martes, 25 de marzo de 2008

MASTERS OF HORROR: El cuento de Haeckel





El Cuento de Haeckel
Director: John McNaughton
Guión: Mick Garris
Reparto: Gerard Plunkett, Steve Bacic, Derek Cecil
(EE.UU, Canadá) 2006

En esta ocasión es el veterano director John McNaugthon, responsable de la fría, contundente y escalofriante “Henry, potrait of a serial killer” el responsable de ponerse tras las cámaras para dirigir este episodio de “Masters of horror” que cuenta con la coproducción del abuelito zombie, George A. Romero

Sinopsis: Un apuesto caballero cuya joven esposa acaba de fallecer acude a la morada de una vieja nigromante, la cual, dicen tiene el poder de devolver la vida a los muertos. La vieja advierte al joven de los peligros que esto conlleva relatándole una historia en la que una bella muchacha hizo resucitar a su marido. La joven se encontraba con su difunto amado todas las noches en el cementerio, dónde éste la tomaba rodeado del resto de resucitados, los cuales no eran más que zombies, carne sin alma. El caballero horrorizado ante tal relato cambia de idea y decide dejar descansar el alma de su esposa. En ese momento aparecen en la estancia tres de los zombies del relato. En efecto, la vieja nigromante era la bella joven del relato.





Cuento moral que alecciona sobre la condición sagrada de la vida, somos algo más que materia, tenemos alma, la cual nos da nuestra esencia, sin ella no seríamos más que animales hambrientos que sólo buscan saciar sus instintos.

En la primera parte de la historia un joven estudiante de medicina seguidor de las teorías de Victor Frankenstein y naturalmente convencido de la inexistencia de Dios se cree capaz de resucitar a los muertos de manera científica, mediante la descarga de un rayo. Su experimento resulta un completo fracaso. Visita a un famoso nigromante que resucita a un perro en un espectáculo de feria, el joven permanece incrédulo convencido de que se trata de algún truco, hasta que descubre la trágica e irreal verdad.

El relato es por tanto de naturaleza sobrenatural, existe Dios y existen fuerzas ocultas que pueden alterar el natural orden establecido en la tierra por éste.

Sobrecogedoras son las escenas en el cementerio cuando el amante resucitado posee a la lujuriosa hembra cuyo cuerpo va cubriéndose de arañazos mientras el resto de muertos vivientes observan y manosean a la joven. No resulta menos impactante cuando el viejo nigromante es devorado salvajemente por la pútridas criaturas.

La escena final resulta ridícula, los resucitados apareciendo en la sala, rodeando en comunión a la vieja nigromante, que sostiene en brazos a su pequeño bebe zombie y disputándose sus servicios es, cuanto menos, delirante. Se ven los defectos de maquillaje, demasiado artificial, no parecen auténticos muertos vivientes (cualquier niño con mono de obrero y careta de gorila da más miedo)

La película tiene un ritmo irregular y no acaba de coger el tono. Comienza como un cuento sobrenatural, continúa como una “mad-doctor”, más tarde pasa al oscurantismo combinado con la necrofilia y acaba pareciendo una “zombie-comedy”. Esto no es serio señores. Las brillantes escenas de la orgía zombie en el cementerio no evitan que el conjunto final sea plasta e irrisorio.