martes, 18 de marzo de 2008

SESIÓN DOBLE CON... BELA LUGOSI


“The Black Cat” (Satanás)
Director: Edgar G. Ulmer
Guión: Meter Ruric (basado en una novela de Edgar Allan Poe)
Intérpretes: Bela Lugosi, Boris Karloff, David Manners, Jacqueline Wells.
(EE.UU) 1934

Sinopsis: una pareja en viaje de luna de miel se dirigen en tren a Wiesegrad. A su vagón llega un misterioso compañero de viaje, el Dr. Vitus Werdegast (Bela Lugosi), quien les lleva a la mansión de un viejo amigo tras 18 años sin verle, el arquitecto Hjalmar Poelzig (Boris Karloff). Una vez allí la joven pareja es testigo de la extraña relación existente entre ambos. Siendo utilizados como piezas del sádico juego que los dos amigos se traen entre manos. Poelzig y Werdegast combatieron codo con codo en la guerra, Poelzig traicionó a su compañero esperando que éste muriera para arrebatarle a su esposa. Tras la muerte de ésta contrajo matrimonio con su hija. Werdegast que pasó 15 años en prisión como consecuencia de la traición de Poelzig quiere vengar éste deshonor a cualquier precio. Por su parte Poelzig practica misas negras en su fortín y tiene planes para la recién casada que ha llegado a su morada.

Tras los éxitos cosechados por los dos “monstruos” de la interpretación de la época, “Drácula” (Tod Browning 1931) convertiría a Lugosi en icono del cine de terror de la época y “The Mummy” (Kart Freund 1932, papel que rechazaría Lugosi por considerarlo estúpido por su falta de diálogo) haría lo propio con Karloff, la Universal, compañía abanderada en el cine de terror de serie b y creadora de sendos clásicos decide unir a los dos talentos venidos de la vieja Europa en la misma cinta para aumentar así la afluencia de público a las salas.

Lugosi se encuentra encasillado en el papel de Drácula y eso se hace notar en lo largo del metraje. Actor de teatro más que de cine su diálogo resulta demasiado pausado y sus gestos excesivamente exagerados, en ocasiones parece que actúa a cámara lenta y en el plano general se nota excesivamente su rigidez corporal, a pesar de todo, gracias a su marcado acento y su incomparable expresividad facial (sobre todo a través de su mirada) logra componer un personaje misterioso y torturado que muestra el lado más oscuro de la naturaleza humana.

La interpretación de Karloff peca de hierática, sobre todo en las primeras secuencias en las que aparece, (sabemos que no es la momia porque no lleva vendajes). Sin embargo a medida que la película avanza se vuelve más versátil, llegando a ser en los momentos finales realmente notable (impresionante su rostro y sus gestos durante la macabra partida de ajedrez y en la sobrecogedora misa negra).

La película se rodó íntegramente en estudio, como acostumbraba a realizarse en la época el cine de serie b, de ese modo el rodaje estaba más controlado, no se exponía a los cambios climatológicos, pudiéndose ajustar el calendario de trabajo. La acción transcurre prácticamente en su totalidad en el interior del castillo de Poelzig, la casa está cuidadosamente decorada con el arte vanguardista de la época, el exterior de la fortaleza deja ver unos clásicos decorados (cartón-piedra) tan utilizados por la Universal en todas sus películas de terror de la década de los 30.

El vestuario es bastante habitual, traje y corbata para los hombres y vestidos largos para las mujeres. Llama especialmente la atención el peculiar “look” que luce Boris Karloff, (Para salido de la nave Enterprise con ese corte de pelo. El batín con el que recibe a sus invitados le da por contra un aire a play boy).

Película lenta en la primera parte del metraje va cobrando interés a medida que vamos conociendo los misterios que esconde la fortaleza de Poelzig y las oscuras intenciones que tienen tanto éste como su “amigo” Werdegast. Inolvidable la maravillosa partida de ajedrez, en la que apuestan la vida de la joven muchacha recién casada.

La escena de la misa negra resulta sorprendente para la época, (Es una de las primeras películas en mostrar dicho ritual) maravillosa la ambientación de la sala dónde se llevan a cabo los sacrificios así como el vestuario de los fieles. Se palpa un ambiente malsano y enrarecido.

El final de la película es cruel, sádico y prácticamente sin contemplaciones. Bebe del expresionismo Alemán, (Werdegast tortura salvajemente a Poelzig, y el espectador lo ve a través de la sombra que se refleja en la pared)

A pesar de su resultado irregular “The black cat” tiene momentos realmente intensos y brillantes, la actuación de dos mitos del terror (Lugosi-Karloff) por primera vez juntos, y ser una de las primeras películas satánicas de la historia del cine, convierten a éste modesto film en un clásico de obligatorio visionado para todos los amantes del terror.



