viernes, 21 de marzo de 2008

MASTERS OF HORROR: Jennifer, por Eloy Caínzos



Jennifer
Director: Darío Argento
Guión: Steven Weber, adaptación de una historia corta de Bruce Jones
Intérpretes: Carrie Fleming, Harris Allan, Jeffrey Ballard, Steven Weber
(EE.UU) 2005

theatrical trailer: http://es.youtube.com/watch?v=s2mOH2Y9OjU



“Il maestro a retornato” El divino Darío Argento, otrora realizador de los más fascinantes, oscuros y macabros giallos vuelve a la palestra con este desasosegante capítulo de Masters of horror. Aunque lejos de sus coordenadas temáticas habituales, logra crear un film original y bizarro.


Sinopsis:

Dos policías de servicio almuerzan en su coche cuando uno de ellos divisa a un hombre fuera de sí que intenta descuartizar a una joven, no duda en utilizar su arma para salvarla, cuando se acerca a ella ve su rostro terriblemente desfigurado. La chica sufre además discapacidad psíquica. Cuando el policía vuelve a su vida diaria se da cuenta de que no puede olvidar a la joven, va a buscarla al centro en el que ésta se encuentra interna y la lleva a su casa, pues nadie quiere hacerse cargo de ella debido a su deformidad. Esto le acarrea terribles problemas familiares, culminados con el abandono del hogar de su mujer y su hijo después de que la joven devore salvajemente el gato que tenían por mascota. La relación que mantienen no sólo se basa en la compasión, hay continuos encuentros carnales, la fealdad de su rostro contrasta con su escultural cuerpo, sin embargo la insaciable hambre de carne que posee la criatura la lleva a devorar a una niña que vive en la casa de al lado. El hombre se da cuenta de que han de vivir apartados de la civilización. Comienzan una nueva vida en el bosque, el ex policía consigue un trabajo en una tienda como mozo de almacén pero en cuanto Jennifer descubre la estrecha relación que mantiene con la dueña del local, volverá a sembrar la muerte. Se da cuenta de que la única solución es acabar con la vida de la muchacha, pero justo cuando va a decapitarla, un cazador le dispara y salva a la joven, produciéndose un nuevo comienzo.

La película plantea al menos un par de cuestiones interesantes.

Por un lado, la fragilidad de una hembra desvalida despierta en el macho el instinto de protección y le hace cuidar celosamente de ella protegiéndola de los posibles ataques exteriores, llevándolo a un estado de locura dónde éste es capaz de sacrificarlo todo (trabajo, familia, etc…) para salvaguardar el bienestar de la hembra.

Lo cual me recuerda un estereotipo de mujer descrito por Woody Allen (salvando evidentemente las distancias) en su brillante “Annie Hall”, 1977. Pasiva agresiva, esa mujer que tras su frágil apariencia es en realidad mucho más fuerte que tú, es un vampiro emocional que se aprovechará de tu energía y acabará destruyéndote.

Por otro lado, hasta que punto una persona aparentemente sin conciencia puede ser juzgada y/o condenada por sus actos, no se juzga a un animal cuando mata a otro por supervivencia, ni se le encierra, sin embargo en la sociedad civilizada tenemos centros psiquiátricos donde se interna a las personas que cometen algún acto atroz (desde un punto de vista social creado a lo largo de siglos de cultura humana) como el asesinato, aún sin tener conciencia de la gravedad de los actos que han realizado, evidentemente son un mal y un peligro para la sociedad y no pueden permanecer entre nosotros (siempre hace más daño el tonto que el malo) pero tampoco es justo que se les mezcle con auténticos psicópatas que saben muy bien las fechorías que llevan a cabo. La protagonista de la película mata para saciar su hambre, no por maldad, es una caníbal pero no cocina sus platos y le añade a la receta un buen Chianti como Aníbal Lecter, ¡no!, ni siquiera sabe cocinar, simplemente cubre sus necesidades fisiológicas, ¿es esto un crimen?

Tampoco nos encontramos ante el rouseaniano buen salvaje, la joven no tiene la inocencia de la criatura de Frankenstein, de hecho mata al hijo de la dueña de la tienda dónde trabaja su amado para hacerle daño a éste, pero hemos de ponernos en su pellejo, es un animal desvalido y asustado que vive al margen de la sociedad, desconoce el significado de la palabra civismo, se mueve por impulsos, no se la puede juzgar como al resto de los mortales integrados plenamente en la sociedad que han tenido la opción de tejer su destino, ella es una freak, un patético monstruo de feria que todo el mundo desprecia y señala con el dedo, en ese aspecto si puede sentir un odio similar al que albergaba la criatura engendrada por Mary Shelley. Trata con amor y devoción a aquellos que la ayudan y es cruel y despiadada con las personas que pueden hacerle daño.

Cinematográficamente hablando el film deja mucho que desear, no tiene ni de lejos la calidad de que hacía gala “Pick me up” (anteriormente comentada en fagiafilia), se trata más bien de una tv movie al uso que cumple correctamente con su función de entretenimiento y añade una moraleja final a la historia, en este caso “no te fíes de las apariencias, lo que parece la víctima puede ser en realidad el verdugo” aunque está claro que el que escribe no comulga con esa idea. En este sentido recuerda a otras series fantaterroríficas como “Tales form the crypt” o “En los límites de la realidad”.

Hay sin embargo dos escenas en la película que merece la pena rescatar.

La primera se produce justo después de salvar a la muchacha. El hombre llega a casa con la dura carga de un asesinato en su conciencia, (aunque fuera para evitar una muerte inocente). Su mujer lo reclama en la alcoba, ya que hace mucho tiempo que no tienen sexo, el hombre en principio cohibido pone boca abajo a su mujer y comienza a sodomizarla brutalmente mientras a su mente le llega la imagen de la joven, la mujer grita de dolor hasta que finalmente se zafa de él y le espeta un “¿Qué estás haciendo maldito hijo de puta?”, (intenso, ¿no?)

La segunda más tarde, el hombre presionado por su mujer busca un nuevo hogar para Jennifer. Después de fracasar en el intento la joven lo seduce en su coche y tienen un salvaje encuentro sexual, que el protagonista venía deseando hace tiempo. El triunfo del instinto irracional sobre el “ello” que aprisionaba la mente del protagonista.

Es una pena que Dario Argento el autor que maravilló con la truculenta y demencial “Profondo Rosso” y hechizó una oscura y estilizada historia de brujería en “Suspiria” siga llevando a cabo producciones correctas pero carentes de su inconfundible sello personal. El episodio lo podría haber firmado cualquier otro director. No parece filmado por el pulso de un maestro.


Sin embargo los fieles del perverso y barroco romano no perdemos la esperanza de que vuelva a deleitarnos con otra muestra de su sangrante y escalofriante universo, quizá muy pronto. “La terza madre” última parte de la trilogía de la madre, tras “Suspiria” e “Inferno”, ya está finalizada. En cuanto esta obra sea visionada por los fagiafílicos redactaremos una suculenta crítica al respecto. Hasta entoces…
Ciao, Darío!!!