, o lo que es lo mismo, tres gialli de primera categoría “El asesino ha reservado nueve butacas” (Giuseppe Bernati, 1973), “Angustia de silencio” (Lucio Fulci, 1972) y “¿Qué habéis hecho con Solange? (Massimo Dallamano, 1971). Además la triple sesión fue completada con una mesa redonda sobre el peculiar género italiano tras la primera proyección.

Para finalizar se emitió, alrededor de las 22:30h., la última película sorpresa que ponía de paso un brillante broche final al ciclo: “Sukiyaki western: Django”, (Takashi Miike, 2007). Bizarro homenaje del ecléctico e irreverente realizador japonés al Spaghetti Western “Django” (Sergio Corbucci, 1966), que cuenta además con una breve aparición de Quentin Tarantino.

Es obligatorio reivindicar desde esta bitácora un ciclo cinematográfico de las características de “Peor…¡imposible!”, que nos abre cada año las puertas a un universo fílmico inagotable repleto de gratas sorpresas. Desde aquí mi agradecimiento a Jesús Parrado, coordinador del ciclo, y a todas las personas que hacen posible su existencia año tras año. Por cierto, no se dejen engañar por el título, porque a las habituales películas malas, normalmente proyectadas los tres o cuatro primeros días, les acompañan otras de indudable calidad. “The last man on earth” (Ubaldo Ragona, 1964), “La frusta e il corpo” (Mario Bava, 1963), y las cinco películas citadas más arriba fueron las escogidas en esta edición.

Las no pocas películas que quedan por comentar del ciclo tendrán su reseña correspondiente a partir de la próxima semana, pues su humilde cronista parte en breves momentos hacia tierras galas. Hasta entonces les dejo la lista del resto de películas (las que no se han comentado aún ni su título figura en este post) por si pueden y/o quieren ir viendo alguna: “Caperucita y Pulgarcito contra los monstruos”, “Nuevas aventuras de Robin Hood”, “La marca del hombre lobo”, “El zorro justiciero”, “Santo contra las mujeres vampiro”, “Lone runner”, “Zombie strippers!”, “Hércules a la conquista de la Atlántida”.

viernes, 29 de agosto de 2008

TARZÁN Y EL ARCO IRIS

"Tarzán y el arco iris"
Director: Manuel Caño
Guión: Santiago Moncada
Intérpretes: Steve Hawkes, Peter Lee Lawrence, Ángel del Pozo, Agata Flori, Richard Rod, Robin Aristorenas, Kitty Swan, Javier Maza
(España-Italia-Filipinas, 1972)
Película emitida el Martes 26 en la primera sesión, 18:00h. de "Peor... ¡Imposible! X", en la cual una señora se quejó en voz alta de las risas del público mientras intercalaba diálogos con los personajes de la película, lo que trajo consigo la discusión con otra señora, todo ello en plena proyección (¿?). Tarzán, imperturbable, seguía a lo suyo.
Sinopsis:
Tarzán intenta ayudar a Hasu, (un niño hijo de su amigo, el rey de la tribu, recientemente fallecido), en una carrera llena de peligros con un fiero guerrero, para hacerse con el poder de una figura sagrada (el arco iris) que le daría el derecho a suceder en el trono a su padre. Un trío de cazadores que intentan hacer su agosto capturando animales complicarán las cosas cuando vean en Tarzán una atracción de feria que podría aportarles beneficios.
Exploitation de las películas de Tarzán, por supuesto, no autorizada, realizada en co-producción entre España, Italia y Filipinas por el especialista (en producciones de bajo presupuesto) Manuel Caño, encargado de títulos como "Tarzán en la gruta de oro", "El pantano de los cuervos" o "A mí que me importa que explote Miami".
Sin duda, el personaje literario creado por Edgar Rice Burroughs ha sido uno de los que más veces se ha adaptado a la gran pantalla, de hecho, Steve Hawkes es el número catorce de una lista de dieciocho, sin contar la película de animación. Del mismo modo, desde sus primeras apariciones en el cine su figura ha sido adulterada. Recordemos la fluidez verbal del personaje novelesco, que aprendía inglés simplemente ojeando libros en ese idioma, en contraste con el habla parca e inarticulada del personaje cinematográfico. Pues bien, el Tarzán que interpreta Steve Hawkes desvirtúa el personaje hasta hacerlo prácticamente irreconocible, lo que, en realidad, convierte a "Tarzán y el arco iris" en una película imprescindible. La carcajada está asegurada. El patilludo protagonista de la desconcertante "Blood Freak" incorpora un nuevo y curioso grito (no se si producto exclusivo del doblaje) al personaje, realiza esplendidas e innecesarias acrobacias a lomos de los elefantes, se comunica con los animales, haciendo bailar a un avestruz o consiguiendo que un enorme elefante le quite las esposas con su trompa.
La hilaridad está presente desde el comienzo. Cuando se celebra el Guaromi (la búsqueda del arco iris para hacerse con el trono) y el príncipe heredero, que no es más que un niño ha de pelear el trono contra un tipo calvo, fuerte y con cara de pocos amigos, o la pelea que enfrenta a Tarzán con un cocodrilo de goma (hay unos cuantos planos en los que no vemos ni a Tarzán ni al cocodrilo en la pantalla pero sí un chorretón de sangre que posteriormente desaparece), que me trajo a la memoria al pobre Bela Lugosi con aquel pulpo en "Plan 9 from other space". No faltan escenas de gran belleza, como las que protagoniza Tarzán junto a su compañera, Irula, (la escultural y bella Kitti Swan, que ya estaba presente en "Tarzán y la gruta del oro" 1969. Se ve que le cogió vicio) buceando en el fondo del mar (que por cierto es la misma repetida, utilizándola además para cerrar el film. ¡Con un par!), una pena que esa música edulcorante, más propia de una peli porno de los ochenta, la estropee.
La sub-trama de los cazadores está metida en la historia con calzador. Aparte de capturar a Tarzán, encerrándolo en una jaula con la intención de exhibirlo en la ciudad como si de King-Kong se tratase, forman un extraño triángulo amoroso, y digo extraño porque la chica está casada y en ningún momento da bola al rubiales que se la intenta llevar al huerto. Prefiere quedarse con su marido alcohólico, que es, además, un desastre para los negocios, (¡si es que esta chica es un lince!)
La historia por tanto, con un montaje bochornoso que la hace avanzar a un ritmo lentísimo, va intercalando las tres tristes tramas como si de una tele-serie mala se tratara. Vemos al niño con el guerrero malote pisándole los talones en su búsqueda de la figura sagrada, acto seguido al trío "amoroso" discutiendo sobre qué es mejor para su negocio de caza sin escrúpulos, y después a Tarzán, que mientras no vela por la seguridad del niño anda por la selva de liana en liana y pegándose unos chapuzones (es lo que tiene vivir en la selva y no tener que pagar hipoteca)
Una curiosa anécdota que casi acaba en tragedia: La escena en la que Tarzán es atado de pies y manos y rodeado por fuego, acabó quemando realmente a Steve Hawkes y a Kitty Swan, teniendo que ser ingresados ambos en el hospital. Puede apreciarse en algún plano corto de la película la quemadura sufrida por el actor.