“The raven” (El cuervo)
Director: Lew Landers
Guión: David Boehm (Inspirado en una obra de Edgar Allan Poe)
Intérpretes: Bela Lugosi, Boris Karloff, Lester Mathews, Irene Ware.
(EE.UU) 1935

Basada en una novela de Edgar Allan Poe, Carl Lammle productor inagotable del cine fantático (“Drácula”, “La novia de Frankenstein”, “La momia”) junta de nuevo bajo las órdenes en esta ocasión de Lew Landers, a Boris Karloff y Bela Lugosi.

Sinopsis: Un cirujano, el Dr. Richard Vollin (Bela Lugosi) vive retirado en su castillo acompañado de la obra de Edgar Allan Poe y de los instrumentos de tortura que aparecían en sus obras, que él mismo ha creado. A pesar de haber dejado la profesión sanitaria, un acaudalado hombre del pueblo requiere su intervención para operar a su hija a vida o muerte. Vollin accede y la operación es un éxito. A partir de entonces el médico se enamora de su paciente, mucho más joven que él, lo que no cuenta con la aprobación del padre de la muchacha que así se lo hace saber al Dr. Éste herido en su orgullo toma a un delincuente bajo su poder tras deformarle la cara, Edmond Bateman (Boris Karloff) y le ordena ayudarle en su maléfico plan si desea algún día tener un rostro bello. Prepara una fiesta en la que los principales invitados son: Su enamorada, su padre y el prometido de ésta. Comienza pues un sádico juego para llevar a cabo su venganza.

Película de tintes góticos y regusto “sadiano”. Los decorados recrean con solvencia el mundo de las novelas de Poe. La sala de torturas es de una “belleza” (cinematográficamente, se entiende) incomparable, el péndulo de la muerte es inquietante y cautivador, la cuchilla baja lentamente llenando de angustia a la víctima hasta darle muerte. El cuarto cuyas paredes van juntándose hasta aplastar a las pobres almas que acoge en su interior, es, sencillamente, escalofriante.

El Dr. Vollin perturbado hombre sin humanidad alguna, (en el interior de su castillo alberga un cuervo disecado, símbolo de la muerte, para él lo más importante de la vida) pasa sus solitarios días leyendo las obras de Edgar Allan Poe hasta confundir realidad con ficción. Empatiza con el poema de “El cuervo” cuando se enamora de la joven Jean, a la que salva de la muerte y pretende acabar con todos aquellos que se interpongan en su camino como en el poema del escritor gótico.

Soberbia interpretación de Bela Lugosi que infunde al personaje del Dr. Vollin crueldad, patetismo, locura y lucidez a partes iguales, estamos ante uno de los “mad doctors” más complejos y elaborados de la historia del cine. La serenidad que tiene para operar contrasta con la demencia inusitada que le posee cuando su amor se ve frustrado. Es capaz de ponerse una máscara de cordialidad para engañar a sus invitados y hacerlos caer en la trampa de su maquiavélico plan. La interpretación suave y contenida de Lugosi en los momentos de serenidad del Dr. (Pero siempre con ese mirada inquietante) es tan notable como el necesario histrionismo que aplica a las escenas de máxima locura del personaje.

La composición de Edmond Bateman por Boris Karloff (ayudado en gran medida por el trabajo de maquillaje) no le va a la zaga. Sin apenas articular palabra (especialidad de Boris Karloff en sus principales papeles, véase “Frankenstein” o “La momia”) construye un ser terrorífico, amenazante, pero en el fondo de buen corazón (¿les suena de algo?) que es manipulado por el culto y pérfido Dr. Vollin en contra de su voluntad.

La cinta tiene un ritmo uniforme, en ningún momento decae la acción, la figura amenazante del Dr. Vollin está siempre presente. La evolución del personaje de Bateman es coherente y el trío secundario interpreta correctamente su papel. El conjunto es sólido y las interpretaciones de Lugosi y Karloff lo engrandecen en calidad.

A pesar de la economía de medios propia del cine de terror de serie b de la época, el film resulta atractivo y distinguido. Lugosi a pesar de interpretar a un doctor no pierde su magnífico aire aristocrático que le acompañó a lo largo de su carrera. Su presencia incomparable llena la pantalla, sus gestos seducen al espectador y cuando recita con fuerza, pero pausadamente el diálogo con su marcado acento húngaro, el mundo parece detenerse.

¡Gracias Bela!

2 comentarios:

ema dijo...

Bienvenido al mundo de la blogósfera. Los blogs dedicados al cine desde la butaca que sea siempre son bienvenidos.
Un saludo,
ema

Lady Vengeance dijo...

Mi debilidad por Bela es demasiado evidente como para poner un comentario y que este resulte "objetivo".

Sus marcados gestos, su expresión a veces helada, su acento rumano, todo podría ser utilizado en su contra pero no, es simplemente genial.

La película es digna de ver (como todas en las que salgan estos monstruos) aunque a veces tenga ese toque "chanante", como la escena en la que Karloff (o era la momia??) irrumpía en la habitación.

No es extraño que el director nos muestre una primera imagen de Karloff tan puramente hierática cuando en el resto del film adquiere una personalidad definida?
(es una pregunta retórica. No se podía mostrar a la momia de manera tan evidente, había que hacerla hablar, jajaja )

En fin, un saludo